Segregación ocupacional entre hombres y mujeres, y brechas de ingreso en el mercado laboral
Foto: Secretaría de Desarrollo Económico

Segregación ocupacional entre hombres y mujeres, y brechas de ingreso en el mercado laboral

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Hay un alto nivel de segregación laboral por género y hay brechas en el ingreso que son relativamente pequeñas, aunque con una gran variabilidad a través de las ocupaciones.

Las diferencias salariales por género es un tema que, en el caso colombiano, ha sido analizado y discutido bastante. Entonces ¿por qué volver a escribir sobre este tema? Por varias razones: primero, porque ha habido cambios importantes en dichas brechas en los últimos años; segundo, porque hay aspectos que no han sido suficientemente analizados y, tercero, aún más importante, porque lo más relevante no es la existencia de dichas brechas, sino lo que está por detrás de ellas: el hecho de que sean pequeñas, o que no haya brechas de ingreso, no significa que no hay problemas de eficiencia y equidad en el mercado laboral.

Lo que este artículo busca es presentar un avance de algunas conclusiones que arroja una investigación, en proceso aún, sobre la relación entre brechas de género y segregación ocupacional en Colombia

Es bueno comenzar precisando algunas definiciones:

Primero, lo que se denomina brecha de ingresos en este documento es la diferencia porcentual (logarítmica) entre los ingresos laborales de los hombres y los de las mujeres¹.

Segundo, cuando habla de segregación ocupacional, este documento se refiere a las diferencias entre las estructuras ocupaciones de hombres y de mujeres. En este sentido, la segregación es un término relativo que fluctúa entre ninguna segregación (cuando hombres y mujeres tienen estructuras ocupaciones iguales) y perfecta segregación (cuando todos los hombres están en unas ocupaciones y las mujeres en otras distintas). Las ocupaciones se definen como un conjunto de actividades similares que requieren niveles de capacitación y/o habilidades similares (por ejemplo, médicos, choferes, cajeros de banco, etc.). Para la construcción de las estructuras ocupacionales se usa la Clasificación Internacional Uniforme de Ocupaciones (CIUO) que utiliza el DANE, y en esta investigación se trabaja con diferentes niveles de desagregación de dicha clasificación.

¿Hay segregación laboral por sexo en el mercado laboral colombiano?

La respuesta corta es que sí la hay. Para medir esta segregación se usan varios índices, pero el más común es el índice de Duncan. Esta es una medida que varía entre 0 y 1 (0 significa no segregación y 1, segregación perfecta). Su valor puede interpretarse como la proporción de la población ocupada que debe cambiar de ocupación para llegar a estructuras ocupacionales idénticas. Por ejemplo, se calcula en este documento que el valor de este índice en 2024 es aproximadamente 0,574. Esto significa un grado de segregación importante. Si se quisiera que las estructuras ocupacionales de hombres y mujeres fueran similares, se deberá relocalizar aproximadamente el 57% de la población ocupada en ocupaciones diferentes a las que tienen.

El valor del índice de Duncan, que se acaba de mencionar, se calculó con el máximo grado do desagregación disponible en la CIUO del DANE (450 ocupaciones), que es la mejor forma de estimarlo.

Ahora bien, la evidencia disponible es que en los últimos años el grado de segregación tendió a disminuir levemente. La información del gráfico No 1 se refiere a los índices de segregación para las cabeceras municipales entre 2008 y 2019 y muestra cómo la tendencia general ha sido a la disminución de la segregación ocupacional, aunque podrían distinguir dos periodos, uno que va hasta 2012, en el que la segregación creció, y el segundo, en el que se observa una disminución². 

Una forma de entender mejor el grado de segregación es mirando las estructuras ocupaciones usando grupos ocupacionales de la CIUO a un dígito de desagregación. Esa información se puede ver en la tabla 1.

Dado que en esta tabla el nivel de desagregación es de solo un dígito, es mejor hablar de grupos ocupacionales que de ocupaciones. Las dos primeras columnas muestran las estructuras ocupacionales de hombres y mujeres; claramente se puede ver, aun a este bajo nivel de desagregación, que las diferencias son evidentes: las mujeres se concentran en dos grupos; de servicios y vendedores (grupo 5) y el de ocupaciones elementales (grupo 9), que incluye ocupaciones que requieren muy poca calificación, como las de aseadores, trabajos del hogar, peones, etc. Entre estos dos grupos se tiene más de la mitad del empleo femenino. Los hombres también se encuentran en los mismos grupos, pero en una proporción menor que las mujeres y además los grupos 7 y 8, de ocupaciones asociadas con la producción de bienes, operación de maquinaria y manejo de vehículos.

La última columna de la tabla presenta los cálculos del índice de Duncan, que mide la segregación dentro de los respectivos grupos para el conjunto de la economía. Ya se había dicho que el índice nacional era de 0,574, pero este es un promedio. Cuando se mira cada grupo ocupacional, se encuentra que los niveles de segregación varían enormemente. En general las ocupaciones que requieren más conocimientos, que son las del principio de la tabla, tienen niveles de segregación laboral bajos, mientras las que usan menos conocimientos tienen mayor segregación. Por ejemplo, entre las ocupaciones elementales, la gran mayoría de las mujeres está en actividades de servicio doméstico y limpieza, mientras que los hombres son obreros y peones de la manufactura, la minería o la construcción. 

La pregunta que surge inmediatamente es si este alto nivel de segregación explica la existencia de brechas salariales.

¿Cuáles brechas?

Es importante comenzar por definir qué brechas se utilizan en este documento. Se puede hablar de brechas en el ingreso laboral mensual y brechas en el ingreso por hora. Las primeras están afectadas por la longitud de las jornadas laborales semanales de hombres y mujeres, mientras las segundas probablemente no. El gráfico 2 ilustra estas brechas y además muestra cómo han evolucionado a través del tiempo.

Como se puede ver, hay una diferencia grande entre las dos medidas. Por ejemplo, en 2024 los hombres tenían ingresos mensuales 12,6% más altos que los de las mujeres, pero esto se debía que ellas trabajaban 11,7% menos horas en el mercado laboral que ellos (49,3 horas semanales los hombres versus 41,3 las mujeres). Cuando se remueve el efecto de la diferencia en horas trabajadas la brecha se reduce mucho, y si se miran los últimos años llega a casi cero³.

El presente documento se concentra en la diferencia en ingresos por hora, que, como se ven en el gráfico anterior, es muy pequeña en la actualidad.

Sin embargo, detrás de esa pequeña brecha se esconden diferencias más grandes. Esto se puede ver en la tabla 2 que viene a continuación. En esta tabla se presentan los ingresos por hora de hombres y mujeres y las respectivas brechas dentro de cada grupo ocupacional, y, para efectos de comparación, se repite parte de la información de la tabla anterior (estructuras ocupacionales e índices Duncan).

Según la tabla 2, en 2024 la diferencia promedio en ingresos laborales entre hombres y mujeres fue de 1,51%, pero hay diferencias importantes entre los grupos ocupacionales, 

Por ejemplo, se observa que las mujeres tienden a concentrarse en los cinco primeros grupos ocupacionales (del 0 al 4), que son los que pagan salarios más altos. Estos grupos generan el 36,6% del empleo femenino, mientras que solo representan el 26,7% del masculino. Sin embargo, en esos cinco grupos las brechas de ingreso son bastante altas, especialmente en las ocupaciones de gerentes, de profesionales y de técnicos.

A este nivel de desagregación ocupacional se observa que hay altos niveles de segregación laboral por sexo (índice de Duncan) y, en algunas ocupaciones, altas brechas de ingreso laboral por hora. Sin embargo, no parece haber una clara correlación entre las dos cosas. La pregunta que surge entonces es si bajo un análisis más sistemático se puede encontrar alguna relación entre segregación y brechas.

¿Existe alguna relación entre brechas de ingreso y segregación por sexo?

La respuesta a esta pregunta requiere el uso de modelos un poco más sofisticados que la simple comparación de tabla. Como una primera aproximación se usaron dos modelos: el primero es la descomposición de Brown, Moon y Zoloth (BMZ), y el segundo una descomposición de Blinder y Oaxaca (BO) incluidas variables cualitativas ocupacionales. 

La descomposición BMZ separa la brecha de género en cuatro componentes que reflejan el efecto de las diferencias dentro de las ocupaciones y el de las diferencias entre ocupaciones. El modelo BO, con un nivel mayor de desagregación, estima la contribución de las ocupaciones al tamaño de la brecha promedio.

Un aspecto interesante de estos modelos es que, por estar basados en las ecuaciones de Mincer, tienen en cuenta el efecto de algunas medidas de productividad laboral como los niveles de educación y la cantidad de experiencia de las personas sobre los niveles de ingresos.

Los detalles de estas estimaciones sobrepasan los alcances de este artículo, pero algunos de los resultados más interesantes son los siguientes:

  1. Las diferencias en estructuras ocupacionales no inciden en las brechas de ingreso. Aunque hay un alto grado de segregación laboral, dicha segregación no explica el que los hombres ganen ingresos por hora mayores que las mujeres. El posible efecto de la diferencia en estructuras ocupaciones es pequeño y opera en el sentido de disminuir las brechas, no de aumentarlas. Si en las diferentes ocupaciones a los hombres y a las mujeres se les remuneraran con las mismas reglas, ellas deberían tener ingresos mayores porque tienen mejores indicadores de productividad (especialmente mayores niveles de educación), lo que les da acceso a ocupaciones mejor pagadas. La mayor educación no solo les permite a las mujeres ganar más en las diferentes ocupaciones, sino acceder a ocupaciones mejor pagadas.
  2. La principal razón por la cual las mujeres reciben ingresos menores que los hombres es que dentro de las diferentes ocupaciones a ellas se les remunera de acuerdo con reglas diferentes. Es decir, dentro de las ocupaciones que supuestamente requieren niveles de capacitación y habilidades similares, a las mujeres se les paga menos.
  3. Aún más, lo que explica la diferencia de pagos dentro de las ocupaciones no es la recompensa que se paga a las mujeres por su capital humano, sino algo más fundamental, representado por la diferencia en los interceptos de las funciones de Mincer, es decir, por el pago básico independiente de la cantidad de capital humano que se hace dentro de cada ocupación. Un artículo reciente de Maloney (premio nobel de economía) y Neumark presenta evidencia para Estados Unidos y muestra que un índice de actitudes misóginas y machistas construido por ellos tiene un efecto estadísticamente significativo sobre las diferencias salariales por sexo, especialmente en los procesos de búsqueda de empleo. Este es el tipo de efecto que probablemente captan los interceptos de las ecuaciones mencionadas. Por esta razón, se sugiere en este documento que hay elementos discriminatorios que son parte de la explicación de por qué las mujeres reciben menores ingresos que los hombres.
  4. El análisis econométrico muestra que por el hecho de que las mujeres tienen indicadores de capital humano mejores que los hombres y esto les permite también estar localizadas en mayor proporción en ocupaciones mejor pagadas, deberían recibir ingresos mayores que los hombres. Esto no sucede. Según cálculos hechos con el modelo de BO, las mujeres deberían ganar por hora un ingreso 11,4% mayor que el de los hombres. Sin embargo, en la realidad reciben 4,2% menos que los hombres

Reflexiones finales

Lo que se vio en este escrito es que hay un alto nivel de segregación laboral por género y que hay brechas en el ingreso que son relativamente pequeñas, aunque con una gran variabilidad a través de las ocupaciones. Sin embargo, no se encuentra que estas dos cosas estén relacionadas, es decir, no hay respaldo a la hipótesis de que las mujeres ganan menos que los hombres porque están en las ocupaciones peor pagadas.

Aún más, aunque la brecha promedio parece pequeña (1,51% según la tabla 2), el análisis econométrico muestra que, dadas las características productivas, las mujeres deberían obtener ingresos mayores. Esto pone de presente que, para efectos de política, eficiencia y equidad, el objetivo no debería ser llegar a una situación de igualdad de ingresos sino una en que los ingresos reflejen la productividad de las personas de la manera más cercana posible.

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¹- En otras palabras, la brecha es igual al logaritmo del ingreso promedio (mensual, o por hora, según el caso) de los hombres menos el de las mujeres.
2.
Las cifras del gráfico 1 no son comparables con la cifra dada anteriormente para 2024 (Duncan de 0.574) porque se basan en una clasificación de ocupaciones diferente a la que ahora usa el DANE y porque se refieren al dominio urbano, mientras que el dato de 2024 se refiere al total del país.
3.
Nótese que el período del covid-19 no está incluido. Durante esos años hubo cambios muy importantes que afectaron especialmente a las mujeres. Un buen análisis se encuentra en García-Rojas, K., Herrera-Idárraga, P., Morales, L. F., Ramírez-Bustamante, N., & Tribín-Uribe, A. M. (2020). (She)cession: The Colombian female staircase fall (Borradores de Economía No. 1140). Banco de la República.

 https://repositorio.banrep.gov.co/items/c75680d7-9fe1-4c8e-9f73-30ee417511d8

Acerca del autor

Jaime Tenjo
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*Ph.D. en economía, consultor e investigador independiente.

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