LOS ILUSTRADOS:José Celestino Mutis, José Félix de Restrepo, Antonio Nariño - Razón Pública
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LOS ILUSTRADOS:José Celestino Mutis, José Félix de Restrepo, Antonio Nariño

Escrito por David Jiménez

Biblioteca Bicentenario
Universidad Nacional de Colombia

 Reseña escrita por David Jiménez *

Facultad de Ciencias Humanas

Bogotá, 2010
La Biblioteca Bicentenario, un proyecto de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional, dirigido por el profesor Rubén Sierra Mejía, consta hasta el momento de tres pequeños volúmenes: Los ilustrados, La propuesta federal y Pensamiento político de Bolívar. En el primero se recogen los siguientes textos: "Discurso pronunciado en la apertura del curso de Matemáticas en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario" (1762) y "Elementos de la filosofía natural" (1764), de José Celestino Mutis; "Oración pronunciada al inaugurar su cátedra de Filosofía en el Colegio de San Bartolomé" (1822), "Ideas de gobierno" (1830) y "Discurso sobre la manumisión de esclavos" (1821), de José Félix de Restrepo; "Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano" (1793) y "Escrito presentado a la Real Audiencia en el año de 1795, en defensa de los Derechos del Hombre" (1795), de Antonio Nariño. El proyecto completo, según lo anuncian los editores, comprenderá siete volúmenes más, con el propósito de reunir lo más significativo del pensamiento colombiano de finales de la Colonia y comienzos de la República.

Se trata, sin duda, de textos fundamentales, fundadores de lo que se ha llamado nuestra "Ilustración". Aquí se inicia, por consiguiente, el pensamiento moderno y la búsqueda de un modelo ideal de sociedad aplicable a la nueva situación política planteada por la independencia. Vale la pena volver a los textos originales, no por un afán meramente erudito sino por seguir el hilo de una discusión que no ha terminado. Algunos de los temas de José Félix de Restrepo, por ejemplo, son los mismos que nos preocupan hoy, guardadas las distancias y reconocidas las diferencias de los contextos históricos. Antonio Nariño, en 1795, con ocasión de su defensa de los Derechos del Hombre, vuelca ante sus jueces un tal cúmulo de doctrina considerada por éstos subversiva del orden público, que hoy todavía podría ser calificada como tal por mandatarios legalmente elegidos en los años que van del siglo XXI. Y vale la pena subrayar que los argumentos de su defensa, en las páginas iniciales, provienen directamente de citas textuales de la Enciclopedia, y en particular de algunas de sus entradas más polémicas como "Autoridad", "Igualdad" y "Libertad". Citas de este talante: "Ningún hombre ha recibido de la naturaleza el derecho de mandar a los otros", o "El hombre que obedece a la razón es libre y en tanto es libre en cuanto obedece a la razón. No obedecer sino a la razón es la libertad natural. No obedecer sino a la razón y a la ley es la libertad civil", o "El gobierno no es un bien particular sino un bien público".

El texto más sobresaliente entre los publicados hasta ahora en la colección es quizá el "Discurso sobre la manumisión de esclavos", de José Félix de Restrepo. Su contenido es por completo pertinente para el momento actual, aunque su tema sea la abolición de la esclavitud, institución que como tal no existe ya en el mundo de hoy. El discurso fue pronunciado ante el "Soberano Congreso de Colombia reunido en la Villa del Rosario de Cúcuta, en 1821" y publicado al año siguiente en la Imprenta del Estado. Se trata de una pieza oratoria y, por lo tanto, sometida a rigurosas convenciones que Restrepo acata y que podrían, en los tiempos que corren, considerarse simples antiguallas detrás de las cuales no hay sustancia alguna digna de consideración. Pero lo que habría que decir, de entrada, es que esa convención de la gravedad y el decoro, ya en desuso, podría tomarse como parte apreciable de la enseñanza que transmite el discurso, un ejemplo de dignidad del lenguaje, aspecto inseparable de la dignidad de la política, algo que se perdió cuando los gobernantes comenzaron a pensar en sí mismos en cuanto gerentes o capataces de un gran negocio cuya finalidad última es el balance favorable a los dueños de la empresa. José Félix de Restrepo comienza su discurso ante el Congreso de Cúcuta con unas maneras verbales que pertenecen a la tradición retórica, pero que, en cuanto convenciones, encarnan la idea de la solemnidad de la justicia, de la ley y de la autoridad legítimas. Esa gravedad del tono y las maneras verbales no excluye el recurso a la ironía, en momentos de argumentación ad absurdum. La prosa, entonces, se vuelve más llana y el argumento más punzante. El orador afirma, valga el caso, que es "egoísmo criminal desear la libertad para nosotros y negarla a nuestros esclavos". Para demostrarlo se vale de una oración inventada ad hoc. Dice así: "Señor: que vuestra clemencia se compadezca de nosotros y nos libre de los opresores. Pero, Señor, esta protección no ha de extenderse a todos; nuestras súplicas son únicamente para los blancos, que somos tus hijos primogénitos y tu pueblo escogido. Esa otra clase de hombres que llamamos esclavos, que tienen el color negro y la nariz achatada quedarán en la servidumbre hasta tiempo más oportuno. ¿De qué nos servirán la independencia y la libertad, si hemos de comer del sudor de nuestro rostro, romper la tierra con el arado, sumergirnos en socavones oscuros para extraer el oro y ejecutar otros trabajos a que no están acostumbradas nuestras blancas y débiles manos?"

Lo más admirable del Discurso es la pasión del autor por la igualdad y la justicia como principios que no pueden confundirse con el legalismo. El derecho mismo, según él, se volvió cómplice de la esclavitud, y los legisladores hicieron leyes para proteger no al débil, al esclavo, de los abusos del esclavista, sino para darle aspecto de legitimidad a un crimen contra la humanidad, con el pretexto de ser la esclavitud una institución aceptada en muchos pueblos cristianos. La legalidad se alió con la fuerza para perpetuar la injusticia. La esclavitud que deshumaniza al esclavo, deshumaniza por igual al esclavista y a los ciudadanos libres, y por ello compete a estos últimos, valiéndose de la razón y de la religión, restablecer al hombre en su "dignidad primitiva", expresión esta que recuerda a Rousseau y su discurso sobre la igualdad como principio natural y la desigualdad como contraria a la naturaleza y producto del desarrollo viciado de la sociedad. Restrepo recorre en su exposición la diversidad de razones que pueden oponerse a la perpetuación de la esclavitud: razones de orden religioso, filosófico, político, de conveniencia económica y, ante todo, de humanidad y justicia. Y su insistencia siempre va dirigida a rebatir todos los argumentos de quienes pretenden presentar la esclavitud como un hecho natural, derivado de una desigualdad natural entre los hombres. La pregunta que se repite obsesivamente a lo largo del Discurso es ésta: ¿con qué derecho? "¿Sobre qué derecho se funda esta costumbre bárbara?" La respuesta es otra pregunta: si la esclavitud está fundada en la fuerza, la usurpación y la codicia, ¿acaso éstas constituyen derecho? "¿Cuáles son los títulos por donde la mitad del género humano se ha apoderado de la otra mitad? ¿En qué razones se funda esta sociedad leonina de amos que mandan y gozan, de esclavos que trabajan y sufren? La codicia encuentra muchas. La virtud y la justicia no hallan otras que las que tiene un salteador que, después de haber despojado al caminante de su dinero, reclama la protección de las leyes para mantenerse en la posesión de lo que ha usurpado". Podríamos, para efectos de una lectura actualizada de este texto, cambiar la palabra esclavitud por otras, contemporáneas nuestras, como miseria y exclusión, y las preguntas de José Félix de Restrepo valdrían igual para hoy. Él habla, incluso, de "fundar al pie de los altares los derechos de la igualdad", esto es, de hacer a la religión y a la iglesia católica, tan influyentes entonces como han vuelto a serlo ahora, garantes de la proscripción de toda servidumbre e inequidad.

En este Discurso colombiano sobre la desigualdad entre los hombres se avizora una imagen ideal, utópica, de sociedad. El arquetipo que tiene en mente el autor es el modelo liberal formado por pequeños propietarios independientes que trabajan libremente para sí mismos y son dueños del producto de su trabajo. Ésta es la cara opuesta a la esclavitud: un tipo ideal de sociedad, basado en el principio de la equidad, en el que todos los hombres, sin importar su color o religión o procedencia, son libres, en sentido jurídico, independientes económicamente y autónomos en sus decisiones políticas. Un siglo más tarde, Alejandro López, el gran pensador liberal, todavía soñaba con el mismo ideal de organización social, esta vez no en contraste con la esclavitud sino con el conjunto de los trabajadores transformados por el desarrollo del capitalismo en peones o asalariados, sin propiedad y dependientes en todo de los dueños de la tierra y del capital, una realidad social por completo opuesta, según él, a la democracia real, a la libertad y a la igualdad. José Félix de Restrepo todavía podía pensar en ese modelo como una posibilidad concreta, deseable y, sobre todo, alcanzable. Alejandro López lo veía cada vez más lejano, en contravía del desarrollo real de la sociedad, pero se empeñaba en defenderlo como la sustancia misma de la democracia en vía de desaparición.

José Félix de Restrepo nació en Sabaneta (Antioquia) en el año 1760 y murió en Bogotá en 1832. Fue maestro de Francisco José de Caldas, Francisco Antonio Zea y Camilo Torres. Su biógrafo, Mariano Ospina Rodríguez, escribió sobre él: "Este sincero patriota participaba de la ilusión que dominó a los hombres ilustrados que tomaron parte en la obra grandiosa y lisonjera de transformar la atrasada y pacífica colonia en república independiente, dotada de instituciones en que se realizaran todas las teorías de libertad e igualdad que halagaban a los publicistas liberales de Europa". Según Ospina, ese proyecto de república no pasó de ser una visión quimérica, destruida por la división, la guerra y la anarquía que desde el principio turbaron al país. Sin embargo, Restrepo bajó al sepulcro, asegura Ospina, sin haber perdido la esperanza en que el porvenir que aguardaba a la república convertiría su ilusión en realidad.

 *Miembro fundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

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