Candidaturas por firmas: ¿para qué sirven y por qué son tantas? - Razón Pública
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Candidaturas por firmas: ¿para qué sirven y por qué son tantas?

Escrito por Javier Duque
A través de la recolección de firmas, candidatos independientes adquieren aval para las elecciones de octubre.

A través de la recolección de firmas, candidatos independientes adquieren aval para las elecciones de octubre.

Javier Duque

Pensadas como un mecanismo excepcional para ampliar la democracia, se han convertido en un potpurrí de dirigentes cívicos, terceras fuerzas, políticos en apuros, tránsfugas, oportunistas y pescadores de incautos, que nos tienen confundidos. Un  retrato tragicómico.  

Javier Duque Daza*

De la excepción a la proliferación

Durante los últimos 25 años se han producido cambios importantes en el sistema de partidos, en las reglas electorales y en la competencia política en Colombia.

Después de una larga hegemonía liberal-conservadora, la Constitución de 1991 buscó mayor inclusión política mediante las circunscripciones especiales para indígenas y afrodescendientes, la circunscripción nacional única para el Senado, la financiación y el acceso a los medios de comunicación de movimientos y partidos políticos; el mantenimiento del sistema de representación proporcional, y los nuevos mecanismos de participación ciudadana. También facilitó la creación de partidos y abrió el espacio para las candidaturas independientes mediante el mecanismo de las firmas ciudadanas.

Con el paso del tiempo se reglamentó el mecanismo de las firmas y se hizo común el uso de  conceptos como “grupos significativos de ciudadanos”, “candidaturas cívicas”, “independientes”  o “alternativas” y “comités promotores”. Fue la fiesta de la participación, de la apertura democrática, de los candidatos limpios o renovadores.

Este método aumenta la inclusión, permite opciones independientes, obliga a los partidos a renovarse y mejora la credibilidad del sistema. 

Pero, como mostré en otro artículo de Razón Publica, también surgió un debate alrededor del   mecanismo de las firmas. Sus defensores opinan que este método aumenta la inclusión, permite opciones independientes, obliga a los partidos a renovarse y mejora la credibilidad del sistema. Sus críticos sostienen que las candidaturas independientes agravan el personalismo de la política, dan mayor peso a la capacidad económica de los aspirantes (a menudo de dudosa procedencia), agravan la decadencia de los partidos, debilitan la representación, impiden conformar bancadas, y  abren las puertas de la política a personas inexpertas.

El Gobernador del Meta, Alan Jara.
El Gobernador del Meta, Alan Jara.
Foto: Ministerio TIC Colombia

Un balance sereno del mecanismo de las candidaturas por firmas concluiría que él ha tendido a favorecer la participación por fuera de los partidos desprestigiados, incoherentes o incluso vinculados con el crimen organizado. Pero esta vía, pensada originalmente como excepcional o alternativa, ha tendido a  generalizarse hasta llegar a los 810 Comités promotores de candidaturas independientes para las elecciones del próximo Octubre. Como muestra el Cuadro siguiente, existen comités registrados en 31 de los 32 departamentos; para gobernación, hay en 20 departamentos; para Asambleas departamentales en cuatro, y para Concejos,  en municipios de 27 departamentos.

Cuadro 1. Comités de grupos significativos de ciudadanos inscritos para las elecciones de 2015

Departamento

Alcaldías

Asamblea
departamental

Concejo municipal

Gobernación

Jal

Total

Amazonas

1

1

Antioquia

45

48

1

1

95

Arauca

1

1

Atlántico

16

5

5

1

27

Bogotá D.C.

12

10

47

69

Bolívar

19

4

1

10

34

Boyacá

21

4

1

26

Caldas

13

7

20

Caquetá

4

4

Casanare

3

2

5

Cauca

1

4

5

Cesar

11

14

25

Chocó

2

2

4

Córdoba

12

7

1

20

Cundinamarca

30

37

2

69

Guaviare

1

1

2

Huila

8

3

11

La Guajira

9

1

10

Magdalena

8

11

1

20

Meta

25

2

23

3

10

63

Nariño

8

6

1

15

Norte de Santander

17

11

28

Quindío

13

7

2

22

Risaralda

13

7

1

12

33

San Andrés

1

2

2

5

Santander

17

13

2

1

33

Sucre

10

8

18

Tolima

19

1

22

1

43

Valle

62

1

33

4

2

102

Total General

401

6

289

30

84

810

Fuente: Registraduría Nacional del Estado Civil.

Este crecimiento, a todas luces excesivo, sería expresión de distintos fenómenos políticos. En algunos casos las candidaturas son la expresión de genuina independencia, de movimientos cívicos o liderazgos emergentes que buscan espacios fuera del control partidista. Pero en muchos otros casos se trata de un atajo para políticos que pretenden eludir el cerco de  competidores con mayor influencia dentro de sus partidos, o de un medio de camuflaje  para  políticos que intentan reciclarse, o más sencillamente de resentidos que tratan  de atravesarse en el camino de algún ex copartidario.                         

Firmas y ventanas de oportunidades

Casi todos los partidos colombianos funcionan como agregados de facciones regionales en cabeza de congresistas y, en menor medida, de diputados y concejales de las capitales.

Estos partidos operan como maquinarias en feroz competencia con candidatos de sus propios o de otros partidos, algunos de ellos conectados con organizaciones criminales. Salvo el MIRA (un partido comunitario-religioso cohesionado y jerarquizado) y el Centro Democrático (articulado en torno a la figura autoritaria del expresidente Uribe), que funcionan de manera disciplinada, las candidaturas en los partidos casi siempre resultan de las pujas y negociaciones internas entre los políticos locales y la dirigencia nacional.

No es fácil competir con estas maquinarias poderosas, pero hay circunstancias que les abren  oportunidades a los candidatos independientes:

  • Una de ellas se da cuando el partido dominante se fracciona entre muchos candidatos, de manera que al independiente puede ganar con el apoyo de los electores defraudados, inconformes o sin identificación partidista. Fue el caso de la segunda alcaldía de Mockus en Bogotá (2000-2003) mediante una coalición entre la Alianza Social Indígena y su propio movimiento “Visionarios”, cuando ganó por mayoría relativa a otros diez candidatos, con el 43 por ciento de los votos.
  • Otra oportunidad surge de un liderazgo movilizador en circunstancias especiales. Este ha sido el caso de algunos sacerdotes católicos elegidos en ciudades donde se han conjugado  su liderazgo, su labor comunitaria y el desprestigio de los partidos tradicionales. Así ha ocurrido desde 1992 en Barranquilla, Cúcuta, Montería o La Dorada, y para las elecciones de este año hay sacerdotes candidatos en Cali (Edilson Huérfano) y en Armenia (Carlos Eduardo Osorio). También cabe aquí la primera alcaldía de Mockus en 1994, un “outsider”  que derrotó por amplio margen al candidato liberal y al conservador.
  • En otros casos, los propios partidos inducen este tipo de candidaturas disidentes cuando causan descontento por manipular sus reglas o cuando los viejos líderes insisten en cerrarles las puertas a los nuevos aspirantes.  

Durante algún tiempo y de manera errónea, estas candidaturas fueron llamadas  “anti-políticas” (Mockus fue su prototipo), cuando en realidad se trataba de personas ajenas a la política pero no anti-políticas sino todo lo contrario: altamente politizadas. Y en otros casos se trata de políticos- camaleones que pretenden vender la imagen de independencia forzados por las circunstancias o como intento de movilizar votantes incrédulos o desafectos hacia los partidos.

El político, filósofo y matemático Antanas Mockus.
El político, filósofo y matemático Antanas Mockus.
Foto: Globovisión

Trashumancia y firmas

Hay casos emblemáticos de candidatos que saltan de la afiliación partidista al trasfuguismo y a las candidaturas independientes o avaladas por firmas.

  • El de Enrique Peñalosa puede ser el más conocido. Para las elecciones de alcalde de Bogotá de 1992 se sometió a la consulta interna del Partido Liberal y fue derrotado por Jaime Castro; en las elecciones de 1994 tuvo el aval del Partido Liberal pero resultó derrotado; para las elecciones de 1997 se revistió de independiente y ganó la alcaldía con el movimiento “Por la Bogotá que queremos”. En 2007 volvió a presentarse bajo la etiqueta “Peñaloza alcalde”, y en 2011 se presentó con el aval de los partidos Verde y Social de Unidad Nacional (Parido de la U). Después de estos saltos, ahora propone coaliciones con otros partidos. ¿Le funcionará?
  • Otro caso es el de Carlos García Orjuela. Diputado, representante y senador por el Partido Liberal, en 2006 se pasó al Partido de la U,  fue elegido senador en 2014, se retiró y apoyó a su hijo elegido a la Cámara por el Centro Democrático, del cual esperaba recibir el aval para postularse a la gobernación. Finalmente este partido avaló a otro candidato, y García decidió presentarse a través de firmas, manifestando que ”solo aspiraba al aval del pueblo”  (¿Será que antes no lo tuvo?).
  • Está también el caso de Rosario Ricardo en Bolívar. Durante más de una década militó en la facción liberal de Juan José García y Piedad Zucardi, que después se trasladaron al Partido de la U. En 2011 fue apoyada por una extraña alianza implícita entre la U y el expresidente Uribe, pero para el próximo Octubre decidió presentarse a través de firmas.
  • Un caso más es el  de Darío Vásquez, en el Meta. Este exgobernador (2008-2011) fue investigado por presuntos nexos con un narcotraficante.  Primero se presentó como un “outsider”, un empresario que llegaba a la política, fue elegido por el Partido de la U y ahora aspira al mismo cargo como independiente.
  • Menciono, para cerrar, a Alan Jara en el Meta. Fue diputado (1995-1997) y gobernador (1998-2000) por el Partido Liberal, pero tras su secuestro se postuló y fue elegido para el mismo cargo a través de firmas.

Estuvo a punto de consumarse la candidatura independiente de Angelino Garzón, quien amenazó al Partido de la U con presentarse con el aval de los indígenas o por firmas. Hubiera batido el record de trashumancia, pragmatismo y trasfuguismo: desde el partido Comunista a candidato por firmas, pasando por la Unión Patriótica, la AD-19, los ministerios en gobiernos de todos los colores, la gobernación del Valle por el controvertido Convergencia Popular Cívica y la Vicepresidencia por cuenta del Uribe-Santismo.

Hubiera batido el record de trashumancia, pragmatismo y trasfuguismo: desde el partido Comunista a candidato por firmas.

Tampoco debe olvidare el caso de Álvaro Uribe, quien después de más de 20 años de militar dentro del Partido Liberal accedió dos veces a la presidencia con al apoyo de firmas, una estrategia que le permitió eludir a los partidos aunque gobernó con casi todos ellos y repartió incentivos de todo tipo a congresistas de todos los pelambres.

En conclusión

El mecanismo que nació para dejar que un “grupo significativo de ciudadanos” excepcionalmente pudiera buscar representación al margen de los partidos acabó por convertirse  en estrategia de políticos que intentan posar de cívicos, de cazadores de incautos, de otros que  simplemente no pueden ganar dentro de sus partidos, como también de nuevos líderes anti-partiditas que aspiran a gobernar de manera distinta, o menos contaminada por investigaciones y aun condenas penales.

Hay de todo como en botica. Pero las candidaturas por listas han acabado por desvirtuarse como instrumento de inclusión política.

 

* Profesor del Programa de Estudios Políticos y Resolución de Conflictos de la Universidad del Valle.

 

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