Lógica de la analogía e innovación para el Acuerdo Nacional
Foto: Miguel Olaya- Casa de Nariño

Lógica de la analogía e innovación para el Acuerdo Nacional

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La utilización generalizada, y muchas veces inconsciente, de la lógica de la identidad, genera obstáculos para la comunicación asertiva, impidiendo consensos, y, con mucha frecuencia distanciamiento o violencia en los interlocutores. La lógica de la analogía es uno de los caminos para superar dichos obstáculos y efectos indeseables y construir puntos en común, acuerdos en diversos campos. Ponemos un ejemplo con un escenario deseado y plausible para la reforma laboral.

Lógica de la identidad: significados unívocos, imposición, descalificación

Los propósitos de esta reflexión son: primero, resaltar que una de las causas de la polarización es el uso generalizado, cotidiano y, muchas veces, inconsciente, de la lógica de la identidad; y segundo, exponer, de manera básica, la lógica de la analogía, con miras a motivar y facilitar la escucha, procesos efectivos de diálogo para el logro de significados compartidos o puntos en común que, al mismo tiempo, respeten distinciones expresadas en los intereses de las personas, de grupos de ellas o de los temas, y catalizar consensos en lo político y en otras dimensiones.

Examinemos un ejemplo: en el diccionario de la Real Academia Española, la definición de sectarismo aparece como: “Fanatismo e intransigencia en la defensa de una idea o una ideología”; dicho significado puede ser compartido, casi de inmediato, sin mucha discusión, por las personas participantes de un diálogo y en mayor grado que la palabra “cálido” o “bondad”, aunque mucho menos compartido que el significado de la proposición 2+2=4 –que en principio no tiene discusión– o que el enunciado: “planeta sol”; volviendo con el ejemplo, sectarismo tiene ocho sinónimos y es muy probable que sus significados no sean idénticos para los dialogantes; se trata en este caso de un término polisémico –pluralidad de significados–, no monosémico, para el que, sin embargo, quienes utilizan la lógica de la identidad tratan de imponer ipso facto y de manera definitiva algún particular significado o definición a las demás personas, y rechazan otras interpretaciones como diferentes, o no idénticas a aquel. 

Lógica de la analogía: múltiples significados, revelación del otro, espacios en común  

Para proseguir adopto, del profesor Enrique Dussel, estas definiciones: la palabra “diferencia” se refiere a la identidad unívoca; la “distinción”, a la semejanza analógica, y la “diversidad” indica la no-igualdad del significado de las dos anteriores.

La lógica de la analogía incluye las categorías de: semejanza y distinción que se pueden, en primera instancia, percibir mediante otro ejemplo, con la palabra “sancocho”, palabra polisémica que significa una sopa, desorden, y, en Colombia: acuerdo político; a su vez, en el significado de sopa, en nuestro país existen al menos cuatro clases de ella, y en la acepción de desorden, el mencionado diccionario identifica al menos cinco sinónimos; si se utilizase la lógica de la identidad con alguno de los significados mencionados, implicaría la descalificación de quienes posean otro significado, lo que obstaculiza el diálogo y la posibilidad de consensos parciales. 

Por el contrario, con la lógica de la analogía y con una postura ética de confianza en el (los) interlocutor (es), se facilitaría, al menos, la escucha del otro/a que adopta, al principio del diálogo, otro significado distinto, buscando, en el diálogo horizontal, un significado compartido –la semejanza– y aceptando las distinciones, en este ejemplo, en cuanto a las clases de la sopa, o, en el plano político, a los elementos compartidos de un acuerdo, y respetando los propósitos o agendas distintas de cada persona o grupo participante en él. 

La lógica de la analogía y la política

La lógica de la analogía aplicada a un acuerdo político requiere identificar el analogado principal y los demás analogados con sus distinciones; el analogado principal es el acuerdo y su contenido en el que coinciden todos los participantes –la semejanza– y los analogados son las agendas o estatutos de los participantes –sectores público, privado y social en términos genéricos–, los que, al mismo tiempo y en sus agendas, conservan sus propósitos, acciones, características institucionales y accionar –sus distinciones  (Dt 1,Dt 2, Dt 3)– (ver gráfico).    

Ejemplo de lógica de la analogía aplicada a un acuerdo político

El logro del acuerdo –la semejanza– requiere, en primer término, una toma de conciencia de que, en una dinámica de comunicación, muchos conceptos –palabras, objetivos, estrategias, tácticas, acciones– son polisémicos y que por ello se justifican la escucha y el diálogo, que impulsarán la identificación de la semejanza, que en principio puede ser pequeña, pero que con voluntad, convicción, información, raciocinio, generación de conocimiento, sensibilidad (magia) y coherencia podrá ir creciendo, y que con procesos comunicativos efectivos y constantes puede alcanzar niveles superiores y de mayor alcance, mediante la contribución de los participantes –analogados– desde sus distinciones, de tal manera que estas, en lugar de ser obstáculo para el acuerdo, pueden fortalecerlo, de tal manera que los partidos, sindicatos, movimientos sociales de diverso tipo, el Gobierno en sus distintas dependencias y niveles y las organizaciones y gremios del sector privado, desde sus particulares agendas –distinciones–, pueden enriquecer y ampliar, no sin dificultades, el espacio de semejanza. 

En segundo término, esta ruta ascendente del acuerdo o de la semejanza requiere también de la ética y de criterios básicos para su logro. Se trata de la ética de la vida, enfocada a la generación, preservación, conservación y restauración de la vida, casi que sinónimo del camino de la Paz; los criterios de transparencia, alegría en el trabajo y en la lucha, y de coherencia, deben alimentar el proceso. 

El caso colombiano y el referente de Sudáfrica

La gran dificultad de esta hora en Colombia podría tener como uno de los referentes la experiencia de Sudáfrica. Nelson Mandela y el Congreso Nacional Africano (CNA) –su partido–, como participante del Acuerdo de Paz, encontraron un espacio en común o semejanza con las posturas de los partidarios del apartheid –el National Parthy y otros partidos– en el ejercicio de un gobierno de unidad nacional que, en términos concretos, significó también un gabinete multipartidista y la conciencia de que el gobierno liderado por el CNA necesitaría la colaboración de una parte de la administración existente para gobernar el país, y por ello se mantuvieron buena parte de los contratos de los servidores públicos. 

Analogía para la legitimidad política y responsabilidad histórica, y apuntalada en la innovación

Y en Colombia, por la gravedad de la coyuntura, de ninguna manera se justifica laxitud con fuerzas oscuras y poderosas que se perciben al acecho del gobierno y peligrosamente actuantes desde hace décadas, ya que se juega la legitimidad y la viabilidad de un Acuerdo Nacional y la validez, por muchos años por venir y frente a la historia, de un proyecto progresista, que prevenga el retorno al poder de coaliciones autoritarias. 

El agudo conflicto, a propósito de la pertinente y justa reforma laboral, entre el Gobierno y el Congreso representando al sector privado, se puede resolver, reconociendo que, desde sus intereses, los adversarios tienen sus razones, mas no toda la razón, por lo que se requiere un encuentro político en un plano superior. La semejanza común se encontraría, en un escenario diferente al de la consulta popular que tiene riesgos e inconvenientes, o al rechazo de la reforma sin más, en la convergencia de intereses de lograr un avance sustancial en la reforma laboral y, al mismo tiempo, mayor riqueza para los empresarios; para esto uno de los pilares fundamentales es el impulso a fondo de la innovación para el incremento acelerado de la productividad, lo cual genera más riqueza de manera efectiva, posibilitando mayor ganancia y facilitando los requerimientos de la reforma laboral. 

Para ello el Gobierno debe lograr una coordinación profunda, al menos, de los Ministerios de: Trabajo, Comercio, Ciencia-tecnología-innovación, agricultura, TIC, escalando de inmediato el Programa de “Fabricas de la Productividad”, ajustando los beneficios tributarios para investigación desarrollo e innovación y creando instrumentos específicos de apoyo a la innovación; igualmente, crear incentivos para la transferencia nacional e internacional de tecnología. Los empresarios por su parte, deben trabajar en conjunto con el gobierno, asumir a fondo la generación y aplicación de la innovación para el incremento de la productividad, “rompiéndole el espinazo” a un problema de tiene más de sesenta años. Sería un histórico logro de los actores público y privado utilizando la lógica de la analogía y generando innovación.

Le recomendamos: Educación superior y ciencia: semejantes y distintas gestiones autónomas pero coordinadas

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Iván Montenegro
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* Ingeniero industrial y magíster en Estudios Latinoamericanos, consultor, investigador y docente universitario.
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* Ingeniero industrial y magíster en Estudios Latinoamericanos, consultor, investigador y docente universitario. imontenegrotrujillo@gmail.com

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