
A pesar de la pandemia, el Hay Festival fue mejor y más accesible que nunca
Compartir:

La virtualidad permitió que el evento cultural más exclusivo de Colombia fuera disfrutado en todo el país y facilitó la participación de prestigiosos invitados.
Darío Rodríguez*
Un festival ‘exclusivo’
En Colombia, lo “exclusivo” y la “exclusividad” llegan a veces al extremo del delirio. Existen lugares y actividades culturales o artísticas que están completamente vedadas para los denominados ‘públicos generales’.
Esto se debe al costo de asistir a los eventos de esta clase, como también a otra razón económica: están diseñados, desde su concepción, para ser disfrutados por las contadas personas pertenecientes a un pequeño y ‘exclusivo’ grupo social —que podríamos llamar ‘exquisito’, para evitar calificaciones peyorativas.
Puede leer: Hay Festival: entre el show y la literatura
En este contexto de exclusividad a la colombiana ha tenido lugar el Hay Festival Cartagena de Indias desde su lanzamiento en el año 2006. Esta fiesta de las humanidades y la cultura ha sido desde siempre un objeto de críticas debidas al supuesto elitismo en su organización.
Pero a lo largo de dieciséis versiones, el festival se ha diversificado propiciando debates alrededor del medio ambiente o del proceso de paz colombiano, y expandiéndose hacia lugares como Riohacha, Medellín o Jericó (Antioquia).
Este año, como en los anteriores, las opiniones de críticos y defensores prometían enfrentarse de nuevo. No obstante, la pandemia permitió algo impensable: por un lado, hizo que los críticos más drásticos se acallaran; por otro lado, gracias al internet y a plataformas gratuitas como Facebook Live o YouTube, todas las conversaciones y actividades estuvieron al alcance de los públicos que no habían asistido al Festival durante años.
Invitados destacados
En cuanto a invitados y cobertura se refiere, esta edición del Hay Festival superó con creces, y de manera irónica, lo que solía ofrecer en años anteriores.
Debido a que los eventos se desplazaron hacia los medios virtuales, este año se pudo contar con autores y expertos que, por diversas razones, no habrían hecho presencia física en Cartagena.
El Hay Festival ha sido desde siempre un objeto de críticas debidas al supuesto elitismo en su organización.
Como ya es habitual en estos escritores, sus opiniones fueron polémicas, singulares y convocaron a verdaderas multitudes en línea, ya sea porque brindaron perspectivas inéditas sobre la creación literaria o por sus reflexiones de actualidad. Fue memorable, por ejemplo, oír a Auster diciendo que su más reciente y voluminosa novela, 4, 3, 2, 1, le debe más a la música que a la literatura. Por su parte, Savater y su insistencia en la búsqueda de una auténtica libertad para los ciudadanos sigue siendo incómoda y difícil de digerir, más en estos tiempos de noticias falsas y de lo ‘políticamente correcto’.
Buena parte de la renovación en las narrativas ‘autoficcionales’ o de no ficción ha corrido por cuenta de autoras como la dibujante y novelista gráfica Marjane Satrapi, autora del clásico Persépolis, quien también hizo presencia en el Festival. Además, fue muy grato escuchar a una narradora con la experiencia y sabiduría de la popular novelista Isabel Allende, independientemente de si se está de acuerdo o no con sus opiniones. Que autoras de este nivel aceptaran compartir sus ideas y visiones del mundo durante esta difícil coyuntura global es un privilegio que debemos agradecer, y es además un auténtico prodigio.
Un prodigio, también, fue la participación de la escritora y columnista Carolina Sanín, quien por años puso en tela de juicio al Hay Festival. En esta ocasión, en cambio, presentó un libro donde recopila su trabajo periodístico. Esta versión digital del encuentro cartagenero sirvió, incluso, para congregar a los más críticos.
Con mucha dificultad podrá repetirse un desfile de luminarias como el de este año: ver a Arturo Pérez-Reverte o a Gilles Lipovetsky, pasando por el tono académico pero entretenido del biógrafo Benjamin Moser o del economista Thomas Piketty.
Mención aparte merecen las escritoras que, además de despertar la atención de miles de personas, han protagonizado cambios de fondo en la manera de concebir el papel de la literatura en el presente. Guadalupe Nettel demostró su gran capacidad como autora y, de paso, como entrevistadora. Mientras tanto, Pola Oloixarac y Edwigde Danticat, desde orillas opuestas en sus búsquedas artísticas, nos recordaron que los límites entre géneros narrativos y entre seres humanos se encuentran ya desdibujados pese a la unanimidad o polarización del pensamiento que viven sociedades como la colombiana.

Le recomendamos: ¿Cuál es la importancia del Hay Festival?
La virtualidad promovió el acceso
Estos nombres que menciono como ejemplos hicieron parte de una lista que asombró por el número y la categoría de los convocados. Hubo muchos más eventos y autores, para complacer a todo tipo de gustos e intereses. Los videos de las conversaciones estarán disponibles en la página web www.hayfestival.com hasta el próximo 14 de febrero. No hay, entonces, excusas para alegar exclusión o elitismo.
También vale la pena ver estas memorias digitales para repensar un tema discutido en abundancia: el cansancio que han producido las conversaciones y foros digitales entre diversos públicos. Es el caso, por ejemplo, de la educación virtual y el teletrabajo. Pero, a pesar de lo agotadores y abstractos que pueden llegar a ser los debates a distancia y los intercambios de conocimiento, la oportunidad de ver u oír a algunos de estos creadores es única y amerita el sacrificio.
El tiempo dirá si volveremos a recorrer ese mundo o si tendremos que refugiarnos definitivamente en la imaginación
Le recomendamos: Lo que viene en arte y cultura después de la Covid-19
Para quien esté interesado en estos ámbitos del mapa literario en español, ver estos diálogos y actividades puede resultar útil. Con la ventaja adicional de consultarlos en el futuro, ya que gran parte de estos materiales audiovisuales no serán retirados de las plataformas electrónicas del festival.
El fallido intento presencial
En terreno anecdótico podemos destacar la experiencia de una persona que estuvo presente en la Cartagena sitiada por el toque de queda.
Aunque había adquirido un abono previo para participar en las actividades presenciales que pudieran llevarse a cabo a pesar de la pandemia, le anunciaron con antelación que muchos de estos eventos serían cancelados. También los escenarios tradicionales del festival, como el teatro Pedro de Heredia o el hotel Santa Clara, permanecerían cerrados la mayor parte del tiempo. Esto fue un incentivo más para cancelar del todo la visita a Cartagena.
La única opción que le quedó fue dedicarse al turismo y esperar que los organizadores devolvieran el dinero invertido. A las diez de la noche de todos los días la Ciudad Amurallada entraba en ley seca y en toque de queda; una reiteración la imposibilidad de realizar allí el Hay. Entre los turistas lo llamaban, como un chiste, el ‘No Hay Festival’.
Las circunstancias de pandemia le permitieron al Hay Festival alcanzar el más alto nivel que ha tenido desde su creación
Esta fue, sin embargo, una excepción. Otras conversaciones que serían presenciales, según se había anunciado en un primer momento, fueron canceladas. Sucedió, por ejemplo, con el diálogo donde participaría el escritor cubano Leonardo Padura.
El futuro del Hay
No puedo predecir lo que ocurrirá con este evento cultural en los años que vienen. No se sabe aun lo que sobrevenga con esta pandemia, que ha cambiado tanto a las personas como a sus formas de relacionarse.
Algo sí es claro, sobre todo para quienes siempre han visto lejanos a Cartagena y al Hay Festival: 2021 fue el año cuando el acontecimiento literario más aristocrático de Colombia se ofreció y expuso en cada rincón del país y del planeta donde hubiera señal de internet. Esto lo volvió próximo e inolvidable para el público de a pie.
El lema elegido para el festival, “Imagina el mundo”, puede ser un consuelo o el signo indeleble de la gestión cultural del futuro. El tiempo dirá si volveremos a recorrer ese mundo o si tendremos que refugiarnos definitivamente en la imaginación. Habrá que preguntarse, así mismo, qué mundo es el que recorremos.
Acerca del autor
Darío Rodríguez
*Escritor y editor, columnista de la revista Cartel Urbano
1 comentarios






Cuantos asistentes hubieron en el Hay festival 2021