
El café: modelo psicoactivo de buen trato
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Un café es un portador de cafeína, pero es también una bebida tonificante, un lugar para encontrarse… y un modelo que bien podría servir frente al problema de las drogas.
Elías Sevilla Casas*
De cafeína y café
Comienzo por la noticia difundida hace dos días por elespectador.com: “La familia de una joven de 14 años del estado de Maryland (Estados Unidos) demandó este viernes a los fabricantes de la bebida energética Monster Energy, alegando que el exceso de cafeína en la popular bebida condujo a su muerte.”
La cafeína junto a la nicotina, la cocaína, las anfetaminas y otras “drogas de diseño” estimula el sistema nervioso central.Foto: definicaototal.com.br |
Pues bien: en una cartilla pedagógica reciente (2012) de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) la cafeína aparece, junto a la nicotina, la cocaína, las anfetaminas y otras “drogas de diseño” como sustancias estimulantes del sistema nervioso central o del autonómico, de cuyo abuso hay que mantenerse a salvo.
A ninguno, ni siquiera al señor Yuri Fedotov, director de la Oficina, se le ocurriría asociar el consumo del café con tal abuso. La cartilla habla de la cafeína como sustancia “de diseño”, no del producto colombiano estrella al cual dedico la presente nota. Nuestro producto contiene cafeína pero se consume en infusión integral, no en las depuradas cápsulas que, por procesos químicos descubiertos en 1820 han concentrado desde entonces la sustancia. Nadie extrañaría que el señor Fedotov hubiera saboreado una taza de café mientras revisaba la edición final de la cartilla.
La agenda diaria de taller para el cual se escribió la cartilla tiene a mañana y tarde un “coffee/tea break” donde los asistentes reciben entre 50 y 100 miligramos de cafeína por cada taza servida, que es una dosis baja, manejable por la variable capacidad metabólica humana frente a la sustancia. Algunos “cafeólicos” llegan a consumir hasta 10 tazas diarias sin problema, una décima parte de la dosis media letal que se ha calculado. La bebida contiene no sólo una xantina (es decir una sustancia psicoactiva, SPA) y el característico aroma, sino otros componentes importantes.
La pócima insigne tiene hoy, en las tiendas de Juan Valdez, típicos nombres colombianos que acompañan a otros productos gastronómicos con café como flanes, cremas, tiramisús, mousses y pasteles. En otros establecimientos, como los miles que Starbucks ha distribuido en el planeta, también aparecen nombres de marca que revelan la importancia y variedad de la descomunal oferta del café.
La cafeína, como producto químico, no aparece en la lista oficial bilingüe de sustancias bajo fiscalización mundial de la ONUDD. Sus Informes sobre “la droga” en el mundo no la incluyen, excepto en el de 2009, cuando aparece asociada con un medicamento legal llamado Captagon, sobre el que pide estar alerta.
A pesar de sus comprobados efectos sobre el rendimiento deportivo, la cafeína no está, desde 2004, en la lista de sustancias prohibidas por la Agencia Mundial Antidopaje, sólo en la de las sujetas a vigilancia para detectar “patrones de abusos en el deporte”. Este estatus está justificado porque, según la Agencia, “Muchos expertos creen que la cafeína es ubicua en bebidas y alimentos y que reducir el umbral podría generar el riesgo de sancionar a atletas por el consumo social o dietario de cafeína. Además, la cafeína es metabolizada a muy diferentes tasas en los individuos”.
Es preciso aclarar que además del café y el té, hay otros vegetales muy usados por los humanos que contienen cafeína, como el guaraná, la yerba mate, la nuez de kola, la guayusa, y el acebo yaupón. La cafeína se consume, por tanto, de manera masiva en infusiones de estas plantas y en elaboraciones mixtas como las chocolatinas, las colas, y los energizantes (tipo “Red Bull” y “Vive100”). El uso de estos últimos es cada vez más frecuente entre los jóvenes, consumidos solos o en cocteles con alcohol y otras SPA, por lo que hay honda preocupación debido a los eventuales riesgos de abuso,
Café, cafés, cafeterías, coffee-shops, coffee-houses
Aquí me detengo en el café-infusión como modelo de uso racional de las SPA. El Informe 2012 de la ONUDD incluye el nombre“café” en la muy curiosa asociación de “Coffee Shop” que, como se sabe, es aplicado últimamente a los sitios que en Holanda expenden mariguana en forma legal, cuidadosamente regulada. ¿Un intento de normalizar performativamente el consumo de cannabis apoyados en la milenaria trayectoria del café y de sus salas socialmente diseñadas como sitios especiales de consumo? Los recientes cambios legales que autorizan a estos sitios holandeses para vender cannabis o hachis sólo a los nacionales registrados en la municipalidad están causando no sólo un notable declinar de la clientela (extranjera) sino nuevos retos a la interesante experiencia de comercialización controlada de psicoactivos bajo fiscalización.
Algunos “cafeólicos” llegan a consumir hasta 10 tazas diarias sin problema, una décima parte de la dosis media letal que se ha calculado.Foto: federaciondecafeteros.org |
En el Viejo Mundo ha habido “Coffee-Shops” por lo menos desde cuando, según la tradición arábiga, en Damasco se abrió en 1530 el primer maqha (“casa del café”, nombre literario) o ahweh (“café”, nombre coloquial). Desde entonces los café-lugares se expandieron por todo el mundo, adquiriendo para el nombre genérico árabe traducciones libres con la alternante connotación de lugar reservado para sociabilidad especializada o lugar abierto para todo el mundo. Hoy se encuentran “coffee houses” casi en cada esquina de los espacios públicos de cualquier ciudad, con nombres propios que son verdaderas instituciones culturales, algunos de los cuales son réplica de los nombres famosos de otros cafés. Cada ciudad del mundo actual tiene su propia historia de cafés-lugares, como lo muestran:
- el antropólogo Jairo Tocancipá para Popayán, hoy punto focal de la marca de origen “Cauca” de Juan Valdez;
- el chef Martin Mac Con para Dublín, una ciudad irlandesa aparentemente dominada por el té;
- o varios autores para China o Australia, territorios que se creían eran inmunes al café.
Esos cafés son “lugares terceros” en la expresión ya clásica del sociólogo Ray Oldenburg, “sitios núcleo de la informalidad” que, en nuestra modernidad industrial, ofrecen espacios de sociabilidad citadina entre la casa y el trabajo.
La cafeína se consume, por tanto, de manera masiva en infusiones de estas plantas y en elaboraciones mixtas como las chocolatinas, las colas, y los energizantes, tipo “Red Bull”.Foto: josefajram.es |
Además, algunos cafés también han sido, desde su mismo origen en el Medio Oriente, lugares de creatividad literaria, difusión de noticias y trama política, como podemos recordarlo, sin ir más lejos, con el Windsor o el Automático en Bogotá, y el Eléctrico o el Alcázar en Popayán.
En estos lugares, con la enorme variación que impone el contexto y la tradición locales, el café-bebida pone –como dicen algunos recientes artículos sobre el tema— un toquecito de amor o de civilidad no muy comprometedora pero tampoco puramente formal, al encuentro de las personas que habitan la ciudad.
Pero lo importante, por lo menos en Colombia, es que el café como bebida energizante, aromática y cálida –tanto en el orden físico como social– cumple su función metabólica en un amplísimo espectro de contextos, que desbordan los límites espaciales del “tercer lugar” mentado y los linderos de la edad, pues entre nosotros también los niños consumen el café, así sea en su forma “aguadita”.
El café actúa entre nosotros en un ámbito que va desde el humilde fogón campesino a las cinco de la mañana, cuando el colador con café molido recibe la aguapanela hirviendo, hasta la más sofisticada mesa de trabajo ejecutiva atendida por la infaltable “señora de los tintos”. En ese espectro caben todas las variaciones, de las cuales las universitarias y de café-internet son bien conocidas y por demás concurridas, como lo son también los cafés-gourmet.
Como dice la Agencia Antidopaje, el café es hoy ubicuo. Lo es en el espacio y en tiempo cíclico del planeta tierra, tocado con el sabor físico y social propio de cada lugar, pues es un perfecto ejemplo de la tan celebrada “glocalidad” de nuestros días.
Un buen café
Por lo visto, el café como sustancia integral y psicoactiva de consumo masivo, no sólo no tiene efectos nocivos para la convivencia humana sino que, al contrario, se ha convertido en un catalizador explícito de la misma. Las únicas restricciones en este campo, por cierto ya centenarias, han surgido de regímenes ideológicos verticales y totalitarios, sea por motivos religiosos o estrictamente políticos.
Restaba, sin embargo, vigilar el riesgo de daño para la salud físico-biológica de los individuos que lo consumen. Por lo mismo el café ha sido sometido a intenso estudio desde la epidemiología y las ciencias médicas, en particular sobre procesos cardiovasculares, cáncer, balance de fluidos, vesícula biliar, función hepática, funcionamiento mental, desórdenes neurodegenerativos, embarazo, diabetes tipo 2, y rendimiento deportivo. Los resultados sobre el riesgo de daño a la salud son, en el peor de los casos no concluyentes, y en el mejor de orden inverso, es decir, contribuyen a mejorar la salud y funcionalidad del organismo. Esta información puede ser consultada en las diversas páginas de “café y salud” que difunden en sus portales las instituciones nacionales e internacionales promotoras del café.
Hace más de dos décadas un farmacólogo de apellido Holtzman propuso a la cafeína como modelo interesante para estudiar los procesos fisiológicos y psicológicos del abuso de drogas dado que el consumo experimental de ciertas dosis de las tabletas permitía hacer seguimiento, relativamente inocuo para la salud, a los fenómenos de estímulo neurológico, de tolerancia (efectos que disminuyen con el uso) y de abstinencia (efectos molestos cuando se suspende el consumo). Además, tenía la ventaja de que su uso contaba con pocas o nulas restricciones.
Un buen modelo
He aprovechado la asociación generada por los Coffee-Shops de Holanda para trabajar la idea de que el café –no la cafeína– es un modelo analógico importante para pensar el uso racional, constructivo y socialmente aceptado, de las SPA en general. Ellas han acompañado a la creatividad y sociabilidad humana desde cuando se tiene noticia arqueológica, por lo menos desde cuando hace unos cuarenta mil años se pintaron –al parecer en procesos no exentos de experiencias con SPA– las muy famosas cuevas de Altamira.
He elaborado aquí un poco más la idea, ya expresada anteriormente, de que debemos ser inteligentes para proponer y consolidar un nuevo paradigma frente a las SPA que supere el fracasado paradigma de guerra frontal contra ellas por estar asociadas “al delito”, “al crimen”, y “al terrorismo”. La meta es experimentar, valorar, y enriquecer un modelo alternativo que acoja el uso culturalmente controlado de las SPA, evalúe seriamente los riesgos de daño y abuso, y –cuando éstos ocurren— sean ellos objeto de vigilancia y salud pública, no de criminología.
*Ph.D. en antropología de Northwestern University, trabajó con indígenas en Tierradentro y es profesor titular jubilado de la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas de la Universidad del Valle, Cali.
Acerca del autor

Elías Sevilla
Antropólogo PhD, profesor titular jubilado de la Universidad del Valle, Cali. eliasevilla@gmail.com
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