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Partido Conservador: divisiones y estrategias ante las elecciones presidenciales

Escrito por Fabián Acuña

Análisis perspicaz de los motivos, las fuerzas y los dilemas que enfrentan a los amigos de Santos, los que extrañan a Uribe y los que están con Ramírez, en un partido que ha sabido mantenerse en el poder y que tiene una historia muy larga de divisiones.

Fabián Alejandro Acuña*

Estrategia ganadora

Las divisiones en el Partido Conservador no son nuevas; por el contrario, la suya es una historia de luchas intestinas entre líderes o posiciones políticas en tiempos de campaña electoral, aunque después de elecciones el partido se decanta del lado del ganador. Esta estrategia les ha permitido:

“El partido de Caro y Ospina acabó siendo el Partido de Ciro y Carlina"
  • Mantenerse como organización política –y con personería jurídica- aún en los momentos más difíciles,
  • Presentar amenazas creíbles para sacar mayor provecho político y burocrático,
  • Ser un actor siempre relevante dentro de la coalición mayoritaria de gobierno.

La estrategia es posible porque el partido ha logrado mantener un caudal electoral amplio y constante, con un porcentaje significativo de curules en el Senado y la Cámara.

Desconocer esta historia de divisiones preelectorales y comunión postelectoral puede llevar a análisis equivocados sobre el actual proceso electoral (Congreso y Presidencia); por eso hay que entender las acciones del Partido Conservador a partir de estas variables.


La candidata presidencial por el partido conservador,
Martha Lucía Ramírez. 
Foto: Wikimedia Commons

De las casas políticas a los liderazgos regionales  

Estas divisiones o “encrucijadas del alma” (como diría el expresidente Uribe, uno de los protagonistas en la división de ahora) pueden dividirse en “clásicas” y “modernas”:

Divisiones clásicas, o protagonizadas por las casas políticas tradicionales.

(a) Entre “ospinistas” y “laureanistas”: esta división es fundamental para entender la Violencia de mediados del siglo XX y la política de esa época, incluyendo la coalición que permitió y acompañó a Rojas Pinilla, así como las negociaciones para derrocar a Rojas y abrirle paso al Frente Nacional.

(b) Entre “pastranistas” y “alvaristas”: esta división se da entre los herederos de la disputa anterior, encabezados respectivamente por Misael Pastrana y Álvaro Gómez Hurado; el primero fue el último presidente del Frente Nacional (después de una elección muy debatida), y el segundo, el mayor elector conservador.

De hecho, fue la facción liderada por Gómez -el Movimiento de Salvación Nacional- la que más representó al conservatismo en la Constituyente de 1991, pues el oficialismo liderado por Misael Pastrana tuvo muy poca presencia y estuvo, en sus propias palabras, “en la fila de atrás”.

Divisiones modernas, o entre líderes tradicionales y regionales del Partido

(c) Nada ilustra mejor esta división que una frase famosa frase de Carlos Holguín Sardi: “el partido de Caro y Ospina acabó siendo el Partido de Ciro y Carlina” (en alusión o dos jefes regionales que por entonces estaban emergiendo). En estas nuevas luchas, los tradicionales apelan a la experiencia y al prestigio de sus familias, y los emergentes a la fuerza electoral que habían ido acumulando en sus regiones.

(d) La división más reciente (2010 y 2014) se da entre parlamentarios que acompañan a los gobernantes de turno (los “enmermelados”) y aquellos que promueven candidaturas propias. Esta última ha sido una combinación extraña de intereses: por un lado están las nuevas generaciones, las activas juventudes conservadoras y lo que algunos han denominado “la base social”; y por el otro, las viejas generaciones que todavía tienen incidencia política, encabezadas por el expresidente Andrés Pastrana, y el “legendario” Álvaro Leyva.

Presidenciales de 2014

La actual campaña presidencial se lleva a cabo en medio de las tensiones entre jefes tradicionales y regionales, y entre quienes entienden la “vocación de poder” como tener candidatura propia y quienes la entienden como haber estado del lado ganador.

También incide la sombra del proceso anterior (2010) entre Noemí Sanín y Andrés Felipe Arias, que enfrentó a los amigos de la candidata oficial con aquellos que venían de la coalición uribista y apoyaban a Juan Manuel Santos, entonces alter ego del presidente Uribe. Noemí ganó en la consulta, pero todos los que estaban con Arias apoyaron a Santos “bajo cuerda”, para evitar sanciones por doble militancia.

La actual campaña presidencial se lleva a cabo en medio de las tensiones entre jefes tradicionales y regionales, y entre quienes entienden la “vocación de poder” como tener candidatura propia y quienes la entienden como haber estado del lado ganador.​

Para la elecciones 2014 se presenta un escenario parecido al de hace cuatro años, con actores principales distintos, pero con el mismo “autor intelectual”: el expresidente Pastrana, que acompañó la candidatura de Noemí en 2010 y orquestó el revolcón de la convención conservadora que proclamó a Marta Lucía Ramírez.

El resultado de la convención de enero acabó de poner en una “encrucijada del alma” a los parlamentarios que ya tenían acuerdos con la Unidad Nacional, pues proclamar candidata propia era obviamente distanciarse de Santos.

En este momento hay varios sectores con intereses diversos:

I) Los congresistas a favor de la Unidad Nacional y la reelección de Santos son quienes tienen los votos, pero no pueden apoyar a un candidato distinto del de su partido so pena de incurrir en doble militancia. Por eso demandaron la convención ante el Consejo Nacional Electoral (CNE). Ante el fallo de esta semana a favor de Ramírez, a este sector le queda la esperanza de que la candidata no pase a segunda vuelta y ellos puedan acompañar abiertamente a Santos en la segunda vuelta. Por eso están aplicando la “operación tortuga” a la campaña de su partido, y algunos han manifestado su cercanía al candidato-presidente por intermedio de Juan Gabriel Uribe.

Hasta hoy la ambigüedad les ha dado rendimientos a los conservadores, pero si su candidata llega a segunda vuelta, esa estrategia se vendría al suelo.

II) El sector que acompaña a la candidata oficial (igual que hace cuatro años) es un grupo “alternativo” pero minoritario en términos de votos, como mostraron las elecciones del Congreso. Pero ellos cuentan con el apoyo del expresidente Pastrana (hijo), quien conserva bastante influencia política, aunque su influencia electoral sea menor. Además, la fórmula vicepresidencial de la candidata es el excomisionado de paz de Pastrana, Camilo Gómez, lo cual sería una señal favorable al proceso de La Habana, pero con condiciones distintas de las de Santos.

Francisco Santos por su parte se mostró favorable a la fórmula Ramírez-Gómez, en un intento de minar la campaña del candidato del Centro Democrático. Y aunque no ha vuelto a pronunciarse, dejó puentes tendidos para una eventual segunda vuelta.

Los apoyos de Marta Lucía Ramírez pretenden apelar a las “bases” del partido; pero no es fácil saber quiénes son estas bases,  y menos, dónde están.

Por otro lado, apelar al voto de opinión es difícil para una candidata que no registra muy alto en las encuestas. En aquellas realizadas poco después de la convención, Marta Lucía Ramírez aparecía con posibilidades de llegar a segunda vuelta, pero las más recientes indican que el segundo lugar se lo disputan Oscar Iván Zuluaga con el 16 por ciento, Enrique Peñalosa, con el 15,7 por ciento, y Clara López, con 9,6 por ciento. Y la candidata conservadora que venía del 5 por ciento, creció al 7,2. (datexco 27 de abril, http://www.eltiempo.com/Multimedia/infografia/granencuestadeintencindevoto/)

Como si fuera poco, hasta el momento no se conocen adhesiones importantes a la campaña conservadora que puedan traducirse en el aumento significativo en la intención de voto por la candidata, quien aún no logra la disciplina de la totalidad del partido, por lo menos de quienes tienen los votos: los parlamentarios.


El Expresidente conservador Andrés Pastrana Arango.
Foto: Wikimedia Commons

 ¿Y si llega a segunda vuelta?

En Colombia la política es “dinámica”, y en esta elecciones en particular no se ve un resultado seguro, lo cual es sano para la democracia: “reglas ciertas y resultados inciertos”.

Pero cabe plantearse la pregunta: ¿y si es Marta Lucía quien disputa la segunda vuelta con Santos? No sabemos si la probabilidad de que esto ocurra es alta o baja, pero se trata de un escenario posible.

Esta sería la “encrucijada total” para los parlamentarios conservadores que calladamente ha quitado su apoyo a la candidata, los mismos que fueron derrotados en la convención y que patrocinaron la demanda ante el CNE. Sería el momento de la decisión para los congresistas que durante años se han mimetizado y pasado “de agache”: su estrategia de estar con el ganador les obligaría a dar apoyo manifiesto a la candidata del partido, o arriesgarse a la pérdida de su investidura.

También, si Marta Lucía Ramírez llega a segunda vuelta, los parlamentarios cercanos a Santos y a la Unidad Nacional habrían llegado a un punto de no retorno. En ese caso las alianzas serían con el Centro Democrático de Uribe (y no son pocos los conservadores que lo añoran). Pero no alcanzarían la mayoría en el Senado ni en la Cámara, y tendrían que enfrentar a la Unidad Nacional, que, aunque debilitada, sigue siendo mayoritaria.

Hasta hoy la ambigüedad les ha dado rendimientos a los conservadores, pero si su candidata llega a segunda vuelta, esa estrategia se vendría al suelo.

Posiciones coherentes, por favor

Es un error esperar de los partidos políticos tengan siempre posiciones unitarias, pues su naturaleza es permitir la competencia entre facciones. Sin embargo se les debe pedir que aprendan a tramitar sus diferencias internas y se presenten ante el electorado con posiciones coherentes, producto de discusiones internas y procesos consensuados.

También se debe exigir a los miembros de los partidos políticos que respeten las reglas de juego que ellos mismos escogieron para la toma de decisiones. Y, evidentemente, esto no ha ocurrido en los dos últimos procesos electorales.

 

*Docente-investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana e investigador del Observatorio de Restitución y Regulación de los Derechos de Propiedad Agraria. www.observatoriodetierras.org.

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