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El Centro Democrático: fenómeno político del año

Escrito por Fabián Acuña
Fabian Acuña

Fabián Acuña

Es una forma de oposición sin precedentes en Colombia. Renovador, jerarquizado, derechista, presente en el Congreso y capaz de maniobrar: un buen balance en el 2014. ¿Será que en 2015 logra consolidar sus bases y acceder a los gobiernos locales?

Fabián Acuña*

Alvaro Uribe en el Congreso

Historia de la oposición

Entre la instauración del Frente Nacional (1957) y los comienzos del gobierno Santos, la oposición política en Colombia había tenido dos tendencias principales:

  • la oposición de tránsito, que típicamente se basaba en movimientos o disidencias dentro de los partidos tradicionales, y
  • la oposición de izquierda.

La primera se caracterizó porque la encabezaron reconocidas figuras del liberalismo o del conservatismo que expresaron su inconformidad apartándose del partido, lo cual les dio una gran visibilidad; sin embargo la mayoría de ellos regresaron al partido de origen, aunque con mayor poder de negociación.

Una cosa es competir electoralmente con la “chequera” del Ejecutivo y otra es lograr casi el 50 por ciento de la votación sin la chequera.
  • Un buen ejemplo fue el Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), que Alfonso López Michelsen formó contra la exclusión que implican las reglas de juego establecidas por el Frente Nacional.
  • Otra tendencia liberal que en los años 80 fungió como alternativa fue el Nuevo Liberalismo, encabezado por Luis Carlos Galán, quien se alejó del partido denunciado las prácticas nocivas de la política tradicional, y en especial la relación de algunos sectores de su partido con el narcotráfico.
  • El conservatismo también tuvo su fuerza alternativa con el Movimiento de Salvación Nacional (MSN), de Álvaro Gómez Hurtado, que remozaba la división tradicional entre “la casa Gómez” y “la casa Ospina”.

Por su parte la oposición de izquierda ha tenido dos momentos fundamentales:

• Uno, la de los movimientos surgidos de procesos de negociación con guerrillas a finales de los años 1980 y principios de los 1990 (AD-M19, UP y EPL, entre otros), y que fueron protagonistas en la Constituyente de 1991.

• El otro fue el Polo Democrático Alternativo, que nació como una confederación de líderes de izquierda unidos para hacer frente a las nuevas reglas establecidas por la reforma política de 2003.

Estos dos tipos de oposición se diferencian porque los movimiento del primer tipo han gozado de espacios amplios de representación, participación burocrática y reconocimiento público, mientras que los de izquierda han tenido escasa representación en términos numéricos (pocos congresistas), aunque hayan realizado una intensa tarea de denuncia mediante debates que incluyen temas tan sensitivos como los falsos positivos, la parapolítica, el programa Agro Ingreso Seguro o la firma de los TLC.

A esta tarea de control político desde el Congreso y a través de los medios de comunicación,  debe agregarse la gestión destacada y discutida de la izquierda en algunos gobiernos locales, particularmente en el de Bogotá.

El abogado, periodista y candidato a la Presidencia de la República, Luis Carlos Galán
​El abogado, periodista y candidato a la Presidencia de la República, Luis Carlos Galán.
Foto: Iván Marulanda

Uribe, el “tuiter” y el Centro Democrático

Ese recuento histórico basta para mostrar por qué Uribe representa una oposición distinta de las anteriores, al ser un exitoso disidente del Partido Liberal,  ante el cual, sin embargo, cerró del todo las puertas de retorno.

Lejos de eso, la elección y la reelección de Uribe fueron producto del cambio que se venía gestando y que dejó atrás el bipartidismo para abrirse a un sistema multipartidista.

Uribe asumió el gobierno con niveles de popularidad excepcionales, pero al igual que otros presidentes en la región (Fujimori, Chávez, Evo o Correa) llegó al poder con pocos congresistas de su entraña, aunque muy pronto lo rodearan las mayorías parlamentarias.

Después de ocho años de gobierno, Uribe se vio forzado a entregar el mando, en este caso a Santos, que había sido su ministro estrella y prometía cuidar la herencia del expresidente. Sin embargo, Uribe se sintió traicionado porque Santos dio un giro y decidió asumir un mandato independiente, lo cual resultó en la férrea oposición del expresidente a su presunto heredero.

Bajo el gobierno Santos I, la oposición de Uribe se dio a través de las redes sociales (o, en efecto, a través de los medios masivos sin los cuales no habría tenido resonancia) y aprovechando todas las coyunturas. Pero frente a Santos II decidió organizar un movimiento que denominó Centro Democrático (CD), con muy buenos resultados.

El CD compitió de tú a tú con el oficialismo en la elección presidencial, y en el Congreso ha logrado convertirse en una fuerza relevante. Esto importa porque una cosa es competir electoralmente con la “chequera” del Ejecutivo y otra es lograr casi el 50 por ciento de la votación sin la chequera, lo cual demuestra que Uribe sigue contando con el apoyo de muchos colombianos.

Lo novedoso del Centro Democrático

El CD es un movimiento genuinamente nuevo. Al contrario del primer y segundo gobierno de Uribe, cuando debió hacer alianzas con políticos tradicionales (de buena y mala reputación), en el CD hay un esfuerzo por promover nuevos líderes, en su mayoría jóvenes, que deben su curul a la lealtad hacia Álvaro Uribe.

A diferencia de los políticos consolidados que se unen a Uribe o al gobierno según les convenga – y así su elección no dependa de estos sino de su propia red política- los nuevos políticos del CD son fieles porque deben su elección integralmente a que Álvaro Uribe era la cabeza de lista y todos los votos eran suyos.

Esto hace que el CD sea un partido ultra jerarquizado y con niveles de disciplina excepcionales, básicamente porque no hay espacio para la diferencia sino para el alineamiento con el fundador. Mientras los partidos de la Unidad Nacional, la izquierda, los verdes y hasta el MIRA necesitan mecanismos para tramitar sus problemas de acción colectiva, el CD (por ahora) tiene muy pocas dificultades al respecto.  

Además, el CD es un movimiento de ultra-derecha y esto le da claridad al elector sobre su posición ideológica, en un país donde ya estábamos acostumbrados a las indefiniciones ideológicas y programáticas de los partidos políticos.

Los nuevos políticos del CD son fieles porque deben su elección integralmente a que Álvaro Uribe era la cabeza de lista y todos los votos eran suyos. 

Sus integrantes han tenido que vivir la exclusión propia de la oposición en diferentes situaciones, y comparten con la izquierda el destino de quedarse sin nada en la repartición de la burocracia estatal. Sin embargo y puesto que su participación en el Congreso es mucho mayor, el CD sí es un actor relevante en las decisiones, que demuestra además que puede conquistar nuevos adeptos, especialmente entre los conservadores, cuyos corazones están con Uribe, aunque sus “billeteras” estén con el Ejecutivo.

Por eso, que el CD tenga un número importante de congresistas obliga a la Unidad Nacional a controlar de cerca sus fuerzas centrífugas para evitar divisiones que podrían  favorecer a Uribe.

Y el CD ha demostrado que está dispuesto a aliarse con quien sea necesario para desbaratar la coalición oficial o mejor, para ahondar la fisuras de la misma, a través de pequeñas y estratégicas batallas. Esto se ha visto en diversas ocasiones:  

  • Cuando propuso como presidente del Congreso a Jorge Enrique Robledo, el líder más importante del Polo Democrático, en contra de las inclinaciones del gobierno, y como mensaje de unidad entre oposiciones (aunque Robledo finalmente no aceptó su postulación).  
  • Cuando en medio de la tensión por la escogencia del contralor general, el CD decidió votar por el candidato de César Gaviria (antiguo enemigo político de Uribe)  para oponerse al candidato del vicepresidente Vargas Lleras.
  • Cuando en la mesa directiva del Consejo Nacional Electoral (CNE), Néstor Humberto Martínez instó a los magistrados a elegir una dirección oficialista, pero el CD se unió con liberales y conservadores en contra del gobierno.
La Presidenta del Polo Democrático Alternativo y candidata a la alcaldía de Bogotá, Clara López Obregón.
La Presidenta del Polo Democrático Alternativo y candidata a la
alcaldía de Bogotá, Clara López Obregón.
Foto: Wikimedia Commons

¿Qué viene en 2015?

Uno de los sucesos políticos más importantes del próximo año serán las elecciones de autoridades locales, que son el momento de consolidar lo ganado por el oficialismo y por la oposición tanto de izquierda como uribista.

El oficialismo tiene candidato propio para las elecciones presidenciales de 2018, y el mundo local es fundamental para lograr su objetivo. Además, para el gobierno sería un problema perder terreno en las elecciones regionales porque aún le queda mucho tiempo de mandato.

La oposición de izquierda ha demostrado que Bogotá sigue siendo su plaza más importante, y tienen en su mano la candidatura más fuerte a la Alcaldía de la ciudad en este momento: Clara López.

Para el uribismo, esta será la ocasión de afirmar sus bases sociales y regionales. En las elecciones de Congreso y presidenciales demostró que tiene una fuerza importante en el ámbito regional y en los grandes centros de votación de la Región Andina, el Eje Cafetero y Antioquia. Por eso es de esperar un gran esfuerzo de su parte para consolidar su fortaleza electoral y convertirse en un partido con fuertes raíces regionales.

* Docente-investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana e investigador del Observatorio de Restitución y Regulación de los Derechos de Propiedad Agraria. www.observatoriodetierras.org.​

twitter1-1@acuna_fabian

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