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Ciencia e innovación para el desarrollo verdadero de Colombia

Escrito por Iván Montenegro
Iván Montenegro

La ciencia, la tecnología y la innovación tienen un papel central en el aumento de la productividad, la competitividad, la sostenibilidad del país, y, dependiendo de las políticas públicas, en la superación de la inequidad. Esta es una de las rutas alternativas de lo que hay que hacer.

Iván Montenegro Trujillo*

¿Qué es el desarrollo?

Desde hace décadas se viene discutiendo qué significa el “desarrollo” y por qué este no es un sinónimo de simple crecimiento económico.

Algunos han pensado en conceptos alternativos, como el de “desarrollo humano”, que concibe el desarrollo como una expansión de las libertades. También se han adoptado enfoques heterodoxos y otros más conocidos, como el enfoque pragmático y político de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible.

La crisis que trajo la pandemia ha revivido esta discusión sobre “la mejor forma de desarrollo”. En este artículo considero que las libertades y capacidades individuales son, al mismo tiempo, un medio y un fin para el desarrollo. A partir de la expansión permanente de las capacidades y libertades, las personas y las comunidades asumen su propia vida de acuerdo con lo que valoran.

En este contexto, el crecimiento económico es apenas uno de los medios para propiciar la expansión de las libertades y las capacidades, y, por eso, no es la única vía o propósito del desarrollo.

Una Misión de Sabios para el desarrollo

En 2019, un grupo de 46 expertos se reunieron en una “Misión Internacional de Sabios”  para hacer un diagnóstico y un conjunto de propuestas en temas de ciencia, tecnología y desarrollo productivo y social, en los que participaron, además, miles de actores de la sociedad colombiana.

En su documento de propuestas, el grupo estableció tres retos de largo plazo para Colombia, que podrían alcanzarse a través de cinco misiones emblemáticas:

  • Colombia biodiversa;
  • Agua y cambio climático;
  • Colombia hacia un nuevo modelo productivo, sostenible y competitivo;
  • Reducción de la desigualdad social y la pobreza multidimensional a partir del conocimiento científico y la innovación social; y
  • Educación con calidad para el crecimiento y el desarrollo humano.

A su vez se estableció que estas misiones requieren la ejecución de treinta y seis programas estratégicos interdisciplinarios, que deben completarse antes del 2030.

La ciencia, la tecnología y la innovación (CteI), son fundamentales para el aumento de la productividad de las empresas.

Estas recomendaciones deben ser centro de debate en las actuales campañas políticas.

La ciencia, la innovación y las empresas

El desarrollo que propone la Misión de Sabios parte de un modelo “productivo, sostenible y competitivo”. Para ello, la Misión propone, entre otras medidas, crear centros o institutos de investigación que apoyen a las empresas en las tareas de innovación y desarrollo tecnológico basadas en ciencia aplicada o en ciencia básica; y propone, asimismo, gestionar la ciencia y la innovación por misiones** para resolver problemas complejos tales como el estancamiento empresarial, la inequidad y la depredación ambiental.

Actualmente, el sector productivo colombiano tiene un bajo nivel de competitividad que resulta, entre otros factores, de su baja productividad y que a su vez data de hace más de sesenta años. Hoy, el 75 % de las empresas manufactureras y de servicios en Colombia no innova, cerca del 20 % solo innova para la propia empresa y menos del 0,5 % innova para el mercado internacional.

La ciencia, la tecnología y la innovación (CteI), son fundamentales para el aumento de la productividad de las empresas, a través de procesos más eficientes, bienes de mayor calidad y adaptación a las necesidades y gustos de los consumidores. Por lo tanto, hay una gran oportunidad para promover la innovación en las empresas, para el mercado nacional y el de América Latina, sobre la base de la tecnología existente.

Para ello, frente a la urgencia, se pueden usar, entre otras fuentes, patentes en el dominio público e impulsadas por organizaciones intermediarias, como oficinas de transferencia de resultados de investigación y centros de desarrollo tecnológico. Transferir tecnología, de manera masiva e inmediata, a pequeñas y medianas empresas aumentaría la productividad, reduciendo su gran heterogeneidad, y así mejoraría significativamente la competitividad.

Foto: Piqsels - En Colombia aún no existe un portafolio coherente, accesible y suficiente de mecanismos de financiación público-privado para apoyar la innovación y el emprendimiento innovador.

Ciencia, ahorro y precios básicos

El aumento de la productividad de las empresas, con base en la innovación y la ciencia aplicada, sienta las bases para elevar el nivel de ahorro nacional, a través de la mejora salarial y el crecimiento de las utilidades.

A su vez, esto motiva la inversión empresarial a partir de incentivos correctamente diseñados. La inversión en el sector productivo permite además un mayor volumen de utilidades, la ampliación de la base productiva y la creación de empleos.

Pero hace falta un ingrediente adicional: la tasa de cambio debe facilitar la competitividad internacional de nuestras empresas es decir, debe converger con los esfuerzos privados y públicos para elevar la productividad.

Una tasa de cambio sobrevaluada –por ejemplo, por enfermedad holandesa– puede anular los esfuerzos de innovación empresarial. Es más, una elevada productividad inducida por innovación podría crear un margen de contención para fijar la tasa de cambio.

Por eso, el Banco de la República debe darle un manejo estratégico a la inflación y la devaluación y debe vincular los efectos positivos de la política de CTeI en la productividad. De esta forma se aprovecharían, tanto en la política monetaria como en la comercial, las nuevas exportaciones innovadoras aquellas con mayor sofisticación tecnológica.

En Colombia aún no existe un portafolio coherente, accesible y suficiente de mecanismos de financiación público-privado para apoyar la innovación y el emprendimiento innovador. La CTeI tiene el potencial de impulsar la innovación y el emprendimiento innovador, pero sería necesaria una oferta de crédito con condiciones apropiadas de tasa de interés, plazos de gracia y de pago de la deuda, –el “capital paciente”. Actualmente, la banca pública de desarrollo es muy débil y no responde a la demanda de innovación.

Además, se deben fortalecer y complementar las estrategias, mecanismos e instrumentos de cofinanciación pública, así como los beneficios tributarios para la investigación y la innovación. Estos últimos, por ejemplo, no deben ser contrarrestados por otro tipo de beneficios tributarios que compiten entre sí, como sucedió durante la primera década del siglo con los beneficios tributarios para la compra de maquinaria y equipo; y debe incentivarse su uso por parte de las pymes mejorando aún más la posibilidad de la venta de los créditos fiscales en el mercado secundario.

Si se aumenta la productividad con el impulso de la innovación, es posible ampliar el margen de utilidades. Con ello es posible elevar los salarios y hacerlos más competitivos. En el plano macro, los esfuerzos sostenidos en CTeI y en educación van a elevar el aporte de la productividad total de los a factores (PTF) al crecimiento del producto.

En 2013, Fedesarrollo había calculado que el aporte adicional necesario para crecer al 6 % anual era de 1,5 puntos porcentuales (pp), cuando en la época del boom de los precios del petróleo la contribución por productividad de los factores era de 0,7 pp. La CteI puede aportar un porcentaje importante a ese crecimiento adicional requerido.

Hacia un cambio estructural en el modelo de desarrollo

Una política económica renovada debe impulsar el desarrollo productivo mediante un cambio en el patrón de especialización hacia la diversificación y sofisticación. Esto implica transformar el modelo extractivista basado en las exportaciones mineras y de petróleo por uno que impulse la reindustrialización –incluida la agroindustria–, la producción industrial y agropecuaria, y las industrias digitales 4.0.

El fortalecimiento de estas industrias evitará una crisis cambiaria, creará empleo y aumentará las utilidades, el ahorro y la inversión. Para ello la política económica debe inducir unos precios adecuados para tener rentabilidades relativas que impulsen una profunda transformación productiva.

Renunciar al fortalecimiento de la CteI en este momento crucial de nuestra historia es caer en la profecía autocumplida del fracaso debido a la ignorancia. Debemos dejar a un lado el complejo de inferioridad tecnológica y la “prisión invisible” del rentismo cuasi sistémico del que hablaba Echavarría Olózaga, que ha predominado hasta ahora en Colombia en gran parte de sus élites.

Además, se requiere de un cambio en el modelo de gobernanza de la CteI[1]. Se debe crear una instancia asesora de la Presidencia –un Consejo Nacional de Política de CTeI–, que cuente con representantes del gobierno, la academia, el empresariado y la sociedad civil, designados por méritos, con el encargo de una gestión prospectiva de la política del Estado en materia de CteI.

Esto permitirá establecer acuerdos políticos, coordinar las políticas públicas existentes y evaluar su impacto. En este contexto, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación debe asumir la misión de ejecutar la política de Estado y su gestión, dinamizar una coordinación estratégica y multinivel, así como liderar un cambio cultural para que el conocimiento haga parte de nuestra vida cotidiana.

No podemos esperar otros veintisiete años –el tiempo transcurrido desde que la primera Misión de Sabios hizo sus propuestas– ni otros cien años de soledad. Debe ser ahora o ahora!

[1] https://link.springer.com/chapter/10.1007/978-3-030-80832-7_11

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