Insólitos relatos de la deuda publica | Fundación Razón Pública

Insólitos relatos de la deuda publica.

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Vea hoy: El caso del caballo.

Asombro tenía ascendentes europeos, de raza “Portugués”, era hijo de los caballos “Nevado y La Zerina”, según dio cuenta la tabla de genealogía de un reconocido criadero de caballos españoles y portugueses. Al momento de su muerte era aún joven, tenía 9 años de vida y, era el consentido de un conocido rejoneador, exesposo de una famosa actriz y ex miss-Venezuela. Estando amarrado debajo de las banderas de la plaza portátil La Macarena, Asombro murió el 17 de marzo de 2002 electrocutado fulminantemente. Vestía frenos, herraduras y estribos metálicos, y el dictamen de la necropsia, declaró que falleció de un paro cardiorrespiratorio fulminante presentando rastros de quemaduras a nivel de la parte laminar del casco en los cuatro miembros. La electricidad también atacó a los otros tres caballos de la cuadrilla, que electrocutándose quedaron pegados al metal de la estructura de la plaza. Uno de los rejoneadores, pese a sufrir el paso de la corriente (y ello no explica cómo no murió él también), fue finalmente quien salvó la vida a tres de los equinos fallando con Asombro.

Ese 17 de marzo la plaza de toros estaba casi llena, y se estaban celebrando un aniversario de fundación del municipio. Nadie se dio cuenta de la pérdida de los animales. Al final, en las celebraciones y brindis de la corrida, el desconsolado propietario llegó llorando. Pasado el tiempo, presentó denuncia contra el municipio por $299.234.487, que era su estimado del valor comercial del caballo al momento de la muerte, pretendiendo además capitalizar un monto sin estimar correspondiente al lucro cesante.

El rejoneo, supe por este caso, es una modalidad de corridas de toros en donde el matador no usa capote sino caballo. Es una práctica bárbara compuesta de tres secciones: salida, banderillas y muerte suprema. Los toros mueren acuchillados por la habilidad del jinete-matador. En el rejoneo el caballo no va protegido como lo hacen los picadores, quienes destrozan con una lanza el lomo del toro, sino que recurren a la pericia de la relación rejoneador-caballo para ubicarlo en el lugar de la plaza donde se pueda propinarle el daño deseado. Es una práctica de alto riesgo para el caballo, a quién acercan milimétricamente a los cachos del toro para poder clavarle con destreza toda suerte de emperifolladas puñaladas. Es por ello que cada año mueren cientos de caballos en las corridas de rejoneo. En Zaragoza (España), por ejemplo, una cornada partió tres costillas, perforó el pulmón y dejó regados los intestinos del equino en la mitad de la plaza.

Y los riesgos que acechan a los caballos de rejoneo no se derivan solamente de la lucha cuerpo a cuerpo con el toro. Nadie olvida al célebre Tupac Amarú del narco Rodríguez Gacha, avaluado en un millón de dólares. Para los lavadores de dinero: los caballos; justamente por lo desproporcionado del precio que alcanzan. Son animales muy valiosos, y codiciados. El mismo rejoneador, caballista y propietario que nos tiene con Asombro, perdió cuatro caballos en 1999 cuando se los secuestrara un comando del ELN.

Pero volvamos al caso que nos causa Asombro. El rejoneador acusó al municipio, según sus palabras: “en donde inconscientemente o irresponsablemente, sin mala fe, bajaron los cables de la luz, directamente a la plaza para hacer una transmisión local, radial”. En verdad, e electricista del pueblo, no sabemos por orden de quién, había accedido ese día a colaborar disponiendo energía eléctrica para conectar el equipo de amplificación del evento. El técnico señaló que colocó la percha con sus respectivos aisladores, usó cable nuevo encauchetado, y en su declaración no consideró plausible que el accidente obedeciera a fallos en los equipos y cableado.

¿Qué pudo causar la descarga? Si el cable estaba pelado y hacía contacto con la estructura metálica ¿por qué no hubo víctimas humanas? Alguien me dijo que pudo ser un rayo, pero nadie menciona la ocurrencia de una tormenta. El caso es que la necropsia no resultó concluyente, y llama la atención la omisión del ajuar metálico del animal, que podría explicar las heridas en sus cuatro patas abriendo otro frente de responsabilidad del propietario. Un artículo académico, titulado “Muerte súbita asociada a descarga eléctrica en un equino: reporte de un caso”, y que nos viene como anillo al dedo señala que, en humanos, sólo el 5% de lesiones por electricidad conducen a la muerte. Explica que es necesario establecer el tipo de energía que causa las lesiones lo que explicaría la responsabilidad de una u otra parte. También señala la necesidad de determinar el nivel de tensión eléctrica (alto o bajo voltaje), y el tipo de corriente (alterna o continua), “cada una de ellas está asociada con ciertos tipos de lesiones”. Hay incluso circunstancias fortuitas que podrían generar mayor riesgo de electrocución como, por ejemplo, cuando “los caballos que mastican en el aislamiento eléctrico pueden recibir una descarga suficiente para riesgo de electrocución”. ¿Estaba el caballo Asombro en algún charco o depósito de agua?, ello podría ser relevante, pues “un caballo puede ser electrocutado al entrar en contacto con una piscina de agua electrificada por un cable caído”. Señala el dicho artículo que, por reglamentación, los dueños de los animales deben “considerar la evaluación continua de las instalaciones eléctricas en los recintos para equinos, considerando el Sistema de Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control (HACCP), con el objeto de disminuir los riesgos de lesiones y muertes asociados a descargas eléctricas”.

La denuncia iniciada el 4 de marzo de 2004 fue fallada en contra del municipio en segunda instancia el 26 de septiembre de 2007, y es hasta hoy objeto de discusión entre los candidatos a la alcaldía de dicho municipio. Llevan veinte años “botándole corriente” al asunto. Se habla de una deuda que, dicen, oscila entre los 800 y los 1600 millones de pesos, lo que de ser verdad representaría entre 1/4 y 1/8 del presupuesto anual municipal. En este punto el caso deja de ser una triste anécdota y se convierte en una verdadera calamidad pública. ¿Es justo que un municipio pobre en sus finanzas deba pagar el inflado precio de un caballo muerto en un campo de batalla? ¿Qué tienen en la cabeza estos tribunales para fallar contra las comunidades mismas? ¿Es justo dejar de invertir en servicios públicos para pagar un caballo usado para matar otros animales en un cruento espectáculo? Asombro murió por la falta de cuidados de su dueño en medio de un horrible espectáculo donde algún animal siempre tenía que salir con las patas por delante.

Salvando su voto, uno de los magistrados del Tribunal Administrativo de Cundinamarca, señaló que en ningún momento se demostró que el electricista cumpliera órdenes de la autoridad pública para instalar el mencionado sonido de la plaza. Se preguntó: ¿ese electricista fungía como empleado o trabajador del municipio?, ¿era un simple contratista que prestaba servicios al municipio?; en uno u otro caso, cuando colaboró con el empresario que lo llamó para la instalación de un alumbrado particular, ¿lo hizo cumpliendo órdenes o instrucciones de alguna autoridad municipal, en cumplimiento de sus funciones o para dar ejecución al contrato que lo vinculaba al municipio? La condena de segunda instancia, emitida en 13 de septiembre de 2007, fijó una sentencia en abstracto pues no consideró confiable el avaluó del caballo que presentó la parte demandante. En 2009, al parecer, el mencionado rejoneador comenzó otra demanda contra Codensa por “muerte de un caballo por electrocución” con una pretensión de 354 millones; en 2018 este litigio se encontraba en alegatos de conclusión para sentencia de segunda instancia. A menos que se tratara de otro caballo electrocutado, esta demanda ocurrió 7 años después de la muerte de Asombro, y no parece haber sido caducada por vencimiento de términos.  ¿Pueden efectuarse dos condenas frente a un mismo hecho?

La deuda pública de los municipios colombianos es un tema del que no se habla a profundidad y con datos claros en tiempos de campaña, justo cuando las promesas abundan y los presupuestos se estiran. Debe haber un sistema de aseguramiento que evite que sea la gente quien pague y que permita la individualización de las responsabilidades técnicas, administrativas y jurídicas. Por demás, los municipios deben contar con el apoyo de una instancia de apoyo técnico similar a la Fiscalía, contando con peritos de todas las ramas del saber para su defensa en condiciones de equidad. El caso del caballo ocurrió en un pueblo que no menciono, justamente porque puede ocurrir en cualquiera de los municipios colombianos. No es un caso de Asombro.

Acerca del autor

Vladimir Montana
vladimirm@razonpublica.org | + posts

Antropólogo de la Universidad Nacional de Colombia, máster en Historia en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París y candidato a PhD en Historia en la Universidad Nacional de La Plata. Creador de contenidos académicos en radio, prensa, televisión y plataformas multimedia.

Twitter: @pathegallina Instagram: @vlamontana

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Vladimir Montana

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Vladimir Montana

Antropólogo de la Universidad Nacional de Colombia, máster en Historia en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París y candidato a PhD en Historia en la Universidad Nacional de La Plata. Creador de contenidos académicos en radio, prensa, televisión y plataformas multimedia. Twitter: @pathegallina Instagram: @vlamontana

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