Besatón: ¿obscenidad u homofobia? - Razón Pública
Inicio TemasEconomía y Sociedad Besatón: ¿obscenidad u homofobia?

Besatón: ¿obscenidad u homofobia?

Escrito por Elías Sevilla
Un beso entre dos hombres

Elias SevillaA propósito del caso del Centro Comercial Andino, un análisis jurídico, político y antropológico que puede desconcertar a los lectores.

Elías Sevilla Casas*

¿Obscenidad?

Humberto de la Calle, el excandidato presidencial, escribió una breve y oportuna columna sobre un presunto acto obsceno por parte de dos hombres en el Centro Comercial Andino.

En su columna, de la Calle pasa de la antropología al campo jurídico para concluir que “dos jóvenes varones tomados de la mano en un centro comercial, puede repugnar a algunos, pero ya no corresponde al concepto actual de obscenidad.”

La respuesta de la comunidad LGBT a la denuncia contra los dos jóvenes fue convocar una besatón en el mismo centro comercial.

La besatón hizo ver que los besos entre personas del mismo sexo en público no son obscenos, así como para nosotros nunca lo han sido entre las parejas heterosexuales. El beso que recibió Greta Friedman por parte de un marinero el 21 de agosto de 1945 cuando se anunció el fin de la Segunda Guerra Mundial no fue considerado impúdico. Sin embargo, en un nuevo contexto, hoy se discute si ese beso fue “romántico” o si por el contrario fue un acto de “acoso sexual”, pero aún en este nuevo escenario no se habla de obscenidad.

En lo jurídico es claro que el incidente en Andino fue otro caso de homofobia y no de obscenidad. Porque, como concluye otra nota de prensa, “la clave del asunto está en diferenciar cuándo es un acto obsceno y cuándo no, categorización en la que no importa para nada si quienes lo protagonizan son heterosexuales u homosexuales.”

Lea en Razón Pública: Derechos de las personas LGBTI: entre avances y retrocesos.

Los planteamientos jurídicos hoy

Sobre la diferenciación entre lo obsceno y lo no obsceno es conveniente dejar claros los parámetros jurídicos actuales.

Estos fueron precisados por la ponencia del magistrado Juan Carlos Henao, cuando la Corte Constitucional en 2011 sentó jurisprudencia en un caso similar ocurrido en Cali: “lo obsceno y pornográfico no es sancionado por el Derecho penal y en esa medida, su reconocimiento y las acciones que reclaman por parte del Estado, varían de conformidad con el contexto en que se presente el hecho a ser juzgado, teniendo como extremos para su definición por parte de las autoridades, por un lado el principio pro libertate y por otro, la protección de los derechos de los niños.”

El Código Nacional de Policía interpreta esta jurisprudencia apelando a la defensa de “la tranquilidad en el vecindario” y de “la dignidad de las personas”.

Las diferentes culturas son quienes definen lo obsceno y lo hacen ceñidas a los varios contextos.

La referencia que hace de la Calle al “magistrado gringo” es también oportuna porque expone la dificultad de generalizar sobre lo obsceno. El magistrado fue Potter Stewart quien en 1964 tuvo un caso de cine “pornográfico”. En referencia al caso dijo: “no puedo hoy avanzar más en la definición del tipo de materiales que consideraría deben cobijarse dentro de esta descripción taquigráfica [de ‘pornográfico’ u ‘obsceno’]; y tal vez nunca lograré hacerlo de manera inteligible. Pero lo sé cuando los veo y la película implicada en este caso no lo es”.

Cuál es el camino de lo obsceno a lo prohibido

Foto: Flickr
¿Cuál es el camino de lo obsceno a lo prohibido?

Los antropólogos intentamos avanzar un poquitín en la tarea que Stewart define como inalcanzable. Sin embargo, concluimos con Stewart y con Henao que todo depende del contexto.

La discusión antropológica

Los antropólogos interesados en este tema podemos remitirnos a los siguientes académicos: Weston LaBarre y Michael Taussig.

El primero, LaBarre, nos dejó en 1955 una amplia gama de ejemplos etnográficos que sustancian su posición tajante: no hay absolutos en cuanto al contenido de los actos o palabras obscenas.

Las diferentes culturas —que se mueven a su modo propio— son quienes definen lo obsceno y lo hacen ceñidas a los varios contextos de la vida diaria, sagrados y profanos, que también están en constante movimiento.

Las culturas que estudió LaBarre no habían sufrido aún los efectos de la globalización, de modo que los ejemplos son variados y dan cuenta de lo arbitrario que puede ser “lo obsceno”. Los ejemplos muestran que los actos definidos como obscenos eran asociados con el sexo, con la micción, con la defecación e inclusive con al acto de comer y en materia de exposición corporal en público incluyen las orejas y los pies.

Sin embargo, este autor da fe de situaciones cuando hacerlo ‘en público’ era permitido si se realizaban en contextos precisos que no siempre estaban cargados con una connotación ritual o sacra.

Su relato trae casos curiosos como el de una mujer árabe que mostró su cuerpo desnudo cuando por desgracia cayó de su caballo ante muchos hombres. Todo su cuerpo quedó al descubierto, excepto su rostro. Debido a que su cara permaneció tapada, su esposo no se molestó.

Otro caso curioso es el de las mujeres de ciertas comunidades chinas que en ocasiones podían develar la desnudez de sus cuerpos, pero nunca sus pies deformados según la costumbre local. O el caso de comunidades tuareg en el Norte de África en donde eran los hombres quienes no podían exponer el cuerpo.

Para curarnos del etnocentrismo cierra sus historias haciéndonos ver que algunas de las prácticas que consideramos “normales” como el beso de Greta Friedman son tenidas como obscenas por algunos pueblos.

El otro antropólogo que habla del tema es Michael Taussig. En The obscene in everyday life Taussig narra sus andares en el Nueva York de 2007. Estaba interesado en lograr una clara diferenciación entre lo que hoy en día, en esas calles, es obsceno y lo que no lo es.

Taussig encontró que es muy difícil lograr la distinción debido a la enorme confluencia de culturas y al hartazgo causado por la exposición del hard-core sex que banaliza la atracción, la repulsión y el misterio.

Además, alude al “juego del lenguaje” que —dentro del contexto particular en que hablemos— permite aplicar válidamente el adjetivo “obsceno” a cualquier cosa perversa, repugnante, fuera de tono, o chistosa. Entre los ejemplos “obscenos” vemos:

Lo diferente de nuestra cultura es considerado obsceno y abyecto y debe eliminarse.

(1) El de un hombre que en un bar habla-grita ante todos, sin pudor, de las intimidades de su esposa moribunda en una clínica, mientras engulle una cerveza. (2) El de un colega suyo que, mientras estudiaba medicina, disectaba las partes íntimas femeninas en la morgue para coleccionarlas en su backpack. Y (3) el de alguien que denominó obsceno a un pobre joven obeso que nadaba en una piscina “como si fuera una ballena con convulsión nerviosa”.

Taussig advierte, para este tercer caso, que hoy debemos ser cuidadosos, porque la obesidad, más que un objeto de humor puede ser un incidente de derechos humanos. Así, con este ejemplo regresamos al viejo tema antropológico mencionado por LaBarre: la cercanía de lo obsceno con lo chistoso.

A la vez, Taussig hace comentarios que alejan lo obsceno del humor para acercarlo a lo abyecto, citando a Julia Kristeva. Abyecto es aquello que amenaza mi integridad (corporal) porque es sucio, sórdido, deshecho, asqueroso, cadavérico, y porque está por fuera del orden simbólico que constituye lo mío, y lo amenaza.

Beso en marcha gay

Foto: Mirada Pública -Razón Pública
Beso en marcha gay.

De allí no hay sino un paso al sentido político de lo obsceno, trabajado por algunas feministas anti-porn, quienes arguyen que lo que para ellas es erótico para el macho espectador es pornográfico.

Ese paso al ámbito político es el que encontramos en la —pretendida, y falsa— obscenidad del beso homoerótico protagonizado en el Centro Comercial Andino.

Le recomendamos: “Población no heterosexual”: un eufemismo que revela oportunismo político.

Homofobia y política

No se trata de algo obsceno sino de algo obsceno/abyecto para quienes consideran que el orden colectivo de género derivado de su moralidad fundamentalista y excluyente, se siente amenazado.

Para ellos es obsceno y abyecto y se asimila a lo sexual, lo miccional y lo excremental (s/m/e) para usar y redondear la memorable expresión homofóbica del senador Roberto Gerlein.

Aunque, por sus actuaciones, algunos agentes de policía parezcan ser homofóbicos, el Código de Policía no lo es. Sanciona eso sí los actos s/m/e cuando se ejecutan en el lugar inapropiado, porque en nuestra sociedad hay espacios para ello.

Cosa muy diferente es la actuación de aquellos para quienes todo lo diferente a mi/nuestro orden moral, excluyente y fundamentalista, es obsceno/abyecto, asimilado como está a lo s/m/e.

Lo diferente de nuestra cultura es considerado obsceno y abyecto y debe eliminarse.

Le recomendamos: Homofobia, el verdadero problema.

La contraparte, la que cultiva moralidades incluyentes, comienza a organizarse y a responder también —como debe ser— en el ámbito político. Es posible que en ocasiones la respuesta sea provocadora, con rasgos paradójicamente excluyentes, pero ello es parte de la dinámica polarizante y agonística que actualmente nos conmueve.

*Ph. D en antropología, profesor titular jubilado de la Universidad del Valle, Cali. eliasevilla@gmail.com

Artículos Relacionados

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies

Conoce la galería de obra gráfica de Razón Pública

Podrás adquirir obra gráfica de reconocidos artistas latinoamericanos a un excelente precio y ayudarnos a financiar este maravilloso proyecto periodístico