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El debate por la educación: ideologías contra ideologías

Escrito por Elías Sevilla

Bandera del orgullo LGBTI.

Elias SevillaLas ideologías sobre género o sobre cualquier otro asunto sensitivo no pueden erradicarse de la educación porque son imprescindibles. En vez de usar la palabra como un insulto, debemos explorar su potencial para educar mejor a nuestros niños.     

Elías Sevilla Casas*

Y tu ideología también

En los últimos días se ha hablado mucho de la “ideología de género”, un tema que sigue dando pie a controversias y comentarios punzantes. Por ejemplo:

  • Según la directora de la Escuela de Género de la Universidad Nacional, este concepto está siendo utilizado para construir un “nuevo enemigo”.
  • El profesor Armando Silva observó que este debate, propiciado por “los demonios más ocultos de la dirigencia patriarcal”,  “nos complicó el sexo”.
  • Y por su parte el rector de la Universidad Pedagógica dice que quienes proscriben la ideología de género lo hacen, también ellos, desde una ideología. Algo parecido a decir “la tuya también”, que es una réplica que a veces se espeta cuando alguien ofende con indecibles palabras a las queridas madres.

En esta nota intentaré mostrar que la “ideología”, además de ser una manera de descalificar la visión del oponente y ofenderlo, también tiene una acepción positiva que le dará la razón a quienes dicen “la tuya también”. Todo esto sin la intención de ofender y refiriéndonos, desde luego, a la ideologías que, por ser tales, no son malas.

Lo que se debe valorar de estas ideologías es lo que implican. Y hablo en plural, porque hay varias de ellas sobre el tema del género.

Creencias y políticas

El Papa Francisco I.

El Papa Francisco I.
Foto: Martin Schulz

En su ensayo “El idioma analítico de John Wilkins”, Jorge Luis Borges observó que “La imposibilidad de penetrar el esquema divino del universo, no puede, sin embargo, disuadirnos de planear esquemas humanos, aunque nos conste que éstos son provisorios”.

Las ideologías son precisamente formas peculiares de esos esquemas humanos provisorios. Son intentos de dar cuenta, en forma unitaria y legitimadora, de cómo y por qué hay determinados arreglos en áreas de la vida que nos afectan profunda y cotidianamente. Las ideologías ordenan las cosas y justifican ese orden para dar cierta tranquilidad frente al caos del devenir.

Las ideologías son sistemas de sentido como lo son las ciencias, escribió Clifford Geertz. Algunas ideologías apelan a palabras reveladas por dioses creadores del mundo, otras a argumentos de la ciencia. Las primeras se vuelven indiscutibles, por la naturaleza misma de los mitos que les dan soporte; las segundas, por definición, están sujetas a revisión constante como lo están los modelos y las teorías de las ciencias. Estas últimas reconocen el carácter provisional de los esquemas de los que nos habla Borges.

Ciertas ideologías, que yo llamaría bastardas, son creadas ad hoc y post hoc para sustentar estados de cosas impuestos por la violencia de las armas o por la toma fraudulenta del poder. Estas “ideologías” se apoyan en montajes de publicidad y propaganda, crean sus propios dioses y mitos e impiden con la violencia simbólica que los ciudadanos conozcan las alternativas. (El lector puede explorar el vecindario latinoamericano para encontrar ejemplos: de pronto se topa por allí con pajaritos, que son una parodia de la paloma del Espíritu Santo). Usualmente estas ideologías desaparecen cuando desaparece el sistema de poder que las engendró.

Las ideologías son sistemas de sentido.

Por todo lo anterior, ideología y política son afines y se expresan pragmáticamente en acciones y programas. Las ideologías genuinas son la cara operativa de las creencias básicas, imprescindibles en toda sociedad, y que alguna Sentencia (C-817-11) de la Corte Constitucional definió como “convicciones axiológicas” dignas de protección.

El pragmatismo de las idelogías viene, como dije arriba, de que cubren las áreas sensibles de la vida cotidiana: aquellas en donde se trenzan los intereses vitales de cada sociedad. No en vano, por tanto, la familia, la educación de los niños y la formación para el ejercicio de la sexualidad son hoy temas en el centro de una aguda controversia ideológica. Y no en vano la jerarquía católica y algunas iglesias cristianas aunaron esfuerzos para defender un determinado orden establecido en estos campos.

Estas instituciones se dieron cuenta de que a Colombia le llegó el turno de buscar alternativas a los viejos órdenes sociales que llevan a abusos de la libertad de los ciudadanos. Y la respuesta tradicionalista hasta ahora parece ser más defensiva y ofensiva que propositiva.

Variedades ideológicas

La Senadora Viviane Morales.
La Senadora Viviane Morales.
Foto: Congreso de la República de Colombia

Lo curioso del caso es que la defensa se ha hecho tildando al oponente de imponer “la ideología de género”. Pero olvidaron los cruzados que, paradójicamente, no pueden hacer esto sino desde otra ideología, también de género. En efecto, no se puede debatir la ideología de un oponente sin conformar un discurso coherente y unitario, que no es otra cosa que una ideología, en el sentido preciso y positivo que he expuesto.

Esta paradoja no es nueva: hace ya muchos años la propuso un eminente autor que además le dio nombre: “la paradoja de Mannheim”. Desde el punto de vista pragmático estamos atrapados en los circuitos de las ideologías. Estas son inevitables cuando pasamos de las ideas “que tenemos” a las creencias “en que estamos”, como el profesor Néstor Osuna escribió recientemente, citando a Ortega y Gasset.

Además, no hay una ideología de género sino varias, si como tales entendemos las justificaciones y prescripciones de acuerdos sobre las diferencias entre hombre y mujer. Unas ideologías de género, como la católica/cristiana, defienden a ultranza el binarismo basado en dos sexos y dos géneros, y por eso adoptan posiciones pragmáticas que distinguen por género a las personas. Por ejemplo, la ideología católica romana excluye al género femenino del orden sacerdotal.

En el polo opuesto están las ideologías que forman una galería variada que reconoce diversas condiciones humanas, con sustrato biológico y sexual, pero construidas socialmente de manera abierta.

El papa Francisco ha hecho intervenciones que perfilan dogmáticamente “la ideología de género” atacada por la jerarquía católica en Colombia. Y no es casual que el asunto haya adquirido visos diplomáticos, por la presencia del nuncio apostólico en la reciente protesta que se dio en el país. El objeto preciso de la proscripción pontificia, bien explicada en documentos pedagógicos, es que esa ideología predica un construccionismo social radical. Pero la condena católica se hace desde un creacionismo, también radical, que no puede dejar de ser ideológico. El pontífice dice textualmente: “Dios puso al hombre y la mujer en la cima de la creación y les entregó la tierra. El diseño del Creador está escrito en la naturaleza”, y “la teoría de género no reconoce el orden de la creación”.

Pero recordemos que entre el extremo condenado como “la ideología de género” y la posición creacionista hay, como dije, una amplia galería de ideologías de género intermedias. Es posible que algunas de estas ideologías, que modulan o suavizan el fundamentalismo católico, escapen a la condena pontificia. De hecho, el papa Francisco habla de ideologías en plural; y quien explora la cuestión científica del género encuentra que no hay unanimidad entre los estudiosos.

Por ejemplo, género es un término distinto al gender algosajón. Marta Lamas analiza el uso de estos términos en las ciencias sociales y muestra que, ciertamente, no hay consenso de soporte para el construccionismo social radical, que es una versión entre varias que se disputan la hegemonía en el campo de la discusión.

Ideas constructivas

El sentido negativo y descalificador de la palabra ideología (distinto del positivo que esbocé arriba) es un feo recurso de lucha que tiene antecedentes interesantes.

Uno de los primeros en usarlo con desprecio fue Napoleón Bonaparte para referirse a “les idéologues”, un grupo de intelectuales románticos franceses, herederos de la Ilustración, que debatían ideas republicanas, eran anticlericales y defendían los derechos humanos. No es casualidad que siglos después la jerarquía católica utilice el mismo recurso y siga negando que su posición tradicionalista es también ideológica, si es que al término ideología le damos un contenido que va más allá de la simple retórica ofensiva. Creen que su idea de género es “la única” válida, y quieren que esta sea la ideología verdadera.

Ideología y política son afines.

Para terminar mencionaré el sentido positivo de ideología según Paul Ricoeur (un autor que es apreciado en los círculos intelectuales católicos). Además de su versión positiva, Ricoeur recoge de Mannheim la dupla inseparable: la ideología mira hacia atrás, a los órdenes establecidos; la utopía, su contraparte, mira hacia adelante, a los órdenes por establecer. El filósofo Arnaud Spire también hace un excelente resumen de este planteamiento:

“La dupla formada por la ideología y la utopía opera en tres niveles: allí donde la ideología aparece como una distorsión, la utopía se presenta como una fantasmagoría irrealizable; allá donde la ideología es legitimación, la utopía es una alternativa al poder establecido; en fin, la función positiva de la ideología es la de preservar la identidad de una persona o de un grupo, y el papel positivo de la utopía consiste en explorar las posibilidades laterales de lo real».

Sería conveniente, para el bien de la sociedad colombiana en trance de construir la paz, que en vez de usar la noción de ideología como herramienta descalificadora y ofensiva, miremos su lado positivo y constructivo que va de la mano con la utopía. Enseñémosla así, de manera práctica y sencilla, a los niños y niñas, por cuyo bienestar se ha hecho todo este debate.

 

* Antropólogo PhD, profesor titular jubilado de la Universidad del Valle. eliasevilla@gmail.com

 

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