Obstinación o concertación: dos caras del gobierno Petro
Foto: Ministerio del Interior

Obstinación o concertación: dos caras del gobierno Petro

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La ruptura entre el Gobierno y el Congreso es innegable, pero esta afirmación está sesgada y hay que mirar al panorama completo para entender bien la situación. Este es el panorama.

Fabián Alejandro Acuña Villarraga*

Sesgo de selección 

Mucho se habla de la ruptura entre el gobierno y el congreso a raíz del archivo del proyecto de reforma de la salud, una de las apuestas más importantes del ejecutivo. 

Pero evaluar la relación gobierno-Congreso o gobierno-sectores políticos contrarios a partir de estos episodios es un ejercicio limitado. La relación es más compleja y fluida.

En términos metodológicos, se llama sesgo de selección el llegar a ciertas conclusiones o hallazgos a partir de una muestra de observaciones que favorecen el argumento. La falacia es frecuente; se utilizan apenas los datos o la información que concuerda con la tesis defendida. En ese caso es necesario ampliar el panorama o la muestra y revisar si esos argumentos se aplican a otros casos. 

Por eso, no se puede afirmar categóricamente que la relación entre el gobierno y el congreso esté rota o que el gobierno ha sido obstinado y no ha procurado consensos a partir de los casos donde esto se presenta. Mi sugerencia es que en algunos escenarios hay rupturas, tensión, pero en otros hay búsqueda de consensos: unas y otras son propias de cualquier relacionamiento político.

Se pueden hacer al menos dos lecturas de la relación del gobierno con el congreso y/o con el poder político —sobre todo con los sectores contrarios—. Por un lado, la lectura que reduce la relación a la ruptura y la contención; por otro, la lectura según la cual en unos proyectos no se ha llegado a consensos pero en otros se han logrado, es más, que el gobierno ha incluido algunos sectores adversarios en temas centrales de su agenda, esta segunda perspectiva es la que adopto en el texto porque considero que permite una reflexión más amplia.

Lea en Razón Pública: La maldición de la elocuencia: por qué Petro no logra establecer acuerdos

Los primeros ocho meses

Las elecciones de 2022 estuvieron dominadas por la polarización y la difusión del miedo sobre lo podría ser el gobierno Petro. Se dijo sin reflexión que Colombia se volvería una Venezuela, que se implantarían el castro-chavismo y la exclusión de todas las personas que no fueran comunistas. El país iría a una debacle que no llegó.

Petro a su llegada emprendió una cruzada en busca de consensos e intentó promover un acuerdo que recogiera a los sectores políticos cercanos, hasta ahí no era distinto de lo que otros hacen, la diferencia es que también procuró acuerdos con los sectores que no votaron por él, aquellos que difundieron el miedo ante un eventual gobierno de Petro. 

si ampliamos un poco el rango de observación, la relación ejecutivo-legislativo es relativamente sana en la medida en que no hay cooptación donde el legislativo simplemente aprueba todo lo que pasa el gobierno, ni bloqueo, donde rechaza todo, y en algunas iniciativas que aprueba y acompaña lo hace con discusiones y propuestas de modificaciones

Con sus límites, se logró una concertación amplia. Desde luego no fue gratis ni programática únicamente, se hizo de la forma como suelen hacerse los acuerdos políticos, dando participación en la burocracia a quienes decidieran acompañarlo, con el fin de evitar los bloqueos legislativos.

El acuerdo se hizo porque, aunque el gobierno y sus apoyos habían logrado la bancada más grande en el congreso, esta era insuficiente para aprobar la ambiciosa agenda de reformas que propuso Petro. Por eso acudió a las fuerzas de la política tradicional que cuentan con muchos votos en el Congreso.

Las fuerzas tradicionales se vieron favorecidas a pesar de sus distancias con el ejecutivo, el gabinete se reforzó con personalidades reconocidas como José Antonio Ocampo, Alejandro Gaviria o Cecilia López (más allá de la evaluación que se tenga de su gestión, que no es tema del artículo) que sí enviaban un mensaje de tranquilidad a la comunidad internacional y sectores de oposición, reduciendo el miedo con que asumían el primer gobierno de izquierda. 

De esta manera, al comienzo, el gobierno tuvo una coalición más amplia que la de sus predecesores (después de los del Frente Nacional), inclusive mayor de la que tuvo Uribe con su extraordinaria popularidad. 

En esta primera etapa se dieron los principales, y muy significativos, logros para el gobierno: una reforma tributaria bastante progresista, que pocas veces se ha dado en Colombia, la aprobación del acuerdo de Escazú que el gobierno y congreso anterior evadieron, la habilitación para emprender la iniciativa de paz total y el comienzo de la ejecución de la reforma agraria entre otras.

La ruptura

Muy pronto cambió el escenario, con algunas bajas de popularidad de Petro, un peso devaluado que se achacó al manejo económico del gobierno (sin mirar al contexto internacional y al enorme hueco fiscal que dejó el gobierno Duque).

Ante la cercanía de elecciones subnacionales que son tan importantes para la consolidación territorial de todas las fuerzas que compiten, los grupos tradicionales (Liberales, Conservadores, Partido de la U) que acompañaron al gobierno en su primer momento, deciden tomar distancia, lo cual implicó reconfigurar el gabinete ministerial que ya no reflejaba ese consenso anterior. Ahora se trataba de un gabinete más cercano a las ideas del presidente, y así también se vio afectada su gran coalición a volver al punto inicial, que es una coalición amplia pero minoritaria.

A partir de allí el gobierno intentó seguir tramitando sus reformas de salud, laboral y pensional. La idea de una ruptura de las relaciones ejecutivo-legislativo y la supuesta obstinación del gobierno al no buscar consensos, se basan sobre todo en lo ocurrido con la reforma de la salud donde no se logró acuerdos y fue archivada por el Congreso. 

Se abren otros espacios

Pero no debemos incurrir en el ya dicho sesgo de selección y como dijo Yan Basset en esta revista, “el escenario de diálogo no está roto… el Congreso no está en una actitud de bloqueo”; es más, como lo he indicado, la no negociación no ha sido una característica de todo el periodo del gobierno Petro.

Algunas iniciativas legislativas siguen andando y tienen mejores probabilidades de lograr consensos suficientes para su aprobación, como la reforma pensional, la de educación y la laboral, que no están dadas, pero tampoco están muertas, ni cerrados los caminos de diálogo. 

este es un buen punto de partida para pensar en futuros acuerdo por parte del gobierno como también de las fuerzas tradicionales e incluso opositoras, unos y otros han dado algunas muestras de caminos posibles de concertación en lo que va de la administración.

Lo anterior quiere decir que si ampliamos un poco el rango de observación, la relación ejecutivo-legislativo es relativamente sana en la medida en que no hay cooptación donde el legislativo simplemente aprueba todo lo que pasa el gobierno, ni bloqueo, donde rechaza todo, y en algunas iniciativas que aprueba y acompaña lo hace con discusiones y propuestas de modificaciones, es decir, aprobación no a ciegas, en unas decide rechazar, y en otras se están construyendo los consensos necesarios. 

Ante la tesis de obstinación del presidente en no negociar ni concertar, que pueden tener sustento en el trámite de la reforma de la salud, no debemos ignorar un panorama más amplio:

  • En el primer momento del gobierno, donde el consenso fue iniciativa del ejecutivo -no a solicitud de los partidos tradicionales- se dio un acuerdo nacional, incluso previendo que ese sector también obtendría beneficios y réditos burocráticos por acompañarlo. 
  • También en otros momentos el gobierno ha decidido incluir a los contrarios para llegar a acuerdos necesarios, por ejemplo, acercar a un sector que ha sido tan contrario a la reforma agraria como los ganaderos. Fedegan está comprometida en el proceso de adquisición de tierras, donde tiene por supuesto la esperanza de una ganancia económica sustancial, pero también hay una dosis de pragmatismo, la misma que hace que José Félix Lafaurie, tan cercano al uribismo, está por invitación del gobierno en la comisión de diálogos con el ELN con actitud propositiva. 
  • A lo cual se suman las varias reuniones entre Petro y Uribe para buscar acuerdos (más allá que se hayan concretado).

En un artículo anterior sugerí que la exclusión, la estigmatización o desconocimiento de los contrarios, ha sido una característica negativa de la política colombiana y que no veía esta exclusión al menos en la primera etapa del gobierno Petro, tampoco veo ahora una política de la venganza y del desconocimiento de sus contrarios: considero que este es un buen punto de partida para pensar en futuros acuerdo por parte del gobierno como también de las fuerzas tradicionales e incluso opositoras, unos y otros han dado algunas muestras de caminos posibles de concertación en lo que va de la administración. 

Los acuerdos generalmente se hacen con los cercanos, pero en bien del país deben hacerse también con los lejanos; lo importante es que haya necesidad y voluntad de buscarlos.

Puede Leer: La ineluctable centralidad del Congreso

Acerca del autor

Fabián Acuña
fabianacuna@razonpublica.org.co |  + posts

Doctor en Investigación en ciencias sociales de Flacso-México, investigador del Observatorio de Reformas Políticas en América Latina UNAM-OEA https://reformaspoliticas.org/ y docente de la UNAD Colombia

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Fabián Acuña

Doctor en Investigación en ciencias sociales de Flacso-México, investigador del Observatorio de Reformas Políticas en América Latina UNAM-OEA https://reformaspoliticas.org/ y docente de la UNAD Colombia

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