Horas extras y jornada nocturna: ¿vale la pena volver al sistema de antes? - Razón Pública
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Horas extras y jornada nocturna: ¿vale la pena volver al sistema de antes?

Escrito por Jaime Tenjo

Bajo el gobierno Uribe se redefinieron las horas de jornada laboral, pero ahora se propone regresar a los horarios anteriores. ¿Aumentaría el empleo?, ¿Quiénes ganarían? ¿Y quiénes perderían? Un análisis basado en evidencias.

Jaime Tenjo Galarza*

Cuando el sol se puso más tarde 

Una de las primeras reformas  que adoptó el gobierno Uribe por intermedio del ministro de Trabajo- el prematuramente fallecido Juan Luis Londoño- fue la Ley 789 del 27 de diciembre de 2002. Dicha ley realmente empezó a aplicarse en 2003 y sus efectos comenzaron a notarse en 2004 y 2005.

Entre las muchas cosas que cambió esta Ley está la definición de lo que es trabajo diurno y nocturno. Antes, el trabajo nocturno era el que se realizaba entre las 6 de la tarde y las 6 de la mañana. Con la 789 el trabajo nocturno empezó a las 10 de la noche.

El trabajo nocturno se remunera con un recargo del 35 por ciento sobre el pago diurno y por lo tanto los empleadores hoy pueden prolongar la jornada laboral después de las 6 de la tarde (hasta las 10 de la noche) sin tener que hacer dicho sobrepago.

El propósito de esta medida (y otras contenidas en la misma Ley) era bajar los costos laborales y fomentar la creación de empleos. Según argumentaba el ministro Londoño, con la nueva definición de trabajo nocturno podían establecerse dos jornadas laborales al día sin incurrir en el sobrecargo de horas nocturnas: una que iba de 6 a.m. a 2 p.m. y la otra de 2 a 10 p.m., lo cual sería un incentivo importante para aumentar el empleo.


Aunque la reforma fue pensada para incentivar el
empleo, medidas como el cambio de horas en la
jornada nocturna solo aumentó la jornada laboral de
los trabajadores.
Foto: Miguel Vaca 

Efectos de la 789

Este cambio en la definición de trabajo nocturno tuvo otro efecto que tal vez el ministro de la época no tuvo en cuenta: aumentar el trabajo diurno hasta las 10 de la noche permitió  disminuir el costo de la horas extras (o de trabajo suplementario) que se dieran entre las 6 p.m. y las 10 p.m. porque este trabajo suplementario se remunera con un recargo de 25 por ciento si es en horas diurnas y de 75 por ciento si es en horas nocturnas.

Como consecuencia, para muchos empleadores resultó más ventajoso prolongar el trabajo de sus trabajadores unas cuantas horas (siempre y cuando no llegara al límite de las 10 p.m.) que crear un segundo turno, como lo esperaba el ministro.

Aunque no se ha estudiado el efecto de la reforma de la Ley 789 con la profundidad que  debería hacerse, sí existen algunas evaluaciones serias de sus efectos. Una de ellas es la de Juan Carlos Guataquí, la cual : “concluye que la reforma tuvo un efecto intensivo en generar mayor demanda de horas de trabajo pero solo tuvo un efecto marginal en la generación de empleo”.

Algunos cálculos rápidos hechos por mí a partir de las encuestas de hogares para las 13 áreas metropolitanas confirman la conclusión de Guataquí: el impacto inmediato de la Ley fue elevar el promedio de horas de la jornada laboral.

Sin embargo, después de este primer impacto, el número de horas promedio trabajadas ha venido disminuyendo. La gráfica siguiente describe tanto los sectores donde más horas semanales se trabaja, como la evolución de la jornada laboral en los últimos años.

Varias observaciones se pueden hacer a partir de esta gráfica:

1. En general, los trabajadores de tiempo completo trabajan más de las 48 horas que constituyen la jornada máxima que fija la ley.

2. Claramente los sectores de transporte y comercio son los que tienen las jornadas de trabajo más largas.

3. Hubo un aumento en la jornada promedio de los trabajadores de tiempo completo entre el año 2001 y el 2005, precisamente el período cuando se aprobó y aplicó  la Ley 789. Sin embargo, a partir de 2005 ha habido una disminución de las jornadas laborales semanales.

Lo que sucedió no era inesperado. En general, la longitud de la jornada laboral es un mecanismo de ajuste de corto plazo que tienen los empleadores.


La ley 789 del 27 de diciembre de 2002 fue
implementada durante el gobierno del Presidente Uribe.
Foto: Presidencia de la república del Ecuador

Cuando aumenta la demanda por sus productos y los empresarios no saben si se trata de un aumento permanente o temporal, lo que hacen es aumentar las horas de trabajo de sus empleados hasta que tengan la certeza de que dicho aumento de demanda es permanente. En ese momento contratan nuevos trabajadores y vuelven a sus jornadas ordinarias.

La Ley 789 aumentó un poco esta flexibilidad para los empresarios, y por eso el primer impacto fue prolongar la jornada laboral. Debe tenerse en cuenta que la reforma llegó en un momento cuando la economía estaba saliendo de la peor recesión que hemos tenido en la historia reciente y por lo tanto todavía había mucha incertidumbre sobre qué tan sólida sería la recuperación.

Cuando se hizo claro que ya era muy sólida (alrededor del año 2005) los empleadores se sintieron con más confianza para contratar trabajadores y regresar a las jornadas usuales. Por eso se observa una disminución en la jornada laboral a partir de ese año.

¿Volver al escenario anterior?

En la actualidad comienza a discutirse un proyecto de ley que reformaría el Código Laboral y regresaría a la definición de jornada diurna y nocturna que existía antes de la 789. ¿Qué s implicaciones podría tener esto?

Para arrojar algunas luces sobre este asunto, es importante ver cómo son las jornadas laborales  en la actualidad.

Es claro que las personas que más probablemente se verían afectadas (o beneficiadas) por los cambios propuestos son quienes trabajan tiempo completo. Según las encuestas de hogares de 2013 hay diferencias importantes en las horas que trabajan hombres y mujeres, pues el 82 por ciento de los hombres trabajan de tiempo completo, mientras que solo el 67 por ciento de las mujeres lo hacen.

El Cuadro 1 muestra las jornadas laborales por género y edad de los trabajadores de tiempo completo.

 

Cuadro 1

Horas semanales

promedio por grupos de edad – Trabajadores de tiempo completo

Género

 

Hombre

Mujer

Total

De 15 a 20

53.25

51.41

52.51

De 21 a 30

54.00

50.20

52.41

De 31 a 40

55.22

51.06

53.43

De 41 a 50

55.90

51.57

54.08

Más de 50

55.19

51.39

53.83

Total

54.92

51.00

53.31

 

Aquí se ve que la jornada promedio es de 53.3 horas semanales, pero los hombres están en 55 y las mujeres en 51, una diferencia de 4 horas semanales, que probablemente se explica porque la sociedad les asigna mayores responsabilidades en el cuidado del hogar y de los hijos a las mujeres que a los hombres.

En general, los jóvenes (de menos de 20 años) tienen una mayor proporción de empleos de tiempo parcial y, cuando tienen empleos de tiempo completo, trabajan jornadas laborales menores. El Cuadro  muestra que las jornadas laborales aumentan con la edad hasta los 50 años y después comienzan a disminuir.

Por nivel educativo (ver Cuadro 2), las jornadas laborales más largas corresponden a los que tienen solo educación primaria y a medida que aumentan los niveles educativos las horas semanales trabajadas se hacen menores.

 

Cuadro 2

Horas semanales promedio por nivel educativo – Trabajadores de tiempo completo

Género

 

Hombre

Mujer

Total

Sin educación

55.48

53.88

54.91

Entre 1 y 5 años de educación

57.55

54.04

56.31

Entre 6 y 9 años de educación

56.50

53.22

55.33

Entre 10 y 11 años de educación

56.30

52.34

54.80

Entre 12 y 16 años de educación

51.49

48.61

50.08

Más de 16 años de educación

49.19

46.93

48.12

Total

54.92

51.00

53.31

 

Según lo anterior, si volvemos a la definición de trabajo diurno y nocturno que había en 2002, y si esto afecta las jornadas laborales de los trabajadores actuales, muy probablemente los más afectados serán los hombres, las personas entre 30 y 50 años y los que tienen bajos niveles educativos.

Probablemente la reforma afectará sus ingresos negativamente, pero no de manera dramática, y les dará más tiempo libre para su vida familiar. Para poder juzgar con algún grado de certidumbre se necesita mucha información que no existe, pero uno podría predecir (con un alto margen de error) que los efectos sobre el bienestar de estos trabajadores no van a ser muy grandes.

Así como el impacto de la Ley 789 fue muy pequeño, según las evaluaciones que se han hecho, su desmonte parcial tampoco tendrá grandes impactos.

A nivel macroeconómico tampoco hay información suficiente. El cambio propuesto probablemente le va a quitar algo de flexibilidad al mercado, pero puede crear algunos incentivos para contratar nuevo trabajadores en vez de prolongar las jornadas de trabajo de los que ya existen.

Sin embargo, me atrevería a decir que así como el impacto de la Ley 789 fue muy pequeño, según las evaluaciones que se han hecho, su desmonte parcial tampoco tendrá grandes impactos.

En conclusión: la incertidumbre es grande y los posibles beneficios de las propuestas que se están discutiendo posiblemente no son suficientes para que se justifique el desgaste de procesar todo el proyecto de ley.

*Decano de Economía de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

 

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