Educación superior y ciencia: semejantes y distintas gestiones autónomas
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Educación superior y ciencia: semejantes y distintas gestiones autónomas pero coordinadas

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No es suficiente el incremento de la inversión pública en educación superior para incidir directa y automáticamente en el fortalecimiento de la investigación, el desarrollo experimental o tecnológico y el impulso a la innovación. Se requiere una división del trabajo con una gobernanza efectiva.

El contexto colombiano

Con miras a precisar la validez de dicho criterio es necesario tener en cuenta que si bien en nuestro país, en 2023, la gran mayoría de grupos de investigación (6 160) trabajan dentro de las universidades y que un gran porcentaje de la producción científica es generada por investigadores universitarios, es preciso demostrar, de una parte, que la labor de investigación es una de las tres funciones centrales de la Universidad, junto a la docencia y a la extensión. De otra parte, que existen en Colombia, y mucho más en otros países latinoamericanos y en el mundo, centros de investigación y desarrollo autónomos cuya producción científica y de innovación es relevante por su calidad y cantidad; son de naturaleza pública que trabajan en asuntos de interés o seguridad nacional, y otros son de naturaleza privada como puntales de productividad, innovación y calidad.      

En Colombia, el porcentaje de la inversión pública en investigación y desarrollo (I&D), sobre el PIB, es equivalente, en 2021, a la décima parte del promedio de los países de la OECD y, en 2021, a la mitad del promedio de los países latinoamericanos, lo cual se refleja en los sucesivos presupuestos del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, que en nuestro caso, en 2025 sería el más bajo, como porcentaje del presupuesto general de la Nación, en veintiseis años, junto a la muy deficiente gestión pública de la CTeI por el Minciencias, expresada en la mínima ejecución de los $2,9 billones del bienio 2023-2024 de la Asignación del sistema general de regalías y en la no utilización del cupo por $2,5 billones de beneficios tributarios en el año pasado. 

La investigación y su relación con la docencia 

Es preciso abordar el asunto de las necesarias relaciones entre la investigación y la docencia universitaria, y la división del trabajo en la gobernanza del sistema nacional de CTeI y del sistema nacional de educación.

En el contexto de un país del Norte global y en algunos del Sur global, en sus universidades, el fortalecimiento y la dinámica del proceso de investigación están, en el día a día –y teniendo en cuenta la velocidad de la ciencia, tecnología e innovación– vinculados estrechamente con la docencia, en tanto que los profesores son investigadores y que la alta calidad de la educación superior se fundamenta en alta calidad de la investigación; lo anterior implica modelos de gestión universitaria y una cultura institucional que profundicen y mantengan la coordinación entre la investigación y la docencia. En relación con la innovación, existen instancias dentro de las universidades que realizan seguimiento permanente y riguroso a los resultados de la investigación en todos los niveles –desde el pregrado hasta el doctorado– con el fin de detectar potenciales productos innovadores y acompañar su concreción hasta la introducción al mercado. 

No obstante lo anterior, a nivel nacional los modelos de gobernanza pública de muchos países asumen una división del trabajo entre el campo de la educación y el campo de ciencia, tecnología e innovación, lo cual se debe reflejar en los respectivos modelos de gobernanza –para sendos sistemas autónomos pero estrechamente coordinados– y, en particular, en las fuentes y destinación del presupuesto público. Mas, lo fundamental es reconocer que el proceso de investigación, desarrollo y transferencia de conocimiento requiere de capacidades y esfuerzos de gestión pública adicionales y complementarios a los de la docencia (educación universitaria), en este caso, a la educación superior, y más en el caso de los Centros e Institutos de investigación autónomos.

Las capacidades y recursos distintos, adicionales y específicos para la investigación incluyen: formación de posgrado, experiencia posdoctoral, inversión pública para financiar la investigación –tiempo del personal, infraestructura, reactivos, viajes, mantenimiento, plataformas para la colaboración científica y reposición de recursos físicos y técnicos– y financiamiento de las diversas vías de apropiación social del conocimiento: publicación, eventos, diversas modalidades en contextos específicos. 

La transferencia de conocimiento y tecnología

La transferencia de conocimiento y tecnología, de un lado, y su apropiación por los actores sociales, del otro, no son procesos y hechos automáticos y espontáneos, sino que requieren una gestión específica; del lado de las universidades y centros de investigación, con la visión tradicional del “empuje del conocimiento” es preciso identificar segmentos de posibles beneficiarios en el entorno –Sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación (SNCTeI)– y a nivel internacional; precisar en qué etapa de la cadena de valor de la investigación se encuentra el trabajo: investigación básica/investigación aplicada/desarrollo tecnológico/innovación; decidir la alternativa de apoyo a una prueba de concepto para examinar la viabilidad de una idea; valoración del activo de conocimiento; identificación de las modalidades de protección de la propiedad intelectual; negociación y acuerdo sobre la titularidad de la propiedad intelectual, y, eventualmente, participación en las fases requeridas hasta la puesta en práctica o la entrada al mercado de la innovación.  

Si las universidades utilizaran el “jalonamiento de la demanda cognitiva” o un enfoque mixto, se requiere, además de las actividades descritas, estimar la demanda cognitiva en los contextos nacional e internacional, identificar las capacidades existentes y las requeridas para satisfacerla. Como se observa, son actividades que exigen una gestión distinta a la docencia y a la extensión universitaria, con sus correspondientes políticas, estrategias y recursos para lograr la transferencia y apropiación del conocimiento y la tecnología.

Los Centros o institutos autónomos de investigación y desarrollo tecnológico

Los planteamientos anteriores son aún más pertinentes para el caso de los Centros autónomos. En Colombia a principios del siglo pasado se conformaron los primeros, y en la década de 1960 se les dio un importante impulso con las reformas de la administración pública de 1968, que luego se fortalecen algunos, crean otros y en la actualidad sobreviven de manera penosa sin una política pública pertinente, con el riesgo de su declinación por los erráticos cambios en el tipo de apoyo público y privado a los Centros. 

La Misión de Sabios (2020) reconoce su importancia en el sistema nacional de CTeI (SNCTeI) proponiendo estos elementos para una política pública: reconocer su justificada heterogeneidad debido a la diversidad del país, y por lo tanto la pertinencia de implementar variadas estrategias e instrumentos para su creación e impulso; concebirlos como un medio para la transferencia y la apropiación del conocimiento en la sociedad; vincularlos al cumplimiento de políticas orientadas por misión (POM); que se rijan por el derecho privado así sean instituciones públicas; apoyo público parcial para cubrir costos operativos, y financiación por proyectos. Los Centros son una de las modalidades para regionalizar la CTeI. La Misión propone la creación de Centros en los campos de: biotecnología, océanos y recursos hidrobiológicos, cultura e industrias creativas, tecnologías convergentes e industria 4.0, inteligencia artificial, energía, Vida y Salud, y nanotecnología.

Dada la velocidad del avance de la CTeI, características institucionales de los Centros tradicionales con grandes nóminas de investigadores, amplias instalaciones y equipos, que se tornaron, con el paso del tiempo, en desventajas para la investigación como: la “endogamia”, altos costos fijos, baja productividad científica por investigador en relación con Centros contemporáneos más pequeños y flexibles, es preciso, en el contexto colombiano, en algunos casos, adaptar el nuevo modelo europeo que consiste en Centros con pocos grupos de investigación de alto nivel, con interacción mundial para el desarrollo de proyectos, y que  operan como grandes laboratorios descentralizados con soporte en TIC e IA.

El impulso a la CTeI en Colombia: además de las estrategias, instrumentos e inversión pública para dinamizarlas en mayor medida en las universidades públicas y privadas es preciso, entonces, concertar una política pública para impulsar la investigación e innovación a través de los Centros e Institutos autónomos, debido a que, en primer lugar, y respetando la autonomía universitaria, más bien serían insuficientes las universidades que deciden fortalecerse o convertirse, en sentido estricto, en instituciones de investigación o híbridas; y, en segundo lugar, dado el escaso avance de la innovación tecnológica y social; las necesidades y oportunidades para el desarrollo social, gestión ambiental y el desarrollo productivo, y la aludida escasez de universidades de investigación, se justifica el fortalecimiento, agregación y creación de diversos tipos de Centros.         

Es loable que el presupuesto del Ministerio de Educación haya crecido; más, el impulso a la investigación y la innovación justifica la asignación de recursos adicionales a los del MEN y a través de la gobernanza del SNCTeI –Minciencias–, que debe estar plena y estratégicamente coordinada con la del sistema educativo. 

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Iván Montenegro
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* Ingeniero industrial y magíster en Estudios Latinoamericanos, consultor, investigador y docente universitario.
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