La educación virtual y a distancia llegó para quedarse
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La educación virtual y a distancia llegó para quedarse

Escrito por Suelen Emilia Castiblanco

Aunque algunas de las noticias que han rondado el año nos hagan muy difícil creerlo, el 2023 podría ser visto en unas cuantas décadas como el año de la esperanza. Los tres horribles años anteriores la pandemia nos quitó, además de las vidas de seres queridos y trabajadores y trabajadoras que enfrentaron la enfermedad en condiciones precarias, la compañía de los otros, la libertad de movimiento, la salud mental, entre otros. Este año, la amenaza del COVID-19 pareció un fantasma del pasado y un recordatorio de que, pese a todo, hay algunas personas dispuestas a jugársela por el mundo y gracias a ellas estamos aquí.

Con el 2023, muchas de aquellas cosas que parecían permanentes después de la pandemia han empezado a cambiar. Por ejemplo, el trabajo remoto y teletrabajo que empezaron el año como la gran revolución parecen cosa del pasado. Según un informe del DANE publicado en La República, el 89,1% de los trabajadores ya no desempeña sus labores de forma totalmente remota y del 55,2% de las empresas que aceptaron continuar en modalidad virtual, solo 19,6% lo implementa cinco días a la semana.

Pero, dentro de los cambios que sí llegaron para quedarse están la educación superior en modalidades virtual y a distancia. Ya desde el 2011 se venía experimentando una tendencia creciente en la oferta de programas de educación superior en el país; sin embargo, entre 2018 y 2021, la cantidad de programas virtuales que recibieron registro SNIES de funcionamiento creció en un 165%, en comparación con un 7% de los programas presenciales y la caída del 25% de los programas a distancia.

Asimismo, la cantidad de estudiantes en modalidades virtuales ha venido en aumento. Según un informe de la Corporación Universitaria Iberoamericana, en el país cerca de 368,000 personas -un 16% del total de estudiantes- estudian a través de alguna metodología virtual, lo que representa un aumento de 4 puntos porcentuales con respecto al 2022

Y es que la educación virtual y a distancia se ha identificado como una herramienta clave para masificar el acceso a la educación superior, en particular para aquellas personas que están en zonas apartadas de los grandes centros urbanos donde se ha concentrado la oferta educativa o para quienes es difícil asistir a instituciones educativas en los tiempos y condiciones que la educación presencial lo exige. Adicionalmente, según datos del SNIES, un programa universitario presencial es, en promedio 92% más costoso que uno virtual y 185% más costoso que uno a distancia.

Ahora bien, este aumento significativo de la educación virtual y a distancia trae unos desafíos enormes a un ya paquidérmico sistema educativo. En primer lugar, la calidad. Si bien son escasas las evaluaciones comparadas de programas presenciales y a virtuales y distancia en el país -llamado de atención para la academia-, el más reciente informe del ICFES sobre los resultados de las pruebas SABER PRO muestra que, en promedio, los estudiantes egresados de programas presenciales obtienen resultados más altos en comparación con programas a distancia (13%) y virtuales (10%). Y esto es clave, no solo en términos de la medición del logro académico de los estudiantes, sino porque, como señala también el ICFES, parece haber una relación entre los resultados del SABER PRO y el salario de los profesionales, con brechas entre los individuos con puntajes más altos y más bajos que iban de 11.1pp para ciencias de la educación a 16pp para ciencias de la salud.

En segundo lugar, la reputación. Una vez más, son escasas las investigaciones comparadas sobre la percepción de estudiantes, profesores y empresarios respecto a la modalidad de la educación. Algunas de las investigaciones que reportan estudios de caso muestran que los estudiantes identifican potencialidades en la educación virtual y a distancia y la consideran de alta calidad y funcional para sus objetivos de aprendizaje; sin embargo, los resultados distan de darnos pistas sobre cómo está siendo concebida esta modalidad en el país. Una encuesta reciente de la fundación Empresarios por la Educación y Cifras y Conceptos (2022) muestra que el 70% de las personas encuestadas considera que la calidad de la educación virtual es peor que la presencial. En esa misma línea, al ser indagados por el regreso a la educación presencial, después de la virtualidad en pandemia, el 60% de los estudiantes señala haber olvidado temas vistos previamente, 54% tiene dificultades en la comprensión lectora, 54% presenta retrasos en aprendizajes matemáticos y 53% registra pérdida de materias.

Así pues, el año 2024 nos abre un panorama que debemos empezar a tomarnos muy en serio. La educación virtual y a distancia puede convertirse en uno de los proyectos más importantes de alfabetización y formación educativa del nuevo siglo, tan revolucionaria como el programa de bachillerato por radio a través de la Radiodifusora Nacional en su momento. Pero, una educación masiva y de calidad requiere del trabajo colectivo de todos los actores del sistema educativo. La transición debe empezar ahora para que este cambio, en principio visto como una respuesta de emergencia, sea la punta de lanza del ingreso del país a la economía del conocimiento, innovación y transformación digital.

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