
Polémica y literatura en el Hay Festival
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Sin muchas oportunidades para autores vanguardistas, con algunos avisperos que se levantan por cuenta de la irreversible polarización en que vivimos, el Hay Festival sigue siendo una oportunidad excepcional, una fiesta del conocimiento y la estética literaria.
La polémica
María Corina Machado acudió al Hay Festival Cartagena 2026 pese a los enredos y desencuentros protagonizados durante las primeras semanas de enero. Y pese, también, a ser señalada por la escritora Laura Restrepo como traidora a la soberanía e incitadora de la violencia (Restrepo, de hecho, se negó a participar en el festival debido a la invitación que le formularon a la reciente premio Nobel de Paz). Uno de los argumentos esgrimidos por Laura Restrepo era que el debate con una persona como María Corina Machado resultaba imposible debido a sus convicciones radicales.
Ni la autora de Delirio ni nadie podía haber sospechado que, en unos pocos días del inicio de este año, ocurrirían episodios dignos de la ficción más descabellada: Estados Unidos entró en Venezuela; capturó al entonces presidente, Nicolás Maduro; días después, en medio de una delirante declaración, Donald Trump se autodenominaba presidente interino de Venezuela y la propia María Corina —guiada por una conducta profundamente emocional e ingenua– le obsequió la medalla del premio Nobel a Trump por considerarlo más merecedor del galardón que ella. El Comité Noruego del Nobel se vio obligado a explicarle lo obvio (el premio Nobel no es transferible), y ella, con entusiasmo desnivelado, ha tenido que resignarse a observar cómo resucitan agresividades intervencionistas e imperiales, y cómo la están dejando convertida en una especie de figura política retórica.
Así, como símbolo débil para una nación a punto de ser esquilmada, se hizo presente la premio Nobel en el Hay. Entrevistada por Michael Stott, viejo conocedor de las realidades latinoamericanas, expuso un discurso mesurado (por supuesto, ya no pide que ejércitos estadounidenses invadan a Venezuela) dentro del cual hubo menciones a las grandes riquezas naturales de su país, además de ser pronunciadas las palabras ‘esperanza’, ‘transición’.
No pudo ir a Cartagena, tal vez debido a razones de seguridad (Machado, exiliada, teme por su vida) o de pudor: hasta hace pocos días tuvo que haber caído en la cuenta de sus embarazosas actuaciones, de las que no podrá sacar rédito. Su entrevista formaba parte de un espacio que la organización del festival destinó a la reflexión en torno a cuestiones venezolanas. Fue virtual, duró una hora y generó escasos titulares. Al final del diálogo, el 30 de enero pasado, no era ya difícil concederles razón a los reclamos de Laura Restrepo.
Como ha ocurrido en otras eventualidades artísticas o del espectáculo donde, por ejemplo, una trompada de Will Smith opacó una ceremonia completa, los medios decidieron mirar desde lejos y de soslayo el Hay Festival Cartagena 2026 no solo por la polémica presencia de la Nobel, sino debido a los temas coyunturales de Colombia y del mundo. Que tenían prioridad. Davos, el inicio de las campañas electorales colombianas, la reunión Trump-Petro en la Casa Blanca. Con algunos pequeños escándalos ya zanjados, conviene revisar otras actividades del festival quizá no tan impactantes entre el gran público, pero de alto valor literario. Pues lo literario es, al fin y al cabo, el eje del Hay.
La literatura
El fotógrafo Daniel Mordzinski lanzó su libro Silvio Rodríguez, diario de un trovador, con la participación especial del propio Rodríguez desde la virtualidad. Lo de este libro es un auténtico hito: Mordzinski acompañó por varios años al cantautor y lo fue retratando en sus correrías. Las imágenes, plenas de luz y de placidez, dan cuenta de un músico en el ejercicio de sus labores. El libro trae textos escritos por Rodríguez, quien, a sus casi ochenta años de edad, es ya una leyenda viviente no solo de la canción como forma artística, sino de las letras en nuestro idioma.
Cubano como Silvio Rodríguez, otra leyenda de la literatura, Leonardo Padura, vino a presentar su novela Morir en la arena y a conversar acerca de periodismo con el quincuagésimo aniversario del diario El País de España como pretexto. Es posible que estemos siendo testigos de la época más valiente de Padura, quien habla y escribe acerca de la precariedad de su país sin engañosas cortesías. El giro que está dando Padura es de la escritura de novela policíaca a un regreso casi crudo al realismo.
Aparte de los diálogos entre Javier Cercas y Leila Guerriero, quienes, debido a lógicas corporativas siguen presentando sus libros de no ficción publicados hace ya más de un año, pero que —es habitual— hechizan al público con gracia singular, la actriz mexicana Marina de Tavira, a quien se recuerda por el film Amores Perros, presentó el monólogo ‘Antígona González’, poema dramático escrito por Sara Uribe en el que se trata la sensible situación de los cientos de miles de desaparecidos en México. Puesta en escena potente y óptimo acercamiento entre la poesía escrita y el arte escénico.
Gracias a la editorial Penguin, dos maestros del periodismo, Daniel Samper Pizano y Enrique Santos Calderón, publicarán un libro al alimón. Con vidas muy similares, incluso en sus aportes, ardides y casualidades que parecen causalidades (recuérdese, a este respecto, que ambos son hermanos mayores de dos expresidentes de la república), durante el festival ofrecieron un adelanto de lo que será ese volumen. El acervo de anécdotas graves o frívolas, así como el sentido del humor no solo de Samper Pizano, son dignos de ser observados. En el canal de Youtube de Penguin puede verse esta conversación antológica donde se tratan temas periodísticos e históricos. María Jimena Duzán como moderadora es un valor agregado al encuentro.
Otra recomendación que aparece en el canal de Penguin: la entrevista que Daniel Marquínez sostiene con la filósofa mexicana Carissa Véliz, profesora de Oxford y experta en infoética y en ética de Inteligencia Artificial. En menos de sesenta minutos, comentando su libro Privacidad es poder, Véliz analiza de modo sencillo y muy profundo el problema de la defensa de nuestra privacidad y de nuestros fueros internos en una época marcada por el comercio de datos, los algoritmos y las vigilancias que nos aplican gobiernos y corporaciones. Una temática apasionante de la que aún casi nada sabemos como ciudadanía. El asunto de las IA dejó de ser una propuesta a futuro. Ya estamos viviendo la manipulación y el control. No hay vuelta atrás.

Las quejas (de siempre)
El Hay Festival no es un evento de carácter oficial o estatal. Concebido como fiesta literaria en la que los grandes emporios editoriales se apoyan con claras estrategias publicitarias, no se puede esperar de él dinámicas multitudinarias o de influyentes servicios sociales. Debe reconocerse que, a lo largo de veinticinco años promueve, sobre todo, causas pedagógicas o de estímulo a artistas emergentes. Pero, en sentido lato, sus precios no son accesibles al grueso de la población. Y ha corrido el riesgo, no solo en Colombia sino en todos los sitios donde se celebra, de volverse elitista o destinado solo a sectores de clase alta o media alta. Esta es una de las críticas frecuentes que recibe el Hay. Y que recibirá, no cabe duda. No deben olvidarse los altos costos en infraestructura y logística de un festival así. Ni los actos de descentralización del mismo Hay, como el festival satélite que se efectúa en Jericó (Antioquia) días antes de la cita cartagenera.
Con todo, este año algunos detalles llaman la atención.
Los llamados “clubes de lectura” dentro del festival son ámbitos creados para lectores leves, o no lectores, que desean permearse, aunque sea por un par de rápidas horas, de lo literario, de tal manera que los frutos de estas curiosas juntas sean elegantes fotografías para Instagram.
Así mismo vimos a Juan Gabriel Vásquez moderar una gran cantidad de diálogos. Llegó hasta la sobreexposición. Es entendible el perfil de estrella mediática que tiene este escritor, tradicional protegido de la industria editorial, pero no estaría mal que la organización se propusiera convocar a moderadores si no tan cosmopolitas como Vásquez, por lo menos demostrativos del talento literario que abunda en Colombia, nunca supeditado a un solo representante, ni a una sola autoridad.
Ante enfados de algunas sensibles personas en redes sociales de internet, quienes manifestaron una aparente politización del festival o sesgos en su agenda, conviene recordarles que la invitación a María Corina Machado (y a otras analistas políticas con más enjundia que ella como la mencionada Carissa Véliz y la escritora sudanesa Nesrine Malik) no es, de ningún modo, una novedad dentro de la programación. El Hay Festival de 2016 tuvo como centro los avances del proceso de paz coordinado por el gobierno de Juan Manuel Santos. No es de ahora el debate político en esas arenas.
Según la jefatura de prensa, en informe brindado a medios afines al festival como Semana y Caracol W, justo al final del certamen, la asistencia a la edición 2026 ha sido la mayor en toda su historia: casi 80.000 personas. Las cuentas, desde luego, son realizadas sumando la totalidad de eventos en tres ciudades, Medellín, Jericó, Cartagena. Son optimistas y demuestran las capacidades de quienes tienen a su cargo el desarrollo del Hay de ampliar su propuesta.
Sin muchas oportunidades para autores vanguardistas, que no publican en Planeta ni en Penguin; con algunos avisperos que se levantan todos los años por cuenta de la irreversible polarización en que vivimos, el Hay Festival sigue siendo una oportunidad excepcional, una fiesta del conocimiento y la estética literaria. Ojalá siga siendo así muchos años más.
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Acerca del autor
Darío Rodríguez
*Escritor y editor, columnista de la revista Cartel Urbano
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