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Pierre Boulez

Escrito por David Jiménez
Pierre Boulez

Pierre BoulezCompositor y director de orquestas
Figura del clásico del siglo XX
 

Por David Jiménez *

Se ha dicho de diferentes maneras que Pierre Boulez pasó de ser el niño terrible de la vanguardia musical a representar la vieja y respetable figura del clásico del siglo XX. Hace algunos meses cumplió los ochenta y cinco años, pretexto para que se multiplicaran los homenajes internacionales y fuera celebrado por ese mismo establecimiento musical al que tan duramente atacó a lo largo de su vida. Boulez fue un polemista radical, un revolucionario que sintió desde muy joven la necesidad de tomar partido ante la disyuntiva de la época formulada, en términos de Adorno, como la lucha entre el progreso y la restauración. Más adelante, a comienzos de la década de los setenta, escribiría: “Las obras que en otra época me irritaron, las abordo ahora con distancia, como fragmentos de historia, ligados a otros fragmentos muy parecidos”. Si no fuera así, difícilmente habría podido ser el gran director de orquesta que pasó, en una larga y distinguida carrera, por las mejores orquestas del mundo: la de Viena y la Filarmónica de Nueva York entre otras. Sin embargo, muchas de las heridas que causó no han sanado todavía, y aún se recuerda, por ejemplo, lo que dijo sobre la ópera: “La solución más costosa para el problema de la ópera, aunque también la más elegante, sería dinamitar los teatros de ópera”. Hoy en día, Boulez tampoco se abstiene de opiniones controversiales: los minimalistas Glass y Reich le parecen “demasiado simples para ser interesantes”, califica la obra de John Cage de “demasiado trivial” y de Satie dice que a veces “puede ser divertido”. Nacido en 1925, Boulez fue discípulo de Messiaen, iniciado en los secretos del dodecafonismo de Schoenberg y autor de una de las obras clásicas del serialismo, Le marteau sans maître (1952-1954), compuesta para contralto, flauta, viola, guitarra, vibráfono y percusión. De las nueve secciones en que se divide, cinco son instrumentales y cuatro con solista vocal. Los textos cantados son poemas de René Char. Ya antes había utilizado Boulez otros textos de Char para sus composiciones (Le visage nuptial 1946 y Le soleil des eaux 1947) , dentro de una exploración que buscaba la fusión entre poesía y música. En 1962 terminó Pli selon Pli-Portrait de Mallarmé, considerada por muchos obra cumbre en la carrera musical de Boulez y una de las más notables de la segunda mitad del siglo XX. Rituel in memoriam Bruno Maderna (1974-1975), para ocho grupos orquestales, es otra de las composiciones importantes, y una de las más accesibles, de Boulez. Fue compuesta en homenaje al compositor fallecido Bruno Maderna y es, según el director de orquesta Simon Rattle, “música ceremonial de recuerdo y extinción”; “hay gongs que doblan como campanas, acordes de los metales que transmiten solemnidad; se escucha un mágico oboe que llora la pérdida y la orquesta responde con un amén”. Boulez mismo reconoció la influencia, en la exótica instrumentación, de los sonidos de Bali y Japón, y de la percusión africana.

Rituel in memoriam Bruno Maderna

Le marteau sans maître III, “L’artisanat furieux”, poema de René Char

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