R.H Moreno Durán: un erudito que sigue vivo - Razón Pública
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R.H Moreno Durán: un erudito que sigue vivo

Escrito por Darío Rodríguez
Rafael Humberto Moreno Durán, conocido como R.H Moreno Durán, novelista y dramaturgo colombiano.

Rafael Humberto Moreno Durán, conocido como R.H Moreno Durán, novelista y dramaturgo colombiano.

Dario RodriguezInjustamente olvidada, la obra del escritor colombiano R.H Moreno Durán representa con sorna las tragedias políticas de un país que ha cambiado poco. Este es un llamado para revisitar su escritura erudita y su vida apasionante.

Darío Rodríguez*

Más vigente que nunca

R. H. Moreno Durán aún es una portentosa máquina literaria.

Pese a su muerte y a las escasas reediciones de sus libros, la influencia que ejerció entre sus lectores, así como la fuerza inobjetable de su verbo se mantienen no solo en incandescencia permanente, sino también en combustión.

Basta con mencionar un hecho para mostrar su vigencia: la reciente —y efímera— controversia mediática que llevó a un grupo de escritoras a denunciar el presunto ninguneo por parte de la industria editorial colombiana y los entes gubernamentales tuvo como eje del debate la escasa presencia de invitadas a un coctel parisino. No a una conversación libresca ante auditorios informados, ni a dar conferencias en París, sino a su ausencia en reuniones sociales.

El modo como los acusadores y los periodistas presentaron el problema es digno de un relato de Moreno Durán: improperios bajos a la ministra de cultura, cotilleos que se han trasladado del salón aristocrático bogotano a las redes sociales de internet, tirios que llaman ignorantes a troyanos.

No deja de ser curioso que hace treinta años, cuando volvió al país después de vivir quince años en Europa, R. H. Moreno Durán escribió un ensayo titulado Por una escritura disidente donde denuncia las peleas de los escritores colombianos por unos cuantos trozos del pastel de la figuración y cómo, en su afán de ser reconocidos (no leídos ni estudiados), los escritores colombianos se apegan a cualquier migaja que les cae del Estado o de las instituciones privadas.

A los alegatos de sobremesa, Moreno Durán añade la figura de un novelista, poeta o ensayista que critica el poder y evita el gregarismo, precisamente para no caer en las trampas de las prebendas o de los sutiles sobornos.

La obra de Moreno Durán muestra, sin contemplaciones ni cortesías, el horrendo panorama de nuestras tragedias políticas, que no por humorísticas son menos sangrientas.

Es gracioso que los lectores deban buscar la explicación de los sucesos recientes en un ensayo publicado en 1987. Da vergüenza que nuestras convicciones literarias apenas sigan siendo las mismas de principios del siglo XX, cuando el sitial de la gloria se lo disputaban compositores de pasillo y poetas y declamadores que proferían latinajos. Leer hoy Por una escritura disidente y levantar la cabeza para comparar el ensayo con la realidad es comprobar que nuestra literatura no nos nombra del todo aún. Editores, autores e incluso lectores todavía dependemos del aval de los poderes extranjeros.

Semejante lucidez no es rara en un individuo como el autor de Femina suite. Escritor orgánico, la producción ensayística de Moreno Durán suele alimentar su narrativa y viceversa. Casi podría afirmarse que ciertas novelas como El caballero de la invicta —que es una exploración bufa de las élites bogotana y científica y un complejo fresco acerca del sibaritismo, la bohemia intelectual de segunda mano y los finos mecanismos de la promiscuidad— no sería posible sin El festín de los conjurados, un extenso análisis sobre las variedades de la experiencia marginal en el arte. Y no solo porque hubieran sido escritos en épocas paralelas sino por su hondura, su capacidad de ver nuestra mezquindad nacional a la sombra de las clases altas y el a veces nulo papel del artista en nuestra sociedad.

Una escritura erudita

Algunos estudiosos, como J. E. Jaramillo Zuluaga, Rafael Gutiérrez Girardot o Juan García Ponce, coinciden en subrayar la importancia del sentido de la “ubicación” para Moreno Durán, quien estaba empeñado en ocupar un lugar preminente en las letras nacionales y foráneas. Así lo muestran, sin duda, un uso particular del lenguaje que se regodea en enciclopedismos y juego libre. Moreno Durán no solo quería burlarse del establecimiento, sino crear un mundo desde el lugar privilegiado que su idioma chispeante le había asegurado.

R.H Moreno Duran sabía que la novela colombiana y suramericana estaba cambiando de enfoque y, por lo tanto, decidió escribir novelas complejas.

La modernidad en Colombia despertó entre esa franja que va desde la segunda mitad de la década de los cincuenta hasta finales de los años sesenta. En ese contexto, Moreno Durán ocupó (o se tomó) deliberadamente un puesto en la literatura nacional.

Sabía que la novela colombiana y suramericana estaba cambiando de enfoque y, por lo tanto, decidió escribir novelas complejas. Bajo la tutela de Joyce, Moreno Durán transformó sus experiencias como estudiante y pensador en una fiesta verbal que sobrepasa sus propios límites y se hace pantagruélica.

El incansable olvidado

Creación literaria.
Creación literaria.  
Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá

Ya ha pasado un tiempo prudencial y hoy es posible decir que hay dos novelas, diferentes pero complementarias, que representan los agitados años sesenta en Colombia:

  • Compañeros de viaje, de Luis Fayad, con su realismo seco y casi fotográfico,
  • y Juego de damas, de R.H Moreno Durán, con sus exageraciones y torrentes estilísticos.

Para obtener un lugar en las letras nacionales, Moreno Durán quiso rescatar con sus ensayos obras desconocidas o subvaloradas. Recuperó, por ejemplo, la poesía de Hernando Domínguez Camargo, que le sirvió para dar una luz fresca al problema del barroco americano. En los momentos previos a su muerte, presentó un modelo intelectual en clave femenina con la pieza escénica Cuestión de hábitos.

Moreno Durán nunca bajo la guardia. La probidad que tenía como escritor le alcanzó para proponer un canon, por ejemplo, en los ensayos de Denominación de origen. También le alcanzó para mostrar, sin contemplaciones ni cortesías, el horrendo panorama de nuestras tragedias políticas, que no por humorísticas son menos sangrientas, en un par de novelas: Mambrú y Los felinos del canciller. Las dos son poderosas parábolas que desenmascaran la absurda colaboración colombiana en la Guerra de Corea y el patético y enfermizo servicio diplomático colombiano, mediocremente ejemplar.

Al hablar de la obra de Moreno Durán se corre el riesgo de considerarla como olvidada. Tal vez el problema reside en otra parte. Pocos autores dentro de nuestra tradición literaria tienen el atrevimiento de gestar un tipo muy exclusivo de lector. Y quizás estos tiempos líquidos (o aguados) no están creando lectores que se deleiten con desbordes eruditos, ni difíciles pirotecnias verbales. La apuesta de Moreno Durán es por una lúdica de la inteligencia, lenta, sopesada, que por ahora se encuentra dormida en Colombia. No perdamos la esperanza suspicaz: llegará un instante de redescubrimiento para estos libros. Lo merecen.

Regreso a los orígenes boyacenses

R. H. Moreno Durán es boyacense. Y nunca olvidó su origen, a pesar de que su familia partió de Tunja a Bogotá cuando el escritor era un niño. Se volvió frecuente verlo impartir conferencias en su ciudad natal, siempre con ánimo polémico, y en ambientes sobre todo universitarios. La contundencia de su humor negro (arma letal en sus textos) ya es, para quienes lo vieron y oyeron, imposible de olvidar.

En la web del proyecto RH Digital, un esfuerzo del departamento de literatura de la Universidad de Los Andes por rescatar los manuscritos del autor, puede verse un facsímil que lo muestra íntegramente y con el que vale la pena concluir esta nota.

La apuesta de Moreno Durán es por una lúdica de la inteligencia, lenta, sopesada, que por ahora se encuentra dormida en Colombia.

Para una modesta antología, Boyacá en la poesía del siglo XX (bajo la coordinación de Juan Castillo Muñoz), publicada a finales de los años sesenta, Moreno Durán envió una serie de poemas juveniles. No obstante ser endebles, el estudiante de Derecho de la Universidad Nacional empieza a formularse en esos poemas las preguntas que marcarán las pautas de toda su obra posterior (y que quiso conjugar, autobiográficamente, bajo el título de La augusta sílaba):

  • el rol del idioma en el pensamiento
  • los caracteres históricos de la realidad
  • y la influencia del mundo femenino

Después, en España, Moreno Durán publicaría y consolidaría su destino literario lejos de Colombia. Sin embargo es notable y grato que, coherente como fue, el escritor decidiera inaugurar su camino justo sobre la tierra que lo vio nacer. Ese era y ese es R. H. Moreno Durán.

* Escritor y editor, columnista de www.cartelurbano.com
@etinEspartaego

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