¡Yo soy más negro que tú! - Razón Pública

¡Yo soy más negro que tú!

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La llamativa frase “yo soy más negro que tú”, que le dijera Estefanel Gutiérrez (congresista de Cambio Radical) a Óscar Benavides (representante por la Circunscripción Especial de las Comunidades Negras, Afrocolombianas, Raizales y Palenqueras) advierte sobre “los matices” que tendrá en el país la discusión sobre los sujetos colectivos de derechos, en el marco de la “guerra cultural” que comienza.

La discusión se dio en torno a la Presidencia de la Comisión Legal para la Protección de los Derechos de las Comunidades Negras o Población Afrocolombiana del Congreso de la República, una instancia que hasta el momento ha tenido un funcionamiento intermitente y resultados relativos. Esta comisión, regulada por un decreto de 2018, está compuesta “por aquellos congresistas que por sus afinidades quieran pertenecer a la misma”. En ese sentido, resulta por lo menos llamativo que, de los 31 miembros que la integraron para el período 2022-2026, pasara a estar integrada por 49 (!) en la presente legislatura, incluidos tres senadores de Salvación Nacional, con el mismo Enrique Gómez Martínez a la cabeza.

La representación y la representatividad de la población negra, afrocolombiana, raizal y palenquera parecen entonces tener una importancia estratégica. Lo vimos en el pleito que dirimió el Consejo de Estado frente a la asignación de la segunda curul por la circunscripción “afro” de la Cámara de Representantes. En este caso, se consideró que el CNE había asignado de manera ilegítima dicha curul a Winsner Sandoval, esposo de la alcaldesa de Soledad (Atlántico), según la Silla Vacía, próxima a Eduardo Pulgar.

Pero, más allá de los ardides para ocupar lugares estratégicos en el Legislativo, tanto en la presidencia de la Comisión como en la elección del segundo cupo en la Circunscripción Especial de las Comunidades Negras, Afrocolombianas, Raizales y Palenqueras, lo que estos episodios ponen de presente es una crisis en la representatividad y la representación política de estos grupos, expresada a través de una perspectiva racista emergente que creíamos superada. La expresión “yo soy más negro que tú” implica, en efecto, que el autoproclamado poseedor de una mayor negrura supone tener un derecho mayor.

Pero la temática y el debate no son nuevos, ni exclusivos de la derecha. De hecho, el mismo Óscar Benavides se hizo elegir teniendo como antibandera a Miguel Polo Polo. Entre otras consignas, Benavides decía: “Vamos a sacar del Congreso al negro de la cabeza colonizada Miguel Polo Polo que no representa al pueblo afro; yo soy el que lo voy a sacar del Congreso”; en un vídeo incluso le llamó “la mascota favorita de la derecha”.

La alucinante imagen de Yerry Mina como poste de carrusel en las seniles acrobacias ecuestres de Álvaro Uribe, y los ripostes de Francia Márquez y Gustavo Petro, evocando la figura de los hidalgos esclavistas y de los esclavos irredimibles por su propio yugo, revelan una disputa racial por la definición de lo que significa ser negro en el campo político colombiano. 

Pero más que una simple confrontación ideológica, estas expresiones racializantes evidencian un sablazo en curso que busca la desetnización de las poblaciones afrodescendientes.

Debemos dejar claro que lo étnico no es una categoría racial, sino una relación diferencial que establecen ciertos grupos con el Estado, a partir de procesos históricos concretos —el racismo estructural es apenas uno de ellos—, dando lugar al reconocimiento de derechos colectivos diferenciales.

El fraseo del “yo soy más negro que tú” no es entonces una mera curiosidad, pues implica querer legitimar el acceso a la presidencia de la Comisión Legal para la Protección de los Derechos de las Comunidades Negras o Población Afrocolombiana del Congreso de la República, a partir de un criterio racial que no constituye el fundamento jurídico de los derechos étnicos considerados en el Estado Social de Derecho.

Con el “pigmentómetro” en la mano para acceder a tan importante lugar de representatividad, se desactiva entonces al sujeto étnico como titular de derechos colectivos y se busca incidir en sus decisiones políticas individuales a partir del color de la piel. Espero no estemos frente a un retorno a la pigmentocracia colonial, cuando las “manchas de sangre” configuradas por cuenta del mestizaje eran el factor fundamental para la diferenciación social y el acceso a ciertos derechos.

El “yo soy más negro que tú” no es, pues, un fenómeno aislado en la tergiversación y racialización de la etnicidad, sino que nos invita a abordar un complejo tema no resuelto: ¿cuáles son los factores que requiere un sujeto individual para acceder a los derechos destinados a sujetos colectivos? ¿Basta con el autorreconocimiento? Sin duda no, pues el autorreconocimiento se ve siempre confrontado con la existencia de procesos externos de reconocimiento. Hay, permanentemente, como diría Karel Kosík, una lucha entre ambos.

De hecho, hace poco más de un mes, en cumplimiento de la Sentencia T-276 de 2022, el DANE publicó un estudio sobre las dificultades en la identificación y el reconocimiento de la población negra, afrodescendiente, raizal y palenquera en los últimos tres censos. Recordemos que este caso se originó en el Censo Nacional de Población y Vivienda de 2018, cuyos resultados mostraron una reducción del 30,8% de esta población frente al censo de 2005, lo que generó que algunas organizaciones cuestionaran esta disminución y denunciaran una invisibilización estadística. 

El “estudio de causas y lecciones aprendidas”, publicado hace poco más de un mes, presenta, sin embargo, pobres resultados al señalar como causas del problema a factores diversos (presión operativa, entrenamiento de personal,  seguridad, transporte o desconfianza) que, de hecho, son los mismos que afectan el censo del resto de la población colombiana.

El informe tiene además un muy somero desarrollo del acápite relacionado con el “fraseo de la pregunta de autorreconocimiento”, ¡la pepa del asunto!, y aunque advierte cierta proclividad de los encuestados a identificarse como negros, afrodescendientes, raizales o palenqueros según variables regionales y factores urbano-rurales (cuerda de la cual se hubiera podido seguir tirando) a decir verdad, lo que finalmente revela es la crisis de la estadística como ciencia y su impotencia en tiempos de auge del autorreconocimiento (lo subjetivo) como categoría analítica con pretensión objetivista.

Como quien dice, para el Estado, sigue vigente el “yo soy más negro que tú”.

Acerca del autor

Vladimir Montana
vladimirm@razonpublica.org | + posts

Antropólogo de la Universidad Nacional de Colombia, máster en Historia en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París y candidato a PhD en Historia en la Universidad Nacional de La Plata. Creador de contenidos académicos en radio, prensa, televisión y plataformas multimedia.

Twitter: @pathegallina Instagram: @vlamontana

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Vladimir Montana

Antropólogo de la Universidad Nacional de Colombia, máster en Historia en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París y candidato a PhD en Historia en la Universidad Nacional de La Plata. Creador de contenidos académicos en radio, prensa, televisión y plataformas multimedia. Twitter: @pathegallina Instagram: @vlamontana

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