
De la Espriella ganó, pero el Congreso no es suyo
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Ganó con menos del 1% de diferencia y su partido tiene apenas 6 curules. Para gobernar, De la Espriella necesita a los mismos de siempre que prometió no necesitar.
Un país partido por la mitad
La segunda vuelta del 21 de junio confirmó lo que ya se intuía: Colombia está dividida en dos mitades casi iguales, con visiones de país antagónicas. Este es el mismo mapa que se refleja desde el plebiscito por la paz de 2016 y las elecciones que le sucedieron.
Abelardo de la Espriella obtuvo 12,9 millones de votos (49,7%), mientras que Iván Cepeda alcanzó 12,7 millones (48,7%). La diferencia fue de apenas 250.000 votos, menos del 1% del total. No es la primera vez que ocurre. Hace cuatro años, la distancia entre Gustavo Petro y Rodolfo Hernández fue de apenas 3%, una brecha igualmente ajustada que refleja un país fracturado.
Una Colombia de visión más progresista, que respalda la implementación del Acuerdo de Paz y apuesta por la redistribución de la riqueza, y otra de corte conservador, que defiende la familia tradicional, posturas pro-vida, una economía más liberal, la reducción del Estado y un discurso de seguridad militarista.
El margen fue tan estrecho que Cepeda impugnó 33.000 mesas electorales, aunque finalmente reconoció la elección de De la Espriella tras el escrutinio oficial. Como lo señaló el propio Petro: «La realidad nos da un país partido por la mitad».
Pero la polarización no termina en las urnas. La pregunta clave ahora es: ¿con qué respaldo real en el Congreso podrá contar De la Espriella para gobernar esta Colombia dividida? La respuesta es compleja y, para su gobierno, problemática.
El respaldo propio: una bancada exigua
En la columna anterior indiqué que, de cara a la primera vuelta, el mapa legislativo era claro: la bancada más grande en ambas cámaras era la del Pacto Histórico, con 60 curules (25 en Senado y 35 en Cámara), lo que representa el 22,6% del Congreso. Sin embargo, como advertí en ese momento, ese respaldo era insuficiente para lograr mayorías por sí sola y, en caso de que Cepeda hubiera ganado, habría tenido que negociar con otras fuerzas.
Ahora, con De la Espriella como presidente electo, el escenario se invierte, pero la dificultad persiste. El respaldo propio del nuevo mandatario en el Congreso es, para ser generosos, modesto. Su partido, Salvación Nacional, apenas cuenta con 6 curules: 4 en Senado y 1 en Cámara (más una curul de una coalición regional con el Partido Conservador). Esto representa un escaso 2,3% del Congreso.
La conclusión es inevitable: De la Espriella no tiene una bancada propia que le permita gobernar sin que implique una negociación. Su fuerza legislativa es casi testimonial. Quienes hoy se presentan como su coalición oficialista no son «los suyos» en el sentido estricto del término, sino apoyos que tendrá que construir día a día.
¿Y qué pasa con la oposición? El Pacto Histórico, ahora en la oposición, es la bancada más grande, pero por sí sola tampoco podrá frenar las iniciativas del gobierno si éste logra tejer alianzas con otros movimientos con representación menor que no se identifiquen con el gobierno y un sector de la Alianza Verde. Su labor se centrará principalmente en el control político, en la denuncia y en la visibilización de los desacuerdos. Pero para bloquear reformas o leyes, necesitará sumar aliados.
Los «de siempre» llegan al rescate (con condiciones)
El discurso de campaña de De la Espriella fue enfático: él representaba a «los nunca», a los que no han gobernado, y rechazaba el apoyo de «los de siempre» y de la «politiquería». Pero los hechos posteriores a la victoria han desmentido esa narrativa. Sus apoyos son, precisamente, «los de siempre».
A la bancada de Salvación Nacional se han sumado, al menos hasta ahora, el Partido Conservador (28 curules), el Centro Democrático (40 curules), y Cambio Radical (15 curules). Aún faltan por anunciarse los apoyos del Partido de la U (20 curules) y del Partido Liberal (41 curules). Con este panorama, sumando los apoyos ya confirmados y los que están en veremos, De la Espriella podría alcanzar una cómoda mayoría en el Congreso.
La ironía es evidente: el candidato que prometió no pactar con la política tradicional está formando su gobierno con los mismos partidos que han alternado en el poder durante décadas. Pero este apoyo tiene un precio, y ahí está la verdadera fragilidad de su gobierno.
El costo de una coalición prestada
La lección de los últimos años es aleccionadora.
Hace cuatro años, los mismos partidos tradicionales que ahora respaldan a De la Espriella se declararon opositores a Petro. Sin embargo, en un acto de pura conveniencia política, terminaron integrándose a la coalición oficialista durante el primer año de gobierno, porque en política es muy costoso estar lejos de quien firma la chequera. No hay muchos incentivos para hacer una oposición frontal cuando el Ejecutivo maneja el presupuesto y las burocracias. De hecho, muchos partidos prefieren declararse independientes, una figura que les permite tener capacidad de negociación y, en ocasiones, de chantaje con el Ejecutivo.
Esto revela dos realidades inamovibles de la política colombiana. Primero, todo el mundo procura estar del lado del Ejecutivo. Y segundo, las lealtades de la política tradicional son extraordinariamente flexibles mientras la negociación esté a su favor.
Ahora bien, De la Espriella les debe poco a estos partidos tradicionales. Su llegada a la presidencia no se produjo por el apoyo y movilización de votos de ellos. En primera vuelta, buena parte de estos partidos apoyaron a Paloma Valencia, del Centro Democrático, y no les fue bien. De la Espriella llegó a la segunda vuelta por su propio esfuerzo y por el respaldo ciudadano que supo construir.
Esto significa que los partidos tradicionales llegan a la coalición de gobierno con poco control sobre el presidente electo, y su porción del Congreso es su único mecanismo de negociación. Como ocurrió con Petro, apoyarán a De la Espriella mientras la negociación sea favorable. Pero en cuanto los intereses se desalineen, o el gobierno pretenda impulsar reformas que afecten sus privilegios, es muy probable que se aparten y se declaren independientes.
El panorama para De la Espriella es, por tanto, engañoso. Podrá tener una amplia coalición oficialista, pero no será propia. Las fuerzas tradicionales no suelen dar apoyo incondicional; su respaldo es transaccional y basado en negociaciones (no necesariamente programáticas). Su lealtad es tan frágil como la conveniencia del momento.
En conclusión, De la Espriella ganó la presidencia por un margen ínfimo, pero gobierna con un respaldo legislativo mínimo.
Su suerte en el Congreso dependerá de su habilidad para mantener a raya a una coalición prestada, cuyos miembros ya demostraron que, en política, la lealtad dura lo que dura la negociación. Como bien lo mostró el primer año de gobierno de Petro, estar en la coalición oficialista no es una declaración de principios, sino una decisión pragmática. Y el pragmatismo, en política, es el arte de cambiar de opinión sin cambiar de chaqueta.
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Acerca del autor
Fabián Acuña
Doctor en Investigación en ciencias sociales de Flacso-México, investigador del Observatorio de Reformas Políticas en América Latina UNAM-OEA https://reformaspoliticas.org/ y docente de la UNAD Colombia
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«De la Espriella llegó a la segunda vuelta por su propio esfuerzo y por el respaldo ciudadano que supo construir». Mentira. Llegó a la segunda vuelta mediante una campaña sucia con decenas de miles de millones de pesos que financiaron una estrategia basada en mentiras, con apoyo de inteligencia artificial y bodegas orientadas a generar odio, miedo e indignación (la misma que propuso Uribe en la «Estrategia Júpiter»). Lo único que supo construir De La Espriella fue una red de compra de votos liderada por los Char y por los Génecco, presiones de los paramilitares, actuaciones sospechosas de la Registraduría, la Procuraduría e, incluso, la Fiscalía que no han investigado las denuncias contra él y, por el contrario, siempre estuvieron hablando del maravilloso sistema electoral colombiano y han omitido pronunciarse sobre las numerosas denuncias y evidencias de fraude electoral. Cómo si fuera poco, las numerosas intervenciones de gobiernos extranjeros…