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Los libros del hombre invisible

Escrito por Darío Rodríguez

Poesía, y literatura

Darío RodríguezDarío Jaramillo es un escritor prolífico que, quizás por voluntad propia, ha sido un poco olvidado en los últimos años. Pese a esto, su obra –poemas, novelas, ensayos…- es uno de los grandes ejemplos de la literatura colombiana.

Darío Rodríguez*

Bajo perfil

El sueño de Darío Jaramillo Agudelo es ser invisible. Lo escribió en su autobiografía, Historia de una pasión, y de unos años a esta parte lo está logrando. Aparece cada vez menos en eventos públicos. Los periódicos y revistas ya no buscan tanto sus opiniones. Al mismo tiempo, entre su silencio y su opaca presencia, no deja de escribir, de publicar, de ser reeditado (privilegio que en Colombia tienen muy pocos), de reseñar textos y de impulsar con profunda discreción un proyecto editorial independiente: Luna Libros.

Por supuesto, tiene también la influencia y autoridad suficientes para hacerlo, dos requisitos casi imprescindibles si se desea gozar de un destino literario en este país. Respecto de esa condición, a veces elitista, excluyente, conviene hacer una aclaración. Cobijado por los beneficios y posibilidades que ha tenido Jaramillo Agudelo –como haber sido subgerente cultural del Banco de la República hasta el retiro, gozar de una inmensa exposición mediática, primero como poeta y después como novelista, y hablarle al oído a dos emporios editoriales como Pre–Textos y Fondo de Cultura Económica– cualquier otro autor ya estaría viviendo de su leyenda y de la fama. Jaramillo Agudelo no. En vez de custodiar su propia reputación ha aprovechado el poder que le brindan su talento artístico, y sus virtudes de relacionista público, para seguir trabajando. Sin laureles sobre los cuales dormirse.

Observadas desde lejos, estas ventajas de clase pueden resultar reprochables, mucho más en Colombia, donde la lectura de libros es un hábito raro y algunos escritores exitosos son solo productos prefabricados por las editoriales. La actitud de Darío Jaramillo, con todo y ser aristocrática, también es ejemplar. Lejos de envanecerse por la posición privilegiada que tiene, sigue creando y favoreciendo la creación de otros. Quizás tal generosidad tenga que ver también con el afán de ser invisible, y por eso el extraviarse entre trabajos ajenos o firmar sus reseñas y ensayos del blog de Luna Libros con esa tradicional y lacónica rúbrica ya característica: “d.j.a.”.

La voz interior

Conferencia por Darío Jaramillo sobre “La Poesía en la Canción Popular Latinoamericana”.
Conferencia por Darío Jaramillo sobre “La Poesía en la Canción Popular Latinoamericana”. 
Foto: Cancillería

La obra de Darío Jaramillo contrasta con su propósito de invisibilidad. Es un dechado vital escrito con paciente elegancia y contención. La voz interior señala el antes y el después de una labor literaria iniciada cuarenta años antes.

Esta novela, sin duda su obra maestra, reúne con precisión todos los temas que ha explorado: la soledad por elección, los conflictos sociales (el narcotráfico, el juego político, las imposturas típicas de los colombianos) que modifican paulatinamente diversas historias personales, el sexo, el amor que deriva en vertientes como la amistad, los vínculos de pareja y el matrimonio.

También está presente el diálogo brillante, desde la escritura literaria, con un sinnúmero de literaturas. Dentro de la novela hay varios libros de poemas, ensayos, cartas, aforismos, crónicas, biografías, cuentos al modo tradicional y hasta un tratado de teología que combina la poesía con el agnosticismo.

La voz interior señala el antes y el después de una labor literaria iniciada cuarenta años antes. 

Tal vez sin planearlo, con La voz interior Jaramillo logra aquel objetivo trazado por Truman Capote para sí mismo al final de su vida: conjugar en un texto todo lo que había aprendido respecto de los estilos, formas y rudimentos creativos. La novela se encuentra a la altura de los grandes hallazgos realizados por el autor en el campo de la poesía, y ya es por derecho propio un clásico contemporáneo de nuestras letras.

Parecería que las novelas publicadas antes de La voz interiorLa muerte de Alec, Cartas cruzadas, Novela con fantasma, Memorias de un hombre feliz y El juego del alfiler– solo fuesen una preparación para llegar a ella. Y sin embargo pueden leerse como entes autónomos, logrados con pericia, salvo por pequeños e inevitables descalabros, como desbordes en el tono lúdico que desintegran la coherencia de lo relatado o afectaciones provenientes del oficio poético.

Por otra parte resulta comprensible que las propuestas narrativas posteriores a su novela principal no se le igualen en maestría. Historia de Simona es una anécdota alargada que trata de volverse novela breve. El fallido intento de darle credenciales literarias y buena estampa a unas cuantas cabriolas verbales o juegos de palabras bajo la presentación editorial de lexicón, con el ingenuo título de Diccionadario, marca lo menor de su producción. Casi lo prescindible.

Un escritor prolífico

El escritor, poeta y ensayista, Darío Jaramillo Agudelo.
El escritor, poeta y ensayista, Darío Jaramillo Agudelo. 
Foto: Ministerio de Cultura

No obstante, un escritor como Darío Jaramillo Agudelo, de intereses y búsquedas tan variopintas, no decepciona. Sus lectores hemos observado con grata sorpresa la consolidación de su tarea poética y ensayística, géneros en los que hoy por hoy tiene muy pocos parangones en Colombia.

Poemarios como Sólo el azar, El cuerpo y otra cosa o Gatos demuestran una gran profundidad y depuración del lenguaje. Sin temor a la equivocación puede ratificarse a cada poema de estos libros como un mundo independiente y esférico, pese –o gracias, según el criterio de quien lea– a su cortísima extensión. La voz poética se ensancha en Guía para viajeros o Fantasmas, que bien pueden ser entendidos como relatos cercanos a la viñeta o como poemas en prosa.

Así mismo, las reseñas del blog Gozar Leyendo –incluido en el sitio web de la editorial Luna Libros y sucesor de los comentarios bibliográficos que escribiera hace dos décadas con la anuencia de medios como El Tiempo o la desaparecida revista Cambio 16– lo muestran como el “fumador de libros” que siempre ha sido. Y también como el lector dotado con la habilidad crítica para indicar el valor de libros, no solo literarios, y ubicarlos con certeza para otros lectores agradecidos.

Por otra parte, con la publicación del extenso ensayo Poesía en la canción popular latinoamericana, Jaramillo saca a flote sus capacidades de erudito e investigador al ofrecer un fresco –analizado con minuciosidad– de las huellas poéticas en boleros, rancheras y tangos. Imparte una lección para conocer aspectos que usualmente pasan desapercibidos en los estudios culturales, como la formación de una alta cultura latinoamericana hecha a nuestra medida y que no necesita permiso del Viejo Mundo para existir.

Un escritor como Darío Jaramillo Agudelo, de intereses y búsquedas tan variopintas, no decepciona. 

Tampoco es muy frecuente el oficio de divulgación entre nuestros escritores. Y menos si se desenvuelven en planos pedagógicos. La vocación literaria, por ser solipsista, no acostumbra a adentrarse en la intrincada responsabilidad educativa. De ahí que valga la pena resaltar tres libros de Darío Jaramillo tan importantes como sus novelas.

Antología de lecturas amenas –un puñado de textos colombianos–, Poemáquinas –una antología de iniciación en la poesía– y Aventuras de Pánfila con los números –una juguetona introducción a las matemáticas– son el pequeño magisterio del autor. A través de breves comentarios y sugerencias de ejercicios, estas colecciones han servido como acompañantes de la enseñanza oficial en muchos colegios de Colombia. Su contundencia y belleza no han cambiado un ápice y todavía son recomendables como primeras lecturas comprometidas de un joven o un niño.

También son magníficas las antologías de sonetos castellanos y de León de Greiff que ha seleccionado en los últimos años. Permiten familiaridad y conocimiento de estas poéticas, que a veces son inaccesibles para los lectores comunes, que son, dicho sea de paso, el único público que le interesa a Jaramillo Agudelo.

Al recordársele que ha escrito una novela icónica, unos poemas dignos de recordación –sobre todo su celebradísima poesía amorosa– y que ha contribuido como pocos a mostrar un rostro sólido de la literatura colombiana en Hispanoamérica, lo negaría, cambiaría de tema o callaría. Su actitud parca llega hasta extremos increíbles. Durante el recital junto a Juan Manuel Roca en Casa de América no tuvo empacho en afirmar que se dedica a “no hacer nada la mayor parte del tiempo”.

Darío Jaramillo Agudelo cumple setenta años en 2017. Ya se ha ganado un puesto cimero en la historia literaria de Colombia. Sin embargo, lo más seguro es que eso no le importe, pues en su afán de ser invisible seguirá escribiendo y leyendo con voracidad. Como si fuera el primer día.

 

* Escritor y editor. Columnista de www.cartelurbano.com 

twitter1-1@etinEspartaego

 

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