Quién es Alejandro Gaviria, a partir de uno de sus libros - Razón Pública
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Quién es Alejandro Gaviria, a partir de uno de sus libros

Escrito por Elías Sevilla
Elías Sevilla Casas

Una lectura de Otro fin del mundo es posible da luces sobre el carácter y las ideas del hoy precandidato presidencial.

Elías Sevilla Casas*

El libro

A finales de agosto, después de varios meses de expectativa, Alejandro Gaviria renunció a la rectoría de la Universidad de los Andes para ser candidato presidencial.

Hace ya casi un año, todavía lejos de la carrera por la presidencia, Gaviria publicó Otro fin del mundo es posible, un conjunto de ensayos sobre la crisis climática, la tecnología, la ética y la vida en sociedad a partir de la obra de Aldous Huxley.

En noviembre de 2020, escribí este comentario de su libro, que hoy adapto y ofrezco a los lectores como ayuda para valorar, para bien o para mal, el posible aporte de Gaviria a la contienda electoral.

Atención, compasión y acción

Cuando acabé de leer el libro de Gaviria, me encontré con una nota de opinión en la que Adriana Cooper comentó la muerte del sabio rabino y filósofo inglés Jonathan Sacks. La columna cierra con una cita de otro sabio, premio nobel de literatura, Isaac Bashevis Singer: “la bondad es la forma más elevada de inteligencia”.

A mi entender, esa dupla inseparable –bondad e inteligencia– coincide con la que Gaviria abre y cierra su libro y que representa el eje conceptual y ético de sus ensayos: “atención y compasión”. No en vano, el último capítulo del libro tiene como epígrafe la frase de Meister Eckhart: “lo que es tomado por contemplación debe ser entregado en amor” (“What is taken in by contemplation must be given out in love”).

Contemplar es el compromiso de quienes tienen la fortuna de traspasar las puertas de la percepción cotidiana. La metáfora de la puerta que se abre es recurrente no solo en Otro fin del mundo es posible, sino en la reflexión actual de Gaviria y de otros autores. La idea es que la escritura lleva más allá del muro de la cotidianidad.

Pero la contemplación tiene un gesto complementario: la entrega en forma de amor, es decir, la acción. En la introducción de su libro, Gaviria justifica lo que él llama su “pesimismo cósmico”, una expresión que se complementa con el título utópico de la obra: Otro fin del mundo es posible. Comprender que “todos somos hijos de la misma penuria”, como lo ha dicho Gaviria, nos lleva a la compasión y a trascender el presente con nuestra acción decidida.

En 2015, la Revista de la Universidad de Antioquia publicó una entrevista titulada “La doble vida de Alejandro Gaviria”. El texto contrasta su vida como ministro de Salud con su interés por el pensamiento y las letras. La entrevista termina con un “decálogo reformista” que, como lo señala la entrevistadora, “deja la sensación de ser escrito por alguien que piensa actuar desde el poder político”. Porque, como lo muestra Eckhart, el pensador y el político no tienen por qué ser dos personas distintas.

Entre el pesimismo y el optimismo

La otra cara del “pesimismo cósmico” es el que Gaviria llama su “optimismo axiomático” que en otros escritos ha llamado un “optimismo de la acción”. Según Gaviria, este optimismo “no [está] basado en la evidencia ni en la observación meticulosa del mundo”, sino en las ideas, que individualmente dan sentido a nuestra vida y colectivamente propician la deliberación y permiten enfrentar los problemas más serios.

En una controversial columna, Gaviria escribió que “a este país le sobran defensores intelectuales del irracionalismo y la charlatanería, y le faltan promotores de la ciencia y la razón”. La diferencia entre unos y otros es que los últimos reconocen y practican “la importancia de la coherencia y la validación empírica”. Vistas en conjunto, la “validación empírica” puede ser el complemento del “optimismo de la acción”.

Para ilustrar a contrario sensu la relación entre pensamiento y acción, copio una frase de Isaac Bashevis Singer, tal como aparece en Wikipedia: “los escritores pueden estimular la mente, pero no pueden dirigirla. El tiempo cambia las cosas, Dios cambia las cosas, los dictadores cambian las cosas, pero los escritores no pueden cambiar nada”.

El optimismo que defiende Gaviria busca liberarse al mismo tiempo de la charlatanería y de la intrascendencia de la que habla Singer. Por eso, se concreta en acciones basadas en “validación empírica”. Dos citas de otros autores, al final del libro de Gaviria, resumen esta disposición a actuar después de escribir: una de Andrés Caicedo, “lo odio porque lucho por conseguirlo” y la otra de Elkin Restrepo, “[aferrándose hasta sangrar] (…) a fin de alcanzar en verdad lo que nunca se te ha pedido”.

Hoy se le pide a Gaviria que alcance algo para Colombia, aunque ello implique odiar lo pedido. Lo odia, justamente, porque lucha por ello. Así interpreto sus palabras y la consecuencia de su compromiso como intelectual.

Foto: Flickr - ¿Cómo mantener una distancia sana de la academia?

Una lectura desde la antropología

Según la filósofa belga Isabelle Stengers, en estos tiempos catastróficos los intelectuales tenemos el deber de movernos como mejor podamos y de comprometernos “hasta el fondo” (“all the way down”).

Ese es el reto que ha asumido la antropología desde la que escribo, que se caracteriza por tres “p”: es pragmatista, pragmática y práctica. Esta perspectiva coincide con el optimismo que describe Gaviria, que se vincula a la acción política directa, la que está por encima de intrigas partidistas, con las cuales, sin embargo, hay que entenderse para el manejo del Estado. Es el costo personal del “giving out in love” de Eckhart y el objeto del odio que leyó Gaviria en Andrés Caicedo.

¿Por qué hacer una lectura de Gaviria desde la antropología? Porque en varias ocasiones ha mostrado esperanzas en esta disciplina: por ejemplo, en una nota de blog, sostuvo que a la opinión política del país “le falta antropología” y “le sobra sociología”. Y en la nota sobre los chamanes y la charlatanería que mencioné anteriormente, Gaviria acude al antropólogo Carl Langebaek para hacer precisiones sobre el cometido científico, no charlatán, de la disciplina.

Desde la antropología de las tres “p”, la propuesta de Stengers de comprometerse “hasta el fondo” tiene al menos tres dimensiones.

  • En primer lugar, permite analizar todo el espectro del fenómeno humano, desde las alturas de lo simbólico hasta la materialidad de lo más pequeño del mundo físico.
  • En segundo lugar, esta antropología usa la inferencia científica para encontrar patrones en fenómenos que son aparentemente distintos. Como lo expresa la frase popular colombiana, el objetivo es ver a “la misma perra con distinta guasca”.
  • Por último, este tipo de antropología nos invita a dejar la “distancia segura” que nos da la academia y, en su lugar, involucrarnos en construir y solucionar los problemas concretos de nuestros conciudadanos, aprovechando el discernimiento que nos procura la indagación científica.

En Otro fin del mundo es posible, Gaviria concluye con el relato de una acción directa, minúscula, pero iluminadora y compasiva. Gaviria cuenta que una tarde salió a dar un paseo por su vecindario y se encontró con un joven venezolano que había conocido días atrás. En cada encuentro, el joven lo abordaba con una misma fórmula y “una amabilidad y precaución impostada”. Según Gaviria, conocer esa fórmula, ayudar al joven y “entender sin juzgar” lo llevó a “una especie de compasión expansiva”.

Vista desde la antropología de las tres “p”, el joven venezolano deja de ser un individuo ocasional y se vuelve la encarnación de un país que cree encontrar en Gaviria a la persona que puede guiar el discernimiento sistemático de los problemas colombianos en los próximos años y la solución (o disolución) de sus urdimbres y entramados problemáticos.

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