
Voto histórico
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En 1848 Ezequiel Rojas escribió en el periódico El Aviso un artículo titulado “La razón de mi voto”, en el cual no solo explicaba las razones por las cuales votaría por el candidato Jose Hilario López, sino que además es considerado históricamente como el documento fundacional del Partido Liberal colombiano. De la misma forma -y con unas pretensiones obviamente muchísimo más modestas- expondré en esta columna algunas de las razones por las cuales en la segunda vuelta votaré por el candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda.
Votaré por Iván Cepeda porque estoy de acuerdo con buena parte de las reformas sociales y las políticas estructurales que se han aprobado e impulsado en el gobierno de Gustavo Petro, las cuales considero acertadas para lograr reducir los monstruosos niveles de desigualdad social que existen en Colombia y lograr un desarrollo humano a largo plazo. Ejemplo de esto son la reforma pensional, la reforma laboral, la reforma al sistema general de participaciones y regalías, el aumento del salario mínimo, el aumento salarial a los soldados, la reducción de la pobreza, entre otras, así como también el impulso a la reforma agraria, a los programas de sustitución de cultivos de uso ilícito, el compromiso con la implementación del Acuerdo de Paz con las FARC-EP, una política exterior que condena de manera firme genocidios en cualquier parte del mundo, etc.
Reconociendo los errores que tiene la política de Paz Total, también votaré por un candidato que no dice que si llega al gobierno “la Paz Total se acaba” como le escuché a buena parte de los candidatos (incluso algunos de izquierda y centro). La política de Paz Total demostró que tiene errores, los cuales, en una eventual administración de Cepeda seguramente se corregirán, atendiendo a las distintas recomendaciones que, desde la academia, centros de investigación, autoridades locales y comunidades se han hecho al respecto. En ocasiones, se nos olvida que el Acuerdo de Paz con las FARC-EP no se firmó en los primeros cuatro años de gobierno de Juan Manuel Santos.
También votaré por un candidato que tiene unas formas muy distintas a las de Gustavo Petro. Hace cuatro años voté por Petro y no fue para nada una sorpresa el hecho que haya gobernado con el mismo estilo y talante de cuando fue senador y alcalde. Al inicio de su gobierno conformó una coalición amplia y plural -en contravía de los que lo tildan de sectario- con sectores de izquierda, centro, liberales y hasta conservadores, pero, a la hora de formular e implementar las reformas estructurales (el momento decisivo) se le vieron las costuras a la coalición, se salieron algunos y quedaron solamente los más cercanos ideológicamente. En ocasiones, existen reformistas que son muy reformistas en columnas de opinión, investigaciones académicas y aulas de clases, pero a la hora de llegar a instancias de toma de decisiones…
Si Petro se comportó como Petro tanto de senador, alcalde y presidente (repito, no sé porque causó tanta sorpresa para algunos), con Cepeda de seguro pasará lo mismo. Así como es de senador así lo será como presidente, un líder que no pasa pegado a las redes sociales twitteando, que lee los discursos de manera ordenada y no los improvisa haciendo 500 alusiones a Cien años de soledad, Macondo o Aureliano Buendía. Petro es populista y de discurso largo, Cepeda no es populista y su discurso es mas concreto. Ambos son de izquierda, pero ninguno es comunista como dicen las fakenews que por desgracia una parte del electorado cree. Ambos son contestatarios y críticos, pero comunicacionalmente habría un cambio del cielo a la tierra en las comunicaciones del Palacio de Nariño, donde de seguro primarán nuevamente los canales institucionales y las declaraciones oficiales.
Obviamente también espero que en un gobierno de Iván Cepeda se corrijan los errores de forma y de fondo del actual. Mas autocrítica y contundencia con los escándalos de corrupción, cero tolerancia con el machismo institucional y comunicacional, más y mejor ejecución presupuestal y por supuesto bajarle a los discursos incendiarios que promuevan la polarización extrema. El discurso de Cepeda no dejará de ser crítico, pero una cosa es ser crítico y otra muy distinta ser extremista.
En este momento, la iniciativa de invitar, sumar y buscar encuentros con sectores de centro y demócratas importantes y valiosos para el país, como Sergio Fajardo, Claudia López, Juan Daniel Oviedo, etc, debe venir de Iván Cepeda. Encontrando propuestas comunes (implementación del Acuerdo de Paz, por ejemplo), cediendo en cosas importantes (la Constituyente) y reconociendo errores (corregir aspectos de la Paz Total, cero tolerancia con la corrupción, etc). Pero si Cepeda tiene la obligación de buscar acuerdos, el centro y los sectores demócratas tienen la responsabilidad de asumir un compromiso con la democracia y dejar a un lado los personalismos y los egos.
De Cepeda se espera que busque y ceda, de Fajardo, López y Oviedo se esperaría que sean responsables democráticamente ante la posibilidad de que llegue a la presidencia un candidato como Abelardo de la Espriella. Muchos columnistas y líderes de opinión críticos de algunas políticas de Petro, entendiendo la responsabilidad y el momento histórico han anunciado su voto por Cepeda. Esperemos que estos líderes del centro también lo hagan, y, ojalá, el famoso “decálogo” no se convierta en la nueva forma de irse a ver ballenas.
Latinoamérica nos ha demostrado que cuando la izquierda, centro e independientes se unen, frenan a las derechas con tintes autoritarios. En Chile, en 1989, una coalición de partidos de izquierda y centro derecha conformó la Concertación Democrática, para frenar el triunfo del candidato afín al dictador Pinochet. En 2011, en Perú, una coalición de partidos de izquierda, a la que se sumó el apoyo en segunda vuelta de intelectuales de derecha, como el Nobel Mario Vargas Llosa, lograron que Ollanta Humala le ganara las elecciones al fujimorismo reencarnado en Keiko, hija del dictador Fujimori. Incluso aquí en Colombia en la segunda vuelta de 2014, sectores de izquierda e independientes apoyaron a Santos con el propósito de que continuara el proceso de paz con las FARC-EP.
Esperemos no volver a tener una elección presidencial con los niveles de polarización extrema a los que se ha llegado en esta, en buena parte por responsabilidad de ambos candidatos. Pero como dice el profesor Uprimny, no podemos caer tampoco en falsas equivalencias. El hecho de que Cepeda desconociera el resultado de la primera vuelta en un primer momento- ya lo reconoció- mandó un mensaje muy riesgoso para la democracia al inicio. Pero un aspecto que la mayoría de los medios y analista pasaron por alto fue que mientras Cepeda decía esto, por el otro lado, De la Espriella afirmaba que defenderían el resultado por la razón “o por la fuerza”. Ambos actos son riesgosos para la democracia, el uno porque les resta credibilidad a las instituciones, y el otro porque es una apelación directa a la violencia. Pero, por esa misma razón, son comparables, en el sentido que son un riesgo para la democracia, lo que no quiere decir que son semejantes, pues difieren en las formas y el alcance. No es lo mismo decir “no te voy a hablar” a decir “te voy a golpear”. Creo que se entiende la diferencia.
Dijeron que nos convertiríamos en Cuba o Venezuela, no pasó. Que Petro iba a expropiar de manera masiva, tampoco pasó (¡de hecho hizo un acuerdo con Lafaurie para la compra de tierras para la reforma agraria!). Que Petro se iba a quedar en el poder, tampoco pasó, y así podría mencionar muchas más. Las elecciones del domingo 21 de junio de seguro serán intensas y polarizadas, pero al final habrá alternancia o continuidad, todo en el marco de la democracia. Invito entonces a los lectores independientes, de centro, demócratas e indecisos a votar por un candidato que profundizará las reformas sociales actuales, corregirá los errores y respetará la democracia.
Acerca del autor

Armando José Mercado
*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.
1 comentarios






El gobierno de Petro ha sido desastroso para el país , No fue peor por qué no pudo, gracias a Dios las cortes no han permitido que el desastre sea mayor.