El Gobierno de Petro: asediado y autoasediado - Razón Pública
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El Gobierno de Petro: asediado y autoasediado

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La política en Colombia es vertiginosa, acelerada, casi esquizofrénica. En el gobierno de Gustavo Petro estos atributos se han acentuado. Su mandato se ha visto asediado por diferentes actores políticos, económicos y sociales. A su vez, él mismo, la coalición de Gobierno y parte de sus funcionarios lo han autoasediado.

Un presidente asediado

El primer gobierno de izquierda en el país se ha enfrentado a un entorno turbulento con distintos actores políticos, económicos y sociales que asedian, obstruyen y dificultan su gestión.

  1. Al liderar un gobierno dividido (una coalición de partidos en la Presidencia con mayorías de otros partidos en el Congreso), Petro se ha enfrentado a una oposición que le ha apostado al fracaso de su mandato. Han primado los enfrentamientos, la confrontación, los conflictos, los insultos, los malos tratos, las prácticas desleales y el obstruccionismo.
  2. Como la mayoría de las alcaldías y gobernaciones fueron ganadas en 2023 por los partidos de oposición, los mandatarios locales se han aliado intentando conformar un segundo nivel de asedio y de bloqueo con frecuentes quejas, reclamos, descalificaciones y retos al Gobierno y al presidente. El caballo de batalla ha sido el (real) deterioro de los problemas de seguridad y la (presunta) desatención de sus reclamos.
  3. Gran parte de los medios de comunicación radiales e impresos han conformado el tercer nivel del asedio, un frente que cuestiona, hostiga y hostiliza al Gobierno, a sus ministros, a los funcionarios y al presidente. Estos han respondido con tono alto, han confrontado con ellos, en algunos casos con expresiones fuertes y descalificaciones.
  4. Los gremios de la economía y sus afiliados han entrado en la misma lógica. Han rechazado la orientación estatista del Gobierno y los proyectos de reforma que tocan sus intereses. Esto ha generado tensiones, declaraciones y enfrentamientos directos, con los lobistas y con quienes representan intereses privados en el espacio público del Congreso.
  5. También los actores armados ilegales han contribuido al asedio. La mayoría no ha respondido al llamado al diálogo y a los acuerdos y el proyecto de Paz total; sus nueve procesos paralelos no han presentado avances importantes. Hay deterioro en la seguridad y estas organizaciones se han fortalecido y expandido, especialmente el Clan del Golfo, el ELN y las disidencias de las antiguas FARC. El asedio ha sido tanto para el Gobierno como la población.
  6. A todo lo anterior se ha sumado recientemente el conato de crisis con Estados Unidos. La reacción del presidente Petro ante la criminalización de los migrantes por ese gobierno y el trato ofensivo y humillante a los deportados produjo una reacción inusitada y desproporcionada por parte del presidente Trump. La respuesta del nuevo presidente imperial fue desenfundar un cañón para amenazar a una mosca. Conato de crisis y potencial asedio al país.

El auto asedio… Sarabia y Benedetti

El estilo de gobernar del presidente; la forma de comunicarse con sus ministros y altos funcionarios; el uso de la red social X de forma profusa, espontánea, a veces apresurada e imprudente; distintos anuncios improvisados y en ocasiones contradictorios, y la presencia de Armando Benedetti en el Gobierno han producido frecuentes debates, discusiones y descalificaciones por parte de la oposición. También han generado malestar y descontento entre el conjunto heterogéneo de los seguidores del presidente, en su bancada y entre sus altos funcionarios.

En todos los gobiernos hay tensiones internas, facciones, celos, resquemores, diferencias y conflictos. En este caso todo ha aflorado, se ha hecho evidente y llegó a los televidentes. Con la sorpresiva televisación del reciente consejo de ministros se produjo una ruidosa catarsis pública. Durante más de cinco horas el país presenció recriminaciones, declaraciones, quejas, reclamos, cuestionamientos. Armando Benedetti fue la diana a la que muchos le dispararon. Lo soportó en silencio. Se sacudió, seguro de su posición.

En el teleconsejo de ministros y sus ecos posteriores resaltan cuatro aspectos:

  • Hay inestabilidad y diversidad de criterios en el equipo de gobierno. La alta rotación en los ministerios (43 ministros con un promedio de 19 meses en el cargo) y en otras dependencias hace mucho ruido, hay discontinuidad, disparidad de criterios y descoordinación gubernamental. Ministros que entran y salen, declaran, se quejan, acusan.
  • El presidente expresa inconformidad con las ejecutorias de su Gobierno (se avanza lentamente y poco, 46 de 195 de los compromisos, hay problemas en la ejecución presupuestal). La recriminación a los ministros y demás funcionarios por parte del presidente deteriora su imagen y la del propio gobierno. Algunos de ellos reaccionan y deciden apartarse del Gobierno. Tiran la puerta al salir. Dan declaraciones. Generan dudas. La oposición escucha, acusa y acosa.
  • Hay rechazo casi general a la presencia de Armando Benedetti en el Gobierno y parcial respecto a Laura Sarabia. El director del Departamento de Planeación Nacional, Alexander López, declara que ni Benedetti ni Laura Sarabia representaban a quienes se agruparon en el proyecto del Pacto Histórico. La vicepresidenta, Francia Márquez, se siente irrespetada por Sarabia, no comparte la designación de Benedetti y reclama mayor coherencia al presidente. Con un tono moralista la ministra de Ambiente, Susana Muhamad, rechaza sentarse en la misma mesa con Benedetti. Menos radical, Gustavo Bolívar indica que ambos deberían ocupar posiciones menos importantes en el Gobierno. A estas voces se sumó la del senador Iván Cepeda, quien, de forma tajante expresa lo que muchos sienten: “El problema real es proteger el proyecto del oportunismo y la corrupción”. También expresó su desacuerdo con estos nombramientos la senadora María José Pizarro.
  • Varios altos funcionarios criticaron el desarrollo y la televisación del Consejo de ministros. El ministro del Interior, Juan Fernando Cristo (uno de los extraños al proyecto), critica la televisación, la improvisación y las riñas personales. Presenta su renuncia anunciada con anterioridad. Se suman otras renuncias. Vienen otras.
Foto: X: Presidencia Colombia - La alta rotación en los ministerios y en otras dependencias hace mucho ruido.

El presidente responde. Defiende con vehemencia a Benedetti y presenta las razones por las cuales valora su presencia en el Gobierno: su lealtad, su proximidad, su apoyo en momentos difíciles, su experiencia y astucia política (de paso respondió a especulaciones maliciosas de la oposición y de algunos medios). Manifiesta que no se deja encerrar ni presionar. Acusa a quienes tienen dobles agendas e intereses electorales. Acusa a otros de actuar de forma “caníbal y autodestructiva”. Pide al gabinete no ser sectario ni “obrar como un sindicato”.

Todos reaccionan. Petro-seguidores felices al ver en acción a su presidente. Petro-oponentes también felices con las municiones para seguir atacando y obstruyendo el Gobierno. Petro-congresistas cierran filas. Benedetti y Sarabia se posicionan. Petro-funcionarios, ministros entran, ministros salen. Los medios dejan de informar para especular, opinar, descalificar.

Razones de las acciones y de las reacciones

Gustavo Petro ha gobernado en un entorno turbulento, a contracorriente y con fuertes tensiones en su gabinete y en su equipo de trabajo. A diferencia de quienes consideran que se trata de un personaje errático, desordenado y caótico; o que está perturbado; o que sus acciones son orientadas por supuestas adicciones y trastornos de personalidad, un intento de análisis de sus actuaciones puede dar una visión alternativa. Esta puede incluir, al menos, cuatro elementos:

Su formación y su trayectoria política

Con un pasado insurgente y una militancia de izquierda, su participación en el juego democrático ha sido desde partidos y movimientos alternativos y ha mantenido una posición de contrahegemonía social y contra élites. Esta orientación explica muchas de sus posiciones y enfrentamientos con el establecimiento, con los partidos, los empresarios, los grupos económicos y los medios de comunicación asociados a estos. De igual forma, expresa su nacionalismo en el rechazo a las acciones del presidente Trump y su nueva presidencia imperial.

Su proyecto de sociedad.

En su trayectoria también se ha expresado contra la exclusión y la desigualdad, y sus propuestas de campaña se orientaron a las reformas sociales. Intentando responder a sus electores, los propósitos del cambio social que ha impulsado expresan una tensión entre el propósito de cumplir y las posibilidades reales de hacerlo. Lo deseado hace que se presenten proyectos de gran calado en áreas sociales cruciales para el país y la búsqueda de la solución total en el caso del conflicto. Esto choca con lo posible, con el bloqueo de las mayorías de oposición y su obstrucción estratégica en el Congreso. En la búsqueda de salidas intenta fabricar apoyos suficientes mediante estrategias de cooptación, incluso de transacción, con congresistas y sectores partidistas liberales, del Partido de la U y Conservador. Entretanto, ante el poco avance, hace un mea culpa y recrimina de forma pública a sus ministros y funcionarios.

La confrontación y la conflictividad discursiva como su concepción de la política

Ante el asedio, el entorno turbulento y los debates, Petro responde. Considera que antes de llegar a acuerdos hay que asumir los desacuerdos. Antes de los consensos hay disensos. La conflictividad discursiva (que incluye apelar al pueblo y movilizar respaldos y apoyos) es la vía para la búsqueda de acuerdos, pero estos no son la suma de concesiones sino el resultado de quien más poder puede agenciar y ejercer. Espacios privilegiados de esta forma de asumir la política son el balcón, la política de la calle y, claro, la red social X, parlante amplificador con sus ocho millones de seguidores. En esta línea de acción ha confrontado y enfrentado a medios y periodistas, a las altas cortes, a la Fiscalía de Francisco Barbosa, a la Procuraduría de Margarita Cabello, a sus propios ministros y exministros y, claro, a sus opositores políticos. Siempre dispuesto, se siente bien confrontando. Es un peleador discursivo.

Su idea de unidad para confrontar y competir

Después de tres décadas de vida político-partidista y parlamentaria, Petro logró articular en las elecciones a gran parte de la izquierda, a sindicatos, a organizaciones sociales, a sectores de partidos tradicionales, incluso a electores independientes que lo prefirieron a la alternativa (Rodolfo Hernández apoyado por todos los demás partidos). Aun con disonancias, el Pacto Histórico se ha mantenido, hay un núcleo más bien ruidoso de adeptos a quienes Petro reitera el llamado de unidad y de creación de un partido único para darle continuidad al Gobierno del Cambio en el siguiente cuatrienio. En esto sigue siendo exitoso y aspira a que el proyecto progresista tenga continuidad.

Un caso de liderazgo personalizado

Como lo expresé en un número anterior de Razón Pública, hay una explicación para este liderazgo altamente personalizado. Una nota característica de la política colombiana ha sido siempre el fuerte personalismo. En el caso de Gustavo Petro se trata de un político sin partido. En su carrera transitó por diversas organizaciones políticas débiles que fueron desapareciendo, fusionándose, agregándose: la AD-M-19, Vía Alterna, el Polo Democrático Alternativo, Progresistas, Colombia Humana y el actual Pacto Histórico. El elemento común y característico de estas organizaciones ha sido la presencia de líderes, en ausencia de una fuerte organización. Más que partidos, son agregaciones de liderazgos y de ellos ha dependido su existencia y su éxito o su fracaso electoral.

El triunfo del primer líder de izquierda, que ha remado a contracorriente y ha sido persistente en una sociedad tan conservadora, ha exacerbado el personalismo muy frecuente en los regímenes presidencialistas. Esta política egocéntrica (¿habrá líderes que no tengan dosis de egocentrismo?) se combina con una actitud de rechazo a lo establecido y de un tipo de mando que algunos asimilan a un “temperamento autoritario”, o una personalidad mesiánica” que lo descalificaría como gobernante. Para muchos otros es un liderazgo que los atrae: contestatario, de confrontación, deliberante y conflictivo. Este es su núcleo de seguidores y a ellos les apuesta Petro.

¿Un gobierno desbocado y caótico?

Para los partidos y políticos de la oposición y los medios de comunicación institucionalizados (algunos de los cuales no ocultan sus preferencias políticas), Petro está desbocado, es desordenado, incoherente, improvisado. Sobredimensionan los errores del Gobierno y minimizan sus logros. Para los partidos y movimientos políticos de la coalición de Gobierno y muchos medios nuevos y alternativos todo está en orden, es coherente con el propósito del cambio y está bien orientado. Minimizan los errores y sobredimensionan los logros.

La realidad se ubica en algún lugar intermedio entre estas visiones extremas. Hay que detenerse más en el análisis con base en evidencias y hacer balances de resultados neutralizando los sesgos, los intereses y la subjetividad. Una tarea nada fácil de cumplir.

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Acerca del autor

Javier Duque Daza
javierduque@razonpublica.org.co | + posts

* Ph. D. en Ciencia Política y profesor de la Universidad del Valle.

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Javier Duque Daza

* Ph. D. en Ciencia Política y profesor de la Universidad del Valle.

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