El debate sobre Reichel-Dolmatoff: más allá del mito - Razón Pública
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El debate sobre Reichel-Dolmatoff: más allá del mito

Escrito por Elías Sevilla
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Elias_Sevilla_Casas_RazonPublicaRevisión somera de la historia de la antropología en Colombia, donde se destaca a Paul Rivet como el pionero y se pone de presente la inclinación de ciertos antropólogos a dejarse llevar por los mitos…y por las pasiones.

Elías Sevilla Casas

 

De mitos, creencias y mensajeros

Me ha llamado la atención la manera tan fácil cómo — a raíz del caso Erasmus Reichel — se ha difundido en la prensa y en los comentarios de correo electrónico la idea de que nos encontramos ante el asesinato simbólico del “Padre de la Antropología Colombiana”.

Elias_Sevilla_Dolmatoff_AndesEl caso Reichel-Dolmatoff ¿Algo parecido al “caso Colmenares” que también afecta a la Universidad de los Andes? 
Foto: master-business.com

En el fondo se esconde un “mito fundador”, anotó una comentarista perspicaz. El mito implica, como casi siempre, la existencia de creencias cargadas de emoción intensa, que se asoma en algunos de los agrios ataques y de las defensas apasionadas que observamos.

Me abstengo de participar en el debate sobre Erasmus, porque no creo en el mito, no conocí a Reichel en persona, no tuve la experiencia de haber sido formado como antropólogo en Colombia y porque durante varias décadas he hecho antropología por fuera de los departamentos académicos, del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) o de instituciones antropológicas parecidas.

Miro con curiosidad las réplicas y contra–réplicas, algunas no basadas en el mito, pero sí en emociones igualmente intensas, que debo respetar. Miro, además, con algo de aburrimiento las exageraciones de otro comentarista, quien sugirió que este debate convertido en un “affaire sobredimensionado o sobreactuado”, dejaba traslucir algo parecido al “caso Colmenares” que también afecta a la Universidad de los Andes.

No he visto aún la obvia alusión a la viejísima práctica de “matar al mensajero” y tan bellamente ilustrada en el Enrique IV de Shakespeare. Sin duda, ésta llegará para eventual alivio del profesor Oyuela.

Del mito a la historia documentada

Quiero tan sólo llamar la atención sobre el mito y aspiro a demostrar que desconoce de plano lo que se ha escrito sobre la historia de la antropología colombiana. Ésta comienza, según se dice, con el ascenso de núcleos intelectuales durante la República Liberal de los años 1930 y va hasta la consolidación de los centros formativos universitarios a lo largo y ancho de país, pasando por la fundación en 1963 de los dos primeros: en la Universidad Nacional de Colombia y en la Universidad de los Andes.

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El padre fundador de la antropología sería Paul Rivet, quien precisamente trajo a Reichel, abogó por él y le abrió el camino para todo lo grande que hizo por la antropología. 
Foto: historiacultural.com

Si alguien se acerca a la figura del padre fundador, desde la perspectiva de los relatos historiográficos, es Paul Rivet, quien precisamente trajo a Reichel, abogó por él y le abrió el camino para todo lo grande que hizo por la antropología y la arqueología de nuestro país y del mundo.

“A Rivet, hombre muy pragmático, no le importaba que Reichel no tuviera una formación antropológica universitaria. Su cultura, su entusiasmo y su voluntad de ir al terreno contaban más que todo. Podemos entonces decir que el encuentro con Rivet en Bogotá fue el catalizador y le permitió concretizar su mayor deseo: hacer etnografía y encontrar a los indios. Sin Rivet no hubiera sido posible.” Esto escribe Christine Laurière en Antípoda, una revista de la Universidad de los Andes.

Quien quiera repasar esta historia en su versión reciente puede mirar, precisamente, lo que se ha investigado y publicado en esta revista, donde se recogen y refinan los estudios detallados de colegas como Roberto Pineda Camacho y Myriam Jimeno.

Otros personajes insignes compartieron con Reichel los esfuerzos por sentar las bases de la disciplina en el país durante la fecunda década de 1940 — inicialmente bajo la guía de Rivet — tales como Rudolf Hommes padre, Justus W. Schottelius, Gerard Massury, Josep Ots Capdequí, Antonio García, Gabriel Giraldo, Francisco Socarrás (de la Escuela Normal Superior), José de Recasens, Gregorio Hernández de Alba, Graciliano Arcila, Luis Duque, Virginia Gutiérrez, Alicia Dussán, Edith Jiménez, Eliécer Silva, Miguel Fornaguera, Milcíades Chaves, Roberto Pineda Giraldo y Blanca Ochoa (del Instituto Etnológico Nacional). El mito simplificador borra estos nombres sin piedad.

Me concentro en los Andes, porque la versión más corriente del mito confunde a la antropología de esta universidad con la del país entero y porque sus investigadores son los primeros en darnos ejemplo de honestidad intelectual, al hacernos conocer la historia completa y la posición no sobredimensionada del profesor Reichel dentro de conjunto del proceso de producción antropológica colombiana, tanto en el campo formativo como en el de la investigación. Es el caso, por ejemplo, de Carlos Alberto Uribe y de Carl Henrik Langebaek.

Sin entrar en más detalles, el profesor Langebaek — actual Vicerrector de Investigaciones y conferencista invitado en el próximo Congreso de la disciplina — tal vez sin quererlo, trazó a mi juicio los primeros rasgos del mito, en 1999: “Gerardo Reichel-Dolmatoff: Forjador de la Antropología Colombiana”. Esto es comprensible: se trataba de un obituario, algo tardío —Reichel murió en 1994— pero al fin y al cabo obituario.

Elias_Sevilla_Dolmatoff_PaulReichel con su esposa Alicia Dussán fundaron, es cierto, el Departamento de Antropología de esta universidad en 1963. 
Foto: mujeresdeempresa.com

Posteriormente, en un equilibrado artículo de 2005, Langebaek presenta el legado científico de Reichel dentro del contexto general de la arqueología y de la antropología no sólo colombiana sino suramericana, mostrando que es valioso, pero no único. Y, en términos de formación de antropólogos, relata que Reichel con su esposa Alicia Dussán fundaron, es cierto, el Departamento de Antropología de esta universidad en 1963. Pero agrega que en 1968 renunciaron debido a los fuertes desencuentros que tuvieron con sus alumnos respecto de la orientación que debía tener la antropología en el país. Los jóvenes rebeldes estaban en contacto con otros antropólogos de Colombia y del mundo y querían tener su propio desarrollo.

Según Laurière, Reichel consideró entonces que los jóvenes querían “fomentar exclusivamente investigaciones de utilidad práctica y cuyos resultados pueden ‘venderse’ o aprovecharse para hacer méritos políticos. Los eslóganes son ‘desarrollo’, ‘planificación’, ‘integración’, y las Ciencias Sociales entran en este juego sólo en cuanto puedan contribuir a estos fines”.

La autora informa que, desde entonces, se acentuó en Reichel su tendencia a mirar fuera de Colombia, pues los referentes de su trabajo intelectual estaban en otra parte: “Reichel buscó su legitimidad científica, el reconocimiento internacional que merecía, y también fuentes de enriquecimiento de su propio pensamiento por medio de las lecturas de sus colegas foráneos, para que sus investigaciones se mantuvieran al día de las corrientes teóricas y los descubrimientos más avanzados.”

Estos breves datos y la lectura obligada de los numerosos artículos sobre la historia de los antropólogos colombianos llevan, por lo menos, a poner en duda el mito fundador. Como lo recuerda Myriam Jimeno, estas antropologías mantuvieron y acentuaron su tendencia naciocéntrica y de responsabilidad ciudadana con los problemas del país, no siempre orientada a la producción teórica y académica, aunque nunca exenta de la misma [1].

Más allá de los Andes

Desde la altura de “los Andes” — y en particular desde los viejos pinos, ya muertos, que acariciaban el vetusto edificio que acogió al Departamento y en donde Reichel formó a algunas generaciones de antropólogos — era fácil observar que a lo lejos se consolidaba en forma paralela la otra escuela pionera de antropología, la de “la Nacional”, tal como pude comprobarlo por allá en 1975: había surgido en 1963 como Sección de Antropología Social de la Facultad de Sociología, fundada por Fals Borda y Camilo Torres Restrepo en 1959.

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En 1963 nació la Sección de Antropología Social de la Facultad de Sociología, fundada por FalsBorda y Camilo Torres Restrepo en 1959.   Foto: Colombia.com

Hoy se puede constatar desde el restaurado y elegante edificio de la entrada — a donde se trasladó recientemente el Departamento de Antropología de los Andes — que en Bogotá y en otras ciudades del país sigue floreciendo una preciosa variedad de antropologías colombianas. Reichel fue muy importante — ¿quién lo duda? — pero no “el padre” como nos lo presenta el mito.
 

* Elías Sevilla Casas nació en Tierradentro, Cauca. Estudió antropología en Chicago hasta el PhD en Northwestern University. Al regresar al país en 1974 trabajó con indígenas en Tierradentro y a partir de 1980 en la Universidad del Valle, Cali, de donde se jubiló como Profesor Titular de la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas. Email: eliasevilla@gmail.com. 

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