J.M. Coetzee. Mecanismos internos. Ensayos 2000-2005.
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Mecanismos internos es un libro que reúne reseñas e introducciones escritas por Coetzee entre los años 2000 y 2005, muchas de ellas publicadas en la revista The New York Review of Books.
David Jiménez *
Casi todos estos textos son verdaderos ensayos críticos que trascienden los límites de la reseña dedicada a una sola obra y con propósitos restringidos a la descripción y eventual valoración. Este libro fue publicado originalmente en inglés en 2007 y en español en 2009. Cinco años antes había aparecido Costas extrañas, también traducido al español y editado en Argentina en 2005. Hay un libro más, no traducido al español, el primero de la serie de ensayos críticos del autor, editado en 1992 por Harvard University Press bajo el título de Doubling the Point: Essays and Interviews. En este último hay, por ejemplo, tres ensayos, escritos entre 1972 y 1984, sobre Samuel Beckett, uno de los autores que más han cautivado la atención Coetzee y sobre el cual se recoge un nuevo texto en Mecanismos internos. De éste y otros nombres, repetidos con insistencia a lo largo de las tres recopilaciones de ensayos, como Dostoievski, Kafka y Musil, podría decirse que constituyen una especie de canon personal del autor, los puntos de referencia fundamentales no solo del crítico sino del novelista.
Coetzee es un escritor, como tantos hoy en día, con formación académica en literatura. Inició sus estudios literarios en la Universidad del Cabo y terminó su doctorado en la Universidad de Texas, en 1968, con una tesis sobre estilística, centrada en el análisis de la obra de Beckett. Todavía en Mecanismos internos se oyen algunos ecos del añejo interés por la estilística y son muy comunes las observaciones sobre la calidad estética de la prosa en las obras narrativas que reseña. Sin embargo, sus afinidades críticas están mucho más cerca de la crítica de interpretación histórica, con inquietudes muy definidas por los problemas éticos y políticos que debe enfrentar el escritor de hoy en relación con su trabajo. No sería inadecuado decir que Coetzee es un crítico ecléctico en el sentido de que aborda las obras, sobre todo narrativas, en los términos en que cada una propone sus propios interrogantes. Pero en los ensayos críticos es muy claro que sus preocupaciones constantes se dirigen hacia temas como la sexualidad en sus implicaciones más profundamente cuestionadoras de la cultura y las convenciones aceptadas, la crisis del intelectual en las postrimerías del siglo xx, el colonialismo y el caso particular de Sudáfrica, las relaciones entre ficción y autobiografía, y la cuestión del sujeto como problema filosófico y literario. También son frecuentes sus polémicas contra ciertas corrientes críticas del presente cuya pretensión es someter la literatura y el arte a una ortodoxia que las reduce a formas de identidad racial, nacional y de género. En la reseña de "Mitad de la vida", novela de V.S. Naipaul, hace Coetzee un gesto de rechazo a esta moda que no ha pasado del todo y, aunque atribuye el fastidio por ella a Naipaul, está hablando al mismo tiempo de su propia posición al respecto.
Muy categóricos resultan los textos de Mecanismos internos en lo que toca a la imprescindible valoración crítica de los libros reseñados. En contravía de muchas tendencias actuales en los estudios literarios, alérgicas a todo lo que tenga que ver con la atribución de valor estético a las obras, Coetzee es un crítico que no cede fácilmente en éste ni en otros campos. Y no se abstiene de formular juicios implacables, como lo hace en el ensayo que dedica a las novelas y escritos autobiográficos de Sandor Marai, autor que desde hace algunos años goza de cierto prestigio entre los lectores de lengua española. Coetzee hace un largo recorrido por buena parte de la producción literaria de Marai, traza una semblanza biográfica bastante minuciosa del escritor, como es costumbre en sus reseñas, y se detiene en los libros autobiográficos como la parte más interesante de la obra del narrador húngaro. Su conclusión es demoledora: "Su concepción de la forma novelesca era anticuada, su concepción del potencial de la novela era limitada, y sus logros en ese medio fueron, en consecuencia, escasos".
En contraste con el juicio anterior, su reseña sobre La conjura contra América de Philip Roth contiene algunos pasajes laudatorios muy próximos a la sobrevaloración. Es el riesgo que corre la crítica cuando asume como propia la función de emitir juicios de valor, pero es un riesgo sin el cual la tarea del crítico perdería casi toda su justificación. Coetzee no considera La conjura contra América como una obra maestra, en comparación con las mejores de Roth, entre ellas El teatro de Sabbath, pero afirma que "cuando está en plena forma, es un novelista que puede alcanzar niveles auténticamente trágicos" y que "en sus mejores obras llega a alturas shakesperianas".
La reseña de Memoria de mis putas tristes es interesante porque se atreve con el tema polémico por excelencia de la novela: la pedofilia. La novela de Naipaul, Mitad de la vida, tiene un carácter similar, polémico, por la defensa de la experiencia profunda de la sexualidad en sus facetas extremas. Pero los comentarios de Coetzee van en dos direcciones opuestas cuando cita a Naipaul y su idea de que sería terrible morir sin conocer esos abismos y la defensa que hace del relato de García Márquez por tratarse, según él, de "una transformación espiritual": Memoria de mis putas tristes habla "en nombre del deseo de los hombres mayores por chicas menores de edad", pero la estrategia es derribar el muro que separa la pasión erótica de la pasión por venerar. Coetzee compara lo que sucede entre Delgadina y el anciano con el culto a la Virgen en los países católicos. El deseo se convierte en el germen de una nueva vida, porque el amante ya no es simplemente un frecuentador de prostíbulos sino un fiel adorador, un Quijote que venera la imagen ideal de la amada. Lo que tienen en común los relatos de Naipaul y de García Márquez consiste en que ambos pisan un umbral: el de Mitad de la vida es la autodestrucción en nombre de la experiencia sin límites prefijados; el de la Memoria es la vida como debe ser, una "pequeña fábula de redención". El mismo Coetzee pone en duda su interpretación quijotesca de la Memoria y evoca, a manera de contraste y desilusión anticipada, uno de los cuentos de Canterbury, la historia de un viejo marido y una joven esposa. Es una historia burlona que termina con "el anciano marido sentado en la cama con su gorro de dormir y un temblor en la flácida piel del cuello, mientras la joven esposa a su lado se consume en la irritación y el desagrado".
Muy notable resulta, en el conjunto de textos que componen Mecanismos internos, el ensayo sobre Walter Benjamin. Por su título, parecería una reseña de El libro de los pasajes, pero se trata de un escrito mucho más ambicioso que intenta abarcar una porción significativa de la obra de Benjamin. En el texto publicado originalmente en la revista The New York Review of Books, titulado "The Marvels of Walter Benjamin", los subtítulos indicaban, como es habitual en esa revista, que la reseña cubría no solo El libro de los pasajes sino los dos primeros volúmenes de Selected Writings. Coetzee comienza con un relato biográfico, en el cual es sin duda maestro. Esta reseña, como suele ser el formato de casi todas, es una excelente mezcla de biografía, contexto histórico cultural, análisis interno de la obra y juicio valorativo.
Hay aspectos verdaderamente resbaladizos, por ambiguos, en la vida y obra de Benjamin. Coetzee los atraviesa deslizándose con cierta facilidad. Por ejemplo, ofrece una interpretación del peculiar marxismo de Benjamin, no original, pues ya ha sido repetida muchas veces, pero sí muy subrayada en sus puntos más discutibles. Toma el episodio de la relación amorosa con Asja Lacis y anota que tal relación implicó "una reorientación política" de Benjamin, lo cual fue admitido por éste y expresado abiertamente en su correspondencia. Pasa luego del romance con Lacis al romance con el comunismo y se hace esta pregunta: "¿Cuán profundo era su romance con el comunismo?", pues Benjamin no deja desde entonces de proclamarse marxista y comunista, no obstante sus obsesiones religiosas e, incluso, místicas. Coetzee cita decires de los amigos de Benjamin para afirmar que había algo "forzado" en su marxismo, y a renglón seguido escribe: "Las primeras incursiones de Benjamin en el discurso de la izquierda son deprimentes". No le falta razón, pero estas observaciones parecen apuntar a ciertos textos políticos secundarios, periodísticos, del autor, mientras la auténtica influencia del marxismo, no los clichés de la izquierda, penetra lo más decisivo de su obra: toda su teoría de la modernidad, sus textos sobre Baudelaire y París, sobre el fetichismo de la mercancía, sobre el narrador, sobre la poesía moderna, la teoría de la alegoría, casi todos los escritos por los que Benjamin es reconocido como uno de los máximos ensayistas y pensadores del siglo xx. Esta falla en la interpretación de Coetzee reaparece en otro momento cuando sugiere que, hacia el final de su vida, Benjamin devuelve su atención a la mística, porque su fe en la revolución proletaria comenzaba a menguar. Lo cierto es que las tendencias místicas y la teoría marxista coexistieron en los escritos del autor hasta el final, así como también su fe en la revolución proletaria tomó desde el principio la forma mística de una promesa mesiánica.
La conclusión de Coetzee sobre Benjamin en esta reseña es, finalmente, muy positiva. De su prosa dice que, una vez decidió dejar de pensar en sí mismo como un profesor, se convirtió en "una maravilla de precisión y concisión". Y el balance de El libro de los pasajes en el último párrafo del ensayo no podía ser más justo: "Más allá del veredicto que nos merezca -una ruina, un fracaso, un proyecto imposible- propone una nueva manera de escribir sobre una civilización, usando como materiales sus desechos en lugar de sus obras de arte; una historia desde abajo, más que desde arriba. Y su invocación (en las "Tesis") a una historia centrada en el sufrimiento de los vencidos, en lugar de en las conquistas de los vencedores, profetiza la forma en que se plantea el análisis histórico en nuestros tiempos".
A una colección de reseñas, recogidas en un libro, no habría por qué exigirle unidad, pues se trata, por definición, de una diversidad irreductible. En el caso de Mecanismos internos, el lector puede llegar a sentir que, más allá de los textos comentados, hay no sólo una unidad de tono alcanzada por medios estilísticos, sino un conjunto de inquietudes y de búsquedas que son del reseñista y que alcanzan su expresión mediante la lectura y el análisis de obras ajenas. Coetzee es un maestro en esta forma indirecta de expresión que cabría llamar "la ironía del reseñador".
*Miembro fundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.
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David Jiménez
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