¿ES LA INVESTIGACIÓN UN LUJO PARA COLOMBIA?

¿ES LA INVESTIGACIÓN UN LUJO PARA COLOMBIA?

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Aproximación a una definición de investigación

Para la OCDE, con un propósito operacional hacia la medición, la investigación básica consiste en trabajos experimentales o teóricos que se emprenden fundamentalmente para obtener nuevos conocimientos acerca de los fundamentos de fenómenos y hechos observables, sin intención de otorgarles ninguna aplicación o utilización determinada. Por su parte, la investigación aplicada consiste también en trabajos originales realizados para adquirir nuevos conocimientos, pero está dirigida fundamentalmente hacia un objetivo práctico específico (OECD, 2015)[1]. Es necesario esbozar el concepto de ciencia puesto que la investigación es la actividad que permite realizarla y superarla permanentemente; con una perspectiva de ciencia, tecnología y sociedad, CTS, la ciencia se concibe como un conocimiento verdadero, en el que existen las posturas internalistas –que otorgan mayor importancia a los factores internos a la ciencia– y las posturas externalistas –en las que revisten mayor importancia los factores externos; y la ciencia funciona con los métodos científicos[2]. Finalmente, cabe mencionar el concepto de tecnociencia, o big science, que plantea que el progreso científico se logra con el avance tecnológico y de manera recíproca, y que transforma el mundo[3].

¿Descubrimientos o invenciones?

El Profesor Ivar Giaever, Premio Nobel de Física en 1973, quien nos visitó en 2005, argumentó, en primer lugar, que el futuro de la ciencia, estaría plegado al énfasis que los premios Nobel en física, química y medicina, otorgan a la invención mucho más que al descubrimiento de nuevas leyes de la naturaleza; para ello realizó, hace diecinueve años, una analogía entre el juego de ajedrez con sus diez reglas, y las diez ecuaciones que explican casi toda la ciencia que se conocía  –cuatro ecuaciones de Maxwell, conservación de carga, ley de la fuerza, ley del movimiento, la ley de conservación de la energía, la ley de la gravitación, y la ecuación de Schroedinger, ocho de las cuales el físico Feynman –también premio Nobel en 1965– había ya transcrito en apenas media página de su libro sobre la física clásica. Con 10 reglas fundamentales o ecuaciones es posible lograr una inmensa cantidad de combinaciones, y, entonces, la naturaleza se puede apreciar de manera similar al ajedrez, en cuanto a la oportunidad de una gran multiplicidad de combinaciones para lograr inventos en muchos campos, que en términos cuantitativos se trata de una cantidad expresada en el número 1 seguido de cien ceros, o 10100 , es decir diez a la cien; Giavaer expone que podemos observar a la naturaleza como un laboratorio de investigación aplicada, en donde, según Darwin, se prueban infinitamente nuevas combinaciones; el número de inventos que la naturaleza puede hacer es prácticamente infinito. De acuerdo a este enfoque, la ciencia debe concentrarse en obtener invenciones más que en descubrir nuevas leyes de la naturaleza. ¿es esta una decisión exclusiva de los científicos? Volveremos sobre esto.

En Colombia y en América Latina, los Profesores Villaveces y Forero, en 2008, expresaron que los Institutos de Investigación agropecuaria, INIA, y los Institutos de investigaciones tecnológicas, IIT, no obstante el entusiasmo que despertaron con sus expectativas, padecieron y padecen de lo que se podría denominar el “síndrome de la casa en el aire”, debido a que intentaron construir el desarrollo agropecuario a partir de una investigación agrícola con muy poca investigación básica, deseando generar conocimiento aplicado sin que hubiera suficiente capacidad de generar conocimiento en bioquímica, biología molecular, en matemáticas y otras disciplinas; a ello contribuyó la muy escasa inversión pública en investigación y desarrollo. Ello se deriva, según los autores, de la confusión sobre la existencia de “conocimiento” y la capacidad real de generarlo, lo que implica realizar el conjunto de actividades científicas, es decir la acción de conocer y mucho menos acceder a lo conocido por otros; ellos concluyen que “no es la ciencia lo cienciado sino el cienciar”.

El Profesor Andrés Jaramillo, físico e investigador en ciencias ómicas, en el Congreso de Investigaciones de la Universidad Javeriana del año pasado, expuso su trayectoria científica a lo largo de treinta años, desde una visión intra disciplinaria cuyo propósito era entender muchos campos de la realidad desde los bloques constructivos que son los átomos y resolver así la mayoría de los problemas, hacia la fructífera interdisciplina con la química y la biología, que mantiene el enfoque en la escala de los átomos, hasta la conciencia de que, sin embargo, esas posturas de conocimiento hacían perder de vista los retos mayúsculos derivados de la pérdida del control de la materia debido a la negativa incidencia antropogénica en la naturaleza y el mundo, lo cual lo condujo a él y a sus colegas a la inter y transdisciplina con ciencias sociales, ingenierías y salud, por la motivación de resolver retos universales o de gran alcance, como el de la seguridad alimentaria; esta experiencia muestra que una empatía académica entre las diversas disciplinas, en el contexto de la decisión compartida de contribuir a resolver un reto universal, facilita los acuerdos entre disciplinas muy diversas; la conciencia compartida de lograr dicho reto es la piedra angular de aquellas y, así, la resolución de éste.

Lujo o necesidad, y los decisores

Deseo así contribuir a la reflexión sobre este tema y relacionados. Por lo planteado, la investigación y su cadena de valor junto al desarrollo tecnológico y la innovación son una necesidad real y apremiante para Colombia y América Latina. La decisión de enfocar esfuerzos en la investigación, en primer lugar, debe tener en cuenta que no se trata de una disyuntiva entre ciencia o innovación, ya que es posible, en muchos casos, lograr sus objetivos al tiempo; en segundo lugar, resaltar que la conciencia compartida de retos grandes permiten acordar entre la academia, el Estado, el empresariado y la sociedad civil, políticas orientadas por misión basadas en la inter y la transdisciplina; y que, de acuerdo al Profesor Guillermo Hoyos[4], somos los ciudadanos y no los científicos o ingenieros, quienes, en una sociedad democrática, tenemos la última palabra sobre la incidencia social de la ciencia y la innovación.       

[1] https://www.oecd.org/publications/manual-de-frascati-2015-9789264310681-es.htm

[2] https://formacionib.org/noticias/?Ciencia-Tecnologia-y-Sociedad-Proyecto-Argo-Materiales-para-la-educacion-CTS

[3] https://es.slideshare.net/Emmiis/echeverra-javier-tecnociencia-y-sistema-de-valores

[4] Hoyos, G. “Para una ética de la ciencia y la tecnología. El silogismo CTS” en: Innovación y Ciencia, Volumen XII, Nº 1 y 2, Bogotá, Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia, ACAC, 2005, pp. 63-69.

Acerca del autor

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Iván Montenegro

Escrito por:

Iván Montenegro

* Ingeniero industrial y magíster en Estudios Latinoamericanos, consultor, investigador y docente universitario. imontenegrotrujillo@gmail.com

0 comentarios de “¿ES LA INVESTIGACIÓN UN LUJO PARA COLOMBIA?

  1. Muy buen articulo. Colombia cometió el error de no ver la interrelación entre ciencia básica y desarrollo tecnológico. Por eso a partir de los años 1990 se hizo énfasis en la innovación y se dejó a un lado la incipiente ciencia básica. Hoy tenemos un problema estructural razón por la cual la I+D+i es tan reducida. Al final es un asunto de dependencia científica y tecnológica.

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