Reacomodo y reconfiguración de las fuerzas políticas y partidistas - Razón Pública
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Reacomodo y reconfiguración de las fuerzas políticas y partidistas

Escrito por Javier Duque
Javier Duque

Javier Duque Disección inclemente de cada uno de los partidos a la luz de sus resultados en las  elecciones del pasado domingo, de sus trayectorias, sus perspectivas y sus probables candidatos presidenciables. ¿Qué va a pasar en la política colombiana?       

Javier Duque daza*

 

Votantes durante la jornada electoral de las elecciones locales y regionales 2015.

Cómo quedaron los partidos

El Cuadro a continuación describe la fuerza de los partidos políticos en términos del número de escaños en el congreso, de las gobernaciones obtenidas el pasado domingo, y de sus votos para concejos en 2011 y en 2015 (votos que son netamente partidistas, o sea que no se ven alterados por las coaliciones).

Partidos
Fuente: Elaboración propia sobre la base de la Registraduría Nacional del Estado Civil; votación para concejos de 2011 y pre-conteo electoral de 2015. 

A continuación hago un análisis sobre la situación de cada uno de los partidos, y concluyo con una breve reflexión sobre el cambio en el sistema de partidos.

1. La U: Un partido que no acaba de consolidarse

La U surgió de la agregación y reciclaje de políticos liberales y conservadores, en el marco de los cambios institucionales de 2003 y 2005. Fue una novedad en las elecciones del 2006 y en menos de un año desplazó a los dos partidos tradicionales, pues fue el primero en términos de escaños (49, el 18,4 por ciento) y de votos para Senado (segundo para Cámara). Esto probó que para tener éxito  basta agregar votos de las redes de los congresistas y sus socios en concejos y asambleas, sin necesidad de tradición  u organización consolidada.

El carácter de agregación ayuda a comprender por qué hoy algunos de los dirigentes de la U son  rivales entre sí, por qué los allegados al presidente Uribe migraron hacia el CD, y por qué otros se han retirado de la política.

El número de congresistas de la U aumentó a 75 en las elecciones de 2010 en las del 2014 se redujo a 52. El domingo pasado disminuyó su número de gobernaciones y alcaldías, aunque la U fue parte de múltiples alianzas con casi todos los demás partidos y obtuvo la mayor votación en concejos municipales.

Ahora habría que decir que el uribismo representa menos del 9 por ciento del país

Juan Manuel Santos, fundador de la U, fue elegido en 2010 con los votos de Uribe, pero en 2014   debió recurrir al apoyo de varios partidos y corrientes, incluido el PDA que prefirió sumársele antes que abrirle el paso al candidato del uribismo. 

Aunque la U anunció candidato propio para el 2018, no está muy claro quién pueda ser, dado  que ninguno de sus dirigentes tiene bastante fuerza interna o arrastre popular. Se  especula con Humberto de la Calle, hombre aislado de las rivalidades intestinas y que podría lanzarse si culmina con éxito  el proceso de La Habana.

2. CR: pavimentando la vía a la presidencia

El Vicepresidente y jefe natural del partido Cambio Radical, Germán Vargas Lleras.
El Vicepresidente y jefe natural del partido Cambio Radical, Germán Vargas Lleras.
Foto: Vicepresidencia de la República

CR fue creado en 1998 por políticos provenientes del extinto galanismo,  a quienes en 2003 se sumó la fracción liberal Colombia Siempre encabezada por su fundador Germán Vargas Lleras.

Como escribí antes en Razón Pública, CR es un ejemplo del partido efímero, desechable y reciclable. En el ir y venir de camisetas, en un momento convergieron allí Juan Lozano (que pasó por la U y hoy es un uribista recalcitrante), Rafael Pardo (quien también fue uribista y retornó al PL), Roy Barreras (senador por CR en 2006 y por la U en 2010, converso del uribismo al santismo) y  el propio Vargas Lleras (también exuribista y ahora líder de CR). También aquí recaló el senador Carlos Fernando Galán, hijo de Luis Carlos Galán, familia que gracias a su apellido ha disfrutado de posiciones y privilegios bajo distintos gobiernos.

CR es pues un partido reciclado que durante casi dos décadas ha venido acumulando fuerzas  electorales y burocráticas (aunque sus jefes suelen presentarse como estadistas). Con su bancada de 24 congresistas, en estas elecciones conquistó el mayor número de gobernaciones de forma directa y en otras fue aliado del ganador, además de respaldar las candidaturas triunfantes a las alcaldías de Bogotá y Barranquilla (ligada al poderoso clan Char). Obtuvo el tercer lugar en votación para concejos municipales.

Con un partido en ascenso y ante  la falta de liderazgos fuertes en casi todos los demás partidos, Vargas Lleras se ha valido de la Vicepresidencia para gana protagonismo, fungir como superministro y ejecutor de los programas de vivienda y de múltiples proyectos de infraestructura, todo lo cual lo perfila como un candidato fuerte para el 2018.

3. CD: Macrocefalia con pies de barro

Este partido es básicamente un vehículo para la vigencia política de Álvaro Uribe, preocupado por la justicia que le pisa los talones a él y muchos de sus allegados. Es también una tribuna para oponerse al proyecto de paz de Santos e impulsar una concepción ultraconservadora de la sociedad  y fortalecer la capacidad coactiva del Estado aún por encima de las reglas del derecho.

Pero en Colombia hay más uribismo que CD, más líder que partido: así se vio en 2014, cuando su lista al Senado fue más exitosa que las candidaturas a la Cámara, y así quedó confirmado el último domingo: Uribe no logra transferir sus votos a sus protegidos, tanto así que perdió la alcaldía de Medellín y la gobernación de Antioquia, su nicho natural. Aunque obtuvo una gobernación (Casanare) y algunas alcaldías marginales, quedó a la vista la falta de organización  del CD y la debilidad de sus nexos sociales: siguen y votan por Uribe, pero no por sus pupilos.

Podría argumentarse que en estas elecciones el CD ganó algo que no tenía: escaños en concejos, asambleas, un gobernador y algunas alcaldías, además de 1.153.287 votos en los concejos municipales. Un buen comienzo para un partido nuevo, dicen sus voceros y cajas de resonancia en algunos medios. Pero para un político con la trayectoria de Uribe, que ha pasado por todos los cargos de elección popular (menos el de alcalde, aunque lo fue durante pocos meses porque lo destituyó el presidente Betancur), barrió en dos  presidenciales en primera vuelta,  estuvo ocho años en la Presidencia y cuyo candidato pasó a segunda vuelta en 2014 con casi 7 millones de votos, los resultados del domingo fueron, en efecto, una derrota.

Es probable que para 2018 se mantenga el nombre de Óscar Iván Zuluaga, o que se reencauche la candidatura de Francisco Santos, o incluso que Alejando Ordoñez acabe incorporado al CD,   dada su cercanía ideológica con Uribe. Pero el escenario general sería muy muy diferente con las FARC reintegradas y el debilitamiento del discurso de la seguridad, además del desgaste de su líder, quien ya parece haber cansado a muchos de sus antiguos seguidores.

Suele decirse que Uribe representa a la mitad de Colombia. Si esto hubiera sido cierto en las presidenciales de 2014 (cuando a Zuluaga se sumaron sectores del PC y aliados procedentes de la U), ahora habría que decir que el uribismo representa menos del 9 por ciento del país (medido en términos de alcaldías).

4. Las izquierdas: en declive y (como siempre) fraccionadas.

Durante las tres últimas décadas las izquierdas han repetido el ciclo de relativo auge electoral seguido por el decaimiento y la división, así:

  1. Entre 1990 y 1994: auge de la AD-M19 y de otras fuerzas menores;
  2. Entre 1994 y 2002: decaimiento, desintegración de la AD-M19, pérdida de  curules y fallida candidatura presidencial de Antonio Navarro;
  3. Entre 2003 y 2014: auge y unificación del Polo Democrático Independiente (PDI) y Alternativa Democrática en el PDA, aumento de curules en el Congreso, tres alcaldías consecutivas en Bogotá, la alcaldía de Pasto y la gobernación de Nariño, segunda votación de Carlos Gaviria en las  presidenciales del 2006;
  4. A partir de 2014: disminución de escaños en el Congreso, deserción de líderes, pérdida de la alcaldía de Bogotá, cero gobernaciones y alcaldías, la Unión Patriótica intenta renacer sin éxito (Ayda Avella no fue elegida al Concejo de Bogotá), paso de 12 a 6 curules en el concejo de Bogotá  (cinco del PDA y uno del progresismo). No obstante, en relación con las presidenciales de 2014,  el PDA mantuvo su votación en Bogotá y aumentó sus electores en los concejos municipales.

En el trasegar de las elecciones y candidaturas van quedando pocos liderazgos. Figuras con trayectoria como Angelino Garzón y Luís Eduardo Garzón quedaron al margen, uno enredado en la burocracia y el otro fracasado en su la aspiración a la alcaldía de Cali. Antonio Navarro transitó a la AV, tras su paso por el Progresismo (como antes pasó por la AD-M19, Vía Alterna, el PDI y el PDA); con sus fracasos en elecciones presidenciales y su baja votación al Senado en  2014 no parece tener perfil de candidato presidencial. Gustavo Petro sale muy mal de la alcaldía, pasó de ser brillante y respetado senador a alcalde desprestigiado. Clara López viene de la derrota en presidenciales y ahora también en las de la alcaldía de Bogotá.

Aun no se perfilan los nuevos liderazgos, pero las etiquetas sí se multiplican: PDA, progresismo, Marcha Patriótica, UP, lo que resulte del proceso de paz con las FARC. Tal vez sea el momento para Jorge Enrique Robledo, calificado como el mejor congresista del país, pero su nombre encuentra resistencias y tiene grandes diferencias con otros líderes de izquierda, con Petro y Clara López más que todo. Las izquierdas entonces pasan por un mal momento y tienen pocas expectativas para las elecciones del posconflicto.

5. PC: el partido-rémora

El Jefe Negociador del Gobierno, Humberto de la Calle Lombana.
El Jefe Negociador del Gobierno, Humberto de la Calle Lombana.
Foto: Oficina del Alto Comisionado para la Paz

El PC viene en retroceso desde hace al menos dos décadas.

El domingo pasado solo obtuvo una gobernación (Risaralda), aunque pretende hacer pasar como suyas las de Tolima y Quindío (donde los ganadores no se inscribieron con el aval del PC). Aunque mantiene el 16,5 por ciento del Congreso, su poder real está relegado a pequeños municipios y en la votación para concejos tuvo un crecimiento mínimo. Después de alternarse la Presidencia con el liberalismo durante mucho tiempo, en las elecciones de 2002 y 2006 renunció a presentar candidato, en las de 2010 apoyó a una candidata que había renegado de su partido y  regresó con apenas el 6 por ciento de los votos (Noemí Sanín, 893.819 votos) y en el 2014 padeció otra derrota (con Marta Lucía Ramírez, 1.995.698 votos. 15,5 por ciento del total). En el Congreso pasó de 44 escaños en el 2006, a 60 en 2010 y en 2014 cayó nuevamente a 44.

Este es básicamente un partido-rémora, que se une a algunos ganadores y ha hecho parte de los últimos cinco gobiernos nacionales como opción burocrática y de reparto de influencia y recursos del Estado, base de su reproducción electoral menguada. Por eso varios de sus más conocidos congresistas se han visto involucrados en escándalos como el de la Dirección Nacional de Estupefacientes.

Las izquierdas entonces pasan por un mal momento y tienen pocas expectativas para las elecciones del posconflicto.

Y sin embrago el director nacional del PC, David Barguil, dijo que gracias al “éxito” en las elecciones del domingo “el conservatismo va por la presidencia de Colombia”. Pero no hay claridad sobre quien pueda -y además quiera– hacerse cargo de representar al partido: se habla de  Alejandro Ordoñez, ultraconservador, de Marta Lucía Ramírez, ahora algo desgastada, del ministro Mauricio Cárdenas, quien hasta ahora no ha participado en la competencia electoral, o de una eventual fusión con el CD.  

PL: decadencia prolongada y ausencia de liderazgos

El PL fue mayoritario hasta 1998 y a él pertenecieron los más poderosos líderes políticos del país. Al concluir el gobierno Samper (1990-1994) comenzó la peor crisis del liberalismo, que  acabó convertido en un partido minoritario, desprestigiado, desplazado de la presidencia y relegado durante los ocho años de Uribe.

El PL ha venido perdiendo fuerza durante las cinco últimas elecciones presidenciales y sus liderazgos han entrado en crisis: Horacio Serpa fue derrotado en tres ocasiones, Rafael Pardo en las de 2014 y en 2015 – y por primera vez en su historia no tuvo candidato sino que se sumó a Juan Manuel Santos. Tanto este como Uribe proceden del PL, pero se retiraron en el peor momento de su crisis y optaron por otros vehículos para lograr sus aspiraciones. El liberalismo también pasó gradualmente de ser la mayoría en el Congreso a ser otra minoría (hoy tiene 56 curules, la quinta parte del total).

Pero el pasado domingo el PL logró romper la tendencia decreciente y mantuvo su cuota de   gobernaciones, se sumó a muchas coaliciones exitosas y obtuvo la segunda votación a los concejos. Su mayor derrota fue en la alcaldía de Bogotá.

Serpa está más allá de la edad y la posibilidad para volver a postularse. La dirección del Partido ha estado en manos del expresidente Gaviria, quien también se ha ocupado de impulsar la carrera  de su hijo Simón. Rafael Pardo no ha tenido buenos resultados en presidenciales ni en las distritales. Tampoco pues en el liberalismo se vislumbra un líder con capacidad de movilización para la Presidencia, aunque el partido anunció que iría con candidato propio en el 2018.

Conclusión: multipartidismo con polarización izquierda-derecha y candidaturas

Durante la última década el sistema de partidos ha tomado la forma de un multipartidismo con dos polos ideológicos claramente definidos: hay diez partidos con representación en el Congreso (más otros partidos regionales y otros como el Progresismo con representación en el Concejo de Bogotá y, aún, con la alcaldía), la izquierda la representan el PDA y otras organizaciones pequeñas como Progresistas (P), la Unión Patriótica (UP), Marcha Patriótica (MP) y un sector de Alianza Verde (SAV); la derecha en su posición más declarada, el Centro Democrático (CD), y dentro de su órbita el Movimiento Independiente de Renovación Absoluta (MIRA) y el Partido Conservador (PC). El Partido Liberal (PL) se auto-ubica en la centro izquierda y Cambio Radical (CR) y el Partido Social de Unidad Nacional (U) en la Centro derecha. Las demás agrupaciones flotan más bien a la deriva y sin perfil claro.

El sistema podría graficarse de la siguiente forma:


Si este fuera el escenario en teoría quienes están más próximos en el espectro tenderían a unirse y a distanciarse de los más lejanos. Pero en las últimas elecciones vimos a la izquierda apoyando a Santos, ante el riesgo del triunfo del CD, y en las elecciones del pasado domingo hubo alianzas de todos con todos, según los contextos departamentales y municipales.

También en teoría cabría una unión entre CR y el CD, pero como se trata de partidos altamente personalizados, sus dirigentes se ven más como rivales que como aliados, salvo que lleguasen a un acuerdo para la segunda vuelta. En todo caso parecen más próximos el CD, el PC, el MIRA; a su vez, el PL y la U, quienes son rivales y claros opositores del CD y de CR; así como las diversas izquierdas están más cerca de una coalición con el PL que con cualquier otro partido. Por su posicionamiento actual CR puede entrar a jugar con varias opciones de coaliciones.

Parecen interminables las posibilidades de coaliciones. En un sistema de partidos con organizaciones débiles, altamente pragmáticas y acostumbradas a sumarse a los candidatos que van sacando ventaja en el periodo preelectoral, casi todo es posible.

 

* Profesor del  Programa de Estudios Políticos y Resolución de Conflictos de la Universidad del Valle.

 

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