Tatiana Gelvez - Cindy Rozo, autor en Razón Pública
Foto: Alcaldía de Cartagena

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El gobierno Petro presentó ante la ONU su política exterior feminista, una estrategia del Ministerio de Igualdad y la Cancillería para cumplir las metas del gasto social inclusivo.

Tatiana Gélvez Rubio* y Cindy Rozo Romero**

Una brecha de172.000 millones de dólares

La Declaración y Plataforma de Acción de Beijing (1995) proyecta la  eliminación  universal de la desigualdad de género. Tres décadas después, persiste esta tarea inconclusa: las estadísticas del Banco Mundial indican que la brecha de ingresos esperados entre hombres y mujeres, a lo largo de su vida, será en promedio de USD172.000 millones: casi dos veces el producto interno bruto (PIB) anual del mundo.

En respuesta, las Naciones Unidas han exhortado a todos los países a que renueven este compromiso mediante esfuerzos diplomáticos —específicamente, con la paridad de género en la representación diplomática—. Todos estos esfuerzos se denominan política exterior feminista.

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Hay mucho por mejorar

Aunque está en sus primeras etapas, la igualdad de género se ha destacado en la política exterior de diferentes países: Suecia (2014), Canadá (2017), Francia (2019), México (2020), Luxemburgo, España, Alemania (2021) y Chile (2022).

En Colombia, persisten los desafíos de género en todos los frentes:

  • Violencia basada en género: Entre enero y septiembre de 2023, se cometieron 410 feminicidios, con un promedio de 52 casos por mes, según datos de la Procuraduría.
  • Menor tasa de ocupación y disparidades económicas: Por ejemplo, en el trimestre móvil noviembre 2023-enero 2024, hubo una diferencia del 24,9 %, según el DANE.
  • Participación política: En las elecciones de 2023, las mujeres ocuparon apenas el 13% de todas las corporaciones; Ibagué fue la única capital con alcaldesa electa.

Cuidadoras no remuneradas

Las labores del cuidado han protagonizado el debate político de los últimos años.

el Ministerio de Relaciones Exteriores se encargará de la cooperación internacional, fundamental para la política exterior feminista. Esta incluye un plan de inversión para que el país se inserte en fondos internacionales con programas para reconocer, reducir y transformar las normas y prácticas sociales que perpetúan las brechas y desigualdades de género.

La gráfica 1 ilustra la participación y el tiempo que dedican las mujeres y los hombres a labores de trabajo remunerado y no remunerado: entre septiembre de 2020 y agosto de 2021, el 53,3% de los hombres y el 29,9% de mujeres participaron en actividades de trabajo remunerado.

No obstante, el panorama cambia con el trabajo no remunerado, ya que la participación de las mujeres es considerablemente mayor: el 90,1% de las mujeres asumió trabajo no remunerado, frente al 62,7% de los hombres; las mujeres dedican en promedio 7:40 horas diarias a estas actividades, frente a las 3:01 horas promedio de los hombres. 

La apuesta de la diplomacia feminista

Según el Centro Internacional de Investigación sobre la Mujer, entre 48 países de la OCDE analizados en 2023, Suecia ocupa el primer lugar en el índice de política exterior femenina: es decir, ha aplicado un enfoque feminista a todas las áreas de su política exterior.

En América Latina, se destacan Argentina, Chile y Perú. Colombia, por su parte, cuenta con su mejor puntaje en justicia económica (0,82), paz y militarización (0,608), protecciones laborales (0,59) y clima (0,586), como se ilustra en la gráfica 2.

En consecuencia, Colombia tiene una oportunidad para que su política exterior mejore las condiciones de las mujeres, adolescentes y niñas colombianas en toda su diversidad. 

Frente a estos desafíos, la vicepresidenta Francia Márquez ha propuesto una agenda de compromisos para el Gobierno nacional —específicamente, para el gobierno Petro—. Uno de sus aspectos cruciales es la capacidad fiscal para poner en funcionamiento el Ministerio de la Igualdad, así como actuar transversalmente en todos los sectores del gobierno.

Plata y ministerios

Como parte de las estrategias, en agosto de 2022, el Ministerio de Relaciones Exteriores comenzó a formular la primera política exterior feminista de Colombia. Esta busca financiación para velar por los derechos de las mujeres y niñas en el país.

En este sentido, el Ministerio de Relaciones Exteriores se encargará de la cooperación internacional, fundamental para la política exterior feminista. Esta incluye un plan de inversión para que el país se inserte en fondos internacionales con programas para reconocer, reducir y transformar las normas y prácticas sociales que perpetúan las brechas y desigualdades de género.

Hay cuatro frentes:

  • las mujeres como eje central para construir y mantener la paz;
  • políticas coherentes con las mujeres en su diversidad;
  • un enfoque participativo para la sociedad civil como actor clave de las políticas.

Con respecto al último punto, según la Cancillería, el diseño de la política contó con la colaboración de 18 organizaciones feministas, de la comunidad LGTBIQ+ y de la comunidad científica.

Además, el Plan Nacional de Desarrollo la considera una forma de promover la justicia social y ambiental. Fomenta acuerdos bilaterales con enfoque de género en lo relacionado con la migración, así como la participación de mujeres en conferencias ambientales —especialmente la COP16, que se celebrará en Cali—.

el panorama cambia con el trabajo no remunerado, ya que la participación de las mujeres es considerablemente mayor: el 90,1 % de las mujeres asumió trabajo no remunerado, frente al 62,7 % de los hombres

Foto: Alcaldía de Cali - Con base en la Política Exterior Feminista, el gobierno debe trabajar en varios aspectos, entre ellos lograr una paridad en sectores empresariales, científicos, tecnológicos, etc.

Enfoques de la política exterior feminista

De esta manera, el Gobierno nacional espera que la política exterior feminista actúe desde los siguientes enfoques:

  • Una visión global que cohesione las acciones en Colombia y el exterior. Al respecto, falta incorporar normas internacionales: por ejemplo, las estadísticas del sector cuidado deben cumplir con el propósito de la Ley 1413 de 2010.
  • Principio de igualdad, una prioridad. Los recursos humanos, materiales y financieros deben dirigirse de acuerdo con este principio. En este frente, la paridad en todos los sectores es un reto: científico, empresarial, tecnológico y educativo.
  • Mecanismos de coordinación de la política exterior feminista en todo el Servicio Exterior. Para ello, hay que mejorar la paridad en los cargos diplomáticos y directivos relacionados con las relaciones exteriores del país.
  • Aunar esfuerzos con todos los actores. Esto traería avances concretos y duraderos para las mujeres. La política exterior feminista debe coordinarse con otros ministerios —particularmente con el Ministerio de Igualdad—, así como con otros actores relevantes: sector privado, centros de pensamiento, organizaciones de sociedad civil, Congreso, entre otros.
  • Considerar discriminaciones que enfrentan las mujeres y niñas. Estas pueden ser diversas y estar entrelazadas. Además de la discriminación basada en el género, estas pueden experimentar discriminación debido a su origen étnico o racial, orientación sexual o identidad de género (comunidad LGTBI), situación económica, afiliación religiosa, discapacidad o lugar de procedencia.

Un principio para la igualdad

En suma, la política exterior feminista es aún un proyecto en etapa inicial y con grandes desafíos por delante. Redes globales de mujeres y alianzas feministas internacionales se han adherido; pero hay que llevar a la escena internacional planes y programas concretos para consolidar las acciones propuestas.

Esta política exterior de Colombia debe promover activamente la igualdad de género como un principio transversal y un eje prioritario de la acción exterior colombiana.

Lea en Razón Pública: Conmemoración del Día de la Mujer: más allá del 8 de marzo

* Este artículo hace parte de la alianza entre Razón Pública y la Universidad Externado. Las opiniones son responsabilidad de los autores.

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Tatiana Gelvez - Cindy Rozo

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Tatiana Gelvez - Cindy Rozo

* Ph.D. en Gobierno de la Universidad de Essex, docente e investigadora de la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia, tatiana.gelvez@uexternado.edu.co
**Economista de la Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca. cindyrozo00@gmail.com

Foto: Minciencias

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Foto: Minciencias

Además de celebrar los aportes de las mujeres, el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia debe servir para adoptar medidas que aumenten su participación y sus oportunidades en estas áreas.

Tatiana Gélvez Rubio* y Cindy Rozo Romero**

Un día para celebrar y reflexionar

El aumento de la participación de las mujeres en todos los ámbitos de la sociedad ha sido decisivo para el avance social. Su participación en el área de la ciencia y la tecnología, específicamente en las disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), ha sido clave para ampliar la frontera científica y redefinir paradigmas para el avance mundial.

Cada 11 de febrero se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Además de exponer los logros alcanzados por las mujeres, se reflexiona sobre los retos para su acceso y participación en ciencia, pues siguen existiendo brechas en cuanto a recursos, campos laborales y oportunidades de liderazgo.

Pese a los grandes avances, a nivel global el número de investigadoras científicas es bajo. Según cifras de la UNESCO, en julio de 2019 la tasa mundial promedio de mujeres investigadoras era de 29,3 %.

El panorama en Latinoamérica no es distinto (ver gráfica 1): según ONU Mujeres el progreso hacia la igualdad de género en el campo científico presenta contrastes significativos. Países como Argentina, Cuba, Guatemala, Panamá, Paraguay, Trinidad y Tobago, y Uruguay han alcanzado la paridad. Incluso, Venezuela ha superado este umbral con un 60 % de mujeres investigadoras. Pero otros países están todavía en camino.

En países como Colombia, Costa Rica, Ecuador, Honduras, El Salvador y Bolivia, los avances son insuficientes; los porcentajes oscilan entre el 37,3% y el 42,8%. Cifras que representan un trabajo encaminado a cerrar esta brecha de género, pero que todavía están lejos de un escenario deseable.

A nivel laboral, las mujeres logran un trabajo STEM por cada veinte trabajos perdidos, mientras que los hombres logran un puesto de trabajo STEM por cada cuatro perdidos.

La realidad es más retadora en Chile, México y Perú donde las mujeres científicas todavía son una minoría con cifras que no alcanzan el 34%.  Disparidad que además de mostrar la persistencia de obstáculos estructurales, expone la urgencia de políticas y acciones que impulsen la participación equitativa de las mujeres en la ciencia y la investigación.
Gráfica 1. Participación de las mujeres dentro del total de investigadores en carreras STEM en países de América Latina en 2020
Gráfica 1. Participación de las mujeres dentro del total de investigadores en carreras STEM en países de América Latina en 2020

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Las mujeres STEM en el mundo

De acuerdo con Naciones Unidas y ONU Mujeres, el panorama global de la participación femenina en campos científicos y tecnológicos expone desafíos y desequilibrios preocupantes:

  • 33,3% es el porcentaje medio mundial de mujeres investigadoras y sólo el 35% de estudiantes de carreras relacionadas con las STEM son mujeres.
  • El acceso a recursos y espacios de legitimación para la carrera científica son desiguales. En promedio las mujeres reciben becas de investigación más modestas que los hombres. Y aunque representan el 33,3% de todos los investigadores, sólo el 12% de los miembros de las academias científicas nacionales son mujeres.
  • En campos de vanguardia como la inteligencia artificial (IA), la presencia de las mujeres es limitada con solo el 22%.
  • Aunque en algunos países áreas como las ciencias de la vida han progresado, este no ha sido el mismo para todas las áreas: la participación de las mujeres en ingeniería es solo del 28% y 40% en informática y computación.
  • A nivel laboral, las mujeres logran un trabajo STEM por cada veinte trabajos perdidos, mientras que los hombres logran un puesto de trabajo STEM por cada cuatro perdidos.

Los esfuerzos en Colombia

En la formación de educación superior el porcentaje de mujeres es mayor, pero la brecha es amplia y persistente para posgrados. Según Mineducación y el SNIES, en 2022, las mujeres representaban el 54,5% de estudiantes en formación universitaria mientras que las mujeres en maestría solo el 4,6% y 0,2% en doctorado.

En materia de investigación, el porcentaje de mujeres que trabajan en ingeniería y tecnología sigue siendo bajo: según la última convocatoria de Minciencias en 2021, el 37% de las personas reconocidas como investigadores eran mujeres.

Los gobiernos, la sociedad civil y el sector privado han desarrollado iniciativas para cerrar estas brechas. Se busca que las mujeres participen más en la investigación y el desarrollo a través de sus perspectivas, prioridades y enfoques específicos, buscando la igualdad de género en STEM y fomentando la mejora de la ciencia, la tecnología y la innovación.

Foto: Mintic En Colombia se han llevado a cabo varios programas con el objetivo de formar e impulsar la participación de mujeres en ciencia y tecnología, por ejemplo “Hacker Girls”. Sin embargo, estos esfuerzos siguen siendo aislados y desarticulados con políticas de largo plazo.

Este avance solo puede lograrse cuando las mujeres y las niñas asumen un rol activo como creadoras, propietarias y líderes en los campos de la ciencia, la tecnología y la innovación.

En 2021 Minciencias y la OEI implementó el programa “+ Mujer + Ciencia + Equidad” que tenía como objetivo que las jóvenes colombianas desarrollaran su potencial en Ciencia, Tecnología e Innovación. Además, tenía un respaldo financiero para llevar a cabo estrategias de participación en el ámbito científico y tecnológico. El programa en 2022 graduó 1.122 mujeres quienes también hicieron pasantías en el área.

Del mismo modo, la iniciativa de MinTIC “Hacker girls” surgió como el primer programa internacional de entrenamiento para mujeres entre 18 y 68 años. Un espacio de formación y oportunidad laboral que a la fecha ha beneficiado 1.650 mujeres que han desarrollado capacidades en ciberseguridad

Además, plataformas como “Mujeres Ciencia” impulsan a las mujeres colombianas a contar sus historias, desafíos y logros para empoderar al público y estimularlo a replicar estos testimonios, con el objetivo de aumentar el porcentaje de mujeres y niñas en el campo de la ciencia en Colombia.

Otra iniciativa que viene trabajando desde 2016 es el programa “Pioneras Developers”. Esta es una comunidad autogestionada que busca empoderar a mujeres entre los 14 y los 28 años sin acceso a la educación para el aprendizaje y actualización en tecnologías para la programación de computadoras y la programación web.

Por otra parte, el programa “Nariño Innova por la igualdad”, impulsado por ONU Mujeres, es una propuesta de laboratorio de innovación que apoya técnica y metodológicamente a la innovación. Ha logrado consolidar tres prototipos basados en servicios tecnológicos para mujeres y niñas.

Todos estos programas ponen de manifiesto que aunque son diversas las estrategias a nivel global, regional y nacional orientadas a disminuir la brecha de género en STEM, estos esfuerzos siguen siendo específicos, aislados y poco articulados con políticas de largo plazo. Este avance solo puede lograrse cuando las mujeres y las niñas asumen un rol activo como creadoras, propietarias y líderes en los campos de la ciencia, la tecnología y la innovación.

Potencial desperdiciado

Estos datos no son simples números, sino una realidad de una brecha de oportunidades que conlleva a que el potencial que existe en la región se esté desperdiciando. Es urgente que se tomen medidas concretas para garantizar que todas las mentes talentosas, independientemente de su género, tengan igualdad de acceso y apoyo en el ámbito científico y que en consecuencia se impulse el progreso y la innovación para el bien común.

Un bien común que necesariamente implica el aumento de la participación de las mujeres en estos campos. En la investigación la diversidad aumenta el grupo de investigadores talentosos, aportando nuevas perspectivas, talento y creatividad. Este día sirve como recordatorio de la importancia del papel de las mujeres y las niñas en las comunidades científicas y tecnológicas, y destaca la necesidad de aumentar su participación.

En suma, empoderar a mujeres y niñas contribuye a promover el crecimiento económico y el desarrollo a nivel global.

Puede Leer: La Nobel de Economía: la desigualdad de género comienza en el hogar

*Este artículo hace parte de la alianza entre Razón Pública y la Universidad Externado. Las opiniones son responsabilidad de los autores.

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Tatiana Gelvez - Cindy Rozo

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Tatiana Gelvez - Cindy Rozo

* Ph.D. en Gobierno de la Universidad de Essex, docente e investigadora de la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia, tatiana.gelvez@uexternado.edu.co
**Economista de la Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca. cindyrozo00@gmail.com

Foto: Wikimedia Commons

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En Colombia y en otros países, muchas mujeres y niñas son sometidas a mutilaciones genitales que ponen en riesgo su integridad y su vida. ¿Cómo avanzar hacia estrategias para cambios culturales frente a esta práctica?

Tatiana Gélvez Rubio* y Cindy Rozo Romero**

Una discusión no tan obvia

El próximo 6 de febrero se conmemorará el «Día Internacional de Tolerancia Cero contra la Mutilación Genital Femenina», un suceso que abre el debate sobre el origen e implicaciones de esta práctica para las mujeres alrededor del mundo. Hablar sobre este tema y entender sus diversas posturas es fundamental para proteger la dignidad y la vida de niñas y mujeres que viven esta realidad.

La Mutilación Genital Femenina (MGF), también conocida como ablación, ha sido reconocida por Naciones Unidas como una transgresión a los derechos humanos de mujeres y niñas. En Occidente la MGF ha sido considerada una muestra de la desigualdad de género y una forma de discriminación contra la mujer.

Según la ONU, las niñas menores de 18 años son las principales afectadas por esta práctica, lo cual constituye una violación de los derechos de las niñas en etapas tempranas de sus vidas.

El decimoséptimo objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 se centra en «alcanzar la igualdad de género y empoderar a mujeres y niñas». Uno de sus indicadores específicos es “eliminar las prácticas nocivas como el matrimonio infantil y la mutilación genital femenina”.

Sin embargo, en algunos países del Sur, como Sri Lanka, Gambia e inclusive Colombia, donde se practica la MGF, se afirma que existen elementos culturales subyacentes y, más allá de la visión prohibicionista, se proponen esfuerzos para garantizar condiciones médicas y sanitarias. Una alternativa que podría tener efectos reales sobre el bienestar de las mujeres y evitaría la estigmatización que la convierte en una práctica secreta o tabú.

diversas investigaciones empíricas señalan que la educación es un factor relevante para erradicar esta práctica nociva.

El debate debe tener como eje central las garantías de libertad individual y que las mujeres puedan decidir realizarse esta práctica pero durante su vida adulta. Además, que aquellas quienes decidan hacerlo cuenten con las condiciones sanitarias y médicas pertinentes para que no se ponga en riesgo la salud, la seguridad y la integridad física, evitando intensos dolores, hemorragias prolongadas, infecciones, infertilidad e incluso la muerte (Mahtani, 2021).

La discusión no es menor: se estima que en el mundo, en países donde es usual esta práctica, más de 200 millones de niñas y mujeres vivas han sido mutiladas. Además, la Organización Mundial de la Salud concluyó que cada año 3 millones de niñas corren el riesgo de ablación, la mayoría de ellas antes de cumplir los 15 años (OMS, s.f).

Foto: Gobernación de Risaralda - En Colombia las estrategias para abordar la MGF se han basado en el fortalecimiento institucional y el diálogo intercultural.

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El panorama de ablación en el mundo

En informes de organismos multilaterales como la OMS, UNICEF y ONU se ha concluido que:

  • La mutilación genital femenina se practica por diversos motivos que cambian de una región a otra y de una época a otra, pero siempre responden a una mezcla de factores socioculturales vividos en las familias o comunidades.
  • La edad en la que se practica es diferente en cada país, incluso en cada territorio. Se estima que del total de víctimas (200 millones), 44 millones son niñas menores de 15 años. En algunos países se lleva a cabo antes de que la niña cumpla 5 años; en otros, cuando se encuentra entre los 5 y los 14 años.
  • Esta práctica es común en 30 países de África y algunos de Asia y Medio Oriente. No obstante, también se han descrito algunas formas en países de Latinoamérica y Europa Oriental.
  • En Suramérica la práctica se ha identificado específicamente en Colombia, concretamente en comunidades internas o fronterizas de Perú, Venezuela y Brasil.

Según datos de la UNICEF (2023), en África y Medio Oriente la recurrencia es mayor en mujeres entre los 15 y los 45 años. África (ver gráfica 1) encabeza la lista con un reporte mayor al 99 %: Guinea (95 %), Djibouti (90 %), Mali (89 %), Egipto (87 %), entre otros.

En los países del Medio Oriente, la prevalencia es mayor en Yemen con un 19 %, seguido de Maldivas con un 13% e Iraq con un 7%.

Como se muestra en la gráfica 2, en África en promedio el 49,12% de las mujeres se concentra en las zonas rurales, mientras que el 42,3% en las zonas urbanas. En Asía en promedio el 13,26 % se concentra en zonas rurales y el 12,62% en zonas urbanas. Datos que indican que estas prácticas son más frecuentes en los sectores rurales de estos países.
El nivel de ingreso de las mujeres (ver gráfica 3) no permite sacar una conclusión para todos los países del mundo. En África esta práctica recae principalmente en el quintil más pobre (49,1%), seguido del quintil segundo (47%). La menor participación está en el quintil quinto, que representa una mayor riqueza de la población (38%). En los países de Medio Oriente, la tendencia muestra un resultado opuesto: la mayor prevalencia se da en el quintil más rico (16%) y la menor en el quintil medio (9,4%).

Según UNFPA, diversas investigaciones empíricas señalan que la educación es un factor relevante para erradicar esta práctica nociva. Las hijas de mujeres que han recibido educación primaria tienen un 40 % menos de probabilidad de ser sometidas a la mutilación genital femenina que las hijas de mujeres sin educación.

Un desafío que toca a Colombia

América Latina y el Caribe no están exentos de esta realidad. En Colombia aunque existen indicios sobre la existencia de esta práctica, no hay registros precisos sobre el número de niñas y mujeres a las que se les ha realizado la MGF.

El debate debe tener como eje central las garantías de libertad individual y que las mujeres puedan decidir realizarse esta práctica pero durante su vida adulta. Además, que aquellas quienes decidan hacerlo cuenten con las condiciones sanitarias y médicas pertinentes

Según el Ministerio de Salud y Protección Social, los casos descritos se han presentado en comunidades indígenas, particularmente en el Pueblo Embera. En el marco de un UNFPA Proyecto Embera Wera se conoció que en el municipio de Pueblo Rico entre 2013 y 2014 se reportaron 46 casos.

Las comunidades Embera de los municipios de Pueblo Rico y Mistrató en Risaralda y Trujillo en el Valle del Cauca se comprometieron públicamente a abandonar esta práctica, argumentando que la “cultura debe generar vida y no muerte”. Por lo cual, se han coordinado procesos e iniciativas de carácter interinstitucional con las autoridades indígenas para la sensibilización y reflexión sobre las consecuencias en la salud y vida de las niñas y mujeres indígenas (MinSalud, 2020).

Sin embargo, el proyecto UNFPA Proyecto Embera Wera también muestra que la ablación ha sido aceptada y valorada entre los Embera e incluso se ha asumido como parte del orgullo integral como mujeres, transmitido de generación en generación.

Esto demuestra que en Colombia el tema se ha manejado mediante el fortalecimiento institucional y el diálogo intercultural. Se ha promovido el diálogo comunitario y de mujeres en diferentes escenarios, como mesas y espacios comunitarios, donde se desarrolla una comunicación educativa e intercultural, una investigación, monitoreo y evaluación. De esta manera, el proceso no es coercitivo, sino de sensibilización cultural y consolidación de un ambiente que propicie cambios culturales.

En suma, la práctica tradicional de la mutilación genital femenina merece atención, pero debe hacerse desde un punto de vista que privilegie la protección de la vida de las mujeres y la garantía de sus libertades, más allá de la erradicación y de juzgar estas culturas.

El diagnóstico presentado brinda algunas pistas de aquellos segmentos poblacionales que necesitan mayor protección, tales como mujeres en entornos rurales, de menores ingresos y con menos niveles de educación, pues inciden en la garantía de los derechos fundamentales como la salud, seguridad, integridad física y emocional.

Lea en Razón Pública: Economía Popular y mujeres emprendedoras

*Este artículo hace parte de la alianza entre Razón Pública y la Universidad Externado. Las opiniones son responsabilidad de los autores.

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Tatiana Gelvez - Cindy Rozo

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Tatiana Gelvez - Cindy Rozo

* Ph.D. en Gobierno de la Universidad de Essex, docente e investigadora de la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia, tatiana.gelvez@uexternado.edu.co
**Economista de la Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca. cindyrozo00@gmail.com

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