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El mercado laboral: ¿qué pasó y qué nos espera?

Escrito por Jaime Tenjo
trabajo empleo pandemia
Jaime Tenjo

Un análisis preciso de las últimas cifras del mercado laboral y lo que dicen sobre el mundo del trabajo después de la pandemia. Hay más de una sorpresa.

Jaime Tenjo Galarza*

La debacle

El último boletín del DANE (junio 30) trajo malas noticias, que sin embargo no nos sorprendieron mucho porque las esperábamos.

Las tasas de desempleo nacional y de las 13 áreas metropolitanas llegaron a 21,4% y 24,5% respectivamente. Son las cifras más altas desde que se tienen estadísticas de desempleo en Colombia.

Pero estas tasas deben referirse a las de participación laboral, y ésta cayó a los niveles más bajos de este siglo: 55,2% y 59,6% para el país y para las 13 ciudades respectivamente. Una caída de 8 y 6 puntos porcentuales con relación a mayo del año pasado. La gráfica 1 ilustra estos cambios y muestra lo atípico de la situación en mayo de 2020.

tasas de participación y desempleo mayo

Lo anterior implica que la tasa nacional de 21,4% no refleja plenamente la gravedad del problema, puesto que muchas personas no buscaban empleo porque la economía estaba cerrada y aparecen como “no participantes” cuando en realidad estaban dispuestos a trabajar. O sea que la caída en participación esconde un desempleo que no captan las definiciones que utiliza el DANE.

Para ilustrar el punto hice este cálculo crudo: si en vez de caer a 55,2% la participación hubiera sido 59% (un nivel relativamente bajo en los últimos 20 años), la tasa de desempleo nacional hubiera estado cinco puntos por encima de lo que dice el DANE (26,5%).

Unos más golpeados que otros

Ciertos aspectos de esta caída en el empleo merecen verse un poco más de cerca:

1. El DANE reporta una ligera caída en las tasas de informalidad. Esto, que en otras circunstancias sería una buena noticia, en las actuales implica que la pérdida de empleos afectó más a los informales y a la pequeñas y medianas empresas (de menos de 10 trabajadores): la cuarentena recayó más duramente sobre el sector informal, y estos trabajadores pasaron de informales a no participantes (en junio es posible, por eso, que reingresen al mercado y aumenten el desempleo).

2. La pérdida de empleos afectó más a las mujeres. En mayo de 2019 ellas representaban el 41,7% de las personas ocupadas, y sin embargo ellas perdieron el 52,4% de los 4,9 millones de puestos que se perdieron entre ese mes y el de 2020. Visto de otra manera: el empleo masculino cayó en 18,1% mientras que el femenino lo hizo en 27,8%.

3. La distribución por edades es interesante y puede tener efectos en el momento de la recuperación. La contracción del empleo para menores de 25 años fue del 31% y para los mayores fue del 21%. Sin embargo, como los jóvenes representan una parte pequeña del empleo, el 79% de los puestos destruidos correspondió a personas mayores de 25 años, y un 18% a personas de 55 años y más. De aquí se seguirían dos consecuencias:

• Muchas personas de edad media hacia arriba tendrán dificultades para acumular ahorros pensionales. Por ejemplo, ese 18% de mayores de 55 años que perdió sus empleos tienen muy poco tiempo para completar las semanas de cotización requeridas. Además, si están en Colpensiones, el valor de su mesada será menor porque el promedio salarial para liquidar las pensiones está basado en los últimos 10 años de trabajo.

• El teletrabajo y otros cambios tecnológicos que la cuarenta comenzó a acelerar (y cuya profundidad aún no conocemos) probablemente requieren habilidades que las personas mayores no tendrían o tendría de manera deficiente. Estas personas entonces van a necesitar reentrenamiento.

4. Las diferencias por nivel educativo fueron muy notables. Se observa una relación inversa entre los niveles educativos y la pérdida de empleo: los menos afectados fueron los profesionales (con pregrado o posgrado) cuyos empleos disminuyeron en 12,8%, mientras que para quienes no tienen ninguna educación, la pérdida fue del 32%. Puesto al lado de los cambios tecnológicos, esto querría decir que al recuperarse la economía los trabajadores con bajos o medios niveles de educación tendrían que moverse hacia las actividades informales; un claro retroceso.

informalidad y desempleo
Foto: MinTrabajo - Las tasas de desempleo nacional y de las 13 áreas metropolitanas llegaron a 21.4% y 24.5%

Menos empresas y más tecnología

La recuperación del mercado laboral seguramente va a ser lenta, tomará bastante tiempo y tenderá a beneficiar a los hombres relativamente jóvenes con bastante educación (profesionales).

Al respecto de la recuperación hay que tener en mente dos circunstancias:

– Un buen número de empresas, especialmente pequeñas y medianas, no volverán a funcionar porque los costos de la cuarentena fueron demasiado altos. Según el último boletín del DANE, el número de personas que se definían como patrones o empleadores disminuyó en un 33%; uno podría adivinar que cuando menos un 20% de los pequeños negocios desparecieron definitivamente. Además de los empleos perdidos, esta salida de empresas afectaría las cadenas de valor su reemplazo tomará un tiempo, lo que a su vez retardará la recuperación del empleo.

– La cuarentena mostró que son factibles otras formas de trabajar o consumir, nos hizo ver las ventajas (y desventajas) de la virtualidad y la necesidad de sistematizar los procesos productivos. Esto acelerará el cambio tecnológico que se venía dando desde hace algunos años, y acentuará la transformación en cuanto al contenido y la manera de llevar a cabo las tareas de los trabajadores.

La informática, la robótica y la inteligencia artificial jugarán un papel muy importante en el tipo de tareas y determinarán las habilidades requeridas. Ya no son instrumentos que la gente utiliza para hacer sus labores, sino algoritmos que indican qué debe hacer el trabajador o cómo hacerlo.

Las innovaciones tecnológicas suelen tener el efecto de sustituir trabajadores y al mismo tiempo generar nuevas oportunidades; la suerte del empleo dependerá de la magnitud de estas dos fuerzas. Pero sin duda alguna las habilidades de los trabajadores desplazados no serán las requeridas por las nuevas oportunidades, y esto planea un problema muy serio de política laboral.

A manera de resumen:

1. No sabemos cuándo comience la recuperación porque eso depende del control de la pandemia.
2. La recuperación va a ser lenta porque la cuarentena afectó seriamente la capacidad productiva, las cadenas de valor y los ingresos de las personas. Sin embargo, va a traer cambios tecnológicos que requerirán habilidades que una parte importante de la fuerza laboral no tiene, o la tiene de manera deficiente.
3. El desempleo, que seguirá siendo alto, tendrá un componente importante de falta de adecuación entre las habilidades ofrecidas y demandadas, problema este que no se soluciona con las políticas convencionales de tipo Keynesiano o de expansión de la demanda agregada.

El reto de la recalificación

En artículos anteriores resumí las medidas de corto, mediano y largo plazo que en mi opinión necesita Colombia en materia laboral y pensional. Aquí debo aludir a un componente que no se discute mucho y es la política de reentrenamiento para adecuar la oferta a la demanda de trabajo después de la pandemia.

desempleo pandemia crisis económica
Foto: Urna de Cristal -La pérdida de empleos afectó más a los informales y a las pequeñas y medianas empresas.

Los trabajadores en edades medias o mayores y con poca educación tendrían que reentrenarse, pero en Colombia los programas que tenemos están diseñados y dirigidos a los jóvenes. Por eso vamos a necesitar programas de reentrenamiento que reúnan varias características:

1. Estar diseñados para personas no necesariamente jóvenes y que ya tienen experiencia laboral.
2. Metodologías y pedagogías adecuadas para este tipo de poblaciones, que aprovechen la experiencia de las personas.
3. Contenidos muy prácticos y aplicables de manera directa.
4. Duración relativamente corta porque sus destinatarios no pueden dedicarle años o muchas horas al reentrenamiento debido a sus situaciones laborales y familiares.
5. Subsidios considerables por parte del Estado.

Sin una adecuada política de recapacitación y entrenamiento, el mercado laboral puede acabar siendo un serio obstáculo para la recuperación de la economía colombiana.

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