Desafíos de Santos en el año que empieza
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Inventario razonado de las tareas que implicará atender los tres grandes desafíos de Santos: concluir el proceso de paz, navegar entre la oposición de derecha y de izquierda, y mantener la Unidad Nacional ante las elecciones regionales.
Javier Duque Daza*
![]() Las delegaciones de paz del Gobierno Nacional y las FARC. Foto: Delegación de Paz FARC-EP |
Santos II
Juan Manuel Santos apenas comienza su segundo gobierno, y 2015 será un año de especial importancia para él, pues se definirán algunos temas centrales de los cuales depende la trascendencia que pueda alcanzar su mandato.
Al segundo cuatrienio corresponden la consolidación de las iniciativas de su primer gobierno, la clarificación en el manejo de los diversos frentes de oposición, y la reafirmación de su propio partido dentro un nuevo escenario electoral. Estas tareas dependerán en mucho de la continuidad y del funcionamiento de la coalición de gobierno.
La paz
Sin duda, firmar la paz y refrendar los acuerdos de La Habana serán los grandes propósitos del gobierno en este año. En medio de las dudas iniciales, de los recelos de algunos y las críticas de otros, los avances en la negociación indican que se trata de un proceso irreversible y que este podría ser el año del acuerdo final. En este frente sin embargo hay por lo menos cinco desafíos importantes:
· Llegar a acuerdos sobre los temas faltantes de la agenda y resolver los “pendientes” que quedaron de los puntos ya abordados.
· Tomar una posición respecto del cese del fuego. La decisión de un cese unilateral e indefinido por parte de las FARC fue recibido por Santos como “una rosa con espinas”, y el presidente no descarta que se pueda avanzar hacia un cese bilateral. Aunque Santos insiste en que no han cambiado las instrucciones a las Fuerzas Armadas, el camino para el cese bilateral parece abierto y sería cuestión de poco tiempo.
· Incorporar a las negociaciones al ELN. Ya se han venido dando acercamientos, y esta semana el movimiento guerrillero anunció, durante su V Congreso Nacional, la voluntad de formalizar los diálogos con el gobierno.
Firmar la paz y refrendar los acuerdos de La Habana serán los grandes propósitos del gobierno en este año.
· Confirmar cuál va a ser el mecanismo de refrendación y legitimación social de los acuerdos. En el menú hay al menos cuatro opciones: un referendo, una consulta popular, una asamblea nacional constituyente, o incluso el “congresito” u “órgano legislativo transitorio” propuesto recientemente por Álvaro Uribe.
Las preferencias del gobierno apuntan al referendo, y en tal sentido un avance fue la Ley 1745 de 2014. Las FARC prefieren una asamblea constituyente con carácter fundacional; irónicamente, aunque con propósitos distintos, esta opción también es defendida por el Centro Democrático. La propuesta de Uribe es una apuesta estratégica por una minoría que sea decisiva en un cuerpo colegiado pequeño, donde en cualquier caso podría bloquear los acuerdos con la guerrilla. Sin embargo, esta opción parece poco probable.
· Concretar una fórmula de justicia transicional que permita desmovilización y reinserción de las FARC en términos aceptables para la comunidad internacional y para el mayor número posible de actores políticos relevantes en Collombia.
![]() El Primer Comandante Nicolás Rodríguez durante el 5to Congreso del ELN. Foto: Portal Voces de Colombia – Ejército de Liberación Nacional |
Los cuatro opositores
Durante su segundo mandato Santos se enfrenta a cuatro frentes de oposición:
1. Al Polo Democrático Alternativo, que lo ayudó en la reelección, pero con el cual tiene grandes diferencias ideológicas. Este partido apoya el proceso de paz, pero hace oposición al gobierno en casi todo lo demás. Su ala más radical, encabezada por el senador Jorge Robledo (que no apoyó la candidatura Santos) considera que este encarna un gobierno elitista, neoliberal, que promueve a rajatabla los tratados de libre comercio, que adoptó un modelo de desarrollo basado en la destrucción del medio ambiente, y que favorece a los empresarios.
2. Álvaro Uribe, el Centro Democrático y sus cajas de resonancia en los medios (Fernando Londoño, RCN internacional…) siguen considerando a Santos un traidor, y se oponen al proceso de paz (al cual califican de entrega a las FARC y paz con impunidad, olvidando lo que ocurrió con las negociaciones de Ralito con los paramilitares).
Aunque parecen estar cediendo un poco, todavía proclaman una alianza de Santos con lo que llaman el “castro-chavismo”. Se oponen también a casi todo lo del gobierno y a veces lo hacen de manera indebida, colindando con la ilegalidad, como en las revelaciones de coordenadas secretas, la presunta utilización de hackers, la manipulación de información y las acusaciones infundadas (como la supuesta financiación del narcotráfico a la campaña de Santos en 2010, que denunció el mismo).
3. En tercer lugar está el procurador Ordoñez, muy cercano al expresidente Uribe y a su círculo. Ordoñez considera que el gobierno y su contradictor personal, el fiscal Eduardo Montealegre, impulsan una paz con impunidad, y esto no deja de ser una piedra en el zapato para Santos.
4. Por último, aunque es menos importante por su falta de credibilidad y su escaso peso político, está el ex presidente Andrés Pastrana. En este caso se trata más de un contradictor personal debido al acercamiento entre Santos y el ex presidente Samper, producto del realismo político y estratégico de ambos.
La ventaja del gobierno es que tanto el PDA como el Centro Democrático son minorías en el Congreso (juntos no llegan al 20 por ciento en ambas cámaras) y no parece posible que creen un frente de oposición común pues es muy grande la distancia ideológica que los separa.
Se trata de opositores deliberativos que hacen ruido, pero que no tienen la capacidad de bloquear las iniciativas ni de imponer alternativas diferentes. Lo mismo ocurre con el procurador y el expresidente Pastrana, quien se quejaba recientemente de que el gobierno ni le responde sus cartas.
El reto electoral
Las elecciones locales y regionales de octubre de 2015 tienen una doble importancia.
-Por una parte, en ellas van a medirse las fuerzas del Partido Social de Unidad Nacional, el partido del presidente; de los partidos de la coalición de gobierno, que incluye además al Partido Liberal y a Cambio Radical (y también a algunos congresistas del Partido Conservador); y de la oposición, especialmente del Centro Democrático, cuyo avance o retroceso en las elecciones regionales va a resultar fundamental en el ajedrez político y en la correlación de fuerzas, especialmente en las capitales, en los departamentos más importante y en Bogotá.
-Por otra parte, las elecciones intermedias son importantes porque los concejales, diputados, alcaldes y gobernadores son piezas clave del engranaje de suma de votos en las elecciones de Congreso y de Presidencia. El tamaño de los partidos no solo se mide por sus escaños en el Congreso, sino por su presencia regional, y está por verse la capacidad del Centro Democrático para convertirse en un partido con raíces locales, más allá de la imagen y la capacidad de movilización de su único líder nacional.
La ventaja del gobierno es que tanto el PDA como el Centro Democrático son minorías en el Congreso (juntos no llegan al 20 por ciento en ambas cámaras)
El reto de Santos, y de los partidos que lo apoyan, es contrarrestar el impulso inicial del uribismo y sus propósitos de consolidarse como la principal fuerza de oposición y proyectar la recaptura del poder que perdieron en 2010 (aunque pensaron que habían ganado las elecciones).
A finales de 2014 el director saliente del Partido Social de Unidad nacional planteó una fórmula que podría dar resultados: que la coalición de Unidad Nacional sea la que avale los candidatos locales (igual a como sucedió con la candidatura de Santos, que fue avalada por los tres partidos). Esta sería una estrategia de coordinación electoral que puede ser exitosa.
![]() El Senador por el Polo Democrático Alternativo, Jorge Enrique Robledo. Foto: Congreso de la República de Colombia |
La Unidad Nacional
Todos los retos anteriores, así como la aprobación de los principales proyectos de ley y de reforma constitucional que impulsa el gobierno, dependen de la capacidad del presidente para mantener cohesionada y disciplinada a su coalición y seguir incentivando a sus socios contingentes (especialmente a una parte del Partido Conservador).
Esta es una tarea compleja porque hay muchas tensiones: las disputas por el reparto de cuotas de poder y por la burocracia; las agendas partidistas y las aspiraciones personales de quienes dirigen cada partido (como las aspiraciones presidenciales de Germán Vargas Lleras); las expectativas respecto de la Alcaldía de Bogotá, por la que podrían competir tres de los partidos de la coalición (Liberal, Cambio radical y el propio Partido Social de Unidad Nacional); así como los coqueteos y cercanías de sectores del Partido Conservador con el Centro Democrático y las amenazas de su dirigencia de aplicar sanciones a quienes no se ciñan a sus decisiones oficiales.
En cualquier caso, los tres partidos de la coalición solo alcanzan, sumados, la mayoría en la Cámara de Representantes (donde tienen 92 de 166 representantes, mientras en el Senado tienen 47 de 102 escaños). Hasta ahora ha sido suficiente la distribución de incentivos para aprobar los principales proyectos y programas del gobierno, pero es claro que esta no es una coalición ganadora garantizada, como sí lo era en el primer gobierno de Santos.
2015 es un año crucial para el gobierno, para Santos y para el país. La mayoría converge en las esperanzas de paz, pero la construcción de esta ha sido un proceso sin consenso constructivo, lo cual genera frecuentes tensiones y debates.
En este año coinciden las negociaciones de paz, las elecciones, y las exigencias oportunistas de los partidos y los congresistas: sin duda muchos retos y desafíos para un gobierno cargado de expectativas, debates y confrontaciones.
* Profesor de la Universidad del Valle, Colombia.
Acerca del autor
Javier Duque Daza
* Ph. D. en Ciencia Política y profesor de la Universidad del Valle.
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