‘Senticultores’: actores en los escenarios de las culturas
‘Senticultores’: actores en los escenarios
Foto: Gobernación del Atlántico

‘Senticultores’: actores en los escenarios de las culturas

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Pasar del ministerio de Cultura al ministerio de las Culturas es mucho más que añadir una “s” al final. Implicaciones sociológicas del compartir de sentidos.

Elías Sevilla Casas*

Un cambio de nombre 

Este 12 de octubre, la ministra de Cultura, Patricia Ariza, radicó un proyecto de ley para cambiar el nombre de este ministerio. Se propone que su nuevo nombre sea “Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes (Micasa)”.

Cuando leí esta noticia, recordé que hace cuatro años, como consecuencia del nombramiento de la ministra de cultura Carmen Inés Vásquez, analicé la tensión entre los conceptos de ‘cultura’ y ‘culturas’; “¿Cultura o culturas?: una decisión difícil para la nueva ministra”.

Además, en aquel texto me preguntaba qué rumbo tomaría la cultura durante su administración. Y hoy es posible afirmar que el eje de la política de ‘economía naranja’ promovida por Iván Duque fue la ‘cultura’.

Con esperanza ante la noticia, aprovecho la hospitalidad de esta revista para escribir algunas notas adicionales sobre las implicaciones que tendría el cambio de nombre.

 Anécdota

La ministra ha hecho énfasis en que los cambios burocráticos deben ser profundos y en todos los niveles.

Tras el anuncio de la ministra Ariza, discutíamos en Cali los efectos del Festival Petronio Álvarez sobre la reafirmación de la diversidad cultural en la ciudad. El secretario municipal de cultura dijo que se debería hablar del impacto sobre la organización del naciente Distrito de Santiago de Cali. Pregunté si aquello implicaba que la nueva secretaría se llamaría ‘de culturas’. De modo ‘civilizado’ (o también ‘culto’), diluyó la respuesta.

‘Civilizado’ y ‘culto’ son términos que apuntan al polisémico y confuso significado de la palabra ‘cultura’. Su definición afecta, para comenzar, a tales burocracias. Ante la variedad de significados, es preciso ponernos de acuerdo sobre aquello a lo que nos referimos cuando hablamos. Es la necesidad de los lenguajes concretos de uso, como lo hizo ver un filósofo llamado Wittgenstein.

‘Sentipensar’, la base del análisis de las ‘culturas’

Con perdón de algunos colegas antropólogos que podrían incomodarse, para hablar de cultura y culturas me apoyaré en sociólogos. De modo especial, recordaré al querido amigo Orlando Fals, quien recogió de ‘pescadores-hicoteas’ del Río San Jorge el neologismo ‘sentipensar’.

El vocablo apunta no sólo a la base anfibia de las culturas (tierra-agua), sino a conectar el corazón con el cerebro para producir y compartir sentidos.

La referencia de Fals a la figura anfibia ‘hombre-hicotea’ nos recuerda que somos parte, no aparte, de los diferentes macrosistemas ecológicos, incluidos los urbanos. Quienes producen y comparten ‘sentidos’ luchan para mejorar su calidad de vida. Dado a que esto se practica en tantas localidades de Colombia, se justifica el plural de ‘las culturas’.

Qué significa “cultura”: un esquema tripartito

  1. Civilización y arte. De acuerdo con el sociólogo británico Raymond Williams, la significación de la palabra ‘cultura’, aunque compleja, es imprescindible y hace parte del tejido lingüístico recibido en Occidente.

Una primera acepción que Williams distingue para ‘cultura’ es ser ‘civilizado’ y ‘culto’. Son términos que en Europa denotaban una concepción evolucionista y unitaria; puso a los pueblos del mundo en una línea que iba de salvajes a civilizados. Hasta hace unas décadas, el lenguaje oficial en Colombia incluía esta costumbre.

Paralelamente, ‘la cultura’ se asoció con las artes y las formas refinadas de la estética occidental. Surgió un sentido de ‘cultura culta’, que todavía tiene vigencia en el lenguaje cotidiano. Dio nombre a las agencias especializadas de los Estados nacionales, es decir a los respectivos ministerios y secretarías. Inspiró logos como el de una emisora caleña cuya misión, según pregona, es ‘la difusión de la cultura’.

No tengo nada contra estas emisoras. Al contrario, las aprecio y frecuento para gozar las obras de Bach, Rachmaninoff, Debussy, Ives, Varèse, Cage y autores parecidos. Mucho disfruto también de la maravilla del teatro, el cine, la pintura, la escultura y las demás artes.

De hecho, en un artículo anterior, recomiendo disfrutar y fomentar la obra teatral Salida al sol, camino a la paz, dirigida por Patricia Ariza. En esta se representan hallazgos dolorosos de la Comisión de la Verdad. Además, es un ‘sentido’ selecto, pero no excluyente del vocablo ‘culturas’.

  1. Procesos biológicos. Por otro lado, Williams hace ver una segunda acepción. En su lejano origen, la palabra ‘cultura’ designaba (y aún designa) procesos biológicos de cultivos de vegetales, de animales y de ‘gérmenes’ bacterianos. De aquí que hablemos con propiedad de horticultura, floricultura, silvicultura, agricultura, piscicultura y demás.

Son términos que unen a los humanos con las bases ‘anfibias’ de la vida. Deberían por ello enlazarse con senticultura, nuestro ejercicio de producir y compartir sentidos.

  1. Modo de vida. Finalmente, Williams anota que, como punto intermedio, a fines del siglo XIX, con Johann Herder y Gustav Klemm apareció la interpretación antropológica de culturas como “modo de vida, de un pueblo, un período, un grupo o de la humanidad entera”. Esto implica que al existir tantos modos y colectivos humanos, hay que hablar en plural.

Ningún acuerdo

Edward Tylor propuso una codificación científica al concepto de ‘culturas’, la cual ha sido discutida por antropólogos reiterativamente. Parece que hoy aceptamos el acuerdo de no llegar a acuerdos sobre cuál es la definición correcta. Ni siquiera eminentes autores como Kroeber y Kluckhohn en la mitad del siglo XX, después de comentar en su libro 164 definiciones, pudieron convencer.

Renato Rosaldo fue invitado en 2006 a presentar un libro que hacía el enésimo esfuerzo por ‘re-definir’ cultura. De manera franca, Rosaldo reitera en su prólogo el fracaso y concluye que la definición depende de cada perspectiva histórico-concreta en la que se hace. Además, que el proceso de las culturas está enlazado, de comienzo a fin, con las crudas realidades del poder y de la desigualdad.

Desde mi perspectiva, quiero aclarar lo siguiente: (1) en línea con Herder y Klemm sobre las culturas, cada una tiene un modo propio de resolver el asunto de lo que en Occidente llamamos ‘valores estéticos’ y “arte”; y (2) en línea con Rosaldo, hay un entretejido histórico entre culturas, poder y desigualdad sobre el que podemos trabajar.

Las culturas como sentidos compartidos

El sociólogo Williams no estuvo solo en su intento de liberar a ‘la cultura’ de los enredos antropológicos. Sus colegas Richard Hoggart (también británico) y Stuart Hall (de origen jamaiquino) hicieron un intento sistemático de investigación y acción sobre las culturas, los medios y su inserción en los contextos actuales, rurales, pero sobre todo urbanos.

Hall sintetizó en una oración los diferentes discursos sobre la cultura: ‘To put it simply, culture is about shared meanings.”, que al castellano traduce ‘sentidos compartidos’. Sí, la cultura se trata de sentidos compartidos.

Sobre la base anterior, propongo una metáfora que permitirá una mejor comprensión de estos conceptos. Pensemos en escopetas de balines de cuatro cañones.  El cuarto de ellos está hecho de cinco, seis o más cañoncitos. ‘Culturas’ son el disparo conjunto y entreverado de los balines lanzados por varias de esas escopetas de cañones y cañoncitos en situaciones muy concretas. Con la adicional característica de que los disparos son procesos continuos, permanentes.

Hablo así porque, en nuestro idioma, ‘sentido’ cuenta con los siguientes significados:

(1) dirección de marcha, como digo que voy en sentido norte;

(2) la significación de un término, como es lo que trato de hacer en la presente nota al analizar qué son ‘culturas’;

(3) el sentimiento al decir o hacer algo, como es el sentido homenaje que hago a mi amigo Orlando Fals, y

(4) nuestras conexiones corporales con el mundo, que son cinco, seis o más, según los fisiólogos, fisiatras y psicólogos que consultemos.

El sentipensar de Orlando Fals

El ‘sentipensar’ que, como se mencionó, alude al ‘hombre hicotea’, combina los balines de las escopetas de múltiples cañones y cañoncitos, incluido el dinamismo procesal. Este término se difundió por América Latina por boca de Eduardo Galeano. Y entre los académicos, mediante escritos como los de Víctor Manuel Moncayo y Arturo Escobar.

Eduardo Galeano escribió sobre ‘Los nadies’: “Que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folklore. Y elogió así a los que inventaron el término sentipensante: ¿Para qué escribe uno, si no es para juntar sus pedazos? Desde que entramos en la escuela o la iglesia, la educación nos descuartiza: nos enseña a divorciar el alma del cuerpo y la razón del corazón. Sabios doctores de Ética y Moral han de ser los pescadores de la costa colombiana, que inventaron la palabra sentipensante para definir el lenguaje que dice la verdad”.

Moncayo nos dice que la persona sentipensante “combina la razón y el amor, el cuerpo y el corazón, para deshacerse de todas las (mal) formaciones que descuartizan esa armonía y poder decir la verdad”.

Y Escobar, en su ‘sentipensar con la tierra’, expresa que se provee de herramientas apropiadas para quienes ya no quisiéramos ser cómplices del silenciamiento de los saberes y experiencias populares, por parte del saber eurocéntrico, a veces hecho en nombre de supuestas teorías críticas y progresistas”.

Se trata entonces de culturas que son procesos en curso para ‘compartir sentidos’ (Hall) en múltiples sentidos (escopetas). La dirección (‘sentido’ en la acepción 1) del múltiple movimiento cultural humano ya no es de solo arriba hacia abajo.

Así, el movimiento cultural se genera en todas las direcciones que convengan para lograr lo que Hall consideró prioritario y realista: ‘vivir dentro de y con diferencia’ y hacerlo del mejor modo para todos los involucrados.

Este ‘mejor modo’ tiene que atender el reclamo de Rosaldo, con el que Hall a su modo está de acuerdo: la diferencia cultural está signada por las condiciones de desigualdad y los juegos del poder.

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Elías Sevilla

Escrito por:

Elías Sevilla

Antropólogo PhD, profesor titular jubilado de la Universidad del Valle, Cali. eliasevilla@gmail.com

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