
Donald Trump y la política colombiana
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Las decisiones y amenazas de Donald Trump han mostrado cómo casi todos los candidatos y expresidentes de Colombia aplauden las acciones de Estados Unidos, aunque ellas violen el derecho internacional y pongan en entredicho nuestra soberanía. Estas han sido sus declaraciones.
De la presión diplomática al poder sin reglas
Entre Estados Unidos y Colombia ha predominado históricamente las relaciones de diplomacia coercitiva. Pero esta sumisión se recubría con un discurso de defensa de la democracia, de las libertades y los derechos humanos.
En lo económico se regía por el libre comercio y por tratados que eran respetados, a la vez que se mantenían instituciones y programas que contribuían con apoyo económico y “ayuda” a quienes consideraban sus amigos, entre ellos los países latinoamericanos. Las relaciones con los demás países se sostenían sobre las bases del multilateralismo.
Con Donald Trump en la presidencia y mayorías republicanas en el Congreso, se han presentado cambios importantes. Un presidente con pretensiones de monarca se distancia de los fundamentos liberales de la democracia, la separación de poderes, los controles interinstitucionales y el imperio de la ley.
Se reivindica el nacionalismo, se impone el suprematismo racial y se criminaliza la inmigración. Bajo la promesa de “hacer de nuevo grande a América” se apela al proteccionismo y se establecen nuevos aranceles de manera arbitraria e instrumento de chantaje contra otros gobiernos.
También se rompe el tejido de relaciones internacionales basado en reglas y se debilitan instituciones construidas durante muchas décadas.
Un monarca requiere de un imperio y para ello puede invadir y tomar lo que los intereses de Estados Unidos requieran: Panamá si es del caso, Canadá si se descuida, Groenlandia por razones de “seguridad nacional” y América Latina bajo el libreto del “Corolario Trump a la Doctrina Monroe”. Este es su hemisferio.
Este es el neo monarquismo sintetizado en la frase “nada puede interponerse en su camino, excepto él mismo”. La muestra es Venezuela.
Como han respondido nuestros dirigentes
El neo monarquismo de Trump ha recibido respuestas disímiles por parte de la dirigencia política colombiana. Aunque parece haber polarización, en realidad hay dos sectores radicalizados en las orillas derecha e izquierda, y en el medio políticos moderados que matizan sus posiciones o evitan opinar sobre algunos eventos.
—La reacción mayoritaria
El sector mayoritario mantiene la línea histórica de subordinación hacia Estados Unidos y su presidente. Junto con los gremios económicos, tiembla al pensar en cualquier sanción económica, aranceles mayores, recortes en las “ayudas” o que su “socio histórico” se moleste e imponga algún tipo de sanción: es el trumpismo colombiano.
Ete sector guarda silencio ante el maltrato a los connacionales que viven en Estados Unidos y los bombardeos contra pequeñas embarcaciones de supuestos narcotraficantes. Acepta y elogia la intervención militar en Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro y de su esposa. De manera más o menos explícita, algunos avalan una eventual intervención similar en Colombia que expulse al exguerrillero, comunista, cercano a Venezuela y que asocian sin fundamentos con el narcotráfico. No estaría mal que vinieran por él.
Abelardo de la Espriella, precandidato de extrema derecha ilustra bien esta postura. El 4 de enero envió una carta al presidente Trump, la fiscal general Pam Bondi y al secretario de Estado Marco Rubio, donde expresa su “respaldo inquebrantable” y felicita al presidente por la intervención en Venezuela y por “su compromiso con la justicia y la seguridad hemisférica”. De paso, acusó al presidente Gustavo Petro de ser aliado de Nicolás Maduro y de permitir la infiltración del crimen organizado. También reportó-advirtió-alertó que el candidato presidencial del Pacto Histórico Iván Cepeda tenía “reconocida relación con las Farc”. Un estilo de soplón y un anticipo de la que puede ser su actitud frente a un posible triunfo de este candidato.
Los otros precandidatos de la derecha que se agruparon para “la gran consulta por Colombia” coincidieron en elogiar la intervención de Trump en Venezuela y le agradecieron por defender la democracia. Juan Carlos Pinzón, Vicky Dávila, Mauricio Cárdenas, David Luna, Aníbal Gaviria, Juan Manuel Galán, Juan Daniel Oviedo y Paloma Valencia aplaudieron la invasión y el secuestro. Vicky Dávila fue más lejos y señaló que “tratándose de tiranos, al carajo el derecho internacional”. De paso, estos precandidatos acusaron al presidente Petro y al candidato Iván Cepeda por respaldar la dictadura de Maduro. Paloma Valencia, del Centro Democrático, señaló que “Estados Unidos no bombardeó una capital suramericana; bombardeó las bases militares y los activos estratégicos que un tirano usaba para tener a Venezuela secuestrada”.
Este grupo de precandidatos ha eludido referirse a algunas acciones o declaraciones de Trump. La mayoría ha rechazado una eventual intervención armada de Estados Unidos en Colombia, aunque aplauden las declaraciones y decisiones en contra del presidente y el Gobierno. Esta misma postura ha sido asumida por el expresidente Iván Duque, siempre alineado con Estados Unidos.
Álvaro Uribe no ha desentonado. Aunque su peso político ha disminuido, sigue teniendo influencia. En un juego de palabras manipuló el concepto de legitimidad y declaró que Estados Unidos había actuado en legítima defensa al “capturar” a Maduro pues defendía su seguridad nacional supuestamente amenazada por el narcotráfico. Y, de forma velada, expresó su deseo de una acción similar en Colombia que permita “liberarnos pronto del contagio destructor”. Congresistas de su partido han sido frecuentes visitantes a Estados Unidos “rindiendo” informes sobre el Gobierno de Petro.
Este sector había celebrado también la descertificación de Estados Unidos a Colombia por su manejo del narcotráfico en septiembre de 2025. La precandidata y senadora María Fernanda Cabal afirmó que “El gobierno de Petro, el de la paz cocal, incumplió su deber de combatir el narcotráfico por estar contemporizando con los criminales”. También celebraron la retirada de la visa al presidente Petro y a algunos integrantes del Gobierno.
De nuevo Álvaro Uribe encabezó el alineamiento con el presidente Trump: “Colombia agradece el noble gesto del gobierno norteamericano, de dirigir todas las sanciones única y exclusivamente contra quien se ha declarado enemigo de Colombia y de Estados Unidos». Se unieron al coro congresistas, precandidatos, gremios de la economía, el excandidato y ahora alcalde de Medellín Federico Gutiérrez. La inclusión del presidente Petro, sus familiares y algunos ministros en la lista de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), la «Lista Clinton», fue motivo de celebración de este grupo de políticos.

—Los moderados
Los candidatos que se auto ubican como de centro han asumido una posición más moderada.
Sergio Fajardo señaló que era un alivio que hubiera caído la dictadura de Maduro, pero rechazó la forma como se dio a través de la ruptura del derecho internacional con la intervención militar de Estados Unidos, lo que vulnera los principios de la Carta de la ONU y contribuye a la continuidad del quiebre de las Naciones Unidas. Fajardo también consideró inaceptable cualquier intento de intervención en Colombia por parte de Estados Unidos. Aunque es crítico del Gobierno y de la beligerancia del presidente, ha asumido en estos casos una mayor autonomía respecto a los Estados Unidos y ha invocado por la prudencia y la diplomacia.
Claudia López se ha movido en el mismo sentido de silencios y ambigüedades y apoyo parcial al presidente Petro. Celebró la caída de Maduro, pero no criticó la invasión norteamericana a Venezuela, aunque si se opuso a cualquier intervención similar en Colombia: “Quién gobierna en Colombia lo decidimos los colombianos. El presidente Gustavo Petro ganó unas elecciones libres y tiene un mandato constitucional”. También se ha opuesto a medidas como la descertificación, al genocidio de Gaza y el apoyo de Estados Unidos a Israel, pero sigue considerando a este país como el principal socio de Colombia. No obstante, congresistas de su partido, el Partido verde, se pronunciaron a favor de una eventual intervención de Estados Unidos en el país.
—El gobierno y la izquierda
Por su parte, el Gobierno y los movimientos y partidos incorporados al Pacto Histórico han expresado su rechazo a las acciones de fuerza del gobierno Trump.
El más firme en sus declaraciones ha sido el propio presidente, que ha respondido cada expresión o comunicado de la Casa Blanca. Se opuso a la acción militar contra Venezuela y reclamó el respeto a la soberanía. Cuando Trump anunció que Colombia podría ser el siguiente país invadido y que “Más le vale [a Petro] andarse con cuidado porque tiene fábricas de droga”, respondió que esto conduciría a un levantamiento popular. De forma sistemática se ha opuesto a sus políticas y a sus acciones: “No deben caer misiles sobre la población civil de Gaza. No deben caer misiles sobre los jóvenes pobres al servicio del narco o a los campesinos que buscan como sobrevivir. No deben caer misiles sobre los migrantes que salen porque no aguantan la pobreza. Los migrantes no son criminales y no merecen la pena de muerte, hacerlo es un crimen contra la humanidad».
Trump elevó el tono y calificó a Petro de ser criminal, de ser un hombre enfermo, que “le gusta hacer cocaína y venderla a Estados Unidos”. Sin temor por represalias, Petro lo ha acusado de cometer crímenes de guerra por las ejecuciones extrajudiciales en los ataques a las lanchas, lo ha llamado fascista, genocida, incluso pedófilo (en alusión a su presunta participación de las actividades con menores de edad organizadas por Jeffrey Epstein).
El candidato presidencial del Pacto Histórico, Iván Cepeda, ha seguido la misma línea. Rechazó la intervención en Venezuela como una agresión contra una nación soberana y consideró que el Gobierno de Trump representaba un peligro para América Latina. Respecto a una eventual intervención e Colombia señaló que el país no era colonia ni un protectorado y no se sometía servilmente. En el mismo sentido se expresaron congresistas y excongresistas del Pacto Histórico, incluido el también candidato presidencial Roy Barreras. El exsenador y ministro Antonio Sanguino lo sintetizó de esta forma: “¿Desde cuándo exigir dignidad al mundo se convierte en delito?”
—Los expresidentes
Cuatro expresidentes han sido incondicionales de Trump y de Estados Unidos: Andrés Pastrana, César Gaviria, Álvaro Uribe e Iván Duque. Han sido consecuentes con lo que fueron sus gobiernos.
Por su parte, Juan Manuel Santos ha mantenido un bajo perfil; ha sido crítico del Gobierno y acusó a Petro de buscar enfrentamiento con Trump. Lamenta que los dos países hayan pasado de la mejor relación de aliados estratégico a la confrontación y expresa temor por los efectos para el país. Ha sido muy poco crítico con el presidente norteamericano.
El expresidente Ernesto Samper (quien fuera sometido al chantaje de la diplomacia coercitiva durante su mandato por la financiación de la campaña con recursos del narcotráfico) se ha alineado con el Gobierno de Petro: ha criticado el trato dado por Trump a los inmigrantes, el secuestro de Maduro y la intervención en Venezuela (pidió a Trump “sacar las manos de América Latina”), también consideró como amenazas irresponsables las que hace sobre Colombia y el combate al narcotráfico.
Cálculos electorales
Las posiciones de los políticos colombianos respecto a Trump u sus políticas neomonárquicas contienen también cálculos electorales.
—Los candidatos y precandidatos de la derecha (Abelardo de la Esperilla y los ocho precandidatos que participan de “La gran consulta por Colombia”), los congresistas que los apoyan y los cuatro expresidentes aliados a ellos consideran que cada decisión de Trump es un golpe al presidente Petro y a la izquierda y las aplauden, celebran y difunden. A su vez, procuran mantener su cercanía con él, presentarse como los socios ideales en su proyecto de hegemonía hemisférica y de neoemperador.
Cada uno por su lado se presenta como el socio ideal y busca un guiño, ser indicados como el candidato amigo el que, una vez en la presidencia, será recompensado, apoyado, respaldado. Esa es también una bandera a mostrar a los electores: el premio a la sumisión será la amistad del neomonarca y los beneficios que se pueden obtener.
—El presidente Petro ha mantenido siempre su estilo de confrontación discursiva y, contrario a la tradición de los exmandatarios colombianos, no se ha subordinado ni ha aceptado las nuevas pretensiones de neomonarca. En medio de las evidentes asimetrías del poder de las dos naciones, se ha negado a la sumisión por la que han optado la mayoría de presidentes de América latina y de la dirigencia política colombiana. Él, el candidato Iván Cepeda y los congresistas del Pacto Histórico apuestan por mantener la fidelidad de su núcleo duro de seguidores que según las encuestas serían cercanos a la tercera parte del potencial electoral. Además, pretenden atraer a sectores que no comparten las políticas de Trump y que podrían aumentar sus posibilidades de éxito en las elecciones.
—Los candidatos Sergio Fajardo y Claudia López mantienen posiciones menos explícitas y llaman a la moderación y al predominio de la diplomacia sobre la beligerancia. Le apuestan a los potenciales electores que no comparten cierta radicalización de los extremos derecha e izquierda que ha predominado en la política del país en la última década.
Neomonarca y sumisión (casi) generalizada
No solo en Colombia predominan las actitudes de sumisión por parte de la clase política y de los gobernantes.
También en Europa y gran parte de América Latina (excepto México y Brasil) los gobiernos han sido pasivos, han guardado silencio o se han sumado al proyecto de Trump. No resulta fácil enfrentarse al país con más poder militar del planeta y que parece estar dispuesto a imponerse mediante la fuerza.
Solo ha transcurrido un año del cuatrienio del Gobierno de Trump y los efectos negativos sobre la democracia y la convivencia entre las naciones con base en reglas y acuerdos ha sido enorme. No soplan vientos a favor de la democracia y de la convivencia pacífica. Las actitudes de sumisión de muchos gobernantes contribuyen a esta.
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Acerca del autor
Javier Duque Daza
* Ph. D. en Ciencia Política y profesor de la Universidad del Valle.
5 comentarios






Los cipayos y vendepatrias están alborotados. Hay quienes prefieren ser súbditos y no ciudadanos.
A Duque Daza le faltó que nos diera en número del tarjetón de Sergio Fajardo y Claudia López. Hasta ahí le llegó la imparcialidad del escrito.
Gracias por su artículo crítico y ponderado.
Muy interesante y razonable análisis. Los integrantes de la coalición «Ahora Colombia», que incluye Dignidad, Nuevo Liberalismo y MIRA (Movimiento Independiente de Renovación Absoluta), no tienen la misma posición ante este tema pues, si Juan Manuel Galán apoya la sumisión a Trump, Fajardo no hace lo mismo. Ante problema tan serio, una coalición que aspira a gobernar a Colombia, debería, como tal, tener una posición clara y unitaria.
Me parece muy importante que un profesor formado en ciencia política, disponga su consideración acerca de la relación entre el gobierno de Trump y la política en Colombia. Marca una diferencia alta con tanto comentario que escuchamos y vemos en los medios de comunicación tradicionales y alternativos y acude a un uso de fuentes primarias directas de los implicados en sus razonamientos. Me parece que haber leído este artículo, me ha permitido un entendimiento más sensato de la relación no solo «nuestra» con el gobierno de Estados Unidos, además, con los políticos de Colombia desde sus diferentes posturas: de sumisión sin vergüenza, de un lado y de beligerancia, aunque a veces excesiva, pero con mayor lucha por la dignidad de un país, por otro. También evidencia uno como lector de este artículo, cierta mogigatería de unos terceros que, temen represalias, pero aplauden la invasión e incluso la violación del derecho internacional y de los derechos humanos. Muchas gracias, profesor Duque.