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Medir la calidad de la educación: todo un desafío

Escrito por Ángel Pérez

Estudiantes bogotanos presentan la prueba Saber 11º.

Ángel PérezMedir las competencias” de miles de estudiantes mediante pruebas estandarizadas es un asunto complejo -e incluso discutible-. Pero se anuncia un nuevo “índice sintético” que muy probablemente nos va a traer avances.

Ángel Pérez Martínez*

Políticas y mediciones 

Las políticas educativas recientes se han concentrado en mejorar la calidad.

Al mismo tiempo ha surgido el interés en métodos de evaluación de bajo costo y capaces de medir el desempeño de los estudiantes mediante pruebas estandarizadas que se apliquen en un solo día y cuyos resultados se procesen con lectores ópticos. Es decir, se quieren pruebas baratas y rápidas.

Estas pruebas estandarizadas se aplicarán a miles de estudiantes y con ellas se espera conocer y comparar los logros o las competencias por grados y por niveles educativos. Para eso fue reestructurado el Instituto Colombiano para la Evaluación de la Educación (Icfes) y se lo especializó en el servicio de evaluación externa en todos los niveles del sistema educativo. El Icfes igualmente ha adelantado investigaciones sobre los factores que inciden sobre la calidad educativa, con por supuesto el propósito de mejorarla.

¿Cómo medir la calidad?

Estudiantes de la Institución Educativa José Eusebio Caro en Medellín.
Estudiantes de la Institución Educativa José Eusebio Caro en Medellín.
Foto: Alcaldía de Medellín

La calidad de la educación tiene enormes implicaciones para el sistema escolar y para toda la sociedad. Por eso los gobiernos deben hacer todo lo posible para mejorar la calidad y para medirla de manera constante.

La educación es un proceso integral donde participan escuela, gobierno, padres de familia y sociedad.

Pero no pueden ignorarse los reparos y susceptibilidades que tales programas producen dentro del magisterio, sobre todo en un país donde la evaluación no se utiliza para mejorar sino para premiar o castigar.

Medir la calidad sobre la base de pruebas estandarizadas, como las SABER, conlleva retos para la política educativa, y entre ellos:

  1. La dificultad para precisar y para medir las competencias de una persona es decir, sus habilidades, comprensiones y disposiciones cognitivas para resolver problemas de la vida real. Estamos midiendo y evaluando las competencias mediante unas pocas preguntas con unas pocas respuestas posibles, y además suponemos que estas competencias dependen de la escuela cuando en efecto dependen de otras muchas variables (incluyendo la herencia o la familia).   
  2. ¿Cómo evitar que estas pruebas lleven a que los colegios y los docentes estandaricen también la enseñanza en función de este tipo de pruebas? Y esto sin contar los muchos cursos de “preicfes”, de una semana, un mes o un semestre, que se les ofrecen a los jóvenes.
  3. La obsesión de los gobiernos, investigadores, actores privados y medios de comunicación con los escalafones nos ha llevado a comparar establecimientos educativos que no operan en igualdad de condiciones. No se pueden comparar las escuelas rurales con las urbanas o los colegios oficiales de barrios marginales con colegios privados para el estrato 6.
  4. Estos ránquines pueden consolidar las brechas existentes entre colegios privados y públicos (pues padres y maestros elegirán los colegios mejor clasificados), y dan pie a una cultura de competencia tipo empresarial, donde los colegios hasta evitan que sus peores estudiantes asistan el día de la prueba.
  5. Bajo este sistema los profesores son evaluados por los resultados que obtienen los estudiantes en las pruebas, sin importar sus calidades profesionales o las condiciones sociales de los alumnos.  
  6. Y lo peor: estas pruebas dicen medir la “calidad de la educación” de manera absoluta, sin ninguna otra consideración, y con la escuela y sus maestros como únicos responsables, olvidando que la calidad de la educación es un proceso integral donde participan escuela, gobierno, padres de familia y sociedad.

Hay que concertar

Expertos como Nigel Brooke sostienen que este tipo de evaluaciones hacen “parte de un proceso más amplio que se ha traducido en un gradual reemplazo de las preocupaciones tradicionales de equidad e igualdad por las de calidad y control de la educación.  Según este punto de vista, la expansión de la evaluación no ha sido para reunir mejor información … sino para…estimular una competencia tipo mercado entre las escuelas al hacerlas públicamente responsables de sus resultados”.

En el caso de Colombia la evaluación mediante pruebas estandarizadas y la manera de usar sus resultados no han sido concertadas con el magisterio, aunque la teoría sobre la organización escolar y sus mejoras de calidad indica la necesidad de concertar con los directivos, los docentes y los padres de familia.

En este punto la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (Fecode) y el Ministerio de Educación Nacional (MEN) deberían hacer un esfuerzo por dialogar y adoptar un solo indicador de calidad, que bien podría ser el Índice Sintético de Calidad de la Educación (ISCE), o alguna versión reformada del mismo, al final pierden los niños y las familias más póbres.

Por fortuna, la mayoría de los maestros entiende que la evaluación es un instrumento necesario en la escuela, aunque no exista un indicador único o perfecto para medir la calidad de la educación.

¿Qué es y qué mide el ISCE?

Estudiantes del colegio Isaías Duarte Cancino en la ciudad de Cali.
Estudiantes del colegio Isaías Duarte Cancino en la ciudad de Cali.
Foto: Alcaldía de Cali

Con el propósito de concentrar la responsabilidad por los resultados educativos en los establecimientos escolares, el MEN comenzó a utilizar el ISCE en 2015. El MEN sostiene que este índice mide de manera objetiva cómo está una institución escolar y cómo puede mejorar.

El índice mide la calidad de la educación por niveles escolares (primaria, secundaria y media), y califica los resultados es una escala ascendente que va de 1 a 10. El ISCE utiliza los siguientes componentes que evalúa a partir de los resultados de los estudiantes en las pruebas SABER:

  1. Progreso (40 por ciento). Este componente muestra los resultados (avances o retrocesos) con relación al año anterior. El reto de cada colegio es disminuir el número de estudiantes con niveles de “insuficiencia” (los ubicados en el 20 por ciento más bajo de la distribución) y aumentar el de los estudiantes “avanzados” (en el 20 por ciento superior).
  2. Desempeño (40 por ciento). Este componente compara el puntaje promedio de los alumnos de un colegio con los de los demás establecimientos educativos del país en las pruebas SABER para matemáticas y lenguaje. Recordemos que en primaria estas pruebas se aplican a los estudiantes de los grados 3° y 5°, en secundaria al grado 9° y para la media, en el grado 11.
  3. Eficiencia (10 por ciento). Este componente utiliza la tasa de aprobación, es decir, la proporción de alumnos que aprueban el año escolar y pasan al grado siguiente.
  4. Ambiente escolar (10 por ciento). Este componente usa la información obtenida por el ICFES en los cuestionarios de factores asociados que se utilizan en las pruebas SABER en los grados 5º y 9º.

En el nivel de educación media, el componente “eficiencia” pesa un 20 por ciento, porque no se tiene en cuenta el ambiente escolar.

Ventajas de utilizar el ISCE

Sin duda, el ISCE representa un gran avance en las mediciones de calidad de la educación debido a que es un indicador integral donde una parte de los componentes depende de variables que la escuela puede controlar, como su propio progreso de un año a otro (40 por ciento) o la tasa de aprobación (10 o 20 por ciento en la media).

Tiene razón el pedagogo Julián de Zubiría al afirmar que está bien que el ISCE utilice el componente de ambiente escolar (una escuela con mal ambiente jamás será de buena calidad), “aunque sería más adecuado que incluyera los resultados de competencias ciudadanas evaluadas por el ICFES. Aun así, su vacío principal es tener en cuenta exclusivamente dos asignaturas –lenguaje y matemáticas– y no incluir otras áreas igual de importantes como artes, sociales o ciencias. Pese a ello, el ISCE comienza a marchar en la dirección correcta”.

Además, la decisión de establecer el Día de la Excelencia Educativa en los colegios oficiales y privados para socializar y reflexionar con la comunidad educativa sobre los resultados del ISCE favorece la discusión propia de una escuela. Ese día los maestros y directivos pueden establecer cómo utilizar los resultados del ISCE y otras herramientas objetivas, como:

  • Encuestas con padres de familia o con estudiantes,
  • Ejercicios internos de investigación de los maestros, y
  • Copia de mejores prácticas pedagógicas.

Todo en aras de mejorar o ajustar los desarrollos pedagógicos y curriculares a trabajar en el   año escolar.

Por último, el ISCE permite establecer metas compartidas con la comunidad educativa para mejorar por niveles y en la escuela en general, o fijar referencias para comparar resultados con escuela ubicadas en el mismo barrio, municipio o sector, adonde asistan estudiantes con similares condiciones sociales.  

Usando este indicador, se encontraron en 2015 leves mejoras con respecto al año 2014. El gobierno sostuvo que en 2015 se avanzó:  

– En primaria, de 5,07 a 5,42,

– En secundaria, de 4,93 a 5,27

– En median de 5,56 a 5,89.

Sin embargo, estas cifras siguen muy lejos del 10 de la excelencia.

Por último, solo queda preguntar: ¿cuándo va a legislar el gobierno para obligar a que todos manejemos con responsabilidad la información de los resultados de las pruebas estandarizadas? Porque la calidad de la educación no se mejora a punta de ránquines.

 

* Profesor y asesor en temas educativos.

 

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