Cronología de Uribe frente al paro: entre ideología y cálculo electoral - Razón Pública
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Cronología de Uribe frente al paro: entre ideología y cálculo electoral

Escrito por Javier Duque
Javier Duque

Esta protesta es inédita; el paro ha durado más de tres semanas. Uribe fluctúa entre el autoritarismo que es su ideología, el paternalismo que es su envejecimiento y los cálculos electorales que son su preocupación.

Javier Duque Daza*

Contexto: un tenso ambiente político

Entre junio de 2019 y mayo de 2021 se han producido numerosas protestas sociales en Colombia. Tres de estas han sido nacionales:

  • la “Marcha por la vida” (27 de junio de 2019);
  • un paro de un día, que incluyó el primer cacerolazo de la historia de Colombia y se prolongó por varios días en Bogotá (21 de noviembre de 2019);
  • el paro actual, que recoge protestas de múltiples sectores y se concentra en el suroccidente (28 de abril de 2021 – en progreso).

La actual protesta social es inédita por varias razones:

  • ocurre durante la pandemia;
  • es la que más ha durado en la historia de Colombia;
  • convocó a más personas y organizaciones sociales que las anteriores;
  • ha involucrado a gran parte del país;
  • más que antes, la protesta pacífica se ha entremezclado con la protesta violenta y con los que aprovechan para robar, saquear o atracar.

Esto último ha traído destrucción: bancos y tiendas de cadena saqueados; incendios de CAI, fiscalías y medios de transporte.

Protagonismo de Uribe

Como en casi todo lo que ocurre en este país durante los últimos años, Álvaro Uribe Vélez también ha sido protagonista en estos eventos.

Vio venir la protesta e intuyó sus dimensiones; ha reaccionado de dos formas:

  • Anclado en su ideología y en su idea de la política como confrontación, ha pedido autoridad y orden; en su lenguaje, quiere decir coacción estatal y acción armada.
  • Ya con la protesta encima, ha hecho ofertas sociales desordenadas; ha sugerido/ordenado acciones que calmen el terremoto social. Y, sobre todo, ofertas que encajen en sus cálculos políticos para un año preelectoral.

Un gobierno de coacción

En alguna ocasión, Álvaro Uribe dijo que había dejado de tomar aguardiente porque a los tres tragos se le salía el diablo.

Ahora, después de casi tres años de la presidencia de su subalterno Iván Duque y de más de tres décadas de políticas sociales equivocadas, es al pueblo al que se le salió el diablo. Poseído de indignación, frustración, rabia, rebeldía, ha salido a las calles.

La actual protesta social es inédita porque ocurre durante la pandemia; es la que más ha durado en la historia de Colombia; y convocó a más personas y organizaciones sociales que las anteriores

Y Uribe, furioso, exige autoridad y orden.

Álvaro Uribe sostiene su convicción de que la seguridad es el valor fundamental para las sociedades: seguridad, autoridad y orden.

Consecuente con este soporte ideológico, pide militares en las calles para restablecer el orden en la patria. Que salgan sus “héroes de la patria”.

El Twitter de Uribe durante la protesta

Abril 29. Un día después de que comenzara este terremoto social —con epicentro profundo en Cali—, pidió que sacaran el Ejército a las calles, mediante Twitter —su megáfono—.

No era una protesta social; era una ola de vandalismo y terrorismo. No reconocía a estudiantes, maestros, transportadores, campesinos, vendedores ambulantes, desempleados, indígenas, afrocolombianos o incluso venezolanos desarraigados; los llamaba vándalos y terroristas. Había que tratarlos como tales.

Abril 30. A las 9:51 trinó: “Apoyemos el derecho de soldados y policías de utilizar sus armas para defender su integridad y para defender a las personas y bienes de la acción criminal del terrorismo vandálico”.

Para él la protesta es un asunto de orden público, no un reclamo de la sociedad. No hay ciudadanos reclamando, sino terroristas atentando contra su patria y las gentes de bien.

Twitter retiró el trino: lo consideró una incitación a la violencia. Las reacciones indignadas afloraron: la comunidad internacional criticó al gobierno colombiano; Estados Unidos señalo lo que consideró “exceso de la fuerza pública”; las Naciones Unidas y la Unión Europea condenaron los mismos hechos.

Algunos le recordaron a Uribe que los responsables de 6.402 “falsos positivos” (asesinatos) fueron militares, al igual que quienes violaron a una niña indígena en Chocó; que fueron policías los que causaron la muerte del abogado Javier Ordoñez en Bogotá y quienes, presuntamente, abusaron de una adolescente de Popayán que se suicidó.

Foto: Flickr - Uribe teme que Colombia se hunda en manos del presidente de su partido. Combina su prepotencia de hombre poderoso que pide orden y autoridad con los consejos de adulto mayor que posa de comprensivo y generoso.

Mayo 11. Uribe va al Congreso: son sus terrenos. Allí se explaya: defiende al gobierno; pide apoyo a los militares; acusa a Santos; ataca los Acuerdos de La Habana; despotrica de la Jurisdicción Especial para la Paz. Una vez más, defiende a las Fuerzas Armadas, a sus “héroes de la patria”, desvalidos, mancillados, debilitados por “el acuerdo de Santos y la ‘Far’”.

Mayo 14. Dos semanas de paro. Uribe está indignado: sus fuerzas militares, la policía y los hombres-armadura del ESMAD son señalados por su violencia contra los ciudadanos: contra quienes debían proteger.

Patadas, disparos, gases lacrimógenos, gas pimienta, perdigones disparados de forma directa a los manifestantes; mujeres arrastradas, humilladas y vejadas; jóvenes muertos, otros desaparecidos. Medios nacionales y extranjeros, cámaras caseras y de celulares llenan las redes sociales de imágenes que dan cuenta de los usos y abusos de la fuerza.

Uribe pide, exige, clama, para que la sociedad  apoye moralmente a la fuerza pública.

Mayo 20. Uribe pide orden y autoridad. Continúan las protestas y las barricadas en varias ciudades. El expresidente reclama: están destruyendo al país. Clamor de autoridad. ¿En dónde está el Gobierno? ¿Qué se hizo Duque? Está intentando corregir la plana. El comité del paro no cede.

Uribe paternalista

La protesta social ha sido de dimensiones inéditas; el paro ha durado más de tres semanas. Uribe, ambivalente, ofrece programas sociales mientras hace cálculos electorales.

Antes ponderaba el Estado de Opinión como superior al Estado de Derecho. Eran los tiempos en que tenía el respaldo de amplias mayorías. Hoy, cuando su apoyo se ha diluido y cada vez cae más su favorabilidad, ya no invoca la legitimidad de los plebiscitos.

Y se preocupa. Y responde al terremoto social proponiendo programas de asistencia: todo lo que no se hizo en sus ocho años de su gobierno y en los tres que van de Duque —su obediente apadrinado—.

Uribe teme que Colombia se hunda en manos de Iván Duque, presidente de su partido.

Combina su prepotencia de hombre poderoso —que pide orden y autoridad— con los consejos de adulto mayor —que posa de comprensivo y generoso—. Se muestra protector, consciente y responsable con los jóvenes y con los pobres y lanza sartas de propuestas.

El Twitter de Uribe: año preelectoral

Abril 15. Se anticipó y expresó su temor ante una protesta social. De forma habilidosa —casi escabullido—, manifestó que no comparte la reforma tributaria que propuso su apadrinado, su presidente, el de su partido, el que él dijo. Y lo manifestó antes del paro, cuando apenas se anunciaba su posible convocatoria.

Abril 28. Amanecía en el Ubérrimo: 5:29 de la mañana. Uribe reiteró su temor el primer día del paro: se necesitan recursos; se necesitan virajes. Sabe en dónde están las aguas profundas. Asustado ante lo que se viene, juega con el Gobierno al policía bueno y al policía malo.

Uribe twittea la “súplica angustiosa”. Manipula a sus casi 6 millones de seguidores. Quiere ser el bueno.

Mayo 6. Una semana de protestas. Uribe y el Centro Democrático proponen conjuras y exhortan a conformar mesas de dialogo regional —al estilo de la inútil “gran conversación” de noviembre de 2019—. Hay que detener la protesta. Que se sienten líderes sociales y comunitarios y hablen allá —en Cali, en Pereira, en Medellín— y que Duque se quede en Bogotá —aislado, protegido, inerme—.

No piensan en quienes protestan, sino en lo suyo: su “patria dañada”, su presidente, su gobierno, su partido. Invierten los términos: la afectada no es esa parte de la sociedad empobrecida y sin oportunidades, cuya condición agrava la pandemia; la patria y al gobierno son las víctimas de la pandemia y del paro.

Mayo 14. Giro en el discurso. Después de decenas de víctimas, incendios, saqueos, daños en inmobiliario público y en propiedades privadas, lluvia de ideas: sugiere a Duque “soluciones sociales urgentes a jóvenes y a la pobreza extrema”:

  1. Acuerdo del Gobierno con universidades públicas para que la matrícula sea gratuita (esto se aplica hace un año);
  2. Que el SENA acelere doble titulación, formación técnica virtual de bachilleres con inducción a lenguaje de computadores (esto ya está vigente);
  3. Creación de 500.000 empleos dignos para jóvenes (pero han dejado quebrar miles de pequeñas empresas);
  4. Ingreso Solidario complementario para que nadie esté en pobreza extrema (pero no ha accedido a la renta básica propuesta por la oposición);
  5. Que los impuestos de “los más pudientes” financien programas sociales (pero en la última reforma tributaria regalaron 12 billones a los empresarios ricos);
  6. Que avances diálogos locales, con todos los niveles de Gobierno y las universidades, sin encapuchados (pero el comité del paro pide negociación, no diálogo);
  7. Que los ciudadanos apoyen moralmente a la fuerza pública para que, sin disparar y sin desmanes, desmonten los bloqueos (pero siguen los bloqueos);
  8. Y un consejo adicional para enmendar la plana de lo que su pupilo no ha sabido hacer: que países a los que les sobran vacunas las presten a Colombia.

Mayo 17. Duque pasa un memorando para contribuir al debate, que contiene los “cuatro lineamientos o políticas”:

  1. Política social profunda;
  2. Fuentes de ingresos pagadas por los más pudientes;
  3. Estado burocrático austero;
  4. Autoridad y orden.

No es el Centro Democrático; es Álvaro Uribe Vélez quien escribe. El escudo de Colombia, arriba; su firma, abajo, y la mano cruzada sobre su corazón (esto último se supone).

Antes ponderaba el Estado de Opinión como superior al Estado de Derecho. Pero hoy cuando su apoyo se ha diluido ya no invoca la legitimidad de los plebiscitos.

Sin reconocerlo, Uribe les da la razón a los que protestan: si no hubieran salido a las calles, no se habrían propuesto estos programas. Pero no explica algo: ¿por qué no hizo estas reformas durante sus ocho años de gobierno y por qué no las propuso en los casi tres años del gobierno de Duque?

Piensa en las elecciones

Cuando finalizaba su segundo periodo, Uribe declaró “Siempre estoy en campaña. Los buenos gobiernos son los que siempre están en campaña”. En agosto del 2020 advirtió “Ojo con el 2022: nos quieren llevar al prechavismo”.

Las elecciones de 2022 entran en juego en esta protesta social. Uribe siempre ha tenido un ojo puesto en los últimos resultados electorales, y el otro ojo, en las futuras elecciones. Su juego es el poder.

El efecto electoral del paro es doble:

  • Por una parte, afecta de forma negativa la imagen del gobierno, del Centro Democrático y del propio Uribe. La gente siente que Uribe impuso a un presidente inexperto, inhábil y carente de talante para gobernar; un presidente que no sabe qué hacer. Balbucea, igual que sus subalternos, entre quienes no sobresale nadie.
  • Por otra parte, esta situación le viene bien a la oposición, especialmente a Gustavo Petro, que asume poses de estadista, hace alocuciones prepresidenciales en YouTube y sube en las encuestas. Se muestra moderado, pondera, elogia y anima a los marchantes. Calcula. Se muestra confiado. Las elecciones parecen favorables.

Por estos días no se duerme mucho en el Ubérrimo.

Miedo al pueblo

Álvaro Uribe ha renunciado al Estado de Opinión porque ya le es adverso. Ya no triunfa en las encuestas y su imagen se ha deteriorado. Populista de derecha, antes acogía al pueblo que lo aclamaba; ahora lo teme.

Teme que el pueblo descubra que tiene poder, que siga en las calles, que sigan los bloqueos, que sigan la rabia y la indignación. Lo inquieta que sigan resistiendo, como lo hacen los jóvenes en las calles. Lo alarma que ellos sepan que movilizándose presionan por cambios y esperanza en el segundo país más desigual de América Latina (el primero es Haití).

Lo preocupa que se imponga la política de los acuerdos, de la concertación razonada, que busque soluciones y responda a los justos reclamos de la calle.

Y lo teme porque no lo entiende. Lo suyo es la confrontación impositiva, la seguridad, la autoridad y el orden.

Teme perder las elecciones de nuevo. Su peor pesadilla es que los votos que siempre ha buscado no aparezcan y que su Centro Democrático se encoja, que el presidente no sea el que él dijo.

Teme que el paro allane el camino al poder de la izquierda y que esta gane las elecciones. Es su peor pesadilla.

¿Qué estaría dispuesto a hacer Uribe para impedirlo?

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