UN MAYORAZGO LLAMADO PACTO HISTÓRICO
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UN MAYORAZGO LLAMADO PACTO HISTÓRICO

Escrito por Vladimir Montana

Gustavo Bolívar perdió y, sin duda, el análisis de su derrota acaparará la atención y el gusto de medios de comunicación. Se dirá que es el fracaso del petrismo… que el sacrificio de un alfil… que los cascos de la primera línea. Algo de razón hay por allí; sin duda. Pero Bolívar también hundió sus propias expectativas electorales por razones que van desde su ingenuidad de político neófito, hasta la repulsión que genera ese acento “calentano” y aquella colita de caballo tipo David Murcia Guzmán entre la gente cachaca del Parkway y del Chapinero progre. Pero hoy no hablaremos de eso, por complejo que sea la pervivencia de las viejas formas de representación del habitante de las tierras bajas de la cordillera.

El desastre electoral de hoy no nos aclara una realidad a esta hora de la noche: ya van a ser dos años de presidencia y no hay, ni por las curvas, una personalidad política que pueda representar a la izquierda en las próximas elecciones. Los ungidos por Petrosky son un fracaso total en las ligas mayores: que lo diga Hollman Morris, quién no logró más de 10.000 votos en las anteriores elecciones al senado. Por los lados de los diferentes ministerios tampoco vemos el relevo, ni mucho menos en el Congreso de la República, donde se eligió un grupo de personas desconocidas para la sociedad nacional bajo el mecanismo de la lista cerrada.

Acá llego al tema central de esta reflexión: las listas cerradas son la mayor de dilapidación de capital político de que tengamos noticia en la corta historia de la izquierda colombiana en el poder.

Aunque la lista al Concejo de Bogotá no fue terrible en su composición, sí lo resultó en el trámite de su orden y jerarquía. La expulsión de Carrillo por las ventoleras de Alexander López o la impresentable cuota de delfinazgo que representó la hija de Jaime Dussan, recordándonos la imposición de las dos hijas de Pizarro y la hija de Argote en el Congreso, muestran un problema de cultura política en la que lo más importante es ser hijo de, o, a lo sumo, el sucesor de tal o cual notoriedad. Esto aplica tanto para el legislativo como para los puestos del ejecutivo.

El problema es que estas prácticas de sucesión y filiación del rango político (como diríamos en antropología) llegaron esta vez por la izquierda a los municipios y regiones destruyendo unos procesos de construcción política que venían caminando. Para muchos candidatos y candidatas no era un secreto que, a lo sumo, y en ciertas regiones, con suerte solamente serían elegidos los primeros renglones. La pelea entonces por el lugar privilegiado resultó fratricida; hubo asambleas solapadas, votaciones y encuestas sin legitimidad y el resultado no fue solamente que no se ganó nada, sino que se disgregaron los procesos. Por supuesto, los candidatos que no lograron medirse en las urnas con expectativa reales de triunfo, corrieron a buscar avales en otros lados donde no era necesario el sello de la predilección, o la palanca.

En otros casos se requirió la mediación central, donde por afinididad, amiguismo o compromiso previo, ya se sabía quienes encabezaban las listas de cada región. Los candidatos de tal senador, encabezan en tal departamento o ciudad; los de tal otro, en aquella otra. ¿Y todavía nos preguntamos: ¿por qué se perdió?

Veía yo al representante Racero, con Kufiya al cuello, en plena Guerra del medio Oriente, hablar de seguir trabajando para volver a enamorar a la gente. Bolívar mismo se propuso así mismo para afrontar la crisis del Pacto Histórico: no, gracias. Ni lo uno ni lo otro. No es evangelizando ni con penitencia. Se requiere recuperar las estrategias de participación en política; esas mismas que llevaron a que Petro, Carlos Gaviria, Navarro y hasta el mismo Robledo se convirtieran en los senadores más votados y terminaran en otros escenarios políticos que hoy tienen a la izquierda en el poder.

La crisis que tiene la Colombia Humana, se debe en lo fundamental al círculo de petristas que quieren ser ungidos para lograr alguna posición de poder. Se debe, también, y de manera absolutamente complementaria, al aliento de un régimen político que lo posibilita. El sistema de lista cerrada que impuso el mismo Petro por unas razones que deben ser analizadas, solo beneficia la lambonería, el cuchicheo y el atajo. Recuerdo los codazos que se pegaron Alex Flórez y Susana Boreal (ambos pésimos congresistas) por quedar a la sombra de Petro. No hay, pues, bajo esta lógica, espacio a figuras emergentes y refrescantes que propongan una agenda de discusión más allá de la pelea por el favor del Padre.

Hay una buena noticia, sin embargo: Bolívar no será (y no podría ser) candidato presidencial. De haber pasado a segunda vuelta nos lo hubieran presentado como el único heredero por linaje en ese mayorazgo llamado Pacto Histórico.

Adenda: El tema de Nicolás Petro, por supuesto, no se sustrae a esta problemática.

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