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La educación en el Plan Nacional de Desarrollo

Escrito por Ángel Pérez
Angel Perez

Angel PerezJornada única, construcción masiva de aulas, educación temprana o inicial, obligatoriedad de la enseñanza media. Son propuestas acertadas y medidas necesarias, pero falta casi todo en calidad y no es claro de dónde saldrán los recursos.   

Ángel Pérez Martínez*

El Senado aprobó en plenaria el Plan Nacional de Desarrollo el pasado 6 de mayo de 2015.

La educación como pilar

El Plan Nacional de Desarrollo (PND) “Todos Por un Nuevo País – Paz, Equidad y Educación”, aprobado por la Ley 1753 de 2015, avanza en la dirección correcta al determinar que la educación es uno de los pilares para el desarrollo.

Es bueno que el Plan reconozca que sin educación no es posible alcanzar una sociedad desarrollada, ni equitativa, ni en verdadera paz. Esto es ir más allá de los diálogos de La Habana, donde la educación pública no ha sido un tema central, como tampoco lo ha sido para la sociedad colombiana durante las últimas décadas.

Buena prueba de lo anterior es comparar los resultados que obtienen los estudiantes de colegios oficiales con los de colegios privados en las pruebas SABER. Y la mala calidad de nuestra educación es confirmada por las pruebas internacionales como PISA (Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes), TIMSS (Estudio Internacional de Tendencias en Matemáticas y Ciencias) o PIRLS (Estudio del Progreso Internacional en Competencia Lectora).

El PND hace un diagnóstico adecuado del sistema educativo nacional (aunque no toca de frente el tema financiero) y presenta algunas propuestas concretas para resolver los problemas esenciales de la educación básica y media como decir:

  • Avanzar en la jornada única,
  • Establecer un intensivo plan de infraestructura educativa,
  • Fijar la obligatoriedad de la educación hasta los grados 10º y 11º,
  • Proponer diferentes estímulos a la calidad de la educación, y
  • Ampliar la cobertura en educación superior.

Se trata de iniciativas importantes, y paso a examinar algunas con algo más de detalle.

Jornada única e infraestructura educativa

Clase en un colegio oficial de Bogotá.
Clase en un colegio oficial de Bogotá.
Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá

El gobierno espera construir 31.000 aulas escolares y crear cerca de 2 millones de cupos para la jornada única.

Sin duda, este es el mayor reto para el ministerio de Educación Nacional (MEN) y para las 95 Secretarías de Educación de las entidades territoriales certificadas. El sistema de transferencias nacionales que creó la Constitución de 1991 aseguró el pago de nóminas pero olvidó tanto la construcción y mantenimiento de la infraestructura educativa, asi como la calidad de la educación.

Es más: el Instituto Colombiano de Construcciones Escolares (ICCE) despareció en 1987,   desde entonces, la Nación se olvidó de la infraestructura y la mayoría de entidades territoriales no han invertido en este rubro. Por eso hemos acumulado un déficit  enorme,  según el MEN tenemos 40 años de atraso en esta área.

La jornada única y la construcción de infraestructura educativa van de la mano. Recordemos que la mayoría de los estudiantes de los colegios oficiales solo asisten a media jornada. En las mañanas asisten 5.700.921 estudiantes (54 por ciento) y en la tarde, 2.228.316 (21 por ciento). Además, 445.166 jóvenes y adultos (4 por ciento) asisten a la jornada adicional de los fines de semana y 295.851 (3 por ciento) lo hacen en la jornada nocturna.

El proyecto de la jornada única debería ser apoyado por todos los sectores, y en especial por  los maestros

El PND propone invertir 5 billones en la construcción de 31.000 nuevas aulas durante los próximos 4 años, lo cual permitiría la asistencia de 930.000 estudiantes en jornada única (una media de 30 estudiantes por aula) que hoy están matriculados en colegios oficiales con doble jornada escolar.

O sea que el Plan lograría que 1.860.000 estudiantes estén en jornada única, pero Colombia  no tiene aún cobertura universal en educación básica y media, de manare que muchos de estos nuevos cupos se utilizarán para ampliar cobertura. El MEN espera matricular 2.400.000 estudiantes en jornada única para 2018, aunque este año solo 133.000 estudiantes estuvieron en este tipo de jornada.  

El proyecto de la jornada única debería ser apoyado por todos los sectores, y en especial por  los maestros. En el caso de Chile, por ejemplo, se demostró que la jornada única mejoró la calidad y disminuyó la delincuencia y el embarazo juvenil. Pero más del 20 por ciento de los maestros tienen otros trabajos y seguramente se opondrán a la jornada única porque esta no representa aumentos salariales ni estímulos económicos particulares.

Educación inicial y obligatoriedad de la media

Los artículos 55 y 56 del Plan establecen la obligatoriedad de la educación media y aceptan “que la educación inicial es un derecho de los niños y las niñas menores de cinco (5) años de edad y que el Gobierno reglamentará su articulación con el servicio educativo en el marco de la Atención Integral”.

Esta propuesta tiene buenas intenciones. Y sin embargo el Plan no avanzó en los tres grados de preescolar para los niños pobres que asisten a la educación oficial y que hoy solo acceden al grado de transición. La Encuesta de Calidad de vida de 2014 mostró que solo el 37,7 por ciento de los niños menores de 5 años van a algún tipo de programa institucional.

Recordemos que Colombia necesitó más de diez años para universalizar la matrícula en transición de los niños de 5 años. ¿Por qué no fijar metas en este mismo sentido para 2025 o 2030 con los niños de 4 años? Después de todo, el gobierno sabe que tener estudiantes que realizan 3 grados de preescolar garantiza un buen rendimiento durante todo el ciclo escolar, disminuye la deserción y ayuda a mejorar los resultados en las pruebas de calidad.

El Plan también es débil en acciones pedagógicas para mejorar la calidad y la gestión del sector. Los planes de gobierno insisten en un enfoque administrativo, de estadísticas y de resultados en evaluaciones, pero lo que hace falta es pedagogía – y es aquí justamente donde los más de 320.000 docentes oficiales podrían aportar-.  

El Plan tampoco propone fortalecer la capacidad pedagógica de los colegios oficiales y olvida la necesidad de mejorar la capacidad institucional del sector (Secretarías de Educación).

Otra línea de acción que el Plan no toca es la de calidad de la formación de quienes serán docentes. El éxito no queda garantizado con las muchas becas para los maestros. Haría falta   transformar las universidades y facultades de educación donde se forman los docentes, o crear nuevos institutos de pedagogía y altos estudios con énfasis sobre la investigación en educación e innovación pedagógica, con publicaciones indexadas y con acompañamiento para los jóvenes docentes.

Colombia no puede gastar más de 20 millones de pesos al año por estudiante en las principales universidades públicas mientras invierte menos de 8 millones por estudiante en las facultades de educación.

La buena educación cuesta

Nuevas instalaciones del colegio Oficial Bernardo Jaramillo en la localidad de Tunjuelito de Bogotá.
Nuevas instalaciones del colegio Oficial Bernardo Jaramillo en la localidad de
Tunjuelito de Bogotá.
Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá

La escasa importancia que en Colombia se ha dado a la educación se refleja en el gasto promedio del Estado por estudiante cada año. Según el reporte de las entidades territoriales a la Contaduría General de la Nación (Formato Único Territorial), Colombia gastó  $2´263.000 por estudiante en la educación oficial en 2013.

Esta cifra (unos 1200 dólares de entonces) es muy baja en comparación con el gasto promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos: más de 8.000 dólares en 2011 (Chile invirtió más de 4.000 dólares), o con lo que gasta la mayoría de los colegios privados de calidad (más de 10 millones de pesos por estudiante cada año).

Hoy se sabe que asegurar la educación no es apenas garantizar el acceso. No menos importante es la calidad, especialmente en los maestros. Pero en Colombia gastamos tan poco dinero por niño que cualquier cosa que hagamos para avanzar en calidad resultará ser  costoso porque partimos desde un nivel muy bajo.

Transformar las universidades y facultades de educación donde se forman los docentes

En el año 2015, Bogotá gasta más de $4.000.000 por estudiante en el programa para ampliar la jornada escolar 40×40, para asegurar condiciones mínimas de calidad, a nivel nacional la inversión promedio por estudiante será cercana a $ 2.500.000 por niño.

El gobierno ha destacado que la inversión programada para el período 2014-2018 es la más alta para el sector educativo en la historia del país, pues por primera vez se destinan más recursos para educación que para la guerra, con lo cual se rompe la tendencia histórica de los últimos cuatro gobiernos.

Al sector educativo se le asignaron 136,6 billones de pesos para el período 2014 – 2018, mientras que a “seguridad y defensa” se le asignaron 93,7 billones. Sin embargo, es pertinente aclarar que 21,7 de estos billones vendrán de entidades territoriales que no dependen de la Nación, por lo cual los recursos provenientes del gobierno nacional serán realmente 114,9 billones. Algo similar sucede con los recursos presupuestados por regalías (cerca de 5 billones), que estarán a discreción de alcaldes y gobernadores, para quienes seguramente construir un kilómetro de vía será más importante que 100 nuevos cupos escolares.

Además, la financiación de la educación en Colombia no tiene fuentes seguras: más de 10 billones de los recursos programados en el Plan dependerán de que las proyecciones macroeconómicas se mantengan, lo cual parece imposible considerando que este mismo mes el gobierno bajó la proyección de crecimiento económico de 4,2 por ciento (establecida hace un mes) a 3,6 por ciento.

 

* Profesor y asesor en temas educativos.

 

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