Revolución en espectáculos y escenarios en Colombia: la ley de la Música
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Revolución en espectáculos y escenarios en Colombia: la ley de la Música

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La lidera la música, pero persisten precariedades. La Ley 1493 transformó las artes escénicas en Colombia, simplificó permisos, redujo impuestos y generó recursos. Sin embargo, aún es necesario volver a impulsar y aprobar una nueva Ley de la Música.

Camilo Puche*

Transformación cultural: Ley 1493 en perspectiva

La Ley 1493 de 2011, más conocida como Ley de Espectáculos Públicos de las Artes Escénicas, marcó un punto de inflexión para el sector en Colombia. Producir espectáculos públicos en el país, antes de su expedición, era una tarea casi imposible por la cantidad de permisos y requerimientos técnicos para los productores; pero, sobre todo, por los impuestos que debían pagar los espectáculos tanto nacionales como internacionales, que en algunos casos ascendían al 45% del costo del espectáculo.

La Ley 1493 no solo redujo y simplificó los permisos, requerimientos técnicos e impuestos para la realización de espectáculos públicos de artes escénicas, sino que creó una contribución parafiscal que genera recursos que luego se reinvierten en la construcción, mejoramiento y adecuación de escenarios para las artes escénicas. Esto significa que entidades públicas y privadas pueden acceder a esos recursos para construir, mejorar y dotar escenarios en todo el país.

La Ley también creó un registro de productores y espectáculos, mediante el cual se genera información estadística sobre los espectáculos públicos que se producen en el país. Esta información se comparte, entre otras entidades, con SAYCO y ACIMPRO, de manera que se pueda hacer cobros por la ejecución pública de las obras de los autores y compositores adscritos a ellas. Un verdadero círculo virtuoso que ha permitido formalizar al sector en Colombia.

Efecto económico y cultural: datos clave

El anuario 2022 de la mencionada ley afirma que entre 2018 y 2021 se recaudaron un total de 162,027 millones de pesos. Una cifra nada despreciable teniendo en cuenta que el sector de las artes escénicas suspendió completamente sus actividades durante gran parte de la pandemia de la COVID-19. 

Uno de los datos estadísticos más interesantes que arroja el Registro PULEP es el aporte por cada uno de los subsectores a la industria de las artes escénicas: música aporta el 85% de los eventos, seguida por teatro con un 9% y danza con un 4%. Los subsectores de circo y magia prácticamente no aportan recursos. 

Ahora bien, los recursos que se generan por la contribución parafiscal se deben invertir en el mismo municipio donde se generaron. Así las cosas, de acuerdo con el mencionado anuario, Bogotá lidera en construcción, adecuación y mejoramiento de escenarios con 8,000 millones de pesos ejecutados en 2021, seguida por Medellín con 2,700 millones y Valledupar con 1,500 millones.

La Ley de Espectáculos Públicos de Artes Escénicas sin duda fue un acierto político; sin embargo, las estadísticas muestran una gran disparidad entre subsectores, así como en términos de ejecución presupuestal. Es decir, el subsector de la música financia a todo el sector de las artes escénicas y los recursos se ejecutan mayormente en las grandes ciudades, que son las que más producen espectáculos públicos. Sobre la base de esto, conviene preguntarse cómo se puede dinamizar la producción de espectáculos en ciudades y municipios más pequeños. 

La ley de la Música y el mercado musical

La Ley de la Música, que recientemente se hundió en el Senado, intentaba corregir el problema de la financiación del sector de las artes creando su propia contribución parafiscal. El argumento es muy simple, si la música es lo que más genera recursos, entonces se debería crear una contribución parafiscal destinada específicamente a mejorar el sector musical y, más importante aún, a mejorar las condiciones de vida de los músicos del país. Esto lleva al siguiente punto del análisis. 

Foto: Alcaldía de Bogotá

Los músicos enfrentan altos índices de informalidad y tienen limitado acceso a la seguridad social.

Los cambios tecnológicos, que a principios del siglo aterrorizaron al sector de la música por el riesgo que representaban especialmente para los sellos disqueros, han demostrado haber ofrecido un impulso sin precedentes al sector. El mercado global musical en 2023 tenía un valor estimado de 28 000 millones de dólares, y América Latina es uno de los mercados que crece de manera más acelerada y sostenida, en un promedio superior al 19%. 

Sin embargo, aunque las oportunidades que las nuevas tecnologías ofrecen para alcanzar diferentes mercados y para que los músicos gestionen sus carreras de manera independiente, reduciendo costos y prescindiendo de intermediarios, en Colombia persiste una generalizada precariedad laboral. Los músicos enfrentan altos índices de informalidad y tienen limitado acceso a la seguridad social.

Precariedad laboral en la música: desafíos del sector musical colombiano

La gran mayoría de egresados de escuelas, conservatorios y universidades de música en el país terminan trabajando como profesores de música, una tarea para la que las universidades que no ofrecen licenciaturas en música no preparan a sus egresados, como han documentado investigaciones independientes de este sector. Esto significa que los músicos se gradúan de universidades para insertarse en un mercado laboral sin las herramientas necesarias.

Lastimosamente, muchos músicos profesionales, egresados de universidades en el país, terminan trabajando en otras áreas que nada tienen que ver con su preparación académica, como call centers y empresas de tecnología. 

Los músicos profesionales no son los únicos que enfrentan serios desafíos: los compositores, productores e intérpretes a nivel local son quienes más viven en la precariedad laboral. 

Una mención especial merece SAYCO, la sociedad de gestión colectiva encargada de gestionar los recursos que se generan por concepto del licenciamiento de obras musicales de los compositores y de velar por los intereses de sus asociados. SAYCO debería ser una sociedad querida y respetada por los compositores.

Sin embargo, a causa del oscurantismo con que ha sido manejada a lo largo de su historia, a la falta de transparencia con los pagos a sus asociados y a su enorme poder de lobby, es una sociedad percibida por muchos como enemiga de sus propios asociados. Una verdadera lástima. Seguimos, en pleno siglo XXI, oyendo historias de compositores prolíficos que reciben muy poco o nada de las regalías que les tocan por el licenciamiento y ejecución de sus obras.

Hay que insistir en la muy necesaria Ley de la Música para potenciar el mercado, formalizar las condiciones laborales de los músicos y apremiar a SAYCO para que mejore los procesos de gestión y pago de regalías a los músicos de todo el país.

En último término

La industria de la música ofrece grandes oportunidades para impulsar la economía nacional. Colombia, por sus músicas regionales, por la calidad de sus artistas y creadores, y por el valor de sus expresiones musicales, merece ser un actor primordial en el mercado musical latinoamericano. Por todo esto, hay que insistir en la muy necesaria Ley de la Música para potenciar el mercado, formalizar las condiciones laborales de los músicos y apremiar a SAYCO para que mejore los procesos de gestión y pago de regalías a los músicos de todo el país. El Congreso se lo debe a los músicos del país.

La Ley de Espectáculos Públicos de las Artes Escénicas, con sus bemoles, es un buen ejemplo de una política acertada y brinda un buen punto de partida para el diseño y ejecución de una ley específica para el sector musical.

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Acerca del autor

Camilo Puche

*Trompetista de la Escuela Nacional de Artes de Cuba y egresado del programa de Negocios de Música de Berklee College of Music. Magíster y doctor en Educación Musical de Boston University. Profesor investigador del Departamento de Música de la Universidad del Norte.

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Camilo Puche

*Trompetista de la Escuela Nacional de Artes de Cuba y egresado del programa de Negocios de Música de Berklee College of Music. Magíster y doctor en Educación Musical de Boston University. Profesor investigador del Departamento de Música de la Universidad del Norte.

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