La campaña de la ciudadanía: democracia efectiva en manos de la gente
Foto: Alcaldía Cali

La campaña de la ciudadanía: democracia efectiva en manos de la gente

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Pocas veces la política se traslada al ámbito de las conversaciones permanentes, las prácticas en los entornos inmediatos, y hace parte del paisaje cotidiano de nuestra vitalidad. Esta campaña electoral lo logró y eso habla de una democracia viva y de una capacidad creativa enorme de la ciudadanía.

Cotidianización de la política

Si la primera vuelta el pasado 31 de mayo fue de las estructuras, la segunda vuelta fue de la ciudadanía en estas elecciones presidenciales. Escribo estas líneas aún sin conocer los resultados de la jornada electoral de este 21 de junio que define el próximo presidente en Colombia para los siguientes cuatro años, entre dos tendencias claramente definidas y opuestas, como ocurre en la mayoría de los balotajes. 

“Quise escribirles desde el corazón a las personas que viven junto a mí en este edificio”, se lee en una carta escrita a mano y que se acompaña de un pequeño volante que contiene las propuestas del candidato Iván Cepeda. Unas personas que no se conocen todas entre sí se convocan mediante medios digitales (WhatsApp, meeting), para salir a la calle con unas mesas, sillas, música y un café para conversar sobre aquello que genera temor entre la ciudadanía y promover diálogos espontáneos de país en el espacio público.   

Circula en un grupo de WhatsApp una imagen hecha con inteligencia artificial que invita a donar dinero para la movilización ciudadana a las urnas en lugares alejados del país. En otro, se observa una imagen que reporta la cuantía de dinero recaudado, según el cual, en 44 municipios se logrará la movilización de 52.113 personas a los puestos de votación para ejercer su derecho. 

Los grupos comunitarios que tienen por objetivo movilizar contenidos digitales sobre seguridad, ambiente, cultura, se inundaron de stickers, reels, imágenes, no sin tensiones en algunos de estos, con propaganda de diverso orden, sin unidad gráfica, pero sentidos comunes, sobre las campañas electorales y el futuro inmediato del país en caso de victoria en uno u otro caso. 

En las calles de Bogotá me encuentro con pequeños grupos de personas, algunos de estos núcleos familiares, que distribuyen propaganda y llevan consigo afiches con toda suerte de diseños, formas humanas y animales, mensajes alusivos al candidato de la izquierda. Vendedoras ambulantes en una localidad del suroccidente de la ciudad exhiben en sus pequeñas chazas publicidad electoral.  

Una descripción, en apariencia dispersa, de hechos que muestra la capacidad de activación que tuvo esta nueva etapa de la contienda electoral. Aunque la política atraviesa el conjunto de nuestras manifestaciones sociales, pocas veces como esta se traslada al ámbito de las conversaciones permanentes, las prácticas en los entornos inmediatos, hace parte del paisaje cotidiano de nuestra vitalidad. Esta campaña electoral lo logró y eso habla de una democracia viva y de una capacidad creativa enorme de la ciudadanía que desbordó las rígidas estructuras de los partidos políticos. 

La campaña de la gente 

Las ciencias sociales, y en particular aquellas que observan las dinámicas propias de la política, encuentran sus explicaciones en dos tipos de orientaciones. De una parte, las visiones estructurales que otorgan a las instituciones y sus construcciones rígidas de largo plazo las respuestas a las situaciones presentes; la prolongada elaboración de un proyecto de nación y sus efectos territoriales, sociales, y económicos, entre otros factores. De otra, la capacidad que tienen actores sociales de forma individual o colectiva para intervenir y, con ello, cambiar el curso de determinadas situaciones y coyunturas. 

La campaña electoral que concluye este 21 de junio fue de las agencias ciudadanas. Atendiendo a la perspectiva de Guillermo O’Donnell, la agencia ciudadana es mucho más que la capacidad que esta tiene para ejercer su derecho al voto en elecciones periódicas, libres y competitivas. Es también la posibilidad de intervenir en marcos deliberativos, participar con capacidad de transformación de lo público, una condición inherente a la ciudadanía que le permite mediante la dotación racional y la autonomía moral ejercer un marco jurídico y político de derechos. 

En Colombia hay, según el dato en la página oficial del Consejo Nacional Electoral, unas 27 organizaciones políticas con personería jurídica. Aunque este dato tuvo movimientos antes y después de las elecciones al Congreso del pasado 08 de marzo, la realidad es que asistimos a una fragmentación importante del sistema de partidos y una crisis importante de su capacidad efectiva de representación de intereses ciudadanos y movilización. 

Dentro del espectro amplio de la izquierda, los partidos políticos en general se han orientado bajo la teoría de organización leninista. Esta supone una estructura vertical y jerárquica que aplica el centralismo democrático como orientación y que efectúa una toma de decisiones superiores que se irradian a organismos de base que, aunque deliberan, mantienen una férrea disciplina basada en principios de clase social.

La campaña que concluye ha puesto de presente, una vez más, que esta forma de organización que fue común en el siglo XX está siendo desbordada por nuevas formas de sociabilidad política derivada del mundo digital, las cambiantes estructuras urbanas, el ensanchamiento de las clases medias y nuevas sensibilidades que se agrupan alrededor de causas. 

La agencia ciudadana también tiene historia

Aunque la agencia ciudadana desborde las estructuras institucionales rígidas del sistema político, de la composición organizativa de los partidos, esta no surge en el vacío. No es una generación espontánea o sin unos marcos de referencia, aunque sean de corto y mediano plazo. 

En el caso de la agencia ciudadana que desató la segunda vuelta electoral se advierten al menos cuatro condiciones históricas que la permiten y contribuyen a promover. 

  • La Constitución de 1991. El marco de referencia debe ubicarse en la ventana de oportunidad política que abrió la Constitución de 1991. El que se consolide un estado social de derecho, con todos los cuestionamientos que puedan tenerse en materia económica sobre este, abrió unas posibilidades de participación política ciudadana que va más allá del ejercicio limitado de la representación y que se expresan, precisamente, en estos escenarios autónomos en donde la gente fue capaz de tomar las riendas de su propia gestión de campaña y desarrollar toda suerte de iniciativas individuales, comunitarias, entre otras, con la clara intención de intervenir en la contienda. 
  • El Acuerdo de Paz de 2016. Alcanzar un acuerdo entre las extintas FARC-EP y el Estado colombiano permitió una ampliación de la agenda política y la capacidad de movilización social en el país. Eliminar la centralidad del conflicto armado en la agenda política permitió un nuevo horizonte político que incluyó economía, empleo, salud, seguridad urbana y corrupción, elementos que cobraron mayor relevancia entre la opinión pública.
  • Los estallidos sociales de 2019 y 2021. Aunque entre una y otra movilización social existen diferencias, estas coinciden en haber permitido gestar un sustrato cultural que puso de presente otras sensibilidades como la vida, el ambiente en tiempos crisis climática y la dignidad como valor político central. Amplios sectores de la opinión pública asimilaron que los derechos no son sólo teóricamente deseables, sino posibles y exigibles con agendas políticas que los materialicen y representan.    
  • El primer gobierno de izquierda en Colombia. Una característica común de los denominados gobiernos posneoliberales en América Latina es que, junto a la agenda redistributiva que impulsan, amplían la ciudadanía política que se expresa en movilización social concreta, o bien en marcos de conflictividad social o en elecciones. En este cuatrienio que concluye, aunque la derecha intentó ocupar la calle, la izquierda y las sensibilidades políticas que se agrupan alrededor de esta siguen siendo hegemónicas en el ejercicio de la ocupación política de la calle. 

El terreno en disputa en esta segunda vuelta  

Podrían agruparse en tres los grandes terrenos que se disputaron en esta segunda vuelta y en donde el factor clave, sin lugar a dudas, fue la capacidad de agencia autónoma que tuvo la ciudadanía: el mundo digital, la disputa por los símbolos y la ocupación masiva de la calle. 

En primera instancia, el mundo digital. La campaña de Abelardo de la Espriella fue intensa en el uso de la inteligencia artificial desde sus inicios, sin embargo, esta herramienta que fue estratégicamente usada por una de las campañas, también fue disputada por la ciudadanía en el momento en que se conocieron los resultados de la primera vuelta. 

Desde el ataque directo mediante imágenes que recordaban situaciones pasadas, nexos políticos efectuados bajo el ejercicio del derecho, entre otros, hasta el esfuerzo por rescatar el componente programático de Iván Cepeda, se observa una movilización digital intensa realizada de manera independiente por la ciudadanía. 

En este ámbito fue clave la presencia, además de los sectores como el ambientalismo y mujeres, de culturas juveniles como las K-Popers. Esta última, en particular, dotó con el pequeño corazón formado por la punta del dedo índice y el pulgar de un símbolo que la campaña de Cepeda no tuvo en la primera vuelta, frente a una campaña de la extrema derecha que fue intensamente simbólica: la imagen del tigre, el lema de la patria milagro, el agrupamiento ciudadano alrededor del movimiento defensores de la patria y el uso del saludo militar que representa autoridad en un contexto en el que sectores de la opinión pública se encuentran genuinamente preocupados por la seguridad. 

El colofón de esta disputa simbólica, en donde la ciudadanía fue el factor clave, se encuentra en el uso de la camiseta de la selección Colombia en pleno mundial de fútbol. Mientras que el candidato Cepeda acudía a las redes sociales, las ruedas de prensa y la querella legal, la gente empezó a usar con estampados adicionales con la publicidad de la campaña de izquierda la camiseta de la selección. De nuevo los estrechos marcos de las estructuras fueron desbordados. 

La realización de concentraciones alrededor de la música, estampados, ollas comunitarias, educación ambiental en el espacio público, mostró la vitalidad de la ocupación de la calle por una ciudadanía movilizada de forma autónoma por su capacidad de agencia. 

El día después de las elecciones 

La persona que dejó la carta anónima bajo las puertas de sus vecinos y vecinas en un edificio en Bogotá necesita mantener la esperanza viva. Más allá de los resultados, la campaña electoral desencadenó la capacidad creativa y crítica de una parte importante de la sociedad y ese esfuerzo no puede perderse. 

Un reto en lo inmediato de las campañas y los partidos políticos que la encarnan, en medio de una campaña electoral que fue profundamente simbólica y emocional, es no permitir que los odios se profundicen y deriven en violencia efectiva, y que la movilización autónoma de la ciudadanía que se efectuó sea canalizada en mayor tejido asociativo y organización comunitaria. Allí está la democracia efectiva viva y capaz de resistir a las tentaciones autoritarias. 

En esto, particularmente la candidatura que encarnó la izquierda en cabeza de Iván Cepeda, está llamada a cumplir un papel de liderazgo para que personas como esas, o las miles que desde sus propios esfuerzos, recursos físicos y financieros, realizaron todo lo que estuvo a su alcance para lograr un resultado que permitiera la continuidad del cambio, mantengan viva su agencia ciudadana.  

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Acerca del autor

Óscar Murillo
oscarmurillo@razonpublica.org.co | + posts

Magister en Ciencias Políticas, FLACSO – Ecuador; Especialista en Pedagogía, Universidad Pedagógica Nacional; Historiador, Universidad Nacional de Colombia.

2 comentarios

Óscar Murillo

Escrito por:

Óscar Murillo

Magister en Ciencias Políticas, FLACSO – Ecuador; Especialista en Pedagogía, Universidad Pedagógica Nacional; Historiador, Universidad Nacional de Colombia.

2 comentarios de “La campaña de la ciudadanía: democracia efectiva en manos de la gente”

  1. Vivir estas elecciones a través de las urnas reafirma que, independientemente del candidato ganador, el ejercicio de votar construye un puente directo hacia el futuro. Cada papeleta depositada representó un compromiso real por la vida, la paz y el progreso social.

    1. Muchas gracias Yuli por el comentario.

      No estoy de todo seguro que ambas campañas haya movilizado los mismos discursos por la vida y paz. Una de estas, de hecho, tuvo su énfasis en señalar que era necesario destripar al contrario, no considerarlo un adversario y sí un enemigo. Esos son claramente discursos de odio que son contrarios a una democracia liberal que acepta la diferencia. Esperemos que esa no sea la realidad de los próximos cuatro años y que la ciudadanía que organizó por su cuenta la campaña mantenga viva su esperanza.

      Saludos.

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