El mercado laboral en 2020: ¿de dónde veníamos, que sucedió y hacia dónde vamos? - Razón Pública
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El mercado laboral en 2020: ¿de dónde veníamos, que sucedió y hacia dónde vamos?

Escrito por Jaime Tenjo
Jaime Tenjo

Un recuento resumido y comprensible del camino que traíamos, del impacto de la pandemia, las medidas del gobierno y lo que queda por hacer con respecto a los empleos (y por ende al bienestar) de los hombres y mujeres de Colombia.

Jaime Tenjo Galarza*

De dónde veníamos

Por sus efectos sobre todos o prácticamente todos los aspectos de nuestra vida, este 2020 será recordado como el año de la pandemia de COVID-19.

La evaluación a fondo de lo sucedido probablemente tomará mucho tiempo. En este escrito quiero sin embargo examinar algunos desarrollos del mercado laboral, como una forma de ganar perspectiva sobre lo que será necesario hacer en el futuro.

Aunque lo que ocurrió en 2020 no tiene precedentes, es bueno comenzar por recordar que el mercado laboral venía teniendo problemas desde mucho antes.

En 1999 la economía colombiana había sufrido una caída del -4,2% es decir, la mayor recesión que se haya registrado desde que existen registros estadísticos. Los primeros años del siglo XXI fueron de recuperación, pero la economía no recuperó los ritmos de crecimiento de épocas anteriores.

Tal vez la principal característica de la economía del siglo XXI ha sido su poca capacidad para generar empleo. Esto se puede ver en la gráfica 1, que presenta índices del PIB y de empleo entre 2005 y 2019, construidos a partir de información del DANE.

A partir de 2005 y hasta 2019 el crecimiento promedio del PIB fue de 3,9% anual, una cifra relativamente baja, pero la del empleo fue aún peor: un crecimiento promedio anual de apenas 1,9%. Esta tendencia se acentúa a partir de 2010, y ya en 2015, la línea del empleo se aplana indicando un estancamiento, aunque el PIB siguió aumentando. Esto es lo que se llama crecimiento sin empleo.

En 2019 la situación hizo crisis. En ese año el empleo disminuyó en -0,8% (aunque el PIB aumentó en 3,3%). Estas tendencias se mantuvieron durante los dos primeros meses del 2020 y en el momento de comenzar la pandemia el mercado laboral ya estaba en una situación de crisis y la capacidad de generar empleo de la economía estaba en cero.

El golpe más fuerte se observó en abril, cuando perdimos más de 5 millones de empleos.

Qué paso durante la pandemia

Ante la incapacidad de contener el contagio del virus y la ausencia de tratamientos y vacunas, la mayoría de los países del mundo establecieron cuarentenas.

Colombia optó por un confinamiento obligatorio o cuarentena relativamente severa y prolongada, cuyo efecto práctico fue el cierre de gran parte de la economía. Muchas actividades productivas se suspendieron y otras continuaron, pero a ritmos muy reducidos. Los que pudieron hacerlo, empezaron a trabajar de manera virtual, pero muchos no tuvieron los medios técnicos ni económicos de hacerlo.

Después de unos meses, la medida se redujo a confinamientos parciales y escalonados. A partir del 1 de septiembre pasamos a un régimen de “aislamiento selectivo con responsabilidad individual”, aunque se han mantenido algunas medidas restrictivas para evitar las aglomeraciones —medidas estas que afectan ciertos sectores de la economía, como bares o espectáculos—.

El conjunto de medidas adoptadas a partir del mes de marzo sumió al país en la peor recesión de que se tenga noticia en la historia. En el mercado laboral, que como ya sabemos venía con problemas, esto reflejó en una pérdida sin precedentes en el nivel de empleo, como se ilustra en la gráfica 2 (en esta gráfica, la pérdida de empleos se refiere a los niveles que se habían registrado en el mes respectivo del 2019).

Como se puede ver, el golpe más fuerte se observó en abril, cuando perdimos más de 5 millones de empleos. Esto significa la pérdida de una tercera parte del empleo que existía en 2019. Equivale a casi dos veces la población de Medellín.

Pero a partir de entonces se han venido recuperando más y más puestos de trabajo, en la medida que se reabre la economía y más personas pueden salir a trabajar. Aquí, sin embargo, debe notarse que el tipo de empleo que más se había recuperado hasta el mes de octubre es el llamado “por cuenta propia”—es decir en una forma de trabajo característica del sector informal—. Por su parte el empleo asalariado—más propio del sector formal—sigue estando muy por debajo de los niveles de 2019.

Los efectos sociales de ese fenómeno han sido devastadores. Según estimativos de CEPAL, los niveles de pobreza en Colombia habrían aumentado de 29% a 34,1% (lo que equivale a unos 3 millones más de pobres) y la pobreza extrema de 10,9% al 14,3% (un aumento superior a 1,5 millones de personas). Esta entidad también estima que la ya mala distribución del ingreso en América Latina se ha vuelto aún más desigual, con un aumento de entre 1 y 8 puntos porcentuales en el coeficiente GINI según el país.

Según el DANE, por su parte, el 68% de la población colombiana mayor de 10 años declaró haber tenido “alguna dificultad” debido a la pandemia: el 26,8% dice haber tenido reducción de ingresos, el 13% tuvo dificultad para conseguir alimentos y un 24% sintió estrés y/o depresión.

Como puede observarse en la gráfica 3, las mujeres han sido las grandes perdedoras de esta crisis:

En efecto: las tasas de desempleo masculinas (líneas azules) son sistemáticamente inferiores a las femeninas (líneas rojas), pero, además el aumento en 2020 (líneas) punteadas fue mucho mayor en el caso de las mujeres, la recuperación comenzó primero para los hombres, y las brechas masculinas se han cerrado mucho más que las femeninas.

En el trimestre agosto – octubre la brecha de los hombres (medida como la diferencia en las tasas de 2020 y 2019) era de 4 puntos porcentuales, mientras que la de las mujeres 7,5 puntos. En términos de número de empleos en este trimestre, el déficit masculino era de 757 mil y el femenino de 1,3 millones de empleos.

Como si fuera poco, a lo anterior hay que añadir la degradación del estatus laboral de las mujeres durante la pandemia. Un grupo de investigadoras encontró que las mujeres en Colombia durante este año han padecido lo que llaman una caída en escalera, que las llevó de trabajos formales a informales, después al desempleo y después a la inactividad laboral, relegadas a las actividades de cuidado de las familias como son la limpieza, la cocina, las labores domésticas, el cuidado de los hijos que no asisten a las instituciones de educación (educación virtual), etc.

El mercado laboral colombiano venía teniendo problemas desde principios de siglo y en los últimos 5 años prácticamente no generó ningún empleo

Es claro que la pandemia nos tomó a todos por sorpresa y sin ninguna preparación. El gobierno reaccionó rápidamente con un cierre muy severo de la actividad económica, pero se demoró en tomar otras medidas. Fueron los efectos económicos del cierre los que forzaron la toma de otras medidas. Algunas de las decisiones tomadas fueron de tipo asistencialista directo como la creación de apoyos monetarios focalizados a personas de estratos 1 y 2 y la repartición de mercados en zonas especiales. Hubo muchas críticas por la falta de eficiencia en dichas ayudas, pero con el correr de las semanas se lograron corregir algunos problemas (no todos). En cuanto atañe al empleo, el gobierno creó el Programa de Apoyo al Empleo Formal (PAF) que comenzó a operar en el mes de junio. Esta medida fue tardía porque, como se ve en la gráfica 2, los meses de mayor destrucción de empleo fueron abril y mayo.

Foto: Alcaldía de Barranquilla Las mujeres fueron las más afectadas, pues aumentó el desempleo feminino y sus empleos sufrieron una degradación.

Lecciones de la pandemia

La COVID-19 nos deja muchas lecciones de todo tipo y el país debe pensar muy a fondo en todas ellas. Aquí quiero hacer énfasis en dos que considero muy importantes:

1. El mercado laboral es de suma importancia porque de él dependen los ingresos y por tanto el bienestar de la gran mayoría de las familias. Este mercado venía teniendo problemas desde principios de siglo y en los últimos 5 años prácticamente no generó ningún empleo. Por lo tanto, volver a la situación que tenía el mercado en 2019 no es un buen objetivo.

La sociedad tiene que pensar en dos tipos de política laboral hacia el futuro:

Una de corto plazo, para salir de los problemas creados por la pandemia. Se trata de generar empleos con rapidez, y para esto el gobierno tendría que subsidiar la creación de nuevos puestos de trabajo, adelantar proyectos de obras públicas y adoptar otras políticas activas de empleo; entre estas últimas, la más urgente es reabrir el sistema educativo (con las precauciones necesarias) para facilitar la reinserción de las mujeres a la fuerza de trabajo.

Las políticas de largo plazo deben mejorar la relación entre crecimiento económico y aumento del empleo. Entre las muchas medidas al respecto, es prioritaria la reconsideración del modelo de crecimiento basado en la explotación de minerales, porque estas actividades generan muy poco empleo (además de que el modelo posiblemente ya se agotó en el mundo).

2. La pandemia también dejó en evidencia la debilidad de nuestra infraestructura y capacidad de proveer servicios sociales. La red que tenemos es una serie de programas desarticulados (Familias en Acción, protección al cesante, salud subsidiada, Bienestar Familiar, etc.). esta crisis nos enseña que necesitamos un Sistema Integral de protección social que incluya y coordine los programa que existen (una revisión de algunos de ellos es posiblemente necesaria) y que los integre con otros elementos como los pensionales y un seguro de desempleo serio y eficiente.

Hay mucho más por decir a este respecto, pero será tema de otros escritos.

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