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Las polémicas de la Feria y el futuro del mundo editorial

Escrito por Darío Rodríguez

Pabellón de Holanda en Corferias.

Darío RodríguezUna Feria del Libro que estuvo marcada por la presencia de figuras polémicas que hacen uso de los nuevos medios de comunicación para divulgar su imagen nos hace pensar en un futuro de la industria editorial que va más allá del papel impreso.

Darío Rodríguez*

Es un negocio

La Feria del Libro es un evento comercial. Esto parece obvio, pero el embotamiento de los hechos y la urgencia de saltar de una situación a otra hacen que a la opinión pública a veces se le escape lo evidente.

La Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBO) fue concebida como un encuentro en torno a las lógicas comerciales del libro y de los materiales de lectura, con discusiones y actividades alrededor del libro como soporte del conocimiento, la memoria o el espectáculo.

La Feria no está pensada como espacio pedagógico, aunque lo sea indirectamente, ni como fortín intelectual de grupos o manifestaciones culturales específicas. Por el contrario, si algo la ha distinguido es su amplitud y su capacidad de ser plural.

Grandes emporios editoriales demuestran allí su fuerza junto a las librerías de peso, y al mismo tiempo editoriales y libreros independientes hacen presencia mediante sus productos; entablan alianzas, acuerdos de comercio, promocionan y publicitan. En una palabra, venden; ese es su objetivo. Y todas las ferias del libro alrededor del planeta se dedican a cumplir este propósito.

Mucho mejor si de contera existe la posibilidad de ver y oír a escritores, editores o personajes que tengan alguna luz, algún aporte o discurso digno de poner en la palestra pública o que resulte atractivo para los visitantes. Estos debates, charlas, presentaciones de libros o conferencias, contribuyen a enriquecer las visiones, a veces restringidas o parroquiales, no solo de quienes asisten sino (por irónico que parezca) de quienes producen los libros.

El caso del “yuotuber”

El youtuber chileno Germán Garmendia.
El youtuber chileno Germán Garmendia.
Foto: Fotos TVN

Lo anterior implica que a veces formen parte del programa personas ajenas al mundo del libro, aunque no sean indignas de participar en la fiesta. Esas personas han tenido – y tienen- su tribuna bien ganada, porque ellas mismas o lo que hacen despiertan el interés de algunas mayorías.

Si algo la ha distinguido es su amplitud y su capacidad de ser plural.

Por eso las editoriales o la organización misma de la Feria están en pleno derecho de invitar a estos exitosos chefs, estrellas de televisión, deportistas, modelos, políticos. O a un youtuber. Este año, el chileno Germán Garmendia, comentarista de Youtube o “youtuber”, sobrepasó las expectativas de los organizadores en cuanto al número de espectadores que iría a verlo.

La boletería para su presentación se agotó rápidamente y, como han mencionado algunos medios informativos, su presentación hizo colapsar el recinto. Incluso hubo necesidad de llamar a la Policía para controlar a las turbas ansiosas de tomarse fotos con él.

Días después, los comentarios desfavorables de muchos columnistas y ciudadanos no pararon en sus críticas a Garmendia, a la educación formal por no gestar lectores de libros, y a la Feria por permitir la presencia de este individuo que no es escritor ni forma parte de ninguna pléyade intelectual.

El pecado de Garmendia es no tener la contramarca ni la estampa del personaje relacionado con lo libresco. Pero se le ha condenado olvidando la importante labor que desempeña desde internet como comunicador, y que quizás fue invitado a la Feria por su éxito indudable en el campo de las comunicaciones. 

Además era totalmente válido que viniera, y su vinculación con la Feria es tan legítima como la de María José Pizarro, hija del fallecido exguerrillero y candidato presidencial Carlos Pizarro, quien lanzó un libro testimonial acerca de su padre junto con un documental.

Figuras en la Feria

Pero quizás sea revisando dos casos similares al de Germán Garmendia como puede entenderse mejor este fenómeno. No hay diferencia entre la visita del comentarista de Youtube y la de los antiguos jugadores de la Selección colombiana de fútbol hace tres años para conmemorar el famoso 5-0 ante la selección argentina.

Los parecidos aumentan al recordar el anunciadísimo arribo a la Feria del cómico televisivo Roberto Gómez Bolaños, Chespirito, quien vino a promocionar sus memorias. Por aquel entonces nadie se rasgó las vestiduras ni estos personajes del deporte y del espectáculo fueron blancos de ataque.

Tanto o más populares y multimediáticos que Germán Garmendia, Chespirito o el Pibe Valderrama son luminarias respetadas y sobre todo queridas por millones de personas. Se les acepta sin dilación y a nadie se le ocurriría poner en entredicho sus aptitudes intelectuales o su poder de convocatoria. Pero de los tres, solo Garmendia recibió improperios en parte por representar un cambio estructural en los modos de interpretar y difundir la información y el conocimiento.  Mediante herramientas web y sirviéndose de un sentido del humor simple pero eficaz, Germán Garmendia se ha convertido en cabeza de una generación que no solo lee libros sino que lee de otras maneras, y que ha encontrado en los vídeo juegos, las series de televisión y la música instrumentos óptimos para desenvolverse en el medio social.

Garmendia recoge las características de un autor: alguien que decodifica el espíritu de una época o la encarna. Lo curioso es atacarlo porque  está equiparándose con los autores de libros tradicionales, salvo porque usa otras armas incomprensibles para algunos padres de familia, algunas ligas de la decencia intelectual, ciertos docentes y ciertas editoriales. Y no es rara la lapidación fiera de lo novedoso, de lo que no se entiende.

Germán Garmendia, el autor, es tan inofensivo como el Pibe o como Chespirito porque, dicho sea de paso, es tan convencional como ellos. Sus estrategias son las del mercado global y la polémica sobre su supuesta mala influencia o superficialidad es ingenua.

El caso Vallejo

El escritor Fernando Vallejo.
El escritor Fernando Vallejo.
Foto: Wikimedia Commons

Lo más probable es que el dilema central con los libros, las lecturas y la Feria esté en otra parte, más cerca de una polémica distinta, no tan jugosa en públicos como la del youtuber, pero mucho más significativa. Y en ella está involucrado ese viejo y hábil zorro del escándalo que se llama Fernando Vallejo.

Vallejo se hizo presente en la Feria del libro de este año para dar un discurso atrabiliario y despiadado (como todos los suyos de un tiempo a esta parte y como todos sus libros) en contra de la Iglesia católica y del modo de gobernar en Colombia. Las reacciones al discurso han sido cada vez más radicales, en consonancia con lo que tal vez estén buscando el propio Vallejo y su violenta elocuencia: un odio bilioso o un respaldo excesivo hacia lo dicho.

Se esté de acuerdo o no con la retórica venenosa del autor de La virgen de los sicarios, su gesto y su estrategia no deberían pasar desapercibidos porque están marcándoles un derrotero al mundo de la edición y a los mecanismos de divulgación del pensamiento, la creación o la opinión propios de una feria del libro. Vallejo hace ensayos literarios orales, discursivos y provocadores, directamente conectados con los libros que escribe. Los públicos, así sea para insultarlo u odiarlo, leerán el discurso o verán el vídeo que le filmó el realizador Rubén Mendoza o se acercarán a sus textos escritos gracias a estas ayudas audiovisuales.

Vallejo se sirve de los instrumentos en boga para seguir fomentando debates y haciendo literatura.

A diferencia de Germán Garmendia, cándido, divertido y quien quizás no vea un poder en el medio que utiliza más allá de la fama y el dinero, Vallejo se sirve de los instrumentos en boga para seguir fomentando debates y haciendo literatura, lo que mejor sabe hacer. No es ningún tonto y sabe por dónde soplan los vientos. Sin pretenderlo, tal vez, es un autor que está pensando en el porvenir de los hábitos de lectura actuales.

No se equivocaba Juan Esteban Constaín cuando escribió en Twitter: “Mi youtuber favorito es Fernando Vallejo”. Pues sí. Con profundidad y espíritu de polemista, Fernando Vallejo está señalando el camino que viene: lectores que descifran al mismo ritmo varios códigos y que están pensando su sociedad desde todo tipo de formatos interpretativos: el libro, la pantalla o la discusión en la calle.

El futuro del libro

La gran revolución del mundo editorial se dio a principios del siglo XVII gracias a dos comerciantes que a la vez eran grandes artistas: Aldo Manuzio y Alberto Durero. Uno inventó los libros de bolsillo y la producción en serie, de manera que los libros llegaran a manos de quien quisiera y pudiera leerlos. El otro concibió los mecanismos masivos de distribución para grabados y pinturas, así las obras de arte no iban a estar en manos exclusivas de una élite. Ninguna de estas prácticas comerciales se realizaron desmejorando la calidad de lo que ofrecían.

Este ejemplo, del cual Fernando Vallejo y una cauda de autores y editores recientes son continuadores, demuestra que el problema no está en si se comercializa o no lo que se lee, o en qué instrumento sirve o no para hacerlo, sino en si seremos capaces como lectores de responder a los desafíos que nos presentan estas épocas cambiantes.

Los escritores de libros y los editores tendrán que ir pensando, también, en adaptarse a la multiplicidad de mediaciones. Aunque no parezca, la Feria del Libro está cumpliendo bien su papel. Al garantizar la pluralidad de ofertas comerciales está brindando muchísimas posibilidades para los lectores o los consumidores, que también son plurales.

A la larga, hay algo curioso en Germán Garmendia que debería invitar a la reflexión y lo torna más conservador y más inocente que muchos autores sin brillo mediático. Pudiendo tener un espacio multitudinario en una convención de youtubers, donde sería importante solo para sus seguidores, prefirió ir a un sitio donde resaltaría más su figura, donde haría mucho ruido y pondría a hablar a un grupo de presuntos intelectuales: una feria del libro.

Por si fuera poco, no vino a publicitar sus vídeos ni su música. Vino, como todos los demás, a publicitarse a sí mismo. Vino a presentar un libro.  

 

Escritor y editor. Columnista de www.cartelurbano.com

twitter1-1 @etinEspartaego

 

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