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San Andrés sin agua: emergencia en el paraíso

Escrito por Fabián Acuña

Laguna Big Pond, en San Andrés.

Fabian AcuñaSebastian OspinaEl descuido en controlar el número de habitantes, la explotación exagerada de los acuíferos y la falta de plantas desalinizadoras desembocaron en un drama que se gestó a ciencia y paciencia de las autoridades.

Fabián Alejandro Acuña* – Sebastian Ospina Archbold**

Sin agua en medio del mar

Para la mayoría de colombianos, San Andrés es uno de nuestros principales destinos en el Caribe. Sus bellas playas, el “mar de siete colores”, hacen de la isla un paraíso sin igual. Y sin embargo para gran parte de isleños, la relación con la Colombia continental está marcada por la indiferencia frente a sus problemas sociales, económicos y ambientales.

Durante los últimos días, los principales medios de comunicación de la isla han repetido el titular: “San Andrés se queda sin agua”. Esta situación por supuesto ha dado pie a una intensa oleada de protestas por parte de los isleños.

El agua dulce es el recurso más preciado para los territorios insulares. Su ubicación en medio del mar hace que el acceso al agua para consumo sea un desafío que exige  planeación y administración adecuada de los recursos escasos. Por eso la manera habitual de proveer el servicio de agua potable en una isla ha sido el uso de plantas desalinizadoras.

A la isla no le cabe un residente más.

La isla de San Andrés siempre fue privilegiada por tener algo muy preciado cuando se vive en la mitad del mar: agua dulce. En un pasado no muy lejano, la isla tuvo humedales que desparecieron debido a la expansión desmedida de los complejos turísticos, la construcción desorganizada de viviendas y la creación de nuevos barrios en la zona céntrica (donde se concentraban las reservas de agua).

Para ese entonces el desabastecimiento de agua no se veía como un problema por la creencia de que los acuíferos subterráneos iban a sustentar la demanda creciente. Hoy la realidad es distinta: los acuíferos se acabaron y la isla está en su límite, sobrepasada en un 300 por ciento en su capacidad de carga (según estudios de la Universidad Nacional).

La “capacidad de carga” alude a la cantidad de recursos naturales que tiene un territorio y a su capacidad de regenerarse con el tiempo. Si dicha capacidad se ve sobrepasada, ya sea por la excesiva extracción para fines industriales, por la sobrepoblación o por otra causa, se ponen en riesgo todo el ecosistema y la capacidad de regenerar los recursos naturales.

Sobrepoblación

Vista aérea de San Andrés.

Vista aérea de San Andrés.
Foto: David Alejandro Cabrera O.

A partir de 1991, con la creación de la Oficina de Control, Circulación y Residencia (OCCRE) se esperaba un mayor control poblacional y una mejor planeación territorial para San Andrés, algo necesario para uno de los territorios más densamente poblados del planeta que, además, tiene la dificultad de no tener formas de expansión.

La función de la OCCRE era controlar la población que llegaba a la isla. Hay que recordar que en San Andrés viven quienes son considerados “raizales” (habitantes por generaciones de la isla); los residentes permanentes, cuyas familias llegaron hace varios años a la isla y que ya han tenido descendencia; y, por último, aquellos residentes temporales que con frecuencia llegan por trabajo y tienen un permiso de permanencia por un período limitado.

Desde luego, también están los turistas, pero cada vez que algún turista viaja a la isla debe indicar cuánto tiempo estará y debe pagar un impuesto de entrada.

En su creación, a través del Decreto 2762 de 1991, se le entregaron a la oficina de la OCCRE las facultades de control de esta población. Sin embargo, dicha oficina, después de 24 años, no ha podido cumplir sus dos grandes tareas. A pesar de los esfuerzos, la población sigue aumentado de manera descontrolada y la planificación territorial ha quedado en un segundo plano, rezagada por la rápida urbanización de las zonas verdes.

En la isla son fundamentales los programas de control poblacional y de natalidad. Por eso, con ocasión de la reparación a las víctimas del conflicto y las responsabilidades de los gobiernos regionales en dicha reparación, se ha planteado que San Andrés no hará parte de la reubicación de víctimas, porque literalmente “no hay cama (recursos, espacio, servicios públicos) pa´tanta gente”. A la isla no le cabe un residente más.

En temporadas de gran flujo turístico, cuando la capacidad hotelera se encuentra al tope, la isla llega a niveles de congestión insostenibles, porque la prestación de servicios tiene que cubrir primero a los turistas. En estas semanas de escasez de agua potable, solo el sector hotelero tiene garantizado el suministro continuo, mientras los residentes permanentes de la isla asumen el sacrificio. Por eso han sido tan fuertes las protestas.

Las plantas desalinizadoras

¿Por qué no hay plantas desalinizadoras en San Andrés si en la mayor parte de las islas del mundo existen dichas plantas? La respuesta es simple. San Andrés tiene, o más bien tenía, una riqueza que pocas islas en el mundo tienen: agua potable almacenada en una gran laguna (Big Pound) y en cuevas subterráneas, las cuales eran explotadas de acuerdo a las necesidades de los habitantes.

Al aumentar considerablemente la cantidad de habitantes y dejar toda responsabilidad a los acuíferos naturales, la llegada de una sequía sin precedentes, sumada a la inoperancia de la empresa que presta el servicio de acueducto (Proactiva), puede llevar a una situación dramática como la actual.  

Esto se veía venir. Pero los proyectos para la instalación de plantas desalinizadoras fueron archivados debido a que no eran urgentes, pues nadie sabía con certeza cuántos años le quedaban a las reservas de agua naturales.

Algunas de las firmas hoteleras presentes en el departamento tomaron ventaja y comenzaron desde hace algunos años a innovar con plantas desalinizadoras, al tiempo que se abastecían con camiones cisterna y con la red de acueducto. Esta fue una gran inversión que hoy rinde sus frutos.

Pero la empresa prestadora del servicio de acueducto, Proactiva, que tiene casi una década trabajando en el departamento, ha sido más cuestionada que aplaudida, pues los cambios que ha introducido no han sido evidentes y el servicio de agua sigue sin cubrir a más de la mitad de la isla.

El servicio de agua sigue sin cubrir a más de la mitad de la isla.

La mayoría de los usuarios están en la zona norte de la isla, donde está ubicado el centro, lo que deja por fuera de la red a los habitantes de la parte alta de la isla (La Loma) y la parte sur (San Luis), la mayoría de los cuales nunca han recibido una gota de la empresa.

La mayor parte de la isla consume el agua que venden particulares, quienes distribuyen en camiones cisterna el agua por los sectores donde no llega el servicio de Proactiva. Gran parte de los hogares de la isla cuentan con cisternas que son abastecidas cada cierto tiempo por estas empresas de agua.

Irónicamente, en el barrio Cove, ubicado en La Loma, es de donde se extrae la mayor parte del preciado líquido. Por eso este sector fue el primero en protestar, bloqueando vías y exigiendo un abastecimiento inmediato. Las réplicas de dicho bloqueo no se hicieron esperar y con el paso del tiempo más barrios y sectores se han unido a la protesta.

El gobernador Ronald Housni ha logrado dialogar con los líderes y habitantes de los sectores involucrados, y ha enviado camiones-cisterna para solucionar en algo su situación, aunque no se descartan nuevos bloqueos y protestas.

Pero estas medidas son momentáneas y el problema de fondo sigue presente: la falta de planificación territorial en la extracción sostenible de los recursos, sumada a una inédita sequia provocada por el fenómeno de El Niño, ha llevado a una situación que no parece tener una pronta solución.

Mientras tanto, la industria hotelera y el turismo siguen funcionando con normalidad, lo que hace que crezca la molestia entre los raizales y los residentes del archipiélago. Aunque la industria hotelera es el mayor soporte económico del archipiélago, en este caso debe ser solidaria con la búsqueda de una solución estructural a la crisis, para hacer viáble la sostenibilidad y supervivencia de todos los habitantes de la isla.

San Andrés reclama del gobierno nacional políticas de apoyo permanentes, más allá de las fotos y pronunciamientos que se hacen después de las decisiones de la Corte de La Haya.

 

* Docente-Investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana. @acuna_fabian

** Raizal, estudiante de Ciencias Políticas de la Universidad Javeriana. sebastian.ospina@javeriana.edu.co

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