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Una combinación difícil: las reglas, el cargo y el titular

Escrito por Javier Duque
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Javier Duque DazaLa Constitución y el cargo mismo son ambiguos, pero la trayectoria ideológica de Angelino Garzón es todavía más ambigua y este hecho está en la base del problema.

Javier Duque Daza*

Tres elementos

0177Dos décadas después de haber sido restablecida la figura de la Vicepresidencia, y de manera inédita en Colombia, se ha producido una tensión política debida a las intervenciones públicas del vicepresidente Angelino Garzón, en contradicción abierta con algunos ministros y con el propio presidente de la República.

Este episodio pone de manifiesto lo que podríamos denominar la difícil combinación , o sea la que se presenta entre la Constitución (las reglas), la vicepresidencia (el cargo) y su titual (Angelino Garzón en este caso). Acá se han combinado la ambigüedad de las reglas con un cargo concebido como manera de evitar vacios de poder -una pieza que no encaja en el engranaje institucional- y con un tipo especial de liderazgo, encarnado por alguien con motivaciones y proyecciones políticas.

La ambigüedad institucional: las reglas y el cargo

Antes del restablecimiento de la figura en la Constitución de 1991, el último vicepresidente fue Ramón González Valencia, quien asumió la presidencia de forma temporal a raíz de la renuncia del general Rafael reyes (1905-1909). Desde entonces el primer mandatario sería reemplazado por el Designado a la Presidencia, una figura sin contenido real, pensada para cubrir la ausencia temporal del presidente (Juan Manuel Santos fue el último designado a la presidencia en 1993).

En los debates de la Constituyente de 1991 se supuso que quien remplazara al presidente debía tener mayor legitimidad que el anterior designado, por lo cual se estableció su elección popular en la misma fórmula que el presidente. Este propósito, claro, se combinó con la ambigüedad: la Constitución no estableció funciones, sólo determinó que el Presidente le podía confiar misiones o encargos especiales, o nombrarlo en cualquier cargo de la rama ejecutiva (Artículo 202).

La ambigüedad radica, por una parte, en que al no asignar funciones se creó un vacío que puede ser ocupado según el perfil de la persona elegida:

  • Puede tratarse de alguien con talante diplomático, que asuma una embajada (lo que solía ocurrir con los designados), o que sirva una función decorativa, en misiones diplomáticas, reemplazos protocolarios, misiones especiales.
  • O puede tratarse de alguien muy deliberativo, un político activo que se mantiene en contienda, lo cual convierte el cargo en un espacio propicio para que opine, intervenga, protagonice.

Por otra parte, el vicepresidente no es un funcionario, ni es un subalterno del presidente, ni del Congreso. No puede ser despedido, a no ser que incurra en faltas que conduzcan a su suspensión y destitución. Bien puede quedarse los cuatro años sentado en su despacho, si el presidente no le asigna misión alguna.

Asimismo, como no se estableció que debía pertenecer al mismo partido del presidente, se abrió la posibilidad de alianzas estratégicas, pero potencialmente conflictivas. La medida pudo haber tenido el propósito de impulsar acuerdos, pero también fue el reconocimiento de la debilidad de los partidos políticos, en cuyo interior la designación de candidatos no pasa por procesos institucionales, basados en la trayectoria de los dirigentes y con procedimientos de participación.

Los presidentes son el resultado de auto-postulaciones, de iniciativas individuales de personas con capacidad para construir sus redes de apoyo, y la escogencia del vicepresidente es de carácter personal, no institucional. No se trata de acuerdos entre partidos, entre organizaciones consolidadas que se proyectan de forma coordinada, sino de decisiones tomadas en privado y consultadas, cuando más, en círculos muy cerrados.

La ambigüedad estratégica: Angelino Garzón

Sin funciones, deliberante y con aspiraciones políticas, el vicepresidente Garzón ha opinado sobre varios asuntos, entrando en colisión con quienes si las tienen:

  • En la discusión del salario mínimo se pronunció a favor de un aumento más alto que el propuesto por el gobierno (terrenos del Ministerio de Hacienda);
  • En el paro de transportadores abogó por que se mantuviera la tabla de fletes, reivindicación de los transportadores (esfera del Ministerio de Transporte);
  • En la formulación y aprobación del Plan de Desarrollo intervino oponiéndose al aumento soterrado de la edad de jubilación (terrenos del Ministerio de Hacienda y de Planeación Nacional),
  • Entró en el debate respecto de los desmovilizados y la impunidad (Ministerio del Interior y de Justicia).
  • El caso más reciente, el de la fórmula para medir la pobreza (esfera de Planeación Nacional) fue el de mayor tensión con el presidente, quien le hizo un llamado a la discreción y a que expresara sus opiniones pero dentro del Gobierno.

La respuesta fue dura: Angelino Garzón puso a disposición el cargo, manifestando que no renunciaría a su potestad de deliberar y opinar, y precisó que sus declaraciones estaban en concordancia con su propia historia. Pero sucede que la historia de Garzón se ha movido en un mar de ambigüedades estratégicas, que han permitido su ascenso social y político:

(1) En el pasado había reivindicado los derechos de los trabajadores: entre 1981 y 1990 militó en la Central Unitaria de Trabajadores –CUT– la confederación más a la izquierda en el espectro ideológico. Pero después fue ministro de Trabajo del gobierno conservador de Andrés Pastrana y -contra la mayoría del sindicalismo y de la propia CUT- defendió el TLC tanto bajo el gobierno de Uribe como en el actual. También, desde su cargo diplomático ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT) abogó por cambiar la mala imagen del gobierno anterior.

(2) Transitó primero por el Partido Comunista, por la Unión Patriótica (fue su vicepresidente) y por la Alianza Democrática M-19 (que lo eligió a la Constituyente del 91). Pero fue gobernador a nombre del Movimiento Convergencia Popular Cívica (un partido de alquiler o dedicado a proveer avales), y llegó a su cargo actual bajo el ala de la U, un neo-partido creado por agregación de políticos de diversa procedencia pero con posturas que en general podrían ser descritas como de derecha. Angelino Garzón ha ocupando pues lugares casi extremos, hasta llegar a la organización que hoy impulsa y que llama el “Centro Independiente”, una especie de “extremo centro” (la ambigüedad estratégica), con la impronta del activismo católico del vicepresidente.

(3) Garzón actúa dentro del gobierno, como vicepresidente y haciendo uso de los privilegios del cargo, pero se expresa como si fuera la oposición interna, en casos significativos y en espacios de visibilidad pública, especialmente sobre temas que afectan a fuerzas o sectores sociales estratégicos.

(4) Se ha movido dentro de la izquierda, como militante, pero por fuera de ella cuando se trata de avales. Nunca declaró su pertenencia al Polo Democrático, pero tampoco la desmintió abiertamente o antes de que Santos, de manera más bien sorpresiva, lo invitara a ser su compañero de fórmula.

(5) Aceptó ser avalado y fue elegido por el Partido Social de Unidad Nacional (la U), pero declara públicamente que no pertenece a él, ante lo cual quedan en el vacío las duras declaraciones en su contra por parte de los directivos de la U, y la posibilidad misma de un “llamado disciplinario”.

  • De hecho hace poco declaró que desde 1994 no ha militado en ningún partido. Pues sin pertenecer a ningún partido fue elegido gobernador y vicepresidente;
  • Parte de la sociedad lo identifica todavía con la izquierda, pero hace parte de un gobierno elegido con el apoyo de sectores que defienden posturas de derecha;
  • No es empleado del gobierno, pero forma parte de él;
  • No comparte muchas de las decisiones del gobierno y se manifiesta en contra de ellas, pero sigue estando adentro del Gobierno;
  • Salva responsabilidades opinando, pero se compromete con ellas al mantenerse en el cargo.

En búsqueda de apoyos

En su larga trayectoria política Angelino Garzón, de sesenta y cinco años de edad, ha desempeñado cargos por designación y por elección. Ya puede jubilarse, cumple con los requisitos legales. No obstante, sin que dos o tres años atrás fuera una posibilidad clara, hoy por hoy la Presidencia podría ser la nueva meta de su carrera política. En esta perspectiva hay varios hechos que apuntan hacia la construcción de una red propia de apoyos electorales.

En primer lugar, sus intervenciones tienen un sabor a reivindicación (aparente o real) de sectores subalternos, lo que ha hecho que algunos le tilden de “populista”. Pero el rechaza el calificativo: “Si actuara solo favor más ricos me llamarían estadista pero como actuó favor población humilde me llaman populista. Actuó acorde mi historia”.

En segundo lugar, mantiene una activa presencia política en el Valle del Cauca, donde obtuvo una victoria contundente en las elecciones para gobernador, donde mantiene activos sus contactos, y donde apoyos y allegados suyos ocupan cargos públicos importantes. Niega que esto sea cierto, y descalifica a quienes presentaran candidaturas a su nombre o quienes afirmaran que cuentan con su apoyo.

En tercer lugar, aunque sin personería jurídica como partido o movimiento, “Centro Independiente” se perfila como una organización política (creada en febrero de 2010) que en su página oficial se identifica como una nueva corriente de pensamiento que aspira a convocar sectores de diversa procedencia. A juzgar por las fotografías del vicepresidente en compañía de personalidades del centro ideológico, se trataría de una agrupación tipo atrapa-todo (“catch-all”) precisamente caracterizadas por su pragmatismo, su ambigüedad ideológica y su poli-clasismo.

En cuarto lugar y en tanto pueda acceder a recursos del poder como la capacidad de incidir en nombramientos, de sugerir o recomendar a sus allegados, de moverse por todo el país y mantener contacto con la ciudadanía, el vicepresidente podría ir construyendo una mayor cercanía con la población, aun en regiones donde hasta hoy no ha tenido electorado. Por supuesto el también niega que tenga cuotas o recomiende nombramientos.

En caso de estar construyendo la red de apoyos para una futura candidatura presidencial, ya parece contar con un eslogan: “El diálogo social, diversidad dentro de la unidad”. Queda la duda de si esta es la misma consigna del presidente Santos, con quien el “vice” en todo caso comparte algunos rasgos destacados, entre los cuales viene a la memoria la frase que hizo olas durante su la campaña: “Sólo los imbéciles no cambian de opinión, cuando cambian las circunstancias”.

Pero no hay que olvidar que sus contradictores y sus rivales potenciales también actúan estratégicamente –como lo hace el presidente Santos–. Algunos de ellos lo atacan, otros le hacen llamados de atención, otros lo apoyan. Si sus intervenciones públicas causan debate, no es sólo porque sean muestra de “oposición interna”, sino porque son muchos los actores pendientes de cómo pueden irse moviendo las fichas dentro del juego político-electoral que por supuesto y de manera permanente mantiene absorta a la opinión colombiana.

* Politólogo. PhD. Profesor Universidad del Valle.

 

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