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Élites o ciudadanos: ¿en manos de quién está la paz?

Escrito por Javier Duque

Marchas en el país en apoyo por la paz.

Javier Duque DazaLos pactos en la cumbre han sido una constante para sortear las crisis en Colombia. Pero a partir del 2 de octubre se ha producido una masiva movilización ciudadana alrededor de la paz. ¿Será que el pueblo les quita el monopolio del poder a las élites?

Javier Duque Daza*

Una historia de pactos en la cumbre

En momentos críticos como el actual emerge con toda claridad la naturaleza elitista de la democracia colombiana: un país atrapado por sus élites, una democracia que gira en torno a unos pocos dirigentes movidos por ambiciones personales; una democracia con poco pueblo, acostumbrada a delegar las decisiones en su clase dirigente.  El alto grado de personalismo, la concentración del poder en pocas manos, la debilidad de los partidos políticos y sus vínculos débiles con la población se suman para imprimir un carácter elitista a los procesos políticos, a las decisiones de mayor trascendencia y a las soluciones o salidas de las crisis nacionales.  

Las elites políticas han fracasado hasta ahora en sus intentos de paz y en sus acciones de guerra.

Jonathan Hartlyn (1989) denominó esta práctica como “acuerdos en la cúspide” y unos años antes Alexander Wilde (1982) se refirió a ellas como “pactos entre caballeros”. Estos autores hacían referencia a una democracia aislada de la sociedad, a un país condenado a depender de sus élites y a sufrir sus desafueros.

Estos acuerdos se han repetido una y otra vez en Colombia. Para no hablar de los gobiernos recurrentes de “salvación” o “unidad nacional” desde el siglo XIX, ni destacar ese gran pacto entre élites que se llamó el Frente Nacional, repaso aquí las coyunturas más críticas de la vida política durante las tres últimas décadas:  

Panorama de los “acuerdos en la cúspide” a partir de 1988

Evento Descripción Actores
Acuerdo de la Casa de Nariño: febrero 1988 Integración de la Comisión de Reajuste Institucional, que tendría la misión de presentar al Congreso un texto de reforma constitucional que sería sometido a  referendo. La reforma fue retirada en enero de 1991 al colarse el denominado narcomico que dificultaba la extradición de jefes de la mafia.

– Presidente Virgilio Barco (Partido Liberal).

– Expresidente Misael Pastrana Borrero (Partido Conservador).

Reunión de Casa de Nariño: diciembre 18 de 1990 Acordar los alcances del reglamento de la Asamblea Nacional Constituyente, el proyecto que presentaría el gobierno, y la colaboración entre el gobierno y la Asamblea.

– Misael Pastrana (Partido Social Conservador)

– Presidente Cesar Gaviria (Partido Liberal).

Reunión de Casa de Nariño: mayo de 1990. Acuerdo sobre la revocatoria del mandato del Congreso y la convocatoria a nuevas elecciones y las facultades extraordinarias al presidente para legislar.

– Presidente César Gaviria Trujillo

– Horacio Serpa (Partido Liberal)

– Álvaro Gómez Hurtado (Partido Conservador)

– Antonio Navarro (AD M-19)

– Humberto de la Calle (ministro de gobierno, Partido Liberal).

– Respaldo del expresidente Alfonso López Michelsen.

Conversación privada en medio del Proceso 8000: diciembre 1995 Después del asesinato de Álvaro Gómez Hurtado, Ernesto Samper citó al excandidato Andrés Pastrana para tratar sobre la crisis política, la polarización y un posible acuerdo para salir de la crisis.  Finalmente, no prosperó el acuerdo.

– Presidente Ernesto Samper (Partido Liberal)

– Rodrigo Pardo (Canciller).

– Excandidato presidencial Andrés Pastrana (Partido Conservador)

– Jaime Ruiz (exsenador Nueva Fuerza Democrática).

Acuerdo de la casa Medina sobre el proceso de paz: octubre 1998 Intento de llegar a un acuerdo sobre el contenido y el proceder en las negociaciones de paz con las FARC.

– Presidente Andrés Pastrana (Partido Conservador y coalición).

– Horacio Serpa Uribe (Partido Liberal)

– Noemí Sanín (movimiento Sí Colombia).

Acuerdo nacional sobre solución del conflicto armado, lucha contra el narcotráfico y reactivación económica: mayo de 2000 El presidente propuso la revocatoria del Congreso y una reforma política mediante un referendo, lo cual produjo fuertes reacciones de otros partidos que presentaron sus propios proyectos de reforma. El presidente expresó que el referendo no se negociaba, pero finalmente fueron retirados todos los proyectos de referendo, incluido el del gobierno

– Presidente Andrés Pastrana (Partido Conservador).

– Las mesas directivas de Senado y Cámara.

– Presidente del Partido Liberal, Luis Guillermo Vélez.

– Presidente del Partido Conservador, Enrique Gómez Hurtado.

– Voceros de la Gran Alianza por el Cambio, coalición de gobierno.

– Juan Camilo Restrepo, ministro de Hacienda.

– Néstor Humberto Martínez, ministro del Interior

Cumbre gobierno-oposición: diciembre de 2000

El presidente Pastrana y su más radical contradictor, Horacio Serpa, dialogaron en la residencia del ministro de Desarrollo sobre el proceso de paz, la recuperación económica, la política internacional, la agenda legislativa y la reforma política. Propusieron un acuerdo nacional.

– Presidente Andrés Pastrana.

– Excandidato Horacio Serpa.

– Los ministros de Desarrollo, Augusto Ramírez Ocampo, y del Interior, Humberto de La Calle Lombana; el ministro de Hacienda, Juan Manuel Santos; el presidente de la Dirección Liberal, Luis Guillermo Vélez y el dirigente gremial liberal César González.

Convocatoria a un acuerdo partidista sobre reformas de las finanzas, la justicia y la estructura del Estado El presidente Uribe anunció que convocaría un acuerdo político para adelantar las reformas tras el fracaso del referendo de 2003 y los actos terroristas.

– Presidente Álvaro Uribe.

– Rafael Pardo (Nuevo Partido)

Fuente: elaboración del autor.

En estas “reuniones en la cúspide” ha sido frecuente la presencia de instancias intermedias, como un segundo nivel de la dirigencia que actúa a manera de puente. Estas se han llamado “comisiones de notables”, “comisiones de mediación”, “comisiones de compromisarios” o “grupo delegatario”. Todas han sido formas de intermediación propias de democracias que delegan en pequeños círculos sus decisiones trascendentales, en una clase política más bien inepta y ajena a los problemas de la sociedad que hasta ahora no ha resuelto los problemas (o los resuelve mal).

Vuelve y juega

Recopilación fotográfica de Bojayá, Chocó.
Recopilación fotográfica de Bojayá, Chocó.  
Foto: Centro de Memoria Histórica

Ahora, tras la falla de cálculo político que llevó al triunfo del No el pasado 2 de octubre han vuelto  a convocarse las reuniones de elites en la Casa de Nariño.

De nuevo se oye el llamado a los expresidentes Uribe y Pastrana a “tomarse un tinto” con el presidente para salvar el proceso de paz.  Con la pretensión maximalista de que le sean aceptados los “68 punticos” para “enderezar” el Acuerdo de La Habana, Uribe designó como delegados  a Óscar Iván Zuluaga, Carlos Holmes Trujillo e Iván Duque; por su condición de precandidatos presidenciales puede decirse que el manejo de esta crisis es un anticipo de la campaña de 2018, una forma de utilizar la  coyuntura como plataforma de lanzamiento para la recaptura del poder por parte del uribismo. También el expresidente Andrés Pastrana ha enviado su delegado (Camilo Gómez, ex comisionado de paz, de un proceso fracasado).

En esta ocasión, además de los compromisarios, han reclamado el derecho a hacer parte de “la cumbre” el exprocurador Alejandro Ordoñez, con su espíritu de cruzado en defensa de la familia, la religión y las “buenas costumbres”; la excandidata conservadora Marta Lucía Ramírez y, de forma inédita y como un signo del cambio de los tiempos, los pastores cristianos que hicieron valer la efectividad de su “pastoreo electoral”.

La sociedad se moviliza

Proceso de bipartidismo histórico en Colombia, Frente Nacional.
Proceso de bipartidismo histórico en Colombia, Frente Nacional.
Foto: Banco de la República

A diferencia de otras coyunturas políticas –tal vez con la excepción del movimiento de la Séptima Papeleta de 1990-, los estudiantes universitarios, algunas organizaciones sociales, los movimientos basados en identidades étnicas indígenas y negritudes, y muchos otros sectores organizados se han manifestado y han salido a la calle reclamando por la paz, interpelando a la clase política y exigiendo espacios en las negociaciones.

Puede decirse que el manejo de esta crisis es un anticipo de la campaña de 2018.

Entre las organizaciones hay exigencias comunes (“paz ya”; “siéntense ya”, “no se paren de la mesa”), aunque también hay mensajes diferentes: unas organizaciones se ofrecen como “mediadoras civiles”, otras exigen participación, y las más exigentes reclaman la formación de un frente social que las incluya en las decisiones. El panorama es variopinto:

  • Las minorías afrodescendientes se ha movilizado a través del Proceso de Comunidades Negras (PCN), una red de 120 organizaciones y consejos que participó en los paros agrarios recientes. Varios de sus voceros estuvieron en La Habana y aportaron en el contenido étnico del Acuerdo final. Tras el triunfo del No declararon que el gobierno montó la campaña marginando a la sociedad, a las organizaciones y a la gente que pude movilizar a las comunidades: “el narcotráfico y la oligarquía al final terminan defendiendo sus propósitos en común”. 
  • También se han manifestado las organizaciones indígenas, que consideran que ni el gobierno ni las FARC ni el Centro Democrático pueden tomar decisiones que le conciernen a toda la sociedad. Una delegación indígena se reunió con los negociadores en La Habana y algunos de sus planteamientos fueron recogidos en el Acuerdo, incluyendo aspectos de la consulta previa (que el uribismo pretende reversar) y la posibilidad de presentar candidatos indígenas en las elecciones en las Circunscripciones Territoriales Especiales de Paz (también criticadas por el Centro Democrático).
  • El Congreso de los Pueblos es una de las organizaciones que rechaza las actuales negociaciones en la cúspide porque las considera un pacto de élites excluyente. Este grupo sostiene que “Ni Uribe ni Santos nos representan. Se necesita un acuerdo, sí, pero no de élites aliadas contra el pueblo y decididas a incumplir los compromisos con las Farc y el ELN. Lo que se impone en el país es un Gran Diálogo por la Paz”. Esta organización promueve una estrategia incluyente que denominan “Mesa Social para la Paz”.

– Igualmente se han pronunciado las organizaciones de víctimas que le exigen al presidente Santos un espacio de participación en el pacto nacional. Estas reúnen a afectados por masacres como las de Bojayá, La Chinita o La Gabarra, o a pobladores de zonas de reservas campesinas, y colectivos de familias e indígenas. También se ha movilizado en Bogotá la Asociación de Familiares de Detenidos y Desaparecidos (Asfaddes), una de las organizaciones más antiguas que reclama por las víctimas del conflicto.

  • De forma multitudinaria, los estudiantes de universidades privadas y públicas se han manifestado en Bogotá, Cali, Medellín, Cúcuta, Cartagena, Bucaramanga, Manizales y otras ciudades en defensa del cese definitivo del fuego, en demanda de un acuerdo inmediato y en homenaje a las víctimas del conflicto y a las comunidades más afectadas.  Estos grupos afirman que su movilización no está ligada con ningún partido.

Aunque han surgido de forma independiente y con liderazgos autónomos, estas organizaciones y grupos se ha propuesto una convergencia a través del movimiento “Paz a la calle”, creado por algunos jóvenes en Bogotá.

¿Más allá de las élites?

Las elites políticas han fracasado hasta ahora en sus intentos de paz y en sus acciones de guerra. También han fracasado en la gestión de las necesidades vitales de los colombianos, como muestran entre otros, la corrupción extendida, la ineficacia del aparato judicial, la pobreza extendida y la extrema desigualdad.

La democracia electoral o delegación que se hace a través del voto no ha resuelto hasta ahora los grandes problemas nacionales. Y por su parte la movilización social de estas semanas, aunque es muy importante, corre el riesgo de ser coyuntural o episódica, de suerte que pasada la marea todo quede como estaba y que, en lugar de un frente social amplio se reproduzca la salida a través de un nuevo “acuerdo en la cúspide”. Es decir, la reedición del elitismo competitivo.

 

*Profesor de la Universidad del Valle

 

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