Colombia entra de lleno en la era de la antipolítica

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Primera vuelta presidencial de 2026: reconfiguración de la derecha, crisis del centro y disputa por la institucionalidad

Una elección que cambió el tablero político

La primera vuelta presidencial de 2026 será recordada como uno de los momentos más disruptivos de la política colombiana reciente. Más allá de los resultados electorales, la jornada confirmó la aparición de nuevas fracturas políticas, el debilitamiento de actores tradicionales y la consolidación de fenómenos que venían incubándose desde hace varios años.

La principal conclusión del debate organizado por Razón Pública fue que Colombia ha entrado definitivamente en una dinámica política similar a la observada en otros países de América Latina y Occidente: la emergencia de una nueva derecha radical que se presenta como antisistema, antipolítica y antiestablecimiento.

En ese sentido, la elección no solo definió a los dos candidatos que disputarán la Presidencia en segunda vuelta. También puso de manifiesto una transformación más profunda: la sustitución de los viejos clivajes políticos por una confrontación entre la institucionalidad y la antipolítica.

El verdadero terremoto: la transformación de la derecha

Uno de los consensos más claros entre los panelistas fue que el fenómeno más relevante de la jornada no es necesariamente el desempeño de la izquierda, sino la profunda transformación del campo conservador.

Durante más de dos décadas, el uribismo organizó buena parte de la derecha colombiana. Sin embargo, los resultados muestran que ese liderazgo ha sido desplazado por una corriente más radical, menos institucional y más cercana a las nuevas derechas que han ganado protagonismo en países como Estados Unidos, Argentina, Brasil y Ecuador.

La candidatura de Abelardo de la Espriella logró captar gran parte del electorado conservador sin recurrir a los mecanismos tradicionales de construcción partidista. Su estrategia consistió precisamente en presentarse como un actor externo a la política tradicional, incluso cuando una eventual victoria lo obligaría a negociar con las mismas estructuras que cuestiona.

Los panelistas señalaron que este fenómeno guarda similitudes con procesos observados en otros países donde sectores importantes del electorado han comenzado a privilegiar discursos de confrontación cultural, el liderazgo personalista y el rechazo a las instituciones representativas.

Del cambio social a la antipolítica

Durante los últimos años, la política colombiana parecía organizada en torno a dos grandes narrativas: el cambio social impulsado por la izquierda y la seguridad defendida por la derecha tradicional.

La primera vuelta modificó ese escenario.

Según varios participantes, la verdadera disputa ya no se produjo entre cambio y seguridad, sino entre cambio y antipolítica.

La candidatura de Iván Cepeda logró consolidar una base electoral significativa y mantener la fuerza acumulada por el progresismo desde 2022. Sin embargo, la candidatura de De la Espriella logró atraer a sectores que no se identifican con los partidos tradicionales, desconfían de las instituciones y perciben la política convencional como incapaz de resolver sus problemas.

Esta observación fue considerada particularmente importante porque obliga a abandonar explicaciones simplistas. El voto antisistema no puede entenderse únicamente como desinformación o manipulación. Por el contrario, refleja formas de malestar social y político que ni la izquierda ni el centro han logrado interpretar adecuadamente.

El agotamiento del centro político

Otro de los hallazgos centrales del conversatorio fue la confirmación de una tendencia que venía desarrollándose desde hace varios ciclos electorales: el progresivo agotamiento del centro como proyecto presidencial competitivo.

Las candidaturas de Sergio Fajardo y Claudia López obtuvieron resultados que consolidan una trayectoria descendente observable desde hace más de una década.

Lo ocurrido sugiere que la moderación política ha perdido capacidad de movilización electoral en un contexto caracterizado por la polarización, la emocionalización de la política y la búsqueda de proyectos más claramente diferenciados.

Para varios analistas, el centro no desaparece del sistema político, pero deja de ser un actor capaz de estructurar la competencia presidencial. Su papel futuro podría reducirse al de fuerza bisagra o proveedor de apoyos para coaliciones más amplias.

Un país territorialmente dividido

El análisis de los resultados regionales mostró la persistencia de patrones territoriales ya observados en elecciones anteriores.

Las regiones Caribe, Pacífica, Amazónica y parte de la Orinoquia continúan siendo espacios de fuerte apoyo a las opciones progresistas. En contraste, buena parte de la región andina y del centro del país favoreció la candidatura de la nueva derecha.

No obstante, también se observaron cambios significativos.

Bogotá, tradicional fortín de sectores progresistas, mostró una competencia mucho más estrecha de lo esperado. Antioquia consolidó el liderazgo de la nueva derecha, mientras que el uribismo tradicional perdió protagonismo. Boyacá reveló una división entre centros urbanos y municipios intermedios que merece atención adicional.

Estas diferencias territoriales serán fundamentales para entender las estrategias de campaña de cara a la segunda vuelta.

Gobernabilidad y Congreso: la paradoja del ‘outsider’

Uno de los temas menos visibles durante la campaña, pero potencialmente más importantes para el futuro gobierno, es la relación con el Congreso.

Mientras la candidatura de Cepeda cuenta con una coalición legislativa relativamente definida, De la Espriella llega a la segunda vuelta con un respaldo parlamentario limitado.

Esto plantea una paradoja: la antipolítica puede ser una estrategia eficaz para ganar elecciones, pero gobernar exige construir acuerdos con actores políticos tradicionales.

En consecuencia, uno de los interrogantes centrales será determinar cómo una eventual administración de la nueva derecha resolvería la tensión entre su discurso antisistema y las exigencias prácticas de la gobernabilidad.

La Constitución de 1991 en el centro del debate

Un tema recurrente durante el conversatorio fue el papel de la Constitución de 1991 y de los avances institucionales logrados en las últimas décadas.

Los participantes expresaron preocupación por la posibilidad de que una agenda política basada en la restricción de derechos o en el debilitamiento de ciertos controles institucionales afecte los pilares fundamentales del orden constitucional colombiano.

Las discusiones incluyeron referencias a los derechos de las minorías, la equidad de género, la protección ambiental, la jurisdicción especial para la paz y los mecanismos de inclusión política desarrollados tras el Acuerdo de Paz.

Más allá de las diferencias ideológicas, el debate planteó una pregunta fundamental: ¿Hasta qué punto la competencia electoral actual enfrenta proyectos de gobierno distintos o visiones incompatibles sobre el tipo de democracia que debe tener Colombia?

La batalla decisiva: conquistar al electorado flotante

La segunda vuelta abre una dinámica completamente diferente.

Varios participantes coincidieron en que existe un segmento significativo de electores que no mantiene lealtades partidistas permanentes y que suele decidir su voto en función de las circunstancias específicas de cada campaña.

Ese electorado flotante podría convertirse en el factor decisivo en las próximas semanas.

Para la campaña de Cepeda, el desafío consiste en ampliar su mensaje más allá de los votantes convencidos y en responder a preocupaciones relacionadas con la seguridad, la corrupción y la institucionalidad.

Para De la Espriella, el reto será mantener su atractivo como outsider mientras incorpora apoyos provenientes de sectores tradicionales que cuestionó anteriormente.

La pregunta central es si la candidatura de la nueva derecha ya alcanzó su techo electoral o si aún tiene margen para seguir creciendo.

Más allá de la elección

El debate permitió identificar una conclusión a largo plazo.

La izquierda se consolida como una fuerza estructural del sistema político colombiano. Ya no puede interpretarse como una anomalía electoral ni como un fenómeno pasajero. Cuenta con presencia territorial, organización partidista y una base social estable.

Al mismo tiempo, la derecha mantiene una importante mayoría y ha encontrado una nueva expresión política capaz de articular descontentos que los partidos tradicionales ya no logran canalizar.

En contraste, el centro parece haber perdido la capacidad de estructurar la competencia presidencial.

Lo que emerge es un nuevo sistema político organizado alrededor de una polarización distinta a la que dominó el país durante las décadas anteriores.

Conclusión: una nueva cartografía de la democracia colombiana

La primera vuelta presidencial de 2026 no solo definió una competencia electoral. También reveló la configuración de un nuevo paisaje político.

La discusión ya no gira exclusivamente en torno a la paz, al conflicto armado o a la oposición entre la izquierda y la derecha tradicional. Los ejes emergentes parecen ser otros: institucionalidad versus antipolítica, pluralismo versus reacción cultural, derechos versus restricciones, democracia representativa versus liderazgo personalista.

Las próximas semanas determinarán quién ocupará la Presidencia. Sin embargo, independientemente del resultado final, esta elección ya produjo un cambio más profundo: redefinió los actores, los lenguajes y los conflictos que estructurarán la política colombiana en los próximos años.

Nota editorial: El presente artículo sintetiza y organiza los principales argumentos expuestos durante el conversatorio especial de Razón Pública realizado tras el cierre de las urnas en la primera vuelta presidencial de 2026; no se trata de una transcripción literal de las intervenciones, sino de una reconstrucción analítica de los debates, consensos y desacuerdos planteados por los panelistas, y las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autores y participantes.

Acerca del autor

Nadia Pérez Guevara
nadiaperez@razonpublica.org.co |  + posts

*Politóloga, Universidad Nacional de Colombia - PhD Ciencia Política
Universidad de Salamanca.

Camilo Cruz Merchan

*Politólogo de la Universidad Nacional, doctor en Ciencia Política de la UNAM, docente Programa de Estudios Políticos y Resolución de Conflictos, Universidad del Valle.

Ricardo García Duarte

*Politólogo y abogado. Exrector de la Universidad Distrital. Cofundador de Razón Pública.

Fabián Acuña

Doctor en Investigación en ciencias sociales de Flacso-México, investigador del Observatorio de Reformas Políticas en América Latina UNAM-OEA https://reformaspoliticas.org/ y docente de la UNAD Colombia

Equipo Razón Pública

La Fundación Razón Pública impulsa análisis independientes y soluciones innovadoras para los desafíos del país. Con rigor, transparencia y enfoque ciudadano, transformamos la información en conocimiento que inspira decisiones informadas y un mejor futuro para Colombia.

2 comentarios

Nadia Pérez Guevara, Camilo Cruz Merchan, Ricardo García Duarte, Fabián Acuña y Equipo Razón Pública

Escrito por:

Nadia Pérez Guevara, Camilo Cruz Merchan, Ricardo García Duarte, Fabián Acuña y Equipo Razón Pública

2 comentarios de “Colombia entra de lleno en la era de la antipolítica

  1. En Colombia no se puede hablar de politica de izquierda. Esta ha sido absorvida por grupos narcoterroristas antidemocráticos. Eso ha hecho que la derecha se mueva al extremo. El actual gobierno reforzó la ultraderecha al poner en evidencia una ausencia total de gobernabilidad: corrupción abierta; intervención de grupos guerrilleros en politica; caída del sistema de salud; declive de la institucionalidad; escándalos permanentes en palacio de Nariño; conflicto permanente con los paises vecinos y tensiones con Estados Unidos; violencia generalizada iniciada desde divisiones internas del partido de gobierno; la oposición no fue necesaria por los conflictos internos del gobierno, por cual no hubo ideas, ni proyectos; acontarrio reinó la anarquia, la improvisación y una constante confrontación del Presidente con las demás ramas del Estado.

  2. Antipolítico no es apolítico, dejen de confundir a la sociedad para naturalizar su organización social militar y ocupacionista. La política y la democracia no son naturales y ustedes lo saben, por eso usan la guerra para expandirse. Abajo la política, abajo el control feudalista de los herederos de amos esclavistas.

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