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Ciencia e innovación en Colombia según la OCDE

Escrito por Iván Montenegro

Un amplio y  riguroso diagnóstico,  y recomendaciones recientes de esta organización muestran lo mucho que hay que repensar en el enfoque, como también lo mucho que falta por hacer en este campo crucial para el avance de Colombia.

Iván Montenegro Trujillo*

Bajo la lupa

Como parte del proceso de admisión a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), desde 2012 esta entidad venía evaluando nuestra política de ciencia, tecnología e innovación. Bajo el título  Estudios de la OECD de las políticas de innovación: Colombia, evaluación general”, las conclusiones  fueron presentadas oficialmente en marzo de este año.

El propio Plan Nacional de Desarrollo concibe la CTI como un “sector” separado de otros sectores específicos. 

Se trata de un diagnóstico bastante comprensivo y de una serie de recomendaciones bien precisas. Es importante anotar que, según la OCDE, la innovación se relaciona con la investigación y el desarrollo (I&D), así como con el diseño y la ingeniería, pero además se extiende a la industria manufacturera, los servicios, las empresas públicas, y la llamada innovación social. 

En este artículo revisaré el diagnóstico, los retos y las medidas propuestas por la Organización.


Ceremonia Fullbright de becas para maestrías y
doctorados del año 2012.
Foto: Fullbright Colombia

El diagnóstico

Investigación. Aunque es claro que la producción científica amerita por sí sola un tratamiento en profundidad, según la OECD la productividad científica colombiana  equivale a dos tercios del promedio de América Latina y está muy por debajo de la de los países OECD -aunque pasamos del puesto 57 al 48 entre 2002 y 2012 en el ranking mundial de producción de conocimiento.

Según un estudio sobre el período 2003-2010, Colombia ocupa el quinto lugar entre 20 países latinoamericanos en producción y citación observada, el puesto 17 en el indicador de citas por documento, y el puesto 18 en porcentaje de documentos en el cuartil superior de calidad.

Aunque la situación varía entre los campos del conocimiento, el crecimiento de la producción colombiana entre los años de referencia está principalmente en los cuartiles inferiores: tercero y cuarto.

En cuanto a los centros públicos de investigación, la Organización muestra su escaso número y su actuación en un ambiente fragmentado. Los centros de investigación y desarrollo tecnológico se dedican a atender las necesidades inmediatas de un reducido número de socios que trabajan en sectores estrechos, en contraste con la tendencia internacional de enfoque transversal por tecnologías en lugar de sectores y de buscar escalas suficientes para beneficiar a varios sectores de la producción.

Formación. La Organización destaca el hecho que la cobertura de la formación técnica y tecnológica es baja para una economía como la colombiana. En nuestro caso se presenta una  “pirámide invertida” donde el 70 por ciento de la educación superior corresponde a la universidad y el 30 por ciento a la técnica y tecnológica. El estudio señala además el excesivo énfasis sobre la formación a nivel de posgrado.

Innovación. En Colombia, en la práctica, se ha adoptado un concepto muy limitado acerca de qué es la innovación. Por eso la OECD sugiere extender el enfoque hacia el diseño y la ingeniería, e incluir nuevos sectores productivos, como servicios públicos, energía y  minería.

Modelo. Desde el lado de la oferta, la Organización asegura que en Colombia ha  predominado el “modelo MIT-Stanford” basado en formación doctoral, transferencia de tecnología e impulso al emprendimiento de base tecnológica, más adaptado a las características de un país desarrollado que a las necesidades de un país como Colombia y su sector productivo.

Gobernanza. El concepto colombiano del sistema nacional, según la OECD, está muy vinculado con las instituciones, sean estas entidades estatales, comités o agremiaciones formales. El propio Plan Nacional de Desarrollo concibe la CTI como un “sector” separado de otros sectores específicos. En los debates y en la formulación de política, las actividades de CTI se entienden como pertenecientes a un dominio distinto del de la economía.

La OCDE añade que en Colombia tienden a existir dos sistemas de gobierno paralelo: uno, desde la óptica de la investigación, y otro, desde la de la competitividad. Además, en general, el sistema tiende hacia la complejidad y la duplicidad.

La capacidad de Colciencias y de los ministerios para abordar retos más amplios (o “transversales”) está empezando apenas a ser desarrollada.


Presentación de proyectos en Expo SENA, 
realizado en Corferias. 
Foto: 
MDE Ciudad Inteligente

Los retos

La empresa debe estar en el centro del sistema. Dada la gran debilidad de la mayoría de las empresas en términos de capacidades y resultados de innovación, es necesario apoyarlas  para que logren innovaciones en el mercado nacional antes que buscar el avance de la frontera del conocimiento.

Se sugiere adoptar un enfoque de especialización inteligente que apunte hacia el fortalecimiento de las capacidades internas de innovación en las empresas, reorientando la  actuación pública hacia otros renglones prioritarios.

Fortalecer los centros de investigación y desarrollo tecnológico, mediante la fusión o   creación de nuevos orientados hacia las tecnologías transversales en lugar de las puramente sectoriales y con cambios en el modelo de gestión para lograr resultados de largo plazo.

Mezcla de políticas. Frente al modelo actual y el necesario aumento de recursos, será preciso  mejorar la capacidad de absorción del sistema y sus distintos actores, para lo cual a su vez es necesario reforzar la formación de personal en todos los niveles, teniendo en cuenta la debilidad para innovar de las empresas colombianas.

También haría falta una mejor integración conceptual entre la CTI, el desarrollo productivo, la macroeconomía y la política social. Un primer espacio para esta integración es el Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018.

Una nueva gobernanza. La OECD recomienda reforzar las instancias y mecanismos para  formular políticas de largo plazo, como la capacidad de prospectiva estratégica. Esta idea es  coherente con el Informe sobre la Gobernanza Pública en Colombia elaborado por dicha organización, que pone en evidencia nuestra debilidad en materia en planeación de largo plazo.

Este fue uno de los principales temas que abordó la Convención Científica de julio pasado en Cartagena, donde varios panelistas y ponentes resaltaron la necesidad de un diálogo nacional para identificar prioridades que permitan la planeación de largo plazo en ciencia e innovación.

Dado el buen tejido de niveles y sectores que requiere una política eficaz de CTI, necesitamos repensar la distribución de las funciones de orientación de largo plazo, de coordinación y de ejecución, así como los arreglos institucionales para asegurar la coordinación intersectorial y entre el centro y las regiones, y aún entre éstas.

A trabajar

Colombia cuenta ya con trabajos rigurosos de diagnóstico y con propuestas para adecuar y fortalecer nuestras instituciones de ciencia e innovación.

Tras varias décadas de experiencia internacional, creo yo que  el tradicional “empuje de oferta”  se debe coordinar con un “jalonamiento desde la demanda” por investigación e innovación, ponderando entre sí  ambos enfoque y adapatándose  al ritmo  de la transición tecnológica de nuestro país. También necesitamos ahondar sobre el estado de la producción y la productividad académicas, y su relación con las políticas públicas e institucionales.

A partir de una visión prospectiva, necesitamos una política de Estado respecto de los centros de investigación y desarrollo tecnológico, adecuada a sus distintos caracteres,      como decir la producción de bienes públicos o privados, y enfocada hacia la investigación fundamental o la innovación.

Necesitamos llevar la innovación e investigación a nuestras realidades económicas. Por ejemplo, según los datos para 2012,  el 74 por ciento de las empresas manufactureras no innovaron; un 19 por ciento adicional solo lo hizo para la propia empresa; un 3 por ciento de ellas fueron innovadoras en el mercado nacional; y solo un 0,22 por ciento innovaron para el mercado internacional, -únicamente 21 empresas !.

De lo anterior se sigue la necesidad de  aumentar la oferta de formación técnica y tecnológica, la de pregrado en ingenierías y ciencias, para satisfacer la actual y potencial demanda del gran número de empresas que actualmente no innovan o lo hacen en muy baja medida. Además, hay que mantener la formación de posgrado.

Y solo un 0,22 por ciento innovaron para el mercado internacional, -únicamente 21 empresas !.

Es necesario equilibrar la inversión pública en formación de personal y aquella destinada al fomento de la investigación con el fin de entregar el claro mensaje que en Colombia hay oportunidad para la carrera de investigador, previniendo una muy costosa fuga de cerebros.

Por último, es preciso separar la gestión de ciencia e innovación del ambiente clientelista que se acercó, con altibajos, desde hace una década, y adelantar un diálogo entre científicos, empresarios, servidores públicos y sociedad civil organizada con el fin de concertar una visión de ciencia e innovación para la próxima década.

 

* Ingeniero Industrial, magíster en Estudios Latinoamericanos, especialista en política de ciencia e innovación, gestión tecnológica, propiedad industrial, desarrollo regional y cooperación tecnológica internacional.

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