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La renuncia del presidente de Guatemala y las lecciones para Colombia

Escrito por Fabián Acuña
Fabián Alejandro Acuña

Fabián Alejandro Acuña Diego Gonzalez Las razones que llevaron a la actual crisis de gobierno de Guatemala y a la renuncia de su presidente, Otto Pérez Molina, también sirven para pensar en la situación de Colombia, donde los escándalos del poder Ejecutivo han estado a la orden del día. 

Fabián Alejandro Acuña* – Diego Armando González**

El Expresidente Otto Pérez Molina.

¿Presidencialismo o parlamentarismo?

Un debate tradicional en la teoría política es la comparación entre el régimen  presidencialista y el régimen parlamentario.

Muchos autores sostienen que los parlamentarismos tienen más capacidad para afrontar los tiempos de crisis porque el sistema no se “basa” en una sola persona o institución sino en el parlamento.  Según esta interpretación, los presidencialismos presentan varias dificultades que no existirían en un sistema parlamentarismo:

  1. Puesto que tanto el Ejecutivo como el Legislativo son elegidos por voto popular directo y son poderes que en ocasiones optan por la cooperación pero en otras por la confrontación, habría una “legitimidad dual” en este sistema.
  2. El presidente es el jefe de Estado y de Gobierno, y concentra muchos poderes, lo cual puede resultar en “hiper-presidencialismo”.
  3. A veces los presidentes han sido elegidos sin amplias mayorías electorales y/o sin contar con sólidos apoyos en el Legislativo, lo cual da pie a problemas de gobernabilidad.
  4. El presidencialismo implica períodos fijos de mandato, lo cual es causa de dificultades para tramitar una crisis de gobierno o la emergencia de una eventual coalición que se le oponga en el parlamento.

Esta corriente de pensamiento, que considera las crisis de gobierno como crisis del régimen democrático, ha estudiado con frecuencia a los países de América Latina porque en esta región impera el régimen presidencialista, y tenemos numerosos ejemplos de interrupción de gobiernos en virtud de golpes de Estado, de oposición política-militar o de movilización ciudadana casi siempre debida a una crisis económica o a denuncias de corrupción.

Hasta 2008 se contabilizaban 18 presidencias interrumpidas en América Latina, a las cuales se le deben sumar el golpe de Estado a Manuel Zelaya en Honduras (2009), el relevo por muerte natural de Hugo Chávez en Venezuela (2013) y la actual renuncia del presidente Otto Pérez en Guatemala por escándalo de corrupción (2015).  

Otra interpretación académica respecto de las presidencias interrumpidas indica que en la mayoría de los casos los presidencialismos han logrado hacer flexibles sus instituciones y tramitar sus crisis por canales democráticos, de manera que el cambio de presidente no siempre significa una crisis del régimen democrático. Esta es la posición que compartimos los autores de este artículo.

Corrupción presidencial en Guatemala

Sesión Plenaria en el Palacio Legislativo de Guatemala, Ciudad de Guatemala.
Sesión Plenaria en el Palacio Legislativo de Guatemala, Ciudad de Guatemala.
Foto: Congreso de la República de Guatemala

El exmilitar Otto Pérez Molina asumió la Presidencia de Guatemala en noviembre de 2011 tras ganar en segunda vuelta al empresario Manuel Baldizán, con el 54,4 por ciento de los votos, tras una campaña rodeada por escándalos de sobornos de ambas partes, además de una acusación a Pérez Molina por cometer “torturas dosificadas” en su labor como militar.

Pero esas acusaciones no impidieron su acceso a la Presidencia a nombre del Partido Patriota (PP), creado por el propio Pérez  Molina como corriente de derecha que pretendía convertirse en una fuerza policlasista y distinguirse de corrientes como el Frente Republicano de Guatemala (FRG), creado por el exdictador Ríos Montt.

El reciente escándalo de “La Línea” fue descubierto por la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) encabezada por Iván Velásquez, también reconocido  por sus investigaciones en Colombia. El delito consistía en cobrar sobornos a empresarios y usuarios de distintas aduanas a cambio de reducir el pago que debían hacer los importadores.

El delito consistía en cobrar sobornos a empresarios y usuarios de distintas aduanas a cambio de reducir el pago que debían hacer los importadores.

En una investigación que registró más de 80.000 llamadas telefónicas y 5.000 mensajes de correos, la CICIG comprobó que en estos se inculpaba a Pérez Molina y a la vicepresidenta Roxana Baldetti. Además se estableció que Juan Carlos Monzón, secretario privado de la vicepresidenta, era el jefe de la organización criminal.

Después de estas revelaciones, la vicepresidenta Baldetti afirmó ser inocente y repitió que ninguno de los altos funcionarios del gobierno estaba involucrado. Pero las manifestaciones callejeras hicieron que en mayo pasado Baldetti renunciara aduciendo “motivos personales, y que a finales de agosto fuera acusada de asociación ilícita, cohecho y defraudación aduanera. El 26 de agosto, Baldetti fue enviada a prisión y con esto aumentaron las presiones ciudadanas  para que Pérez renunciara.

Para reemplazar a la vicepresidenta, Pérez presentó dos ternas que fueron rechazadas por el Congreso. La tercera terna incluía el nombre de Alejandro Maldonado, elegido finalmente como vicepresidente, a pesar de no pertenecer al PP.

A principios de septiembre el Congreso de Guatemala retiró la inmunidad al presidente  para que fuera investigado, con 132 votos a favor, 0 en contra y 26 abstenciones. Pérez entonces renunció el 2 de septiembre en la madrugada y se puso a disposición de la Fiscalía. Por consiguiente, el vicepresidente Maldonado, quien venía desempeñándose como  magistrado de la Corte Constitucional, asumió la jefatura de Estado hasta el 16 de enero de 2016.

Ojalá en nuestro país, como en el caso centroamericano, las investigaciones den con los responsables finales y no simplemente con subalternos.

Maldonado es reconocido por ser un político de derecha, que en su condición de magistrado  evitó la extradición a España del exdictador Ríos Montt, para ser juzgado por genocidio y terrorismo en 2006.

El primer reto de Maldonado fue llevar a cabo las elecciones, que se cumplieron tres días después de la renuncia del presidente. La primera vuelta dejó como resultado la victoria de Jimmy Morales, quien es administrador de empresas, teólogo de corriente conservadora y además comediante.

Morales se presentó por el Frente de Convergencia Nacional (FCN) como un candidato distinto de los tradicionales,  bajo el eslogan “ni ladrón, ni corrupto”, y ganó con el 26,54 por ciento de los votos sobre Manuel Baldizán, del partido Libertad Democrática Renovada (Lider) y Sandra Torres, de Unidad Nacional de la Esperanza (UNE). La segunda vuelta está prevista para el 25 de octubre.

Lecciones para Colombia

Caminata masiva de estudiantes en contra del Ex-presidente Otto Pérez Molina.
Caminata masiva de estudiantes en contra del Ex-presidente Otto Pérez Molina.
Foto: Jorge Luis García

Del ejemplo de la Guatemala actual se pueden extraer algunos aprendizajes:

  1. El sistema presidencialista ha sido criticado por su debilidad para tramitar las crisis de gobierno. Como el Ejecutivo concentra tanto poder, una crisis puede ser equiparada con un quiebre de la estabilidad democrática. El ejemplo de Guatemala muestra que en el presidencialismo se pueden lograr tránsitos democráticos relativamente estables en tiempos de crisis, sin que los períodos fijos sean un impedimento mayor.
  2. Ante el argumento de que los congresos tienden a estar “arrodillados” ante el Ejecutivo y que pocas veces ejercen su función de control como rama del poder público, hay que decir que en Guatemala el Legislativo asumió su función de control, rechazó las ternas para reemplazar la vicepresidenta y retiró la inmunidad al presidente para que fuera juzgado.
  3. No hay cargos “intocables” en el presidencialismo y en esta ocasión se llegó hasta la cabeza del Ejecutivo. Resalta la escepcionalidad del caso, debido a que frecuentemente se encuentran élites o sectores dispuestos a protegerlos, como ocurrió con el dictador Ríos Montt.
  4. En un país como Colombia, que ha pasado por un Proceso 8.000 donde la financiación del narcotráfico a la campaña presidencial ocurrió a “espaldas” del primer mandatario, y donde la Comisión de Acusaciones del Congreso tuvo que ser eliminada por haberse convertido en la Comisión de “Absoluciones”, este tipo de sanciones a los más altos cargos no deberían pasar desapercibidas.
  5. Otro ejemplo para Colombia, donde se ha demostrado que evadir la justicia es relativamente fácil para quienes tienen “modos”, consiste en el presidente Pérez Molina tuviera la gallardía de retirarse de su cargo (aunque solo después que el Congreso le quitara su inmunidad) y someterse a la justicia.

Es posible que esta noticia tenga eco internacional y llegue hasta donde se encuentran nuestro ex comisionado de Paz, el ministro de Agricultura del anterior gobierno, el ex “consejero espiritual” del Centro Democrático, la ex controlara general, y otros que vieron en la evasión a la justicia la mejor salida.

También esperamos que sea una lección para otros que optaron por esa vía, aunque ya estén en manos de la justicia, como la exdirectora del DAS, o para aquellos que utilizaron sus cargos públicos para favorecer intereses personales, y creyeron que estar del lado del Ejecutivo era una fuente de protección. Ojalá en nuestro país, como en el caso centroamericano, las investigaciones den con los responsables finales y no simplemente con subalternos.

  1. Finalmente, y no menos importante, otra lección que debemos aprender de Guatemala consiste en que el proceso de posconflicto se prolonga por buen tiempo y puede ser difícil, aun en términos democráticos.

Después de casi 20 años de haber suscrito los acuerdos de paz entre el gobierno y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) los actores en el centro de la crisis actual son los mismos exmilitares y la ultraderecha que firmaron los acuerdos en condición de “vencedores”, pero a su vez, también eran los responsables de las mayores violaciones a los derechos humanos durante el conflicto. La actual transición sigue en manos de la misma élite y las “alternativas” electorales se disputan dentro la misma orientación.

Un acuerdo mal negociado, con impunidad en todos los frentes, sin reparación a víctimas, sin garantías a la oposición y que enaltezca a los victimarios (de cualquier bando) deja a los mismos con las manos desatadas para que se sirvan del Estado para sus propios intereses.

 

* Docente-investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana.

twitter1-1@acuna.fabian

**Estudiante de Ciencias Políticas en la Pontificia Universidad Javeriana. dgonzalezq@javeriana.edu.co  

 

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