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El nuevo salario mínimo: negociación en tiempos de pandemia

Escrito por Jaime Tenjo
Jaime Tenjo

Estos son los argumentos de los trabajadores y de los gremios: ¿quién tiene la razón? Pero el salario mínimo es menos importante que las medidas de creación de empleo en medio de la crisis que vivimos.

Jaime Tenjo Galarza*

Un año diferente

Los trabajadores llegan a la mesa de negociación del salario mínimo que regirá a partir del 1 de enero con la propuesta de un aumento del 14%. Los gremios, de su lado, proponen un 2%.

La discusión inicial sobre reajuste del salario mínimo se basa en dos parámetros: la tasa de inflación y el cambio positivo o negativo en la productividad de la mano de obra. El DANE ya informó que la inflación en este 2020 estará entre 1,5% y 1,8% y que la productividad disminuirá en 0,6%.

A partir de las cifras anteriores —y si las cosas suceden como han sucedió en los últimos años— se esperaría un reajuste bastante más cercano al 2% de los empleadores que al 14% de los trabajadores.

Pero este año tenemos la pandemia y la caída pronunciada en el empleo, los ingresos y el nivel de vida de las mayorías. El anuncio de las vacunas es sin duda un motivo de optimismo, pero sus efectos reales no se verán en Colombia antes del 2022.

El argumento de los empleadores

Quienes subrayan la necesidad de disminuir los costos laborales para aumentar el empleo suelen partir del supuesto de que un salario demasiado alto hace que los productores prefieran tecnologías que usen más capital y menos mano de obra. Por eso el reajuste del salario mínimo debe limitarse a compensar la inflación —y es esta la propuesta de los gremios—.

Pero por estos días, un grupo destacado de exministros y académicos ha hecho una propuesta más radical todavía: mientras dure la emergencia económica —y para los nuevos empleos que se creen—, se reduciría el salario mínimo en un 20%, no se exigirían aportes para pensiones ni para cajas de compensación, y se aminorarían las indemnizaciones por despido. Este grupo recomienda además algunas políticas activas de empleo a través de pequeñas obras públicas y aumentos en la inversión del Estado.

Aunque no es claro si esta es una propuesta sustitutiva o complementaria de la negociación del salario mínimo, su lógica es la misma que la de los gremios: disminuir los costos laborales para aumentar el empleo.

El argumento de los trabajadores

Los defensores de un aumento del salario mínimo por encima de aquellos dos parámetros iniciales, suelen decir que ese aumento significa ingresos adicionales para los trabajadores, quienes por eso pueden aumentar su demanda y su consumo de bienes y servicios. Con esto aumentan las ventas de las empresas, y por lo tanto se estimula la creación de nuevos puestos de trabajo.

Por estos días, un grupo destacado de exministros y académicos ha hecho una propuesta: mientras dure la emergencia económica se reduciría el salario mínimo en un 20%

¿Quién tiene la razón?

El argumento de los empleadores se basa en el supuesto de que los mercados laborales son competitivos, y el argumento de los trabajadores se basa en el supuesto de que no son competitivos. ¿Quién tiene la razón?

La teoría económica convencional suele basarse en el supuesto de que los mercados son competitivos, pero en materia laboral, muchos economistas han puesto en entredicho este supuesto, y tanto por razones teóricas como a la luz de estudios estadísticos. Por ejemplo: se ha encontrado que en condiciones de oligopsonio (empleadores que tienen algún grado de control sobre el mercado laboral), un reajuste del salario mínimo por encima de lo que el mercado determinaría puede aumentar el empleo y beneficiar a los trabajadores y a la economía en general.

En términos más técnicos, se diría que el argumento de los empleadores se basa en el supuesto de que la demanda por trabajo es “elástica”, y el de los trabajadores en la idea de que esta demanda es “inelástica”—o sea que un aumento del salario implica una caída menos que proporcional en la cantidad de trabajadores contratados (si el salario aumenta en 10%, las empresas prescinden de, digamos el 5% de sus trabajadores).

Pero si la demanda es elástica sucede todo lo contrario: los empleadores tienen la razón y al aumentar el salario en digamos, un 15%, el empleo disminuye en un 20%. Dicho en otras palabras: un reajuste excesivo del salario disminuye la capacidad de compra del conjunto de los trabajadores; la demanda por bienes y servicios es menor, y las empresas acaban por contratar menos trabajadores.

Jhon Mora y Juan Muro revisaron hace poco los estudios disponibles, y concluyeron que la demanda de trabajo en Colombia es bastante inelástica (de hecho, es -0,11, o sea que un aumento del 10% en el salario hace que el empleo disminuya en apenas 1,1%).

A la luz de estas cifras, por lo tanto, serían los trabajadores quienes tienen la razón, y el reajuste del salario debería ser bastante superior el 2%. Aunque acá he de advertir que algunos economistas argumentan que en el largo plazo la demanda por trabajo es más elástica.

Foto: PxHere Lo importante en política laboral, sigue sin negociarse.

¿A dónde va a llegar la negociación?

Pero los argumentos técnicos no pesan tanto en la mesa de negociación como las razones puramente políticas.

Es más: salvo en el caso de una reducción (que la ley no permite) o de un aumento grande en el salario mínimo para 2021, los efectos económicos del reajuste van a ser muy pequeños en comparación con lo que produjo la pandemia. Esto puede apreciarse mejor a la luz de los dos hechos siguientes:

2. Aunque la peor caída del empleo posiblemente se produjo en mayo y desde entonces se ha visto una mejora, el desempleo sigue siendo elevado y supera las tendencias de largo plazo. El gráfico 1 muestra la evolución mensual del desempleo para 2018, 2019 y 2020, e indica que desde el mes de julio la tasa de este año se ha venido acercando a la de 2019.

Pero acá debo añadir tres precisiones:

  • Primero, la tasa de desempleo todavía está bastante lejos de la que tuvimos en 2019 (línea punteada);
  • Segundo, las tasas de participación laboral siguen siendo muy bajas (dos o tres puntos porcentuales por debajo de la tendencia histórica). Esto en palabras simples significa que muchas personas aptas siguen estando por fuera del mercado laboral —y que la tasa de desempleo no muestra la verdadera magnitud del problema—.
  • Tercero, la tasa de desempleo del 2019 no es la mejor meta, ya que en ese año el mercado laboral ya estaba en dificultades. El mismo gráfico muestra como en 2018 el desempleo era menor.

Serían los trabajadores quienes tienen la razón, y el reajuste del salario debería ser bastante superior el 2%

2. Gran parte de la caída en la tasa de desempleo a partir del mes de mayo se debe a la reincorporación de los trabajadores por cuenta propia. El empleo asalariado se mantiene seriamente rezagado. En el gráfico 2, las líneas rojas representan el empleo de trabajadores por cuenta propia, las azules el asalariado.

Mas específicamente:

  • En el trimestre agosto-octubre de 2020 había cerca de dos millones de empleos menos que en 2019.
  • De esos, el déficit de empleos de trabajo por cuenta propia es de aproximadamente 350 mil empleos. Esta brecha se está cerrando como lo muestra el comportamiento de las líneas rojas de 2019 y 2020.
  • Lo mismo no sucede con los asalariados (líneas azules). El déficit de estos empleos está alrededor de 1.2 millones.

Lo anterior significa que en materia de empleo tenemos todavía por delante la tarea más difícil de cumplir.

Por eso en este año, tanto los gremios como los trabajadores han incluido en sus propuestas medidas específicas para generar más empleos. Los trabajadores hablan de adoptar (o mantener) la renta básica y de programas de apoyo a las Mipymes. El grupo de exministros y académicos habla, como ya dije de pequeñas obras públicas y otras fuentes de empleo de emergencia.

En conclusión, debo decir que lo importante de la política laboral, que son los programas de generación de empleo, no se está negociando.

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