La nueva política de ciencia e innovación nos mantiene en el pasado
Ciencia e Innovación en colombia
Foto: Minciencias - El pasado mes de diciembre, el Consejo Nacional de Política Económica y Social (Conpes) aprobó una Política Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTeI).

La nueva política de ciencia e innovación nos mantiene en el pasado

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La recién expedida Política Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación no valora de veras el papel del saber y la innovación en nuestra sociedad, desaprovecha las recomendaciones de la Misión de Sabios, no atiende los problemas centrales del sector y nos condena a hacer más de lo mismo.

Iván Montenegro Trujillo*

El nuevo documento CONPES

EL Consejo Nacional de Política Económica y Social (CONPES) aprobó a finales del año pasado una nueva Política Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (CT&I).

Esa nueva política se adopta o debe comenzar a funcionar en un contexto de grave crisis económica y social, a pocos meses de un cambio de gobierno y después del trabajo realizado por la Misión de Sabios en 2020.

Nuestro modelo de desarrollo actual ha demostrado durante los últimos 30 años que, a pesar de las rimbombantes declaraciones públicas, la ciencia y la innovación no son asuntos prioritarios. En 2017, por ejemplo, se destinaron 1,2 billones de pesos del fondo de ciencia y tecnología del sistema de regalías para construir vías terciarias; este hecho suscitó una inédita protesta callejera de nuestros científicos y una sesuda y enérgica carta de trece premios Nobel al presidente de la República.

¿Qué cambiará y qué seguirá igual con esta nueva política?

Un marco conceptual foráneo

El documento del CONPES comienza por destacar los marcos de conocimiento y de gestión que se han elaborado en el ámbito internacional, pero no repara en la necesidad de adaptarlos a nuestra realidad.

La racionalidad y la ciencia han tenido siempre una concepción utilitarista.

De entrada, esto justifica reflexionar sobre la pertinencia de elaborar marcos científicos y técnicos relacionados con nuestros contextos. Quienes diseñaron la política debieron hacer un esfuerzo por rastrear y dar cuenta de los aportes latinoamericanos a la conceptualización del desarrollo de la CT&I: por ejemplo, la perspectiva neoestructuralista de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el aporte de la perspectiva neoshumpeteriana, y, en la última década, la concepción del sistema nacional de innovación (SNI) como un medio para el desarrollo y como objeto de política pública.

El diagnóstico

En el diagnóstico que sirve de sustento a la Política no se menciona el creciente desempleo de los Ph. D.  o los doctores que se han graduado en años recientes. La escasa demanda de personal altamente educado por parte del sector empresarial y los escasos recursos públicos destinados a la investigación y desarrollo conllevan un alto riesgo de fuga de cerebros.

En materia de ética, no se alude a los efectos perversos del sistema de medición de la producción científica. El sistema colombiano ha conducido al uso indebido y fraudulento de las publicaciones, con miras a lograr ingresos adicionales a partir de indicadores manipulados. También ha quitado credibilidad a las acreditaciones institucionales y ha permitido proliferar las editoriales y revistas denominadas “depredadoras”, que se pueden considerar fraudulentas.

En cuanto a la apropiación social del conocimiento y, en particular, a la escasa demanda de ciencia e innovación por parte de los sectores productivo y social, se ignoran las causas culturales de este fenómeno. Por ejemplo, no se habla de la modernización sin modernidad que caracteriza a Colombia, cuya raíz está en la Constitución confesional de 1886 y en el Concordato con el Estado Vaticano de 1887.

Por causa de lo anterior, la racionalidad y la ciencia han tenido siempre una concepción utilitarista. Se ha introducido, desde el sistema educativo, una ciencia “por revelación” –de naturaleza religiosa–, en la cual el aprendizaje se realiza por autoridad, y en contra de lo que, en primera instancia, aprecian nuestros sentidos.

Ciencia e Innovación en colombia
Foto: MinCiencias - El Estado debe asumir la responsabilidad de financiar la política de CteI, con el fin de transformar a Colombia en una sociedad del conocimiento.

Puede leer: Ciencia e innovación para el desarrollo verdadero de Colombia

Pocos fondos

El documento CONPES establece que el monto para financiar la gestión de la política y las acciones habilitantes es de 1,154 billones de pesos en 10 años, es decir, un promedio de 115,4 mil millones de pesos por año. Esto equivale apenas al 35 % del presupuesto del Ministerio de Ciencias para 2022, –el más bajo desde 2010, en pesos constantes de 2020.

A lo anterior se agregan 30 billones de pesos en la próxima década, provenientes del sistema general de regalías para CTeI y del monto de beneficios tributarios, para un total de 31,15 billones de pesos, que equivalen al 32,3 % del monto de inversión pública calculado por la Misión de Sabios para el mismo periodo –96,4 billones de pesos–.

Algunas propuestas de mejora

El objetivo general de la política es correcto, pero no se traduce en las medidas concretas que propone el documento; el objetivo corresponde a las recomendaciones de la Misión de Sabios, pero no corresponde al diagnóstico ni al plan de acción que formula el documento

Estas serían algunas propuestas para mejorar la Política recientemente expedida:

En lo tocante al fomento de vocaciones, formación e inserción de personal, es necesario prevenir la fuga de cerebros mediante nuevos institutos o centros de investigación, tal como recomienda la Misión de Sabios. De esta manera lograríamos dar empleo a los doctores y relacionar el desarrollo científico con el desarrollo tecnológico. Cabe resaltar que los Institutos de Investigación y las cinco misiones emblemáticas son los vínculos entre el desarrollo de la ciencia y el desarrollo de la tecnología que propone la Misión de Sabios, y que el CONPES 4069 no tiene en cuenta en su amplio alcance.

Las ciencias básicas merecen mucha más atención, comenzando por un programa nacional de ciencias básicas y del espacio. Podría incluirse una línea de acción adicional para la formación disciplinar de los docentes en ciencias básicas, buscando que estos docentes realmente enseñen algo que sepan. Considero que esto se constituye en una vía central para impulsar la racionalidad de la modernidad en Colombia, y contribuir a un cambio cultural.

También se debería promover la compra pública para impulsar la innovación en las pymes.

En cuanto a la gobernanza, habría que comenzar, mediante la aprobación de una ley, por crear una instancia de alto nivel cercana a la Presidencia de la República con la misión de realizar la gestión de la política de Estado, con el apoyo de un comité permanente en el Consejo de Ministros, para la coordinación intersectorial y multinivel de la política de CT&I. Además, el Ministerio de Ciencias debería reorganizarse de manera que en efecto dirija y lleve a cabo las políticas y programas del gobierno.

Le recomendamos: El gobierno colombiano desprecia la ciencia

Hacia un cambio de modelo de desarrollo

Colombia debería transitar desde el modelo extractivista y de servicios a un modelo productivo y sostenible, mediante la reindustrialización, el fortalecimiento de la agroindustria –incluida la economía social y solidaria– y el impulso a las tecnologías de la cuarta revolución industrial.

Este nuevo modelo daría prioridad a la conquista de mercados internacionales –incluido el asiático–, para estimular el ahorro y la inversión y, en menor medida, el consumo.

Aunque en este modelo la política económica mantendría el interés en el control de la inflación, también estimularía la definición de precios básicos para obtener un cambio en las rentabilidades: bajas tasas de interés y tasa de cambio competitiva. El aumento de la productividad sería un objetivo central de la política de desarrollo, para lo cual sería crucial estimular la innovación tecnológica y social.

Se mantendría la integración comercial, pero se renegociarían los Tratados de Libre Comercio (TLC) para impulsar la reindustrialización, la seguridad alimentaria, farmacéutica y energética. La política educativa se integraría con la Política de CT&I, de Ambiente, Salud y Energía. También se adelantarían una reforma tributaria estructural y progresiva y un saneamiento de la gestión tributaria.

Para mejorar la capacidad de producción de conocimiento, en un contexto de cambio en la matriz energética y de superación de la pobreza, se necesitan nuevos centros o institutos de investigación y de desarrollo tecnológico que, de manera conjunta con el enfoque de misiones emblemáticas propuestas por la Misión de Sabios (bioeconomía, agua, desarrollo productivo, equidad, y educación), establezcan la vinculación entre el desarrollo científico y el desarrollo de la tecnología. Esto permitiría propiciar un círculo virtuoso en el que se produzca más conocimiento, a partir de la resolución de problemas prácticos, y más tecnología por inversión en ciencia básica.

Por otra parte, para mejorar las capacidades de innovación, emprendimiento innovador y transferencia de tecnología, en el corto plazo sería importantes los   programas masivos de extensionismo tecnológico, transferencia de tecnología, con la participación de universidades, centros de investigación y empresas. Con esto se apunta resolver el problema de la productividad empresarial que data de hace 60 años.

El Estado debe asumir la responsabilidad de financiar el avance de la CT&I con el fin de transformar a Colombia en una sociedad del conocimiento. La Misión de Sabios propuso alcanzar al final de la década el 1,2 % del PIB en inversión total en investigación y desarrollo, de la cual 0,80 % debe ser inversión pública (hoy la inversión total equivale al 0,3 % del PIB). La Misión también propuso una reforma constitucional que aumente los recursos del fondo para CT&I al 25 % del total de las regalías. A lo anterior deben sumarse el crédito externo y la cooperación internacional.

Una política precaria

En suma, la política de CT&I aprobada es un soporte débil, de corte tradicional, que se queda estancada en el modelo de desarrollo actual que demanda escaso conocimiento e innovación. En otras palabras, la política perpetúa el muy reducido nivel de productividad, el lento crecimiento económico y la postración del desarrollo social.

En el probable escenario de un cambio de gobierno y de modelo de desarrollo, esta política debe ser ajustada en profundidad. Si persiste el actual modelo, debe, aún, ser fortalecida.

La ciencia y la innovación son causa y efecto del fortalecimiento y consolidación del cambio en el modelo de desarrollo que están llevando a cabo los países más avanzados del mundo, y que en nuestros países de América Latina debemos lograr como modelos propios. Por eso necesitamos repensar de verdad nuestra precaria estrategia de ciencia, tecnología e innovación, aprovechando a fondo las recomendaciones de la Misión de Sabios y otros –como la Misión de Sabios por Caldas.

Acerca del autor

Iván Montenegro

* Ingeniero industrial y magíster en Estudios Latinoamericanos, consultor, investigador y docente universitario.
imontenegrotrujillo@gmail.com

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* Ingeniero industrial y magíster en Estudios Latinoamericanos, consultor, investigador y docente universitario. imontenegrotrujillo@gmail.com

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